El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009)

Reseña de Julio Cerezo:

Unos ojos, un andén, una huida, una pasión. Este es el comienzo de El secreto de sus ojos, una película coproducida [1] entre España y Argentina y  dirigida por Juan José Campanella, basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri. Con esta película Campanella cambia de género después de su trilogía de comedia amorosa compuesta por el mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001) y Luna de Avellaneda (2004) para adentrarse en un thriller, aunque mantiene esa imagen de drama humano, y que presenta dos temas muy presentes en las películas del director: el amor y la nostalgia [2]

Benjamín Espósito  (Ricardo Darín) acaba de jubilarse, era oficial de un Juzgado Penal en la ciudad argentina de Buenos Aires y ahora su deseo es escribir una novela sobre un caso que le ha atormentado durante veintiséis largos años y con el que sigue obsesionado. Corre el año 1974, Benjamín se encuentra en su despacho junto con su ayudante Sandoval (Guillermo Francela) cuando recibe el aviso de un homicidio; inicialmente tentado a transferirlo a otra secretaría, acude a responder a la llamada del departamento de homicidios. Una vez allí Darín se siente impactado por lo que ve, Liliana Colotto, una joven porteña de veintitrés años ha sido brutalmente violada y asesinada en su domicilio.

La acción de la película transcurre entre el año 1974, momento en el que ocurre el asesinato y toda la investigación posterior, y el año 2000, cuando Espósito, una vez retirado está escribiendo la novela sobre dicho caso. Espósito no escribe porque sí, en secreto está escribiendo por Irene Menéndez (Soledad Villamil), su jefa, de la que está enamorado y cuyo amor ha mantenido en silencio durante largos  años [3], que ha compartido con él toda la pasión por el caso.

Con una narración que alterna entre presente y pasado vemos como evoluciona la investigación y nos vamos adentrando más en la psicología de nuestro protagonista, generando un ejercicio empático que nos hace desear que todo acabe bien.

Hay que detenernos a mitad de la película, donde encontraremos con una secuencia que constituye la génesis y la tesis de todo el film. Para poder comprenderla y entender el por qué de estos argumentos vamos a proceder a contextualizar la secuencia, proporcionando una serie de detalles que den muestra de la importancia de la misma. Tras cierto tiempo de investigación, Benjamín Espósito se encuentra en un punto muerto, cree saber quién es el asesino, pero este ha conseguido rehuirle; casi fortuitamente, a su ayudante Sandoval se le ocurre una forma de atrapar al asesino (Javier Godino), voy a reproducir parte  del monólogo de Francela que servirá como introducción y que contribuye a la importancia del plano secuencia que transcurre después de esta escena :

 

(Sandoval) – ¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… Pero hay una cosa que no puede cambiar: No puede cambiar de pasión.

Con este monólogo brillante de Guillermo Francela, se da paso a uno de los planos-secuencia más increíbles y mejor filmados de la historia. Este plano hercúleo llevo dos años de preparación, tres días de rodaje y la participación de más de 300 extras que consiguieron llevar a cabo la consecución de esta obra de arte cinematográfica.

La secuencia comienza con un plano aéreo del estadio de Huracán, que se enfrentará al equipo bonarense de Racing Club de Avellaneda, el cual supone ser la pasión del asesino sobre la que habla de forma tan elocuente Sandoval. De esta forma tan simple nos presenta Campanella la tesis de su obra: la pasión. Como ya cita el propio director “si la trama empieza y concluye con el amor es porque todas las historias que se cuentan, incluida la del propio crimen, están guiadas por la pasión”. [4]

A medida que nos acercamos al estadio vemos el partido que está transcurriendo en el césped del terreno de juego, observamos como una acción vertiginosa de ataque por parte del equipo local es narrada por un comentarista a la vez que vamos ascendiendo por la grada, donde se encuentran los dos oficiales entre una hinchada enfervorecida. De esta forma el director argentino nos ha situado en medio de la acción, como si fuésemos uno más de la barra brava del equipo de Huracán.

La cámara se sitúa en Ricardo Darín para saltar a Guillermo Francela, de forma que veamos cómo se afanan en descubrir al asesino, en medio de ese graderío repleto de personas. Desde este momento nos convertimos en unos mirones que acompañaremos en todo momento el movimiento de la cámara como si de nuestra propia vista se tratara. [5]

La acción continúa con nuestros protagonistas en la grada, en busca del asesino. Tras un intento fallido al creer haberlo divisado, Benjamín consigue encontrar al asesino y acercarse a él. En ese mismo instante mete un gol el Racing de Avellaneda y la grada prorrumpe en un estallido de júbilo y alegría que consigue  darle al asesino la oportunidad de huir de ellos. Vemos como los movimientos de cámara, una vez más nos hacen creer que somos un espectador más imbuído por el frenesí del gol, cuando vemos que la imagen se agita y vibra con los personajes. También destaca la presentación del asesino ante nosotros, ya que la cámara se centra en los dos protagonistas que están abandonando la grada como si una vez más hubiesen fracasado, y a la vez tenemos al asesino en primer plano desenfocado. Aquí Campanella hace un uso maestral de la composición de la escena y aprovecha para dar un giro argumental repentino.

Una vez separados por el júbilo del gol, comienza la persecución por los vomitorios del estadio, aquí los giros de la acción se irán sucediendo continuamente en la lucha entre perseguidores y perseguido, manteniéndonos en vilo durante toda la persecución. Campanella sigue usando la técnica de la cámara en mano de forma que nos multiplica la espectacularidad de la persecución y su riqueza narrativa; probablemente, de no haber apostado por este tipo de filmación o de recurso narrativo se hubiese perdido gran parte de la acción de la secuencia.

 

 

Como ya hemos indicado la narración está marcada por los giros que se producen en la persecución, una vez más el asesino parece que les ha dado esquinazo, pero como si los hados se hubiesen conjurado para que consiguiesen atraparlo o solo la simple casualidad, retoman la pista hasta los baños del estadio, donde tras un breve forcejeo, Godino logra escapar de nuevo y se inicia otra vez la persecución, solo que esta vez nosotros seguiremos al perseguido, y  no a los perseguidores.

De esta forma Campanella nos quiere mostrar la huida desesperada del asesino, que hasta se lanza de uno de los vomitorios para caer y dañarse la pierna; en un último acto, fruto de la desesperación, acaba metiéndose en el terreno de juego donde finalmente cae desfallecido y la cámara que le acompaña con él, haciéndonos partícipes de ese sentimiento de derrotismo que se adueña del asesino al ver que le han cogido finalmente y que da fin a la persecución mientras que vemos de fondo como los policías se acercan para prenderle.

Lo que busca Campanella con toda esta secuencia es una ruptura estética, un abandono de las convenciones prosaicas cinematográficas, de forma que el espectador se sienta fascinado a la vez que imbuído por la propia historia que está sucediendo, he ahí el por qué de la elección de rodar en un solo plano secuencia (aunque en la realidad si se produzcan algunos cortes invisibles).

Desde el punto de vista dramático, esta secuencia “sigue una estructura en forma de sonata (…) tiene adagios, marchas, andantes y crescendos.” [6] De esta forma califica Campanella el ritmo de la película y su estructura emocional, que lleva al espectador desde la calma más absoluta en la escena del bar al estado adrenalínico de la persecución por el estadio.

No es casualidad tampoco que la secuencia se encuentre en la mitad exacta del film. Esta secuencia supone, como hemos indicado previamente, la génesis y al mismo tiempo la tesis de la película. En primer lugar expliquemos el aspecto de la tesis; es esta secuencia la que proporciona coherencia y unifica la trama de todo el film, volvemos a la cita que hicimos previamente  para entender este aspecto “si la trama empieza y concluye con el amor es porque todas las historias que se cuentan, incluida la del propio crimen, están guiadas por la pasión”. En el film tenemos tres tramas distintas marcadas por la pasión: La primera sería la que une al actor Pablo Rago, con su esposa asesinada Liliana Colotto, esta pasión habla de un amor eterno, detenido en el tiempo [7] ; en segundo lugar encontraríamos la pasión del asesino, encarnado por el actor Javier Godino, y que habiendo conseguido eludir a los policías durante tanto tiempo, es finalmente traicionado por lo que ama, por su pasión; por último está la historia del amor y la pasión subyacentes de Espósito por Irene, que se ha mostrado reticente a expresar durante veintiséis años. Es en esta escena donde se aglutinan y comprendemos la importancia de esas  pasiones, dotadas de un poder autodestructivo que consume a los personajes pero que aun así resultan ineludibles. [8]

 

 

Este plano secuencia ejemplifica los desmanes, las locuras, alegrías y todo lo que conlleva este sentimiento. Es por tanto que también se yergue como génesis de la película, el film no se entiende -salvando las distancias- sin esta secuencia, cuyo preámbulo resulta el monólogo de Francella.

En definitiva no deja de ser una historia prototípica de narración. Se nos plantea un héroe (Ricardo Darín), con un ayudante (Guillermo Francella) con unos conflictos personales y un villano (Javier Godino), todo eso marcado con un conflicto amoroso; será la propia pasión la que convierta esta historia prototípica en una obra de arte cinematográfica

Notas:

[1] Según la Ley 25.128 “Las películas realizadas en coproducción entre la República Argentina y el Reino de España serán consideradas como películas nacionales”

[2] Fuente: http://www.fotogramas.es/Peliculas/El-secreto-de-sus-ojos/Paseo-por-el-amor-y-la-muerte  [Consultado el 03/05/2012]

[3] Fuente: http://www.elsecretodesusojos.com [Consultado el 03/05/2012]

[4] Entrevista a Juan José Campanella. http://www.fotogramas.es/Peliculas/El-secreto-de-sus-ojos/Paseo-por-el-amor-y-la-muerte [Consultado el 03/05/2012]

[5] Uno de los mejores ejemplos de este aspecto es en el instante en el que nos situamos en la grada con los dos oficiales, escuchando su conversación y llega un momento en el que Guillermo Francela le señala a Darín donde se encuentra el asesino, girando la cámara como si de nuestra propia cabeza se tratara para intentar ver lo que nos señala el protagonista.

[6] http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2010/03/100326_campanella_entrev ista_oscar_secreto_ojos_jp.shtml [Consultado el 03/05/2012]

[7] Citando al propio Darín en el film: “Usted no sabe lo que es el amor de ese tipo, conmueve, es como si la muerte de la mujer lo hubiese dejado detenido, eterno (…) Sus ojos están en estado de amor puro”

[8] Es importante este concepto de la autodestrucción que genera la pasión en el film y que expone Campanella de esta manera tan brillante. Pablo Rago se encuentra consumido por el deseo de venganza contra el asesino de su mujer hasta tal punto que sacrifica su vida en pos de ese castigo; Javier Godino se ve traicionado por su pasión que es la que provoca que le detengan, y cuya otra pasión, marcada por la pulsión sexual que siente hacia Liliana Colotto le hace cometer su crimen; y por último está la historia del propio Ricardo Darín, que se ha visto atormentado por las decisiones que ha tomado para reprimir su pasión, y que al final decide dejar de reprimir junto a Soledad Villamil para dar rienda suelta a su amor y su pasión.

 

http://www.pagina12.com.ar

http://www.bbc.co.uk

http://www.youtube.com

http://www.elsecretodesusojos.com/

http://www.fotogramas.es

http://www.filmaffinity.com

http://edant.clarin.com

http://rogerebert.suntimes.com

http://peliculas.labutaca.net

Julio Cerezo, mayo 2012.

 

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