Posts etiquetados con ‘Empresa’

22) ¡Qué innoven ellos! (II)

¿Nos daremos cuenta algún día de que todos tenemos mucho que ganar?

Hay un dato crucial sobre inversión en Ciencia que no se veía desde lo alto de “mi torre de marfil”. Me he dado de bruces con él cuando me he interesado en la transferencia del conocimiento, en la innovación y en la empresa. Y, lo que es peor, no era yo solo el que lo ignoraba; he constatado que no hay una clara consciencia, ni del dato ni de lo que representa, en el mundo académico. Voy a contártelo y decirte lo que opino, aunque me cueste la crítica de algunos colegas.

Normalmente se discute sobre la baja inversión que se dedica en España a la I + D + i, lo que es cierto y preocupante, sin entrar a analizar cuánta viene de fuentes públicas y cuánta de privadas. Para presentarte el dato y discutir sus consecuencias voy a comparar la situación española con la de Alemania, como ya he hecho en otra entrada, y con la de la Unión Europea (UE) en su conjunto. En la tabla adjunta se ve que, mientras que la inversión pública está discretamente por debajo de la alemana o de la de la UE, la inversión privada es ridículamente baja en la misma comparación.

 

     Inversión pública en I + D + i                      (% PIB en 2013)

     Inversión privada en I + D + i                     (% PIB en 2013)

España

0,58

0,66

Alemania

0,74

1,91

UE

0,73

1,28

 

En el mundo académico se tiende a pensar que la inversión privada es una cuestión de política industrial, esa “i” minúscula de innovación que han colgado de la I + D. Así pues, “¡Qué innoven ellos!” pensamos, y nosotros a lo nuestro: a investigar y a reclamar más inversión pública. Muy pocos colegas, cuando reclaman mayor inversión, son conscientes de que, en euros contantes y sonantes, el alcanzar el nivel relativo de inversión pública de Alemania solo aportaría unos 1.600 millones de euros. ¡No daría ni para cubrir el recorte sufrido durante la crisis!

¿Sería lógico que en España hubiera más inversión pública en investigación que en países como Alemania? Quizás sea necesario durante un cierto periodo de recuperación de la crisis, pero no puede ser la tónica general. Yo, personalmente, no lo considero ni lógico ni sostenible. Quizás si también innovamos nosotros, los investigadores académicos, podamos atraer inversión privada a cambio de transferencia del conocimiento. Sería muy bueno para el mundo académico. Y también para el empresarial.

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21) ¡Qué innoven ellos! (I)

¿Lograremos algún día conjugar en España lo mejor de los dos mundos?

He tomado prestada, en versión adaptada, la tópica frase de Unamuno para el título de las tres próximas entradas. Mi experiencia durante estos años de aventura empresarial es clara: sigue definiendo perfectamente la idiosincrasia española con respecto a la ciencia y su transferencia. Y, lo más descorazonador, es que me he encontrado una actitud acorde con dicha frase, en un rango que va del desinterés al desprecio, tanto en el mundo académico, como en el económico, como en el de gestión administrativa. Creo que ahí reside buena parte del problema de la modernización de la economía española. Y no pienses que esto es un asunto meramente teórico; afecta directamente a tu futuro laboral y profesional. La estructura de nuestra economía, basada en sectores de baja productividad, poco tecnológicos, con poca capacidad de innovación y de escaso valor añadido, ha determinado la profundidad de la actual crisis.

En julio de 2007 fundamos ProRetina Therapeutics, S.L., con la misión de desarrollar terapias para la ceguera. Y durante unos dos años, que habían empezado ya unos meses antes, tuve que cambiar con cierta frecuencia la bata de laboratorio por el traje y la corbata. Teníamos que lograr financiación para el proyecto. Las ayudas públicas eran importantes pero, en general, requerían financiación privada previa, lo que considero que es un requisito acertado. Pero no fue, ni es, tarea fácil lograr inversores. Los fondos de capital-semilla y capital-riesgo dedicados a la biotecnología son escasos en España. En nuestro país era mucho más lucrativo especular; y, puestos a invertir, buscar proyectos de menor riesgo, como puede ser la prestación de servicios o el campo de las tecnologías de la información y la computación, donde los plazos de desarrollo son mucho menores.

Aunque desde ciertos ambientes económicos se desprecie la actividad científica, y se critique, con cierta razón, que no haya ninguna Universidad española entre las mejores del mundo, la triste realidad es que tampoco hay ninguna empresa española entre las más innovadoras del mundo. Posiblemente son signos de un problema común de cultura emprendedora.

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