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39) La ameba triste.

Dictyostelium discoideum, un organismo muy sencillo que, sin embargo, comparte con nosotros mecanismos de la salud y la enfermedad.

Hay un organismo modelo de investigación, muy sencillo, que siempre me ha parecido sorprendente. Se llama Dictyostelium discoideum; Dicty para los amigos. Es una ameba unicelular, al menos cuando hay abundante comida. Cuando las cosas se ponen mal, se juntan muchas amebas y forman un nuevo tipo de organismo, pluricelular. En este organismo se producen procesos sucesivos de diferenciación y muerte celular que van dando lugar, primero, a una “babosa” que se mueve buscando un sitio más favorable. Cuando lo encuentra, forma una especie de “setita”, con esporas resistentes en la parte superior, que aguantarán en vida latente hasta que las condiciones vuelvan a ser favorables. Puedes documentarte más al respecto en este enlace y sus referencias.

Te preguntarás por qué te hablo de una ameba en este blog y, ¡encima!, doy a entender que una ameba pueda estar triste… Te explico. El pasado fin de semana hubo un sugerente debate sobre “terapias complementarias” en la tele (si lo quieres ver, vete a la hora 3:26). Muchas cosas interesantes que comentar –demasiadas para una única entrada-, entre ellas la corrección lingüística de no llamarlas “alternativas”. Una estrategia que responde a lo que he definido en mi entrada anterior como “lo menos malo”. El médico que las defendía se cuidó de recalcar que no había que abandonar la medicina tradicional, la basada en la evidencia, sino “complementarla” para que fuera más eficaz.

Otra participante abogó por la “cultura médica personal”, para que cada uno sepa lo que “le funciona”. El famoso “a mí me funciona” que nos puede hacer sentir tan “únicos”, y que somos “algo más que la ciencia no puede explicar”.

Por eso te quiero hablar de la ameba triste. Seguro que no dudas de que la tristeza es un sentimiento profundamente humano. Incluso estarás dispuesto a aceptar que también se puede dar en los animales, sobre todo en los de compañía y en los más próximos a nosotros. ¡Pero, en una ameba! No puedo explicar lo que significa el que una ameba esté triste, pero si contarte que Dicty fue esencial para saber cómo funcionan los antidepresivos, como el litio o el ácido valproico. Y eso da que pensar que toda nuestra individualidad y subjetividad, tan importante en términos psicológicos, se ve muy, pero que muy reducida en términos bioquímicos, fisiológicos y patológicos. Nos parecemos mucho más de lo que creemos a todos los seres vivos del planeta. Así que, deduce tú mismo cuánto nos debemos parecer entre individuos de la especie humana. Por eso, cuando consideramos la enfermedad y su tratamiento, solo debemos fiarnos de lo que “a muchos les funciona”, lo cual se demuestra mediante ensayos clínicos.

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38) Mejor un estafador que un iluminado.

Una enfermedad grave nos puede hacer a todos muy vulnerables al engaño. (Foto original de Matthew Yohe, Wikimedia commons)

Hay un aspecto muy delicado, al menos para mí, a considerar cuando se habla de pseudociencia y pseudoterapias. En particular cuando nos dirigimos a pacientes y a sus familiares, pero también frente al público en general. Hay que encontrar el equilibrio entre el ser críticos con los que recomiendan y venden remedios sin evidencia científica, y el ser respetuosos con aquellos oyentes, normalmente varios, que han echado ya mano de ellos. Estos últimos se pueden poner a la defensiva si se sienten ridiculizados. Y, en el caso de pacientes y sus familiares, no debemos profundizar en su más que probable angustia ante la enfermedad. Me temo que los divulgadores no siempre logramos mantener el equilibrio.

Además de tenerlo muy en cuenta, al preparar mis charlas empleo un ejemplo que me sale de lo más profundo. Hay enfermedades que nos dejan muy desvalidos… por más inteligentes o racionales que seamos, o creamos ser. Steve Jobs murió prematuramente por un cáncer de páncreas, en principio, tratable. Puedes leer un excelente artículo de Ángela Bernardo al respecto. No creo que nadie dude de que Steve Jobs fue uno de los mayores visionarios del siglo xx. Y tampoco de que tenía suficiente dinero para pagar los mejores médicos y tratamientos. Sin embargo, prefirió las terapias alternativas a la medicina basada en la evidencia.

Tras explicar esa historia brevemente en mi charla, reconozco que yo mismo, si por desgracia algún día tengo una enfermedad grave, puedo cometer el mismo error. Y te aseguro que dicha aseveración no es un recurso retórico. En tal caso, espero caer en manos de un estafador y no de un iluminado. Un estafador me venderá su remedio; me timará, pero no me incitará a dejar el tratamiento médico. Pero un iluminado creerá sus propias mentiras y no solo me robará, sino que, además, puede llegar a matarme.

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