Microbios buenos, microbios malos

A lo largo de mis casi 30 años de docente universitario he insistido en el concepto de que los microorganismos que forman parte de nuestra microbiota intestinal normal son protectores de nuestra salud. En principio, nada parecía contradecir este hecho… hasta ahora.

Siempre hemos considerado a la denominada microbiota o flora intestinal como un conjunto de bacterias amigas con funciones beneficiosas como podría ser la protección frente a microorganismos patógenos. Sin embargo, dos estudios publicados en Science y comentados por Rachel David en  Nature Reviews Microbiology plantean algunas objeciones a tanta “bondad” bacteriana.

Microbiota intestinal

Microbiota intestinal

Uno de los trabajos se llevó a cabo con el denominado Virus de Tumores Mamarios de Ratón –MMTV en inglés-. Este retrovirus se transmite a través de las superficies mucosas. El estudio se centró en el mecanismo de escape del virus sobre la respuesta inmune para establecer una infección crónica. Al parecer, en ratones tratados con antibióticos, la respuesta inmune fue eficaz impidiendo la propagación del virus a la progenie, algo que sí ocurría cuando el ratón tenía una microbiota intacta sin tratar con antibióticos, sugiriéndose la implicación de estas bacterias intestinales en el efecto del virus.

En un segundo trabajo, en este caso sobre el papel de la microbiota intestinal -en un modelo de ratón transgénico- en la transmisión del enterovirus de la poliomielitis, se observó que tras el tratamiento con antibióticos los ratones mostraban menor mortalidad al ser infectados oralmente que aquellos sin tratar. Poliovirus replicaba peor en el intestino de los animales que habían ingerido antibióticos que en aquellos que no lo hicieron. Curiosamente, al mezclar el virus con heces de ratones que recibieron antibióticos perdía su viabilidad, sugiriendo nuevamente que las bacterias de nuestra microbiota tienen un efecto directo sobre la infectividad del virus.

En cuanto al mecanismo de tan sorprendente observación, al parecer la molécula denominada TLR4 –Toll-like receptor 4- tendría mucho que decir. Ratones carentes de este receptor –el cual induce la producción de la molécula antiinflamatoria IL-10 (Interleuquina 10)-, mostraban una respuesta inmune disminuida que permitía al virus MMTV volverse persistente. En estos animales deficientes para TLR4 y libres de gérmenes, la inyección con el virus no significaba su transmisión a la descendencia, algo que sí se observaba en aquellos positivos para TLR4, por lo que esta molécula estaría jugando un papel importante en la diseminación viral.

Al igual que TLR4, el virus de la poliomielitis se une a los denominados lipopolisacáridos (LPS) secretados por la bacteria, favoreciendo su infectividad. Asimismo, al parecer, MMTV se une – al menos in vitro- a LPS secuestrándolo y estimulando la producción de IL-10 en cultivo de esplenocitos mediante la secreción de la también denominada IL-6. Esta última es, por otra parte, producida en respuesta a la señalización activada por la unión a LPS de TLR4 junto a su correceptor CD14. De hecho, ratones deficientes para IL-6, IL-10, TLR4 o CD14 no transmitían eficientemente MMTV a la descendencia, constatándose –siempre según los autores- la importancia de esta vía en persistencia y transmisión viral.

TLR4

TLR4

Las investigaciones apuntan a que para establecer una infección crónica y poder transmitirse hacia las sucesivas generaciones, MMTV necesita al LPS secretado por la microbiota intestinal, que permitiría la regulación-modulación del sistema inmune tras la secreción de la molécula citoquina antiinflamatoria anteriormente señalada IL-10.

Por todo ello, estos resultados sugieren que -al menos para MMTV y poliovirus estudiados- tras la interacción con el virus, la microbiota intestinal sería perjudicial para el huésped promoviéndose, consecuentemente, la infección y transmisión del patógeno.

Finalmente, otros virus, como los reovirus, también parecen requerir de la microbiota intestinal para establecer su infección. Como siempre, futuros trabajos permitirán profundizar en la interacción de algunos virus con la, por lo menos hasta ahora, amigable microbiota –también denominada “flora”- intestinal.

JAL  (CBMSO)

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