Posts etiquetados con ‘efecto placebo’

42) Un caso sangrante.

Esquema del desarrollo de un fármaco. *Fármaco es la molécula activa que, convenientemente formulada y una vez superados los ensayos clínicos, constituirá un medicamento, salvo que sea un “remedio” homeopático…

Siguiendo la línea de mi entrada anterior, déjame explicarte brevemente cómo se consigue la evidencia sobre la seguridad y la efectividad de los medicamentos. Quizás así entenderás un poco mejor por qué me resisto a llamar medicamentos a una serie de “remedios”, por más que algunas leyes así los nombren.

Me voy a centrar en los estudios o ensayos clínicos, los realizados con seres humanos. Son los más delicados, complejos y costosos, pero son esenciales para asegurar que el futuro medicamento no tenga riesgos que superen a sus beneficios. En una primera fase (fase I) se ensaya la toxicidad del fármaco*, que previamente se ha tenido que probar en modelos animales. En fases posteriores (fase II y fase III) hay que demostrar que el fármaco tiene un claro efecto sobre la enfermedad, así como ajustar las dosis, profundizar en posibles efectos secundarios menos frecuentes, etc.

Todos estos ensayos clínicos se realizan a doble ciego y, en general, frente a placebo. El placebo es una sustancia inerte, sin ningún efecto específico sobre la enfermedad, que se administra de igual manera a los participantes en el ensayo, en cuanto a vía de administración, frecuencia, etc., que el fármaco que se está estudiando. Esto es necesario debido a que el efecto placebo, que he explicado en otro artículo, puede dar una falsa impresión de efectividad. Un fármaco que produzca los mismos efectos que el placebo no es efectivo y no se continuará por tanto su desarrollo farmacéutico. Hay otras alternativas al placebo que actualmente se emplean, si es posible, al considerarse menos duras para los participantes en el ensayo clínico. En el artículo antes mencionado sobre el efecto placebo cuento un ejemplo impactante que, a día de hoy, se intenta evitar. Para ello, se emplea como control comparativo medicamentos ya disponibles para la misma enfermedad, o se realizan periodos alternados de tratamiento y no tratamiento en la misma persona, en los que se compara si el curso de la enfermedad se enlentece o continúa igual. Por su parte, el doble ciego significa que ni el paciente ni el personal sanitario sabe si está recibiendo/suministrando el fármaco o el placebo. Y es que la actitud del personal sanitario, cuando lo sabe, también puede reforzar el efecto placebo.

Al final de los ensayos clínicos se consigue la evidencia de que el fármaco no es tóxico o tiene una toxicidad claramente inferior a sus beneficios, como es, por ejemplo, el caso de los efectos secundarios de la quimioterapia contra el cáncer. Y, además, que es capaz de curar una enfermedad, atenuar su curso o paliar sus síntomas en la mayoría de los pacientes. Por ello, resulta sangrante leer “medicamento homeopático” en el texto de una ley cuando dicho “medicamento” está eximido de realizar ensayos clínicos.

 

 

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30) Vendedores de miedo.

Excelente campaña de Médicos sin frontera.

En mis cuatro entradas previas te he ido contando ejemplos de conductas viciadas que me he encontrado en el mundo de las aplicaciones de la ciencia y la transferencia del conocimiento. Intentando aliviar la angustia ante una enfermedad grave, incluso incurable, uno puede dar falsas esperanzas sobre la seguridad de conseguir la curación, o sobre los plazos para lograrlo. ¡Espero que mis charlas a pacientes nunca lo hayan hecho! O, dado lo difícil que es generar las evidencias científicas necesarias para el desarrollo de un nuevo tratamiento, seguir la vía fácil de recomendar remedios sin ninguna base científica.

En estos ejemplos aún se puede vislumbrar una buena intención que, sin embargo, puede causar bastante daño a los pacientes y sus familias. ¡Es difícil, enfrentado a la angustia que esas personas pueden llegar a sentir, armonizar el mantener el rigor científico y el no causarles desaliento! Te lo digo por propia experiencia. Pero hay actitudes en las que yo no puedo aceptar ninguna buena intención. Por ejemplo, el caso de los que toman un atajo: falsear las evidencias. O el de los que no aceptan el fracaso en demostrar efectividad y manipulan los resultados.

Sin duda alguna, el caso más indecente es cuando se acude a crear miedo. Miedo que puede hacer que personas sanas se sientan enfermas. O que los pacientes abandonen su tratamiento. Por desgracia existen muchos ejemplos, que ya he tratado en otros foros. Al bajar de “mi torre de marfil” me he topado con la confusión, bastante extendida, que lleva a equiparar un efecto terapéutico con el efecto placebo. Esta confusión puede llegar a ser mortal si tienes una enfermedad grave y abandonas la terapia científicamente probada. Por desgracia esta confusión está abonada por, incluso, profesionales de la salud. Me he encontrado con individuos que meten miedo para, por ejemplo, venderte ropa o artilugios “protectores de las radiaciones electromagnéticas”. Y ese miedo puede llegar a causar síntomas reales de una enfermedad inexistente por el efecto nocebo. O, lo que es peor, el miedo inducido en sus padres, imputando a las vacunas toda una lista de terribles males, ha causado la muerte de niños por enfermedades prácticamente erradicadas en muchos países occidentales gracias a la vacunación. ¡Ganas me daban de volverme a subir a “mi torre de marfil” y dedicarme sólo a investigar! Pero me puse a pensar sobre cómo buscar una solución para que esos vendedores de miedo no engañen a la gente, para que no pongan en peligro sus vidas. Te lo iré contando.

 

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