Los cronocrímenes (Nacho Vigalongo, 2007)

Reseña de Enrique Huetos García-Ajofrín:

Un hombre enmascarado, una mujer desnuda en mitad de un bosque, un científico haciendo horas extra, una máquina del tiempo… Sólo hay una persona que podría aunar todos estos elementos en una película, y ése es Nacho Vigalondo[1] (Cabezón de la Sal[2], Cantabria, 1977). Así es Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007), su ópera prima; un filme alejado de los gustos convencionales del cine patrio que convence por querer contar una historia inteligente sin por ello evitar a toda costa que los espectadores no la entiendan. La protagonizan Karra Elejalde, Nacho Vigalondo, Bárbara Goenaga y Candela Fernández.

 

Este largometraje nos presenta a un tipo de mediana edad, Héctor, que por casualidad descubre a una mujer desnuda en medio del bosque. Guiado por la curiosidad, o quizás por un impulso sexual, Héctor se adentra en el bosque para encontrar a esta mujer, lo que le acarreará terribles consecuencias.

 

La auténtica protagonista de esta película es, sin duda, una máquina del tiempo; todo el resto de elementos – personajes, espacios, etc. – son solo una excusa para integrar este curioso aparato dentro de la historia. A pesar de ello, los acontecimientos de los que el espectador es testigo están tan bien hilvanados que se mantiene la tensión a lo largo de la historia.

 

En una entrevista que le hicieron a propósito de la proyección de su película en en Sitges 2007: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Cataluña, lo que quería hacer era contar una historia de viajes en el tiempo como las que a él le gustaban. De esta manera se confirma lo que comentábamos en el párrafo anterior, que la mayor parte de los elementos del universo de la película están ahí al servicio de la máquina del tiempo. Además, lo que también tenía claro su director y guionista era el uso de varios niveles narrativos; de hecho, en dicha entrevista, cuando fue preguntado por el origen de la historia, dijo lo siguiente: “Voy a hacer una especie de circo de tres pistas narrativo”.[3]

 

Los cronocrímenes puede ser encuadrada dentro de lo que es el cine vasco, no sólo porque su director se haya formado en Euskadi, sino también por las influencias que del cine de esta procedencia recibe. Resulta curioso que hasta hace bien poco, digamos por los 70, el cine fantástico y el cine vasco eran dos conceptos que eran prácticamente contrarios. Sin embargo, gracias a la aparición de un corto titulado Mamá[4] (Pablo Berger, 1988), cuya dirección artística corría a cargo de Álex de la Iglesia[5], todo esto cambió, amén del cambio tecnológico que facilitó también poder contar historias aún más fantasiosas. Hasta ese momento, el cortometraje vasco se centraba en tradiciones vascas, una vaga promoción turística, reivindicaciones nacionalistas y un cierto aire social. Pero después de Mamá[6] todo cambió y vinieron Mirindas asesinas[7] (Álex de la Iglesia, 1991) y años más tarde El tren de la bruja[8] (Koldo Serra[9], 2003); y así una larga lista de geniales cortometrajistas, entre los que se encuentra Vigalondo, que hacen que las previsiones del futuro del cine fantástico vasco sean muy halagadoras.[10]

 

Dos elementos son fundamentales para el desarrollo de la historia, unos elementos que no son nuevos en la Historia del Cine: La máquina del tiempo y los prismáticos. La primera de ellas nos alude principalmente a la La máquina del tiempo de H.G. Wells aunque antes de éste hubo otra máquina del tiempo en literatura; así nos lo cuenta Fernando Ángel Moreno Serrano:

 

Ya podríamos observar los primeros intentos de ciencia-ficción durante el siglo XIX e incluso se atreve a defender [Augusto] Uribe [en ‘De las proto-máquinas del tiempo a las anticipaciones por venir’[11]] que uno de los primeros relatos sobre viajes en el tiempo – anterior a Mark Twain y a H.G. Wells -, y quizás el primero que utiliza una máquina para realizarlo, fue escrito por un español: Enrique (Lucio Eugenio) Gaspar y Rimbau[12]. La novela fue titulada con el pintoresco nombre de El anacronópete. Sin embargo, a pesar de que en la máquina del tiempo que usan los protagonistas para buscar a Dios, veinte últimas líneas para explicar que todo ha sido un sueño estropean la adscripción de la novela a la ciencia ficción y lo vinculan a lo fantástico en general[13].

 

Pero la máquina del tiempo no sólo ha estado reservado para la literatura, en el cine también podemos encontrar muchas películas en cuyas historias hay un aparato de similares características. Sin contar con las adaptaciones de la novela de H.G. Wells, podríamos decir que una de las más conocidas es Regreso al futuro (Back to the Future, Robert Zemeckis[14], 1985) y sus secuelas – también dirigidas por Zemeckis, la segunda parte en el 1989 y la tercera en el 1990. Sin embargo, hay una diferencia muy sutil entre Regreso al futuro y Los cronocrímenes; Beatriz Maldivia habla sobre ello en Blogdecine:

A lo largo de la historia del cine y de la literatura de ciencia ficción, hemos podido apreciar dos corrientes básicas con respecto a los viajes en el tiempo: aquella que habla de un universo consistente en el que todo ha ocurrido desde siempre, como si fuese un bucle, es decir: en el que el viajero en el tiempo ha viajado siempre y siempre viajará y nada de lo que haga modificará lo que ya conocemos. Y aquella en la que lo que haga cada uno al ir al pasado altera el continuo espacio-tiempo, como explicaba Doc de Regreso al futuro, creando realidades alternativas. El guion de Nacho Vigalondo para Los cronocrímenes desde el primer momento está jugando con la teoría de los universos consistentes[15].

Sin embargo, hay una cosa que sí tienen en común estas dos películas y es que el uso de unos prismáticos provocan el comienzo de los problemas a nuestros personajes. En Regreso al futuro conlleva que Marty McFly se caiga del árbol, que casi le atropelle un coche y que conozca a su madre antes de que le hubiera parido; por otro lado, en Los cronocrímenes, cuando Héctor usa los prismáticos hace que sienta curiosidad por encontrar a la chica desnuda. Y todo este binomio de prismáticos y problemas nos lleva a una de las películas más importantes de la historia del cine, una película que me imagino que el lector ya habrá adivinado desde hacia tiempo: La ventana indiscreta[16] (Rear Window, Alfred Hitchcock, 1954).

Así, en todo Los cronocrímenes y La ventana indiscreta hacen referencia al voyeur que es castigado por su impertinencia. Donald Spoto comenta sobre este aspecto lo siguiente:

La coda del film no sólo es una pausa cómica después de una creciente tensión. La caía final de Jeff es una suerte de castigo y la última escena lo muestra con las dos piernas rotas. Tendrá re revivir su encerramiento […].[17]

En Los cronocrímenes también Héctor es castigado por haber sido un mirón aunque, a mi juicio, es más trágico el final en esta que en la de Hitchcock. Además, el final en la película de Vigalondo es inesperado, ese giro último da un cambio fantástico al curso de la historia y, además de estar bien integrado en la diégesis, sorprende, y mucho, al espectador.

Sin duda, ya hemos hablado de que esta película está adscrita a dos géneros cinematográficos: El de ciencia ficción y el de suspense. La combinación de géneros es un recurso habitual en la historia del cine y a este respecto Vigalondo comentaba lo siguiente:

Me encanta mezclar géneros pero, por otro lado, tampoco me levanto por la mañana diciendo “voy a mezclar dos géneros” sino que es algo que forma parte como mi identidad como director, y es algo que reconozco que me divierte pero no es algo que controle; entonces, creo que para bien o para mal es lo que hago y no sé si cambiaré con el tiempo o me durará el chollo hasta que explote.[18]

Así, podemos decir que Los cronocrímenes es una película que cuenta con aspectos que ya se han visto antes en otros largometrajes pero que al unirlos surge una combinación intrigante y arriesgada que hará las delicias del espectador.

 

Enrique Huetos. Enero de 2012.

 

BIBLIOGRAFÍA

MORENO SERRANO, Fernando Ángel: Notas para una historia de la ciencia ficción en España. Dicenda, Cuadernos de Filología Hispánica [en línea]: 2007, nº 25.

 

MUÑOZ, Txema: El corto fantástico vasco: De pasado indefinido a futuro perfecto. En

AGUILAR, Carlos (Coordinación): Cine fantástico y de terror español (1984-2004). Donostia: Donostia Cultura, 2005,

 

SPOTO, Donald. El arte de Alfred Hitchcock: Todas sus películas.Barcelona: RBA ediciones, 1992.

 

 


[1] Antes de Los Cronocrímenes, su primer largometraje, Vigalondo destacó en su faceta de cortometrajista. Con 7.35 de la mañana consiguió una nominación al Oscar a Mejor Cortometraje en 2004, su corto más famoso, pero también son igualmente conocidos Código 7, Domingo o Una lección de cine.

[2] De este pueblo también es oriundo Alejandro Tejería, amigo de Vigalondo desde 8º de EGB, con quién ha contado para protagonizar muchos de sus cortometrajes, como Domingo (Nacho Vigalondo, 2008), entre otras. También ha hecho apariciones en  Vaya semanita o Museo Coconut; en el cine, formó parte del reparto de Balada triste de trompeta (Álex de la Iglesia, 2010).

[3] BOCERO, Manuel. Entrevista Nacho Vigalondo / Los Cronocrímenes / Sitges 2007. Canal de Major Grau en Youtube [en línea]. Sitges, diciembre de 2007. Disponible en: http://youtu.be/eCJEwZtyjrs [ref.: 19 de enero de 2012].

[4] Su primer largometraje fue Torremolinos 73 (Pablo Berger, 2003), una película alejada completamente de la estética y temática de Mama y más cercana a la de De la Iglesia (recordemos que era su director artístico), lo que hace sospechar que la tarea de este se ampliara más de lo que figura en los créditos finales. A fecha de hoy, enero de 2012, tiene un trabajo pendiente de estreno: Blancanieves (Pablo Berger, 2012), una versión del cuento popular muda y que se proyectará con orquesta en directo.

[5] Cineasta bilbaíno nacido en 1965. Estudió Filosofía en la Universidad de Deusto. Su primer cortometraje, Mirindas asesinas (Alex de la Iglesia, 1991), logró llamar la atención de la productora El Deseo, quiénes le produjeron su primer largometraje: Acción Mutante (Álex de la Iglesia, 1993). Entre sus mejores películas se encuentran El día de la bestia (Álex de la Iglesia,1995) o La Comunidad (Álex de la Iglesia, 2000).

[6] Puedes ver Mamá de Pablo Berger haciendo click en el siguiente enlace: http://youtu.be/lPD6jD17hCA [ref. 19 de enero de 2012].

[7] Puedes ver Mirindas Asesinas  de Álex de la Iglesia haciendo click en el siguiente enlace: http://youtu.be/PXc3StPZbI4 [ref. 19 de enero de 2012].

[8] Puedes ver Tren de sombras de Koldo Serra haciendo click en el siguiente enlace: http://youtu.be/gYz5Jf6f6dY [ref. 19 de enero de 2012]

[9] También es oriundo de Bilbao, aunque nació en el 75. Co-escribió el guión de El tren de la bruja junto con Nacho Vigalondo. Su primer largometraje fue Bosque de sombras (The Backwoods, Koldo Serra, 2006), película ambientada a finales del franquismo, rodada en inglés y en castellano, con Gary Oldman, Aitana Sánchez-Gijón, Virginie Ledoye y Paddy Considine.

[10] MUÑOZ, Txema: El corto fantástico vasco: De pasado indefinido a futuro perfecto. En AGUILAR, Carlos (Coordinación): Cine fantástico y de terror español (1984-2004). Donostia: Donostia Cultura, 2005, pg. 363-371.

[11] URIBE, Augusto. De las proto-máquinas del tiempo a las anticipaciones por venir. En: VV.AA.: La ciencia ficción española. Madrid: Robel, 2002, pg. 25-63.

[12] Nació en Madrid en 1842 y murió en una población de la Aquitania en 1902. Tiene una obra muy variada desde zarzuelas a novelas, pasando por artículos periodísticos.

[13] MORENO SERRANO, Fernando Ángel: Notas para una historia de la ciencia ficción en España. Dicenda, Cuadernos de Filología Hispánica [en línea]: 2007, nº 25. Disponible en : http://revistas.ucm.es/fll/02122952/articulos/DICE0707110125A.PDF [ref.: 19 de enero de 2012].

[14] Guionista y director de cine americano, nació en la ciudad de Chicago en el 1951. Entre sus películas más famosas, a parte de la saga de Regreso al futuro, se encuentra Tras el corazón verde y ¿Quién engañó a Roger Rabito?. En los últimos años ha dirigido películas de animación creadas a través del motion capture, una técnica muy innovadora que captura los movimientos de los actores y los transforma en una imagen animada. Gracias a esta técnica surgieron Polar Express, entre otras.

[15] MALDIVIA, Beatriz. Los cronocrímenes: No es tan fácil viajar en el tiempo [Blog. Internet]: Blog  de cine: 23 de marzo de 2009.  http://www.blogdecine.com/criticas/los-cronocrimenes-no-es-facil-viajar-en-el-tiempo [ref.: 19 de enero de 2012].

[16] Esta película se basaba en el principio del decorado único. La película cuenta como un reportero gráfico que está recluido en casa con una pierna escayolada, L. B. Jeffries (James Steweart) empieza a sospechar que uno de sus vecinos ha matado a su propia esposa.

[17] SPOTO, Donald. El arte de Alfred Hitchcock: Todas sus películas.Barcelona: RBA ediciones, 1992. pags. 151-156.

[18] CERVANTES TV. Entrevista a Nacho Vigalondo . Instituto Cervantes, 2012. Disponible en: http://cervantestv.es/2012/01/10/entrevista-a-nacho-vigalondo/ [ref.: 19 de enero de 2012]

 

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