Un pez en biomedicina…

Hace unos años, unos avispados de Taiwan decidieron utilizar la tecnología puntera para hacerse con unos euros extras, o unos dólares, o unos jenes… Tuvieron la brillante (y espero que adivinen mi sarcasmo por la entonación) idea de manipular genéticamente un pececillo medio transparente, al menos durante una fase de su vida, introduciéndole un gen que les daba fluorescencia verde (la Proteína Verde Fluorescente) y, de noche, parecían auténticos gusiluz

 

“Serán una sensación de las casas de medio mundo”, debieron pensar… “No pasa nada porque el precio de cada pececillo pase de unos centavos a 20 dólares”, debieron imaginar. El caso es que pensaron demasiado y, finalmente, Perla Negra, pues así bautizaron a la nueva mascota, fue un fracaso como negocio y una vergüenza para los que pensamos que la alta tecnología genética debería encaminarse a salvar y mejorar nuestra calidad de vida en vez de ir creando monstruos de feria con un fin tan descaradamente lucrativo… ¿Qué es un pez cebra?

Sea como fuere, este pequeño pececillo se ha convertido en una herramienta en biología molecular, genética y biotecnología de primer orden: como los ratones blancos en inmunología y oncología, las moscas del vinagre en genética del desarrollo o la bacteria E. coli en biología molecular.

Durante la primera fase de su vida, el pez cebra es completamente transparente, por lo que es idóneo para estudiar qué le pasa cuando le modificamos, quitamos o ponemos genes nuevos (transgénesis). Sin embargo, ahora, un equipo de investigadores del hospital infantil de Boston (EEUU) ha dado un paso más allá, modificando este inocente pez para hacerlo transparente toda su vida. Los resultados, publicados en Cell Stem Cell, permitirán abrir una nueva vía de investigación en cáncer, ya que podremos seguir la evolución, en tiempo real, de un tumor y controlar, por ejemplo, el momento en el que una célula cancerosa decide abandonar un tumor primario y migrar para colonizar otros tejidos (metástasis).

Este momento tan vital para la evolución de un tumor, y la vida por consiguiente, del paciente, es uno de los puntos oscuros de la oncología. Con un pececillo cebra transparente podremos explorar nuevos genes e ir viendo las consecuencias fenotípicas a través de la piel del vertebrado “aventanado”, es decir, ir viendo la expresión, cambios, movilidad o cualquier otro destino de muchas proteínas. De hecho, estudios que ya han sido llevados a cabo permitieron marcar unas células cancerosas con fluorescencia, al estilo del famoso pez gusiluz, pero con fines más filantrópicos, e ir viendo cómo evolucionaba el tumor primario dentro del animal y cuándo y dónde se escapaban nuevas células para colonizar otros tejidos. Este tipo de experimento demuestra la doble vertiente de toda técnica puntera: la de poder utilizar el conocimiento humano para tratar de asegurar una mayor calidad de vida de generaciones futuras o… como en el caso del Perla Negra, y no hablo de piratas… (o quizá sí), para tirar por el camino de en medio y hacerse con unas perras llenando el mundo de monstruitos verdes o ratones coloraos… listos o tontos…

JAL (UAM)

Nota: pincha en “enviar comentario” y en “escuchar” para acceder a una grabación sobre el origen de los ojos azules del programa Afectos Matinales de RNE.

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Comentarios

me perece 1 forma cruel pero a la vez ingeniosa de resolveer problemas enn la vida actual

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