El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962)

Reseña de C. Valeria Hernández Linares

Esta reseña cuenta el argumento de El ángel exterminador, una película escrita y dirigida por Luis Buñuel en 1962. La narración comienza cuando un grupo selecto de la alta sociedad mexicana se da cita para cenar en la fastuosa residencia del perfecto anfitrión, Edmundo Nóbile. El evento transcurre armoniosamente aunque, de forma inexplicable, los miembros del servicio doméstico sienten la necesidad de abandonar la mansión con urgencia sin saber ellos mismos el motivo. Atendidos por mayordomo, los invitados disfrutan de la velada y del concierto de piano ofrecido en el salón por una de las damas. Cuando la celebración llega a su fin, deciden unánimemente dormir en la misma estancia en el que tuvo lugar el concierto. La situación es algo incómoda, pero todos intentan descansar sin llamar la atención sobre lo extraño que resulta que ninguno haya marchado aún. Por la mañana, cuando se disponen finalmente a salir del salón, se dan cuenta de que, pese a estar la puerta completamente abierta, simplemente, no pueden cruzar el umbral.

Buñuel, ateo confeso, utiliza los símbolos de la religión católica. Desde los títulos de crédito que se proyectan sobre la fachada de una catedral, hasta el final del largometraje que se cierra al término de una misa, las referencias eclesiásticas son numerosas, aunque el mensaje puede ser contradictorio: la prueba de ello son las abundantes y dispares interpretaciones que se han hecho sobre los elementos simbólicos de este largometraje.

El contexto social del momento, principio de la década de los sesenta, era de auge y de consumo. Sin embargo, el director retrata la decadencia de una sociedad frívola y egoísta; al parecer capacitada solo para crear un escaparate, una sucesión de poses sofisticadas y vacías.

No es difícil percibir el gran carisma del autor en su cine. “Buñuel afirmó que era uno de los directores que mejor expresaba en sus películas como era él”.[1] Su irreverente visión del mundo queda plasmada en sus largometrajes llegando con naturalidad a los interrogantes formulados en el inconsciente del espectador: aquellas cuestiones que, como seres sociales, nos planteamos, al menos, una vez. Por ejemplo, la libertad, uno de los temas centrales del largometraje, ha sido descrita por el director en estas palabras:

La libertad es un fantasma. Esto lo he pensado seriamente y lo creo desde siempre. Es un fantasma de niebla. El hombre lo persigue, cree atraparlo, y sólo le queda un poco de niebla en las manos. Siempre la libertad se ha expresado para mí en esta imagen[2].

Los personajes de El ángel exterminador no tienen un impedimento físico que les impida salir. Es solo aire, pero es más que suficiente. En cambio, en la primera parte de la cinta, durante la velada, el guion ofrece un despliegue de libertades por parte de los personajes: reproches, críticas, explícitas demostraciones de deseo físico, intrigas, conspiraciones y quejas tienen lugar entre ellos de forma espontánea:

JUANA ÁVILA: ¿Este es el cuarto, verdad?

ALBERTO ROC: Pues no sé, señora. Ya voy perdiendo la cuenta…

JUANA ÁVILA: ¿Y está usted seguro de la paternidad?

ALBERTO ROC: ¿Uhm?

JUANA ÁVILA: Quiero decir…

ALBERTO ROC: Eso pregúnteselo a ella.

ALICIA DE ROC: (Ríe divertida) La ciencia lo decidirá…

(El ángel exterminador)

La frivolidad y el excentricismo –y ocasionalmente la conspiración-  parecen las únicas vías de escape de estos personajes. Aunque, queda patente a lo largo de la cinta que, el autor los castiga duramente por ello. Al comienzo de la velada, en un alarde de derroche, la anfitriona, Lucía de Nóbile, anuncia a sus invitados la incorporación en el menú de un delicioso guiso maltés. La finalidad de este elaborado plato no es ser degustado, sino que el camarero deliberadamente caiga antes de servirlo, acabando el manjar esparcido por el suelo. La mayoría de los invitados ríen divertidos y alaban el ingenio de la anfitriona. Una escena tan surrealista fue inspirada por un hecho real que un amigo de Buñuel había presenciado atendiendo una cena de gala en Nueva York. El director contaba sobre el relato:

El camarero debía traer una fuente maravillosa: un cisne esculpido en hielo, lleno de tres kilos de caviar y adornado con foie gras. Apareció en la puerta, dio unos pasos y, voluntariamente, tropezó, cayó al suelo y derramó todo aquello ante el encanto de los asistentes.[3]

En el largometraje, a la mañana siguiente del evento, los invitados, desvalidos y encerrados, comenzarán a pasar hambre y sed hasta enfermar.

El ángel exterminador viene de la Biblia, el Apocalipsis.”[4] En las visiones de San Juan Evangelista tiene lugar la “adoración del cordero, que tiene siete cuernos y siete ojos” y la aparición de “dos bestias: el cuerpo de la bestia es parecido al de un leopardo, pies como garras de oso y boca como un león, y siete copas rebosan la cólera de Dios”[5]. Para mayor recreación de su Apocalipsis, Buñuel cuenta con la aparición de un rebaño de corderos en varias ocasiones a lo largo de la cinta, y la intervención de un oso: en un primer momento atado y manejable, pero que acabará trepando colérico por las columnas de la mansión de los Nóbile. El director detestaba las libres interpretaciones que los críticos hacían para explicar en profundidad el significado de estas apariciones. En palabras del autor al recordar una de ellas: “El oso era la Unión Soviética que tenía sitiada a la burguesía, y así la película quedaba enciclopédicamente explicada.”[6] En cambio, pese a la justificación que daba el propio Buñuel sobre el oso –un simple objeto de entretenimiento durante la cena- no es difícil intuir que la inclusión de un oso en un rodaje significa un peligro potencial incalculable, y que el director debía desear profundamente, y por más de un motivo, que aquel animal participara en la cinta:

Es bonito ver entrar un oso en un salón. Cuando se filmó la escena del oso, yo estaba preparado con un revólver Magnum 44.[7]

La recreación del Apocalipsis no tiene lugar solo a través de las imágenes, sino también de las imágenes acústicas: “oímos el crepitar del fuego, el correr de las aguas, el azotar del viento, los pasos sobre la tierra, pero también los tañidos de las campanas”[8]. Esta conjunción de símbolos ayudará a  provocar que la escena desemboque en la agonía extrema de los personajes: algunos mueren de forma natural, otros cometen suicidio, los hay que comienzan a manifestar síntomas de locura, o los que sienten deseos de terminar con la vida de otro.  Las buenas formas y el decoro los han abandonado por completo y la desesperación convierte finalmente la escena en lo que representa para el director el infierno, “ese que tanto asustaba  al adolescente Buñuel en los ejercicios espirituales del colegio de jesuitas y que no se encuentra en el más allá, sino en el corazón mismo de los humanos.[9]

La iconografía cristiana se mezcla con la simbología propia del surrealismo, fetiches ya plasmados desde El perro andaluz. La cohabitación de ambas simbologías es parte del universo del director, consiguiendo sumir al espectador en una dulce hipnosis. En El ángel exterminador, Ana Maynar, una de las invitadas, expresa su miedo al dolor físico narrando una pesadilla sobre el descarrilamiento de un tren. Este personaje, “inspirado en el propio Dalí y sus temores”[10], sufre una alucinación en la última parte de la película, en la que una mano se mueve con autonomía a su alrededor para acosarla hasta intentar cortarle la respiración.  La mano que el joven andrógino mira inquisitivo en El perro andaluz sigue haciéndose hueco en el cine de Buñuel, para tomar su lugar en un escenario ya plagado de alusiones católicas. El fervor con el que Buñuel engarza la iconografía cristiana en su cine es probablemente fruto de la ingenuidad y la entrega con la abrazóla Iglesia de niño:

Hasta los catorce o quince años fue un creyente convencido que no cuestionaba ni uno solo de los dogmas del catolicismo romano, ni ponía en duda fenómenos como el Milagro de Calanda en el que todo el mundo creía. Como todos los hijos de buena familia, ayudaba en misa e incluso jugaba a hacer de cura con sus hermanas convertidas en feligresas.[11]

Tras la adolescencia, Buñuel se revelará contrala Iglesia, y buena parte de la sociedad en general:

Mentalmente, puedo colocar bombas en muchos sitios: en un ministerio, en una fábrica, en un embotellamiento de automóviles, en un lugar de esos donde se oye música a todo volumen.[12]

Pero todas las armas que arroja contra el catolicismo, trasciende a sus películas, están siendo ejecutadas por quien una vez ha amado; no por quien siente puro desprecio, sino profundo desamor.

El ángel exterminador es una película sobre el aprisionamiento de la burguesía, y un ejercicio sobre el inconformismo del propio autor con respecto a la sociedad y sus vacíos convencionalismos. Los símbolos contenidos en el largometraje nos demuestran que las referencias ala Iglesia operan fuertemente en nuestras emociones –aunque sea de forma inconsciente-, y nos intrigan profundamente cuando han sido cambiadas de contexto.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

AUB, Max: Conversaciones con Luis Buñuel, Ediciones Aguilar, Madrid, 1985.

EDWARDS, Gwynne: A Companion to Luis Buñuel, Woolbridge, 2005.

FUENTES, Víctor: La mirada de Buñuel, Tabla Rasa, Madrid, 2005.

FUENTES, Víctor: Buñuel en México, Instituto de Estudios Turolenses, Teruel, 1993.

JIMÉNEZ HERNÁNDEZ, Emiliano: El apocalipsis: revelación de la Gloria del Cordero. Caparrós, Madrid, 2003

LÓPEZ VILLEGAS, Manuel: Sade y Buñuel, Instituto de Estudios Turolenses, Teruel, 1998.

MONREAL TEJADA, Luis: Iconografía del cristianismo, Acantilado, Barcelona, 2000.

PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot Ediciones, Madrid, 1993.

POYATO, Pedro: Suspensión del sentido y repetición en El ángel exterminador. Fotocinema, Nº3, 2011

PANOSFSKY, Erwin: Estudios sobre iconología. Alianza, Madrid, 2004.

SANCHEZ VIDAL, Agustín: Los expulsados del paraíso, Escuela Libre, Madrid, 1995.

SANCHEZ VIDAL, Agustín: Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, Planeta, Barcelona, 2009.

 

WEBGRAFÍA

Religión en libertad: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=18170&mes=10&ano=2011 (última consulta 4 de mayo de 2013)

La biblia online: http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/CATIC.nsf/($All)/106?OpenDocument (última consulta 4 de mayo de 2013)

 

C. Valeria Hernández Linares, 2013.



[1] AGUADO. Lola. Buñuel según Buñuel. Ozono 3. 16 (enero de 1977). Pag. 57

[2] PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. Pag. 125

[3] PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. Pag. 128

[4] PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. Pag. 125

[5] MONREAL TEJADA, Luis: Iconografía del cristianismo, Acantilado, Barcelona, 2000. Pag. 168

[6] PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. Pag. 129

[7] PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. Pag. 131

[8] FUENTES, Victor. La mirada de Buñuel. Tabla Rasa, 2005. Madrid. Pag. 119

[9] FUENTES, Victor. La mirada de Buñuel. Tabla Rasa, 2005. Madrid. Pag. 329

[10] SANCHEZ VIDAL, Agustín: Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, Planeta, Barcelona, 2009. Pag. 215

[11] LOPEZ VILLEGAS, Manuel. Sade y Buñuel. Inst. de Estudios Turolenses (CSIC). Zaragoza, 1998. Pag. 24

[12] PÉREZ, Tomas; DE LA COLINA, José: Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. Pag. 131

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