Poesías



Poesía y ciencia. ‘Navacerrada, abril’, de Pedro Salinas

Este poema es una declaración del poeta del amor de la generación del 27 al automóvil

A finales de los años veinte, Pedro Salinas, convierte en tema literario, con suma elegancia y estilo, algunas innovaciones tecnológicas de la época; dando lugar a los 3 extraordinarios poemas a la bombilla, (35 bujías),  al automóvil (Navacerrada, abril), y a la máquina de escribir,  (Underwood  girls).  Tras la Segunda Guerra Mundial, su actitud hacia la ciencia cambió, adquiriendo connotaciones negativas. De los tres poemas mencionados, sólo nos falta por incluir en poesía y ciencia el poema al automóvil Navacerrada, abril. Se trata de un sorpresivo poema, en versos blancos heptasílabos, cuya clave interpretativa se halla en su final. A lo largo del poema, el poeta parece llevarnos a un poema de amor convencional: “Los dos solos. ¡Qué bien / aquí, en el puerto, altos”… Pero al final del mismo, el sentido cambia y descubrimos que el alma y la fuerza - que se suponía iba a referirse a  la amada – es, en realidad, la de los doce caballos del automóvil con el que el poeta, en una irónica e íntima unión con él, ha hecho su escapada a la sierra madrileña.

Más información en el blog La alegría de las musas 2.

 

Navacerrada, abril

 

Los dos solos. ¡Qué bien

aquí, en el puerto, altos!

Vencido verde, triunfo

de los dos, al venir

queda un paisaje atrás;

otro enfrente, esperándonos.

Parar aquí un minuto.

Sus tres banderas blancas

-soledad, nieve, altura-

agita la mañana.

Se rinde, se me rinde,

ya su silencio es mío:

posesión de un minuto.

Y de pronto mi mano

que te oprime, y tú, yo,

-aventura de arranque

eléctrico-, rompemos

el cristal de las doce,

a correr por un mundo

de asfalto y selva virgen.

Alma mía en la tuya

mecánica; mi fuerza,

bien medida, la tuya,

justa: doce caballos.

 

Pedro Salinas. (Madrid, 1891 – Boston, 1951)


Poesía y ciencia: Cactus, de Héctor Freire

El escritor y poeta argentino dedica un poema a esta planta que, al contrario que el resto de vegetales, por las noches, en vez de soltar el anhídrido carbónico, lo consumen

Qué poco sabemos de la vida secreta de las plantas. La mayor parte de nosotros sólo conocemos cuatro plantas: pinos, geranios, olivos y margaritas, por ejemplo, ó poco más. Un desastre de desconexión profunda con la naturaleza. De desconocimiento, por ejemplo con los increíbles cactus: con sus espinas, sus tallos llenos de agua almacenada, su sobriedad y, pásmense, su respirar inverso: al contrario que el resto de plantas, por las noches, en vez de soltar el anhídrido carbónico (CO2) al aire, lo consumen. El escritor y poeta argentino Héctor Freire (Buenos Aires, 1953) les dedica un interesante poema en el que se resalta su botánica minimalista, su obstinada paciencia y su economía vegetal y que nos complace incluir en poesía y ciencia en este principio de otoño.

Ver más en el blog La alegría de las musas 2.

 

 

CACTUS

Inmortalidad provisoria, pero suficiente

                                      Ives Bonnefoy

 

El silencio del cactus hace de su forma espinosa

una precisa plenitud que duerme, donde el ser

parece expresarse de un modo indicativo:

ofrece la ilusión del realismo pero descansa en el simulacro,

persiste en el reposo como indicio de un acto sin alcance,

y afirma el sentido por vía de la negación.

 

El cactus reanima en su “botánica minimalista”

el gesto de la obstinada paciencia consumada,

y en la ignorancia de su quieta agitación,

sugiere que por estar inmóvil

tiene acceso a lo intemporal, donde la constancia

de la soledad es un desorden de placeres.

 

Su “economía vegetal” no parece exaltar los beneficios

de la lluvia, sino un señalamiento de sus límites.

La resistencia de la materia a pesar de sus raíces

poco profundas pero suficientes.

El cactus: hueso abandonado dos veces al olvido,

un exceso de evidencia que lo hace parecer muerto.

Cancelado entre las piedras, es un sol tranquilo

que sueña con un mundo que no le pertenece.

 

Héctor Freire. (Buenos Aires, 1953)


Poesía y ciencia: Sonetos a la piedra, de Dionisio Ridruejo

Hoy recuperamos unos versos que este escritor y poeta de la generación del 36 dedicó a las canteras

En 1943 se editó en Madrid Sonetos a la piedra de Dionisio Ridruejo. Realizado desde unos años antes, incluidos los de la guerra civil, es un poemario temático sobre la piedra. De sus 39 sonetos – que aumentaron a 43 en reedición realizada por el propio poeta en 1975 y publicada póstumamente  en 1979 – la mayoría son composiciones sobre piedras de estatuas y de edificaciones: palacios, iglesias, etc. El resto están dedicados a la piedra como material de artefactos: ruedas de molino, relojes de sol, puentes…  y a la piedra pura en la naturaleza: volcanes, cordilleras… De entre estos últimos hemos seleccionado para poesía y ciencia el soneto en que describe las canteras - verdaderas minas a cielo abierto - que han transforman la fisonomía de nuestras montañas produciendo paisajes encastillados e impenetrables de abismos verticales.

 

Ver más en el blog La alegría de las musas 2.

 

A LA CANTERA

                                                          

DERRUMBA, vulnerada la montaña,

abismos verticales en su seno

y del perfume de la hierba ameno

su intimidad desnuda sin entraña.

 

Impenetrable, encastillada, ensaña

en árido desdén duelo sereno

esta firmeza helada, este alto y pleno

vigor que de su ruina se acompaña.

 

Ni la raíz, ni el agua, ni la hoguera

forjadora, ni el hábito del viento;

nada ha calado su constancia entera.

 

Sólo el alma la explora - ¡oh, monumento;

oh mansión; oh cariátide ligera! –

con venas de amoroso pensamiento.

 

Dionisio Ridruejo Jiménez. (Burgo de Osma, Soria, 1912 – Madrid,  1975)

 


Poesía y ciencia: Cerca de las estrellas, de Alfonso Sainz

Hoy recuperamos una letra del mítico grupo Los Pekenikes gestada en los meses de preparación del vuelo del Apolo XI

A veces en las canciones populares, sea o no con intencionalidad manifiesta, la ciencia y la tecnología son relevantes. Es el caso de Cerca de las estrellas del mítico grupo de rock Los Pekenikes. Apareció como disco sencillo en 1968 y fue recopilada en el siguiente  álbum del grupo, Alarma. Letra y música son Alfonso Sainz, uno de los principales componentes del grupo. Pensemos que se gestó y compuso en los meses cruciales de preparación del vuelo del Apolo XI que puso al hombre en la luna en julio de 1969. Es un imaginar sencillo e ingenuo de lo que se podría sentir al llegar a las estrellas. Ayudan la voz del batería Felix Arribas y los arreglos de Waldo de los Ríos y Rafael Trabucchelli pero hay que reconocer que los versos,  que nos sitúan lejos del sol, dónde el tiempo no pasará y sólo brille la luz de las tinieblas, son memorables.

 

Ver más en el blog La alegría de las musas 2.

 

Cerca de las estrellas

 

Buscaré otro mundo lejos del sol en las estrellas

Un lugar donde sólo brille la luz de las tinieblas

Viviré donde el tiempo no pasará en las estrellas

Buscaré otro mundo lejos del sol en las estrellas

 

Alfonso Sainz. (Alicante, 1943 – Viera, Florida - USA, 2014)


Hombre con quitasol, de Óscar Hahn

Cuando se cumplen 75 años del lanzamiento de la primera bomba atómica, recuperamos este poema del chileno Óscar Hahn dedicado al macábro acontecimiento

El mundo no ha olvidado que en este 2020 se han cumplido 75 años de los dos ataques nucleares habidos en la historia. El lunes​ 6 de agosto de 1945, la primera bomba atómica a la que se llamó Little Boy, fue lanzada sobre Hiroshima; seguida por la denominada Fat Man,  arrojada el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Entre 105 000 y 120 000 personas murieron y 130 000 resultaron heridas. Oscar Hahn, compuso y publicó en 2002 este Hombre con quitasol. “Ese hombre con un quitasol / petrificado en una calle de Hiroshima / ¿de qué quería protegerse?”. Firme paso en la asunción normalizada del mal; a partir de ese momento, nada volvió a ser igual y se abrió la veda para atacar directamente a inocentes en guerra. De la maldad del hombre, del terror; digo que habría que protegerse.

 

Hombre con quitasol

 

Ese hombre con un quitasol

petrificado en una calle de Hiroshima

 

¿de qué quería protegerse?

¿Del resplandor de los mil soles

o de la lluvia radiactiva que caía sobre su cabeza?

 

Ahora no es más que un puñado de polvo

en el museo de Hiroshima

 

sólo leyenda en la memoria del mundo

 

Y nosotros

somos aún menos que eso:

estatuas de ceniza en las calles de Hiroshima

 

Sin quitasol

sin leyenda

sin Hiroshima

 

De Apariciones profanas, (2002).

 

Oscar Hahn Garcés (Iquique-Chile, 1938)


Poesía y ciencia: Tres poemas botánicos, de Emily Dickinson

La publicación de una antología bilingüe de la poesía botánica de Dickinson junto con ilustraciones procedentes de su propio herbario, constituye uno de los grandes acontecimientos de poesía científica del año

Emily Dickinson, empezó a interesarse por la botánica en la escuela Mount Holyoke, de South Hadley, Massachusetts, donde se animaba a todas las niñas a recoger, estudiar y coleccionar flores y plantas locales para realizar un herbario. Dickinson recogió unas  400 flores de la región componiendo un herbario de gran sensibilidad, que acompañaba cada planta con una etiqueta con su nombre. Ese herbario realizado entre 1939 y 1846 se ha conservado en la universidad de Harvard hasta nuestros días.

En 2006 se editó el Herbario de Emily Dickinson  en facsímil y, hace unos cinco  años, fue digitalizado; siendo, desde ese momento, accesible a todo el público. Finalmente, este 2020 la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker  ha publicado en nuestro país una antología bilingüe de la poesía botánica de Emily Dickinson junto con ilustraciones procedentes del Herbario. Lo que  constituye, sin duda, uno de los mayores acontecimientos de  poesía científica en 2020. Nos parece un broche final magnífico para esta temporada de poesía y ciencia, y, para ello, hemos seleccionado tres poemas: los numerados 1098, 1650 y 1779.

Ver más en el blog La alegría de las musas 2.

 

Tres poemas botánicos

 

1098

Las hojas, como las mujeres, intercambian

astutas confidencias;

unos  cuantos saludos, y unas cuantas

portentosas conclusiones,

 

en ambos casos las partes

disfrutan del secreto --

compacto e inviolable

a la visibilidad.

 

1650

El pedigrí de la miel

no le importa a la abeja;

en cualquier momento, un trébol, para ella,

es aristocracia.

 

1779

Para hacer una pradera es necesario un trébol y una abeja --

un trébol y una abeja.

Y un ensueño.

Bastará con el ensueño,

si abejas hay pocas.

 

Emily Dickinson. (Amherst - Massachusetts, 1830 – 1886)

 

(Traducción Eva Gallud)


Poesía y ciencia: Tempus ex machina, de Andrés Neuman

Hoy nos acercamos a tres momentos en la historia de los relojes de la mano de este poeta y narrador argentino afincado en España

No recuerdo que en poesía y ciencia, a lo largo de sus casi 18 años de andadura,  se haya incluido ningún poema específicamente dedicado a los relojes. De remediarlo es tiempo, teniendo a mano este gran poema, ‘Tempus ex machina’ del que presentamos unos fragmentos que recogen tres momentos en la historia de los relojes: sus inicios con la clepsidra a lo que sigue el reloj de péndulo – te amamos Galileo - y la actualidad con el cuarzo o la energía atómica del Cesio. El poema es de voz y lenguaje muy actuales y sumamente elegante. Como toda la poesía de su autor, el poeta argentino Andrés Neuman que  - suerte que tenemos – habita entre nosotros en España.

Más información en el blog ‘La Alegría de las musas 2’.

 

Tempus ex machina. (Fragmento)

 

En el compás del mundo siempre ha habido

un reloj conmoviéndose.

 

La clepsidra, el hallazgo fundador

donde un cuerpo paciente pierde líquido

resume el espectáculo

del ciclo de la vida

misterioso, evidente como es:

quiere partir el tiempo gota a gota.

Su caudal desemboca en el desierto

donde alguien creyó entender la arena.

Dos botellas hermanas con un cuello a punto de asfixiarse:

así es como el instante le perdona

la vida a su garganta y a la nuestra.

(….)

En la nueva vigilia se alzó el péndulo

con su cebo insistente

para pescar el tiempo mientras flota.

El vaivén vive atento a su tarea,

disminuye su arco, disminuye

pero no lo que tarda en trasladarse

de un extremo hasta el otro del camino.

Te amamos, Galileo.

(...)

Los ingenios actuales (¿actual que pase el tiempo?)

desearían fundirse con su objeto inasible,

aspiran a la indivisibilidad.

Han conocido el cuarzo

que regula su vena diminuta

o la energía atómica del cesio

seducido por leves magnetismos.

Digitales, sin cuerpo, transparentes.

Hojas del huracán.

Con pantallas de agua. Iluminados.

Así son los relojes de mi tiempo.

Con pilas que alimentan como un grano de arroz.

Y con el mismo amor, el mismo pulso,

eternos como nunca lo seremos.

 

Andrés Neuman Galán. (Buenos Aires, 1977)


Poesía y ciencia: ‘Esperando tu email’ de Oscar Hahn

Hoy nos acercamos a la poesía del chileno Óscar Hahn, al que la crítica especializada ha reconocido una calidad y originalidad indiscutibles en el contexto poético hispanoamericano

Por los poemas centrados en temas científicos y tecnológicos también pasa el tiempo. De forma que, en unos pocos años, pueden adquirir  una pátina casi nostálgica. Nos sentíamos tan modernos con el invento del correo electrónico, (email), por su frescura y su inmediatez. Nos imaginábamos su reinado por los siglos de los siglos; ¡y no!  El email sigue estando ahí; pero lo han pasado por la izquierda la apisonadora del WhatsApp y de las redes sociales.  ‘Esperando tu email’ sigue conservando su encanto y la gran calidad que acredita su autor, el gran poeta chileno Oscar Hahn.

Más información en el blog La alegría de las musas 2.

 

Esperando tu email

 

Abrir mi correo

en el computador

esperando encontrar

un email tuyo

y no encontrarlo

abrirlo cada día

cada hora

cada minuto

y no encontrarlo

y tener miedo

de mirar mi correo

y pasar los ojos

por cada mensaje

buscando el tuyo

y no encontrarlo

y estar a punto

de romper la pantalla

de un puñetazo

y no encontrarlo

pero abrirlo de nuevo

y de repente

ver tu nombre

y leer el texto

aguantando apenas

la respiración

y llegar temblando

a la última línea

a la última palabra

y no querer respirar

nunca más en la vida

y querer caer muerto

encima del teclado.

 

Oscar Hahn Garcés (Iquique-Chile, 1938)


Soy un punto, de Jesús Aguado

El poema representa ese “momento pesadilla” en el que puede llegar a tornarse, en ocasiones, la serena geometría euclídea

El poema ‘Soy un punto’ de Jesús Aguado, representa ese “momento pesadilla” en el que puede llegar a tornarse, en ocasiones, la serena geometría euclídea. En esos momentos, un punto puede verse perseguido por jaurías de radios – azuzados por compases locos - que lo acosan porque se escapa del centro: “un punto fugitivo que echa brotes / montes ombligos ojos despreciando”, nos indica el poema que, para colmo, es un soneto descolocado en el que los tercetos van por delante. Una auténtica pesadilla.

Más información en el blog La alegría de las musas 2.

 

Soy un punto

soy un punto que escapa de su centro

las jaurías de radios me persiguen

compases que están locos les azuzan

 

están fuera de mi pero están dentro

con ondas con elípticas me siguen

trazan rayas y números que cruzan

 

que cortan el espacio dibujando

en medio de la nada unos barrotes

soy reo condenado a mil azotes

amarrado en un círculo colgando

 

marioneta del tiempo contrabando

de hilos manos deseos monigotes

un punto fugitivo que echa brotes

montes ombligos ojos despreciando

 

Jesús Aguado. (Madrid, 1961)


La Cafetera Express y el Infiernillo Eléctrico de Juan José Velo Nieto

A pesar de su importancia en el pasado, en la actualidad la fábula ha quedado prácticamente relegada a las publicaciones infantiles

En el siglo XX se ha producido la desaparición, dentro del panorama poético, de la fábula y los fabulistas; manteniéndose residualmente el género por cultivadores ocasionales en publicaciones infantiles, siempre bien aceptadas por sus receptores. Ha habido, sin embargo, intentos de modernizar el mundo de las fábulas clásicas mediante la transformación de sus personajes tradicionales -animales y plantas que hablan, por ejemplo -  en máquinas que aleccionan al hombre. Es el caso del poema La Cafetera Express y el Infiernillo Eléctrico de Juan José Velo Nieto que traemos a poesía y ciencia.

Más información en el blog La Alegría de las Musas 2

 

La Cafetera Express y el Infiernillo Eléctrico

 

La cafetera Express vaporizaba

y al infiernillo eléctrico exhalaba

sus planes venideros

de cambiarse en veloz locomotora

y pilotar los trenes de viajeros

a noventa kilómetros por hora,

para así convertir su inercia estática

en máquina energética y dinámica.

 

“¡Modérate el frenillo!,”

- respiró incandescente el infiernillo -;

“pues juzgo con franqueza

que el café se te ha subido a la cabeza.

¿Es que el llamarte “Express” que da derecho

a desdeñar las portas de tu pecho?…

¿Qué te parecería que yo,

por ser eléctrico artilugio,

quisiera transformarme en un tranvía

para buscar a mi tensión refugio?…”

 

El buen nombre se hereda,

pero no las virtudes que amoneda;

por eso yerra el hombre

que imagina triunfar con sólo un nombre

 

Juan José Velo Nieto.

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