¡Vampiros en La Habana! (Juan Padrón, 1985)

Reseña de Claudia Fidalgo:

“[…] ¿Lo suyo era una reacción contra el modelo Disney?

-No. Yo no tengo nada en contra de las películas de Disney (ríe), que son un estilo de películas y de cine norteamericano que lo vemos en Cuba todos los días, prácticamente el 90% de las películas. Lo que yo decía es que nosotros no sabemos bailar ballet, pero sí bailamos chachachá […]”[1].

¡Vampiros en La Habana! (1985) cuenta la historia de un vampiro trompetista que logra, gracias a un antídoto creado por un familiar, su tío, soportar la luz solar, lo que  atrae a  grupos mafiosos norteamericanos y europeos, que tratarán de apoderarse de la valiosa fórmula.

Es una de las películas más reconocidas de dibujos animados del mundo iberoamericano, además de ser la producción más comercializada internacionalmente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica.

En la década de los ochenta en la isla predomina el cine de género, capaz de reflejar el cataclismo del momento del Período Especial[2]. Se vive un  proceso social que trae consigo un estilo crítico del cual se nutre esta película, cuestionadora y reflexiva, que  recrea los años treinta, mirando a un pasado que justifica una globalización y que, de entre sus peculiaridades, cabe destacar la del monopolio mundial de los grandes estudios de Hollywood, pero además  la pluralidad, la novedad y  nuevas idiosincrasias  permitiendo la ruptura con lo clásico.

Es así, bajo un llamado Cine Imperfecto [3]  y mediante el uso de un lenguaje dirigido a un público maduro, como se generan cambios en los patrones establecidos y se permite ver reflejado el momento histórico con el cual se identifica el receptor de la obra.  La animación, estereotipo encasillado a la infancia, queda anulada por ese hablar  intencionado  con tono adúltero,  político y con un generoso toque de humor negro como, se puede ver  en el minuto trece,  en la famosa escena donde se ofrece catar sangre humana. Esta tendencia fue criticada en diferentes países, sobre todo en aquellos donde el capitalismo estaba más consolidado, “The fourteen- to sixteen-year-old crowd may not get the anticapitalist message, but they might be tickled by the fangs.”[4].

En el mundo de la gran pantalla, la universalización de las obras maestras[5]se debe a  una reiteración de tramas, problemas y personajes pero el tratamiento de temas políticos y sociales de este momento rompe con ella. La narración, específica de esta etapa  socio-cultural única, ofrece al espectador de la obra  nuevas sensaciones y aspectos no vistos con anterioridad en el cine. Ya no encontramos superhéroes, los ídolos son, ahora, humanos.

El tratamiento de los temas críticos bajo el punto humorístico podría inducir al equívoco de creer que no es más que una simplificación de los problemas, como es habitual en el cine de animación clásico donde el bien y el mal están  claramente diferenciados, no obstante, esta suposición aquí sería errónea. La banalización es utilizada como herramienta, arma de crítica, restando importancia  a temas impactantes y típicos de los países latinoamericanos, que los subraya otorgándole, de esta manera, mayor visibilidad.

Juan Padrón enfatiza la búsqueda de identidad por parte del protagonista que acabará descubriendo lo que es. Los vampiros, como él, conviven con total naturalidad con los humanos, lo cual  es una ruptura total con los estereotipos dados hasta el momento.

A pesar del uso de técnicas narrativas como el happy end, utilizado de manera habitual en el cine clásico de animación lleno de creencias, pócimas y conjuros (la rana que se convierte en príncipe) como recursos de fácil resolución y de ayuda para el desenlace de la trama,  ¡Vampiros en La Habana! las acompaña de una dificultad donde todos los grupos luchan hasta el final para conseguir la receta  mostrando una vez más su genialidad y su complejidad alejándola de lo comercial.  Con gran dinamismo y ritmo puede resultar complicada para un público medio a pesar de mantener una estructura tradicional. El enredo la dota de carácter, de un sello personal siendo, así, cine de autor.

“Nosotros aportamos un cine de autor, mis películas las hacía yo, y las dirigía yo. Si en Cuba hubiera habido un tipo de empresa Hollywood, pues entonces serían todos los años seis películas […] hubiera sido un producto diseñado”[6].

 

 

¡Vampiros en La Habana! se desmarca de las conjuras típicas de Hollywood. Estéticamente, deja en evidencia esta tradición, en el primer minuto  la joven Lola trata de ahuyentar a los nosferatus  formando un crucifijo pero ellos no solo se ríen de esto sino que, además, la ridiculizan encendiendo un cigarrillo con una cruz.  Ese desmarque, también, se subraya con la ambientación, a pesar de la ficción de la obra, que está llevada a un campo objetivo mostrando la diferenciación de clases, la pobreza de La Habana, el adulterio, la mafia y otras verdades hasta ahora tabúes en el cine de animación. Ya no se idealizan las situaciones, sino que se dotan de un realismo con el que la masa puede identificarse.

Según el análisis de Octavio Getino y Susana Vellegia[7], encontramos que en Latinoamérica se diferencian principalmente tres tipos. El primero que sería el modelo hollywoodense, un segundo también llamado de Autor y el tercero que se correspondería con el  conocido como de Liberación. Esta película deja atrás el estilo clásico en favor de un cine innovador.

“Las alternativas actuales no podrán ser ajenas a las de los sesenta. Estas también buscaban un consenso. Solo que un […] la unidad del espectador lejos de borrar su individualidad, la enriquecía. Hay que recoger de aquellos años, que marcaron el punto de giro más alto en el desarrollo del lenguaje cinematográfico, el rechazo a toda relación mercenaria con el cine, la superación de todos sus mecanismos autoritarios, el camino hacia un pensamiento adulto”[8].  

Con esta frase, Espinosa, recoge la importancia de la ruptura con el estilo establecido, la inédita aportación de un sello propio que hoy en día sigue enriqueciendo al sector. Encontramos un brote en Europa y en Latinoamérica de un cine insólito, que rompe con el canon clásico  llevando a cabo historias basadas en la realidad y, en gran medida, alejado de la industria consolidada.

“Lo que yo decía es que nosotros no sabemos bailar ballet, pero sí bailamos chachachá […]”[9].

Y así fue. De la mano de su trompetista, Pepito, Juan Padrón hizo bailar al sector de la animación a ritmo cubano, haciéndose eco en todo el mundo por medio de un cine desvinculado de lo comercial y lo consolidado. Tal vez no con intención pero, sí, reaccionando contra un modelo Disney. Se rebela mediante un humor cargado de crítica, además de un análisis político patente. El cuento tradicional tan inspirador queda relegado y llegan temas, personajes y tramas novedosos. La reiteración es evidente y la necesidad de diversidad y pluralidad revalorizan películas como esta que se convierte en referente. Un chachachá humilde que utiliza sus notas para convertirse en una pieza fundamental en la historia del Séptimo Arte.

 

 

Bibliografía:

GARCÍA ESPINOSA, Julio. ¡Abajo los géneros!, ¡Vivan los géneros! Artículo.   La Habana. Febrero del 12 de 2001.

GETINO, Octavio y VELLEGGIA, Susana. El cine de las historias de la revolución (1967-1977), Altamira, Buenos Aires, 2002.

HASBÚN, Alexandra. Historia del cine de animación. Formato digital. Enero del 8 de 2015.

Mabuse, Revista cinematográfica. Noviembre del 16 de 2003.

MORÍN, Edgar. El espíritu del tiempo. Taurus, Madrid, 1966.

NOGUER EDUARDO, G. Historia del cine cubano: cien años 1897-1998. Ediciones Universal, 2003.

PADRÓN, Juan. ¡Vampiros en La Habana!, Ediciones ICAIC. La Habana, Cuba. 2012.

VÁZQUEZ, M. GARCÍA, María. Cine de animación, breve análisis de la animación de dibujos animados. Artículo. 2012.

Webgrafía:

En Órbita. Entrevista https://www.youtube.com/watch?v=grBf8NTOzII (Última visitita 19/05/2015).

The New York Times, Diary. Crítica publicada sobre ¡Vampiros en la Habana! Por Walter Goodman: http://www.nytimes.com/1987/08/05/movies/film-vampires-in-havana.html?pagewanted=1 (Última visita 19/05/2015).

 

Claudia Fidalgo, 2015.



[1] Juan Padrón. Mabuse, revista cinematográfica.  Entrevista publicada el 16/11/2003, Pág. 1.

[2] A finales de los ochenta, con el derrumbe del campo socialista europeo, Cuba entra en una profunda crisis  económica conocida como Período Especial.

[3] Movimiento cinematográfico ocurrido en la década de 1960-1970 conocido colectivamente como Nuevo Cine Latinoamericano.  Este movimiento estaba profundamente preocupado por los problemas derivados del neocolonialismo y la identidad personal. Rechazaba la perfección comercial del estilo de Hollywood y del cine de autor, defendiendo un cine para el cambio social y político. El movimiento carecía de recursos, la estética pasaba a un segundo plano. La meta principal era crear un espectador activo, un integrante de la trama de la película.

[4] The New York Times, Diary. Crítica publicada sobre ¡Vampiros en La Habana!, 1987.

[5] MORÍN Edgar. El espíritu del tiempo, 1962, Edgar Morín habla de una universalización de las obras maestras cuando se permite concebir que una obra nacida en condiciones psicológicas, sociológicas e históricas determinadas puedan tener una influencia concreta fuera de su medio y de su época. Pág. 95-105

 

[6] Juan Padrón. Entrevista En Órbita. Publicado el 7 feb. 2014. (minuto 20:00)

[7] Octavio Getino y Velleggia, Susana. El cine de las historias de la revolución (1967-1977), Altamira, Buenos Aires, 2002.

[8] Julio García Espinosa, ¡Abajo los géneros!, ¡Vivan los géneros!  La Habana, Febrero del 12 de 2001. Pág.2

[9] Juan Padrón. Mabuse, revista cinematográfica. Entrevista publicada el 16/11/2003. Pág. 1

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