Ensayos



De Tales a Newton. Ciencia para personas inteligentes.

AUTOR  | Meléndez, Juan. Ellago Ediciones. Madrid, 2013. 408 páginas.

UN MAGNÍFICO LIBRO SOBRE LA ESENCIA DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO
Reseña realizada por Carlos Elías
Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid
y profesor visitante en la Universidad de Harvard

Los libros de divulgación científica casi siempre comenten el mismo error: consideran más importante los resultados que la manera de obtenerlos. Sin embargo, la fortaleza de la ciencia no reside en descubrir el átomo o la célula, sino en el método en que se llega a esa conclusión. Los chinos obtuvieron más hallazgos tecnológicos que los europeos: inventaron la brújula -tan importante en la exploración geográfica-; la pólvora -imprescindible para ganar guerras y obtener poder-; o el papel -fundamento de la revolución de la imprenta-. Resultados valiosísimos en la civilización. Sin embargo, la cultura europea creó algo mucho más osado y singular: una forma de pensar, que llamamos método científico, para acercarse a la verdad y descubrir cómo es el mundo. Los historiadores de la ciencia consideran a Galileo el primer científico moderno, pero él se basó en el griego Euclides y, sobre todo, en Arquímedes. Alexander Pope afirmó que con Newton "se hizo la luz", porque demostró que no hacían falta los dioses para comprender el universo; pero Newton reconoció a los que le precedieron: "Si he llegado a ver más lejos -escribió- ha sido porque he subido a hombros de gigantes". De esta odisea del pensamiento occidental – la construcción del método científico- trata el libro De Tales a Newton, del físico Juan Meléndez, quien sostiene que la ciencia es una tradición: "La ciencia progresa porque cada científico no puede interpretar el mundo ex novo (como hacen hoy los pintores o los grupos pop) sino que se inscribe obedientemente en una tradición".

El libro es enormemente divulgativo, pero no cae en la tentación de ser un cuento de hadas que expone resultados sin demostrar. Alguien dijo que creer en el Big Bang sin observaciones ni ecuaciones es el mismo acto de fe que creer en el Génesis. Como buen docente universitario, Meléndez - que es profesor titular de Física en la Carlos III de Madrid- explica cómo se piensa en ciencia y lo más importante: por qué el método es tan exitoso. Ya señala en el prólogo que la idea del libro partió del curso de Humanidades que suele impartir en la Carlos III. Afortunados son sus alumnos y ahora todos los lectores porque conforme el libro va entrando en materia, sus páginas nos sumergen con tono didáctico y muy riguroso -y esto es de resaltar- en la esencia del pensamiento científico. Y lo hace de la mejor forma posible: primero explicando qué es la medida y, después, cogido de la mano de la disciplina más fascinante que ha creado el hombre: la geometría. Materia injusta y peligrosamente olvidada en los estudios actuales, la geometría enseñó a los griegos a pensar. Platón mandó inscribir en el frontispicio de su Academia "no entre nadie aquí sin saber geometría": era el precalentamiento necesario para acometer cualquier actividad intelectual. Y Meléndez en su libro nos muestra cómo con poco más que un palo y unas sombras del mediodía, pero con la enorme potencia de la geometría, los griegos calcularon con cierta precisión desde el tamaño de la Tierra hasta su distancia a la Luna o el Sol. Aunque también se equivocaron: Aristarco erró en el tamaño del Sol respecto a la Luna pero, como bien advierte Juan Meléndez, no porque su razonamiento geométrico fuera incorrecto; sino por la imprecisión de sus medidas.

Precisión en la medida y geometría forman un tándem poderoso para hallar la verdad. El libro aborda cómo la geometría nos situó en el mundo terrenal con su aplicación a la cartografía, a la que Meléndez dedica el tercer capítulo con un interesante recorrido por los métodos de triangulación para obtener mapas y, sobre todo, el problema de la longitud. Pero también la geometría nos posiciona en el cielo: en varios capítulos analiza cómo con la geometría -y el método de medir y experimentar- Copérnico, Kepler y Galileo nos colocaron en el sitio real del Sistema Solar y no donde la Iglesia o Aristóteles querían incluirnos.

De Tales a Newton es un libro de ciencia, de su método y de sus resultados; pero también es un libro de filosofía de la ciencia -nos aclara, entre otras, la diferencia entre el empirismo de Bacon o el racionalismo de Descartes- y, sobre todo, de historia de la ciencia: propone un recorrido por la evolución de las ideas científicas y cómo éstas influyen en la sociedad: desde cómo los griegos pensaban que los planteas debían ser dioses porque su movimiento era perfecto, hasta la querencia de Copérnico -y de los intelectuales de su época- por la circunferencia, la osadía revolucionaria que implicó Kepler con su elipse, o el juicio de la Inquisición contra Galileo y lo que suponían sus experimentos -y su afirmación de que la naturaleza está escrita en lenguaje matemático- en la época de la Contrarreforma.

Del libro de Juan Meléndez se desprende que la física y las matemáticas son una parte fundamental de la cultura humana y que sus descubrimientos han condicionado la historia y la sociedad de la época. Todo está calculado en el texto para que las distintas disciplinas se ensamblen como un todo. El autor no da puntada sin hilo y cuida hasta los pequeños detalles: por ejemplo, el capítulo de Copérnico comienza con un poema de nuestro inefable Unamuno quien critica al astrónomo polaco por "robar la fe humana".

Desde mi punto de vista, De Tales a Newton está construido in crescendo para explotar en la parte donde aborda uno de los problemas que más ha seducido al pensamiento occidental: el movimiento. ¿Por qué las cosas se mueven? ¿Existen leyes matemáticas que lo rigen o es capricho de los dioses? Preguntas que parecen tontas, pero que esconden la esencia del saber europeo y que fue el motor que espoleó el crecimiento de la ciencia moderna y la muerte de todas las creencias y supersticiones antiguas. Ninguna otra cultura se lo preguntó con esa pasión. Pero en Europa, desde los griegos hasta Galileo y Newton -que lo resolvió definitivamente-, fue un tema recurrente, tal y como deja entrever Meléndez en su libro. El autor aborda este problema desde muchas perspectivas: física, matemática, histórica, filosófica... Comienza con la observación obvia del movimiento de los planteas frente a las estrellas 'fijas' para adentrarse en la errónea teoría del movimiento de Aristóteles. Profundiza en el problema de la inercia, las mareas, la caída de los cuerpos o la aceleración centrípeta y cómo lo resolvieron Newton o Galileo frente al todopoderoso Aristóteles idolatrado por el establishment académico de la época.

Muchas culturas han desarrollado la pintura, la literatura, la arquitectura o la religión, pero solo una tiene una línea que va de Tales a Newton para entender con precisión cómo es en realidad el mundo. El libro hace un repaso por los gigantes en los que Newton se apoyó para llegar a la sencilla fórmula matemática que lo explica todo-desde la manzana que cae del árbol hasta el movimiento de los planetas-: la ley de la Gravitación Universal; y subraya cómo Newton quiso que su obra -para muchos la mayor del pensamiento de todos los tiempos- se llamara Principia Mathematica en contraposición de los Principia Philosophiae de Descartes. Dos homenajes a Galileo, pero con concepciones diferentes.

Meléndez se excusa en el prólogo por detenerse en Newton. Señala que lo hace porque hasta ahí las matemáticas son relativamente sencillas y él no quería renunciar a usarlas porque son la esencia del pensamiento científico. Y, aunque el lector se quede con la sensación de que la historia está a la mitad- ¿dónde están los agujeros negros o la Relatividad General?-, es cierto que el libro se lee con mucha facilidad y que cumple con creces su objetivo fundamental: enseñar cómo se piensa en ciencia y por qué la ciencia natural ha llegado tan lejos. Brillante es su explicación de lo que es una teoría en ciencia natural, un concepto muy difícil de entender para muchos estudiosos de disciplinas sociales que pervierten esa palabra. De Tales a Newton es, en definitiva, un libro completo donde una buena narrativa junta las matemáticas con la física, la historia o la filosofía demostrando no solo que no pueden ser disciplinas separadas, sino algo más importante: sólo se entiende la realidad si se conjugan todas como en este texto.

Cuando uno finaliza el libro, de más de 400 páginas, y percibe el enorme trabajo que debió llevar escribirlo, no puede dejar de preguntarse por qué un científico español como Juan Meléndez, con líneas de investigación punteras en teledetección infrarroja, y que pertenece a un sistema rígido donde se evalúa constantemente en función de los artículos de JCR, 'pierde' el tiempo escribiendo esta obra. No se hará rico, como los científicos anglosajones que publican en editoriales poderosas; ni famoso: porque en España la ciencia nunca ha vendido. Ni, desgraciadamente, tampoco le valdrá para los sexenios. Solo queda una explicación: la universidad y los universitarios no pueden seguir adentrándose en lo que Ortega y Gasset denunciaba como la "barbarie del especialismo" fábrica de "sabios ignorantes". Pese al aplastante peso de los burócratas de la política científica actual, aún quedan valientes -y Meléndez en este sentido lo es- que se atreven a desafiar las leyes del currículo meritocrático estándar para ascender al sentido del verdadero universitario: desarrollar conocimiento, pero también contextualizarlo, hacerlo público -no solo a sus pares o a los alumnos sino a los ciudadanos- y, en última instancia, expandir la grandeza del pensamiento científico. La burocracia española -donde la divulgación no se premia y, a veces, se penaliza- lo castigará. Pero el espíritu luchador contra esas leyes es lo que siempre ha hecho sobrevivir a la universidad y, sobre todo, a la ciencia: desde Tales hasta hoy. Solo por ello, además de su gran calidad científica y literaria, De Tales a Newton -y su autor- merece toda la consideración y reconocimiento posibles de la sociedad.

En su afán de continuar con una divulgación permanente, Juan Meléndez ha abierto un blog sobre el libro (detalesanewton.wordpress.com) en el que mantiene contacto con los lectores y amplía los capítulos con enlaces muy interesantes. Todos, pero en especial alumnos y profesores de Física, Matemáticas y Filosofía, encontrarán un magnífico foro donde debatir sobre esta apasionante historia del pensamiento occidental que nos ha llevado desde la oscuridad hasta la luz.


El ecosistema del libro electrónico universitario.

AUTOR  | Cordón Garcia, José Antonio, Alonso Arévalo, Julio; Gómez Díaz, Raquel; Alonso Berrocal, José Luis. UNE. Madrid, 2013. 310 páginas.

EL ECOSISTEMA DEL LIBRO ELECTRÓNICO CIENTÍFICO
Reseña realizada por Joaquín Rodríguez

En el capítulo II del merecidamente premiado El ecosistema del libro electrónico universitario, coordinado por José Antonio Cordón, director del grupo E-lectra, puede leerse: "la pregunta fundamental que ha de hacerse cualquier servicio de de publicaciones es "asumiendo que la investigación primaria es original e importante, ¿cuál es el mejor medio para difundirla al resto del mundo?". La respuesta", aseguran los autores, "radica en las oportunidades que para las editoriales universitarias representa la edición digital y la reformulación de los marcos de comunicación académica para garantizar una mayor accesibilidad del público a la investigación". Precisamente.

La cuestión fundamental que todo servicio de publicaciones académico, científico y/o universitario debería plantearse no es tanto la manera en que puede acatar y obedecer los mecanismos de evaluación (relativamente) tradicionales sino, más bien, valiéndome de la reflexión de los mismos autores, la forma en que pueden renovar, regenerar y mejorar el marco de la comunicación científica valiéndose de los mecanismos de creación, comunicación y distribución digital de contenidos fomentando la agregación de inteligencia colectiva, el intercambio generoso y libre de conocimiento. Los precedentes son conocidos y siempre viene bien recordarlos: en 1665, en la segunda mitad del siglo XVII, se crearon casi al unísono las que pasan por ser las dos primeras revistas científicas. En enero de ese año el Journal des sçavans y poco después, en el mes de marzo, The Philosophical Transactions of the Royal Society. Lo que hicieron fundamentalmente esos dos nuevos marcos de comunicación científica fue aplicar la tecnología de la imprenta a la creación, difusión e intercambio de los contenidos científicos, en suma, generar un nuevo espacio de comunicación y discusión científica que acababa con los arcanos intercambios de mensajes cifrados entre científicos aislados (como había venido ocurriendo con Galilego, Kepler o el mismo Leonardo da Vinci). Transcurrieron más de doscientos años entre el invento de la imprenta y la extracción de las consecuencias que podría tener para agilizar y mejorar la comunicación científica.

Philosophical Transactions of the Royal Society

Hoy en día, el cambio es mucho más profundo, acelerado y estructural: se han modificado profundamente las posibilidades de acceso al conocimiento pero, también y al unísono, las "modalidades de argumentación y los criterios o recursos que pueden movilizar al lector para aceptarlas o rechazarlas", como escribe Roger Chartier. La textualidad electrónica, sigo citando, "permite desarrollar argumentaciones o demostraciones según una lógica que ya no es necesariamente lineal ni deducativa [...] sino que puede ser abierta, extendida y relacional gracias a la multiplicación de los vínculos textuales". Semejante cambio no es meramente topológico; es epistemológico, supone una profunda mutación que "modifica los modos de construcción y acreditación de los discursos del saber". Esa es, sin duda, la cuestión fundamental por la que la mayoría de los científicos, sociedades académicas y servicios de publicaciones pasan de puntillas por las profundas implicaciones que conlleva, porque admitir esos cambios podría desmoronar el cómodo edificio en el que habitan. En todo caso, El ecosistema del libro electrónico universitario recoge muy acertada y cumplidamente muchas de las tecnologías y casos que están propiciando esta revolución: desde las plataformas de venta y distribución de libros académicos (Safari, Questia, Ebrary, etc.), que favorecen modalidades de uso y consumo de contenidos muy distintas a la de la monografía tradicional; pasando por la discusión sobre las modalidades de acceso y el préstamo y alquiler de contenidos digitales (en modalidad comercial o en el seno de una comunidad); hasta la más obvia de las potencialidades para un científico: la de la autopublicación y el uso de licencias que propicien la libre circulación de su trabajo. Los autores son en gran medida conscientes de esas hondas y disruptivas consecuencias: "los editores han de enfrentarse", dicen, "ante un concepto de libro profundamente redefinido en el contexto digital, en el que la unidad de referencia no es el biblion sino los datos los metadatos". Precisamente. "Esto no quiere decir que el entorno digital destruya el libro pero sí que lo transforma profundamente, inscrito en una lógica que sobrepasa el soporte unitario para configurar una diversificación cada vez mayor de productos y servicios".

The Polymatch blog

Sé que las reglas no escritas de la buena crítica literaria y científica dicen que uno debe criticar por lo que se dice y no por lo que se deja de mencionar, pero yo creo de este apreciable trabajo puede aprenderse tanto por lo que comenta como por lo que deja (al menos parcialmente) de explorar. En el año 2009 Tim Gowers, matemático acreditado con la Medalla Fields, decidió presincidir de las reglas tradicionales de la publicación científica y plantear en un blog (The Polymatch Project) un problema hasta ese momento irresuelto denominado Polymath1. La historia dice que 37 días después de haber expuesto ese problema a luz pública y a la colaboración masiva (entre los participantes, exponiendo sus ideas abiertamente, estaba Terence Tao, otro Field medallist), 800 comentarios más tarde, el problema fue resuelto satisfactoriamente. El pasado 9 de noviembre Tim Gowers planteó su noveno problema (polimático). ¿De qué manera, en los términos tradicionales conocidos por la ciencia, puntuaría la colaboración en ese espacio abierto sin más control que el de la propia comunidad que colabora? ¿En qué medida influirá ese trabajo en progreso y acreditación profesional de quienes contribuyen de manera altruista al progreso del conocimiento? ¿Alguien, en alguna sociedad científica o tribunal universitario tendría en cuenta las entradas publicadas en ese blog como equivalentes a los artículos difundidos a través de una cabecera con un "impacto" determinado"? ¿Cabe fomentar la colaboración entre científicos en un campo cuyas reglas no premian la colaboración sino, más bien al contrario, la penalizan y la subestiman? ¿Tiene todo esto en la era digital algún sentido? No, por supuesto que no.

Moneda

"La edición universitaria", dicen los autores algo más adelante, "no puede quedarse al margen de un movimiento que representa un cambio de paradigma en el ámbito de la edición, como muestran todas las estadísticas y estudios desarrollados en los países de nuestro entorno", pero no basta, añadiría yo, con que supongan que ese cambio comporta, tan sólo, aprender a generar ficheros Epub o disponer de una web a través de la que presentar ordenadamente la oferta editorial. La cuestión, como reflexionaba Chartier, es que nos encontramos ante un cambio epistemológico excepcional con consecuencias irreversibles para los formatos tradicionales de la edición, la comunicación, la difusión y la valoración del conocimiento científico.

Paul Wouters

Paradójicamente, según señala Paul Wouters en su breve historia de la cienciometría, el índice que nos sirve desde los años 60 del siglo XX para evaluar el impacto de una investigación y, por tanto, la relevancia y crédito que el trabajo de un grupo de científicos merece, no fue un instrumento creado por la propia comunidad científica para satisfacer unas necesidades obvias de medición y evaluación de su capital, un índice que reflejara la importancia de las propuestas, hipótesis y hallazgos de la ciencia. Fue, más bien, una herramienta creada -o, al menos, indirectamente favorecida- por la administración norteamericana, que deseaba establecer criterios contables firmes para justificar la financiación de los proyectos y, sobre todo, mejorar los mecanismos de comunicación científica entre áreas de conocimiento y departamentos universitarios y estatales con motivo, especialmente, de la carrera espacial de los años sesenta. La anarquía primaria en la que estaban encerrados los distintos agentes implicados en esos macroproyectos de investigación, las prácticas cenaculares de las camarillas académicas y de las estancas agencias estatales, no podían constituir base suficiente para una coordinación adecuada. Eugene Garfield, el creador del mecanismo evaluativo, en colaboración con Joshua Lederberg, planteó en el año 1958 los siguientes criterios de ponderación y coordinación científica: "utilidad general, permanencia en el tiempo, reducción del número de referencias a los datos mediocres, medida del 'factor de impacto' y servicios puntuales personalizados". Resultaba políticamente necesario en ese momento un sistema centralizado de evaluación de la información.

Antonio Lafuente

Pero si todo lo anterior es cierto, si la lógica de la acumulación del capital científico requiere, para ser reconocido y potencialmente acrecentado, ser mostrado a los demás, a quienes constituyen la comunidad cualificada de los pares, ser distribuido sin cortapisas, en aras de la promoción de la unidad de la ciencia y del avance del conocimiento, puede que el sistema tradicional de medición del índice de impacto y de evaluación de la calidad de lo ofrecido no sea el más ecuánime ni el más adecuado. Antonio Lafuente describe precisamente los problemas que el peer review tradicional genera: "muchas revistas, por ejemplo, exigen que los autores declaren que no hay conflicto de intereses (es decir, connivencia) entre lo que defienden/venden las empresas que financian su investigación y los resultados que obtienen y publican. También si la identidad de los revisores [...] debe mantenerse en secreto, pues abundan las conductas desviadas de todos los tipos: desde lecturas demasiado superficiales a revisiones que protegen teorías/modelos canónicos [...] pasando por el robo de ideas, el retraso injustificado u otros intereses mezquinos de quienes fueron seleccionados para controlar la calidad [...] Los más críticos niegan la capacidad de este sistema para cumplir su principal función: garantizar la calidad". Si los mecanismos mediante los cuales se evalúa supuestamente la propiedad de lo publicado están desvirtuados por la injerencia disruptiva de intereses comerciales ajenos a lógica del campo; si cabe la sospecha sobre la ecuanimidad y distancia que los pares deben guardar respecto al autor y a su descubrimiento, porque escondan intereses arteros de alguna naturaleza; si algunas falsificaciones deliberadas pasan inadvertidas y, al contrario, algunos trabajos determinantes para el futuro de la ciencia son rechazados o ignorados, el edificio entero de la ciencia está afectado en sus cimientos, porque sobre la limpieza e imparcialidad del peer review se basa la concesión del crédito, la circulación del capital propio del campo científico, su distribución, intercambio y acumulación, y cuando ese sistema de tasación presenta síntomas evidentes de contaminación y desacierto, entonces no queda más remedio que reformarlo inmediatamente adecuándose a la lógica original de los principios que rigen la lógica de la acumulación del capital simbólico.

ISI web of Knowledge

El problema radica, sin duda, en que nadie que pretenda recorrer la atribulada carrera científica se permite la flaqueza de publicar allí donde nadie se lo reconocerá, donde nadie le concederá la más mínima atención, donde incluso le tildarán de desaprensivo. Si las carreras de los científicos se miden, desde los años 50 del siglo pasado, en función del impacto de sus trabajos, esto es, de acuerdo con el número de citas que sus aportaciones reciban por parte de otros miembros de la academia -es decir, por el reconocimiento simbólico que la tribu científica dispensa al acto de dispendio inmaterial del candidato donante-, ¿qué razón podría llevarnos a prescindir de semejante caudal de información libremente distribuida a través de los nuevos canales de expresión digital? 'El factor de impacto', dice Taraborelli, "se ha convertido en muchas áreas de investigación, de manera incontrovertible, en el estándar de facto para la evaluación de la significación científica a posteriori, pero esa situación ha sido cuestionada por muchos autores que reclaman indicadores alternativos más precisos. La necesidad de nuevas estrategias de medición que superen los límites del peer review tradicional y la necesidad de nuevas métricas que complementen los indicadores de factor de impacto, se ha convertido en objeto de una discusión muy vivida en la literatura. En el campo del Open Access", cita Taraborelli, "proyectos como CiteBase u OpCit han sido introducidos para habilitar el seguimiento de indicadores de popularidad tales como el número de vistas o descargas por artículo y para explorar la relación entre el uso y el impacto de los artículos libres online" (Taraborelli, 2008:5). Otras herramientas de software libre, como Mendeley, diseñada para el uso de la comunidad científica, invitan a sus miembros a compartir documentos y artículos, a generar e intercambiar sus bibliotecas de contenidos y anotaciones, a comunicar sus impresiones y valoraciones en torno a textos e investigaciones, en una red de relaciones que no pasa necesariamente, ya, por el acatamiento del impacto tradicional como único y principal índice de valoración sino, en todo caso, como complemento necesario. De lo que se trata, en el fondo, es de valorizar la circulación del conocimiento libre, de calcular lo que esa comunicación y entrega sin restricciones aporta a quien la realiza introduciendo en la métrica del impacto los denominados online usage factors(UF), o factores de uso online, porque la economía del conocimiento científico exige como precepto principal que los procedimientos, datos y resultados de los trabajos de investigación sean expuestos sin trabas u obstáculos a los pares si es que se pretende obtener su crédito y su reconocimiento. En el ecosistema de la web, donde la proliferación de canales y estrategias de comunicación científica autónoma han proliferado sin tasa, no cabe seguir conformándose con una métrica vinculada a la circulación analógica del conocimiento, con una contabilidad ligada a la tecnología del papel y de los comités anónimos y restringidos de especialistas. Claro que las estrategias de evaluación científica distribuida y de marcado social entrañan riesgos equivalentes a los del peer review restringido tradicional porque las métricas pueden ser infladas por la intervención improcedente y reiterativa de las arañas buscadoras (web crawlers); pueden ser alteradas por la retentiva a corto plazo de las memorias cachés; pueden ser subvertidas por la intervención deliberada y continua del propio autor, interesado en incrementar el número de usos o visitas; pueden ser simplemente engañadas por no saber distinguir entre la mera visita incidental y la inspección deliberada de una página. En todo caso, no hay nadie que no convenga, limpiamente, en que es necesario ampliar las métricas tradicionales para incluir técnicas de recuento que tengan presentes el valor de la contabilidad social distribuida.

E-lectra

Sé que he sobrepasado toda extensión razonable en una discusión o recensión al uso, pero los autores sabrán comprender que la extensión de mis comentarios es equivalente a la muestra de mi interés por su trabajo. Es justo además reconocer que en el texto de El ecosistema del libro electrónico se encuentran caminos que ya exploran parte de lo antedicho: en el epígrafe titulado Teoría de grafos, se adelantan ya muchos de los criterios cibermétricos sobre los que deberá sostenerse una nueva contabilidad digital científica (medidas de centralidad como el grado, el grado de intermediación y de cercanía pueden, entre otros elementos, arrojar nueva luz sobre las zonas de verdadera influencia); y en el mismo Epílogo del libro, quizás como un ajuste de cuentas consigo mismos o como una anticipación de lo que vaya a venir en el futuro, podemos leer: "La fuerte estructuración normativa de la publicación científica es el fruto de una tradición que se ha constituido con el tiempo y que se proyecta en todos los soportes en los que aparecen representados los conocimientos, desde el papel a la edición electrónica, y es la expresión de una forma de comunicación en la que la eficacia, antes que la retórica, constituye su expresión más acendrada. Los rígidos protocolos de representación facilitan al mismo tiempo los procesos de reconocimiento y asimilación, al erigirse en esquemas fácilmente reconocibles y extrapolables entre los distintos tipos de publicaciones posibilitando la tarea del científico, que examina un texto a la búsqueda de una información precisa, pero también la del investigador que explora el mismo para la extracción de sus elementos significativos". Así es, sin duda. "Sin embargo", dicen los miembros del Grupo Electra, "la comunicación científica, gracias a las posibilidades de la red y de la edición digital, se está diversificando por senderos alternativos, cada vez más frecuentados por el autor, cuando considera la formulación de sus hipótesis o la presentación de sus primeros resultados de investigación. Blog, microblog, redes sociales, comunidades virtuales, constituyen espacios emergentes de intervención académica que escapan a los rígidos protocolos de las publicaciones científicas convencionales". En consecuencia, "lo interesante del fenómeno es su progresiva integración en los sistemas de publicación más convencionales", de manera que "el editor académico se ha de mover no solo entre los trabajos de verificación por pares sino en el entorno de reconocimientos de patrones de publicación emergentes". Precisamente.

Si la edición universitaria ha de dar respuesta a esta realidad, quizás sea este un primer y decidido paso en ese sentido, en el de la construcción de un nuevo ecosistema de la comunicación científica.


Joaquín Rodríguez www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro

La información Financiera sobre Intangibles en las Empresas Biotecnológicas Españolas.

AUTOR  | Peset, María José. Genoma España. Madrid, 2012. 134 páginas

UNA NUEVA PERSPECTIVA QUE APORTA LUZ AL SECTOR DE LAS EMPRESAS BIOTECNOLÓGICAS, UNO DE LOS PILARES DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO
Reseña realizada por César Ullastres
Tecnologías y Personas

Los recursos intangibles son elementos fundamentales en la creación de valor empresarial. El texto comienza realizando una revisión del concepto de intangibles, actualmente mucho más amplio que las tradicionales patentes, I+D o software. Los intangibles que crean valor también son las personas, la propia estructura de la empresa o su relación con el exterior. Ahora bien, este tipo de recursos poseen una serie de características específicas como rendimientos a escala decrecientes, ser la base de las actuales economías en red o el problemático control de los beneficios que generan, lo que dificulta su medición y valoración. Por tanto, proporcionar información sobre estos recursos a través de los estándares habituales de la información financiera es, cuando menos, complicado. Por ello se realiza una revisión en profundidad de las diferentes alternativas informativas, tanto en la contabilidad, que es el lenguaje financiero de las empresas, como en los informes de capital intelectual, que puede ser una alternativa o complemento al anterior.

La segunda parte del libro está dedicada a la investigación realizada que se centra en responder a dos cuestiones. En primer lugar, cuanto informan sobre sus intangibles las empresas biotecnológicas españolas y en segundo lugar, qué factores o características de las empresas influyen en que éstas proporcionen mayor información. El trabajo se ha llevado a cabo sobre una muestra de empresas biotecnológicas españolas por tratarse de compañías intensivas en conocimiento y en las que los intangibles son pilar básico del proceso de generación de valor. La metodología utilizada ha sido la elaboración de un índice de revelación de información sobre intangibles que proporciona una medida de cuanta es la información que facilitan las empresas sobre estos recursos y un análisis de regresión lineal en el que se ha investigado sobre los factores que más influyen en que las compañías informen sobre sus intangibles. La fuente documental ha sido las Cuentas Anuales de las empresas y sus webs corporativas.

Las principales conclusiones sugieren que las empresas biotecnológicas españolas mantienen un nivel medio información sobre intangibles bastante similar. Fundamentalmente se informa sobre I+D, básicamente sobre sus proyectos, pero poco sobre la previsión de puesta en el mercado de sus productos y su protección. También es interesante el alto nivel de información sobre aspectos medioambientales, lo que sugiere que existe interés en difundir los beneficios de la biotecnología. Más llamativo es la reducida información sobre el componente humano, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de un ámbito en el que las personas son parte tan decisiva en el desarrollo de las compañías. También llama la atención la poca información sobre alianzas empresariales en un sector en donde este tipo de relación parece que tiene un amplio desarrollo.

En cuanto a las características de las empresas en función de su nivel de información, se confirma, como en otras investigaciones, que el tamaño es decisivo: las empresas que más informan son las mayores. Ahora bien, las conclusiones de la investigación indican otros factores que aumentan la información presentada y que no han sido estudiados hasta el momento. El trabajo sugiere que la participación del capital riesgo en la empresa o de capital extranjero, así como el hecho de que haya recibido subvenciones son elementos que influyen en que las compañías presenten mayor información sobre intangibles.

Por último, comentar que, si bien el estudio presenta limitaciones debido al tamaño de la muestra (49 empresas) o a su propio diseño que no permite una serie cronológica del mismo, es cierto que abre el camino a un ámbito poco investigado tanto a nivel nacional como internacional, como son los intangibles y las empresas biotecnológicas. A lo que hay que añadir interesantes líneas de investigación futuras, que van desde un análisis en mayor profundidad de los factores estudiados (como las políticas de activación de I+D de las empresas, las barreras de entrada en el sector centrado en el conocimiento, las alianzas empresariales en el ámbito de la biotecnología o las consecuencias de la presencia de capital riesgo en la gestión informativa) al avance de la investigación sobre los intangibles en la creación de valor, que permita sistemas de información más adecuados y eficientes.

Este libro es una de las últimas publicaciones de Genoma España, una fundación decisiva en el desarrollo del sector biotecnológico español y que consiguió que la Biotecnología ya esté en todos los discursos. Un sector que lamenta su desaparición y que confía en que las instituciones le sigan apoyando. Aunque su industria sigue en continuo aumento de proyectos empresariales, algo favorecido por la difusión del emprendimiento como opción profesional y por la mejora de los mecanismos de transferencia de tecnología del Sistema Español de Innovación, todavía son empresas de tamaño y alcance muy reducido. En la situación de crisis multifacético que vivimos, esto las sitúa en una posición de enorme debilidad.

Este estudio tiene la mirada peculiar de la contabilidad, algo inusual en las publicaciones acerca de este sector. En el María José Peset, profesora de esta asignatura en la Universidad Carlos III de Madrid y de la UOC, trata el tema con rigor y profundidad desde una perspectiva que aporta luz a un sector que está llamado a ser uno de los pilares de la economía del conocimiento.

Su lectura contribuye a conocer a las empresas biotecnológicas y, sobre todo, es una guía para que estas empresas sepan que es lo que tienen que hacer para que las conozcan mejor en los lugares que interesan, lo que les facilitará el acceso a una financiación que aunque existe, todavía tiene un gran desconocimiento de los retornos que estas tecnologías generan.

Ya no quedan ejemplares impresos y dudo que hayan pensado en hacer una reedición. Los interesados pueden descargárselo de la siguiente dirección:
icono.fecyt.es/informesypublicaciones/Paginas/La-Informaci%C3%B3n-Financiera-sobre-Intangibles-en-las-Empresas-Biotecnol%C3%B3gicas-Espa%C3%B1olas.aspx

Sin duda que resultará de utilidad a todos los que quieran conocer mejor a un sector en el que España tiene muchas posibilidades y a las empresas biotecnológicas para conocer mejor el lenguaje que les acerque a las inversiones que necesitan para abordar sus proyectos.


La biblioteca digital.

AUTOR  | Díez Carrera, Carmen. Ediciones Trea. Gijón, 2013. 152 páginas.

EL ÁMBITO DE LA BIBLIOTECA DIGITAL, UN ÁMBITO DE PROGRESO E INNOVACIÓN
Reseña realizada por Concha Huidobro Salas
Facultativo de Bibliotecas. Jefa de la Sección de Grabados. Biblioteca Nacional de España

Como resultado de la implantación de las tecnologías de la información y de la comunicación, de la globalización y de la Sociedad de la Información y del Conocimiento, se ha generado una producción exponencial de información en formato digital que configura la biblioteca digital, formada por una variedad creciente de materiales: libros, revistas, blogs, páginas web, redes sociales y otros recursos digitales, a los que se suman los materiales tradicionales o analógicos digitalizados para su preservación y acceso.

El libro La biblioteca digital recoge de manera amplia y estructurada todos estos materiales, su tratamiento y organización. En seis capítulos la profesora Carmen Díez Carrera da una idea básica de lo que son las nuevas bibliotecas, su contextualización y evolución en la Sociedad de la Información y del Conocimiento así como los nuevos retos que debe afrontar el bibliotecario, aspectos que constituyen una excelente reflexión y sugerencias para el lector. Con gran claridad y partiendo de los conceptos básicos y de las tareas tradicionales, se describen la variedad creciente de materiales digitales así como la digitalización de los tradicionales o analógicos, las herramientas necesarias para su tratamiento (normas, metadatos, formatos…) y los recursos para su preservación y acceso, entre los que se contemplan los lingüísticos, para el desarrollo de la sociedad multicultural y multilingüe que sustenta la sociedad global del conocimiento.

La autora es bien conocida en nuestro ámbito por sus brillantes aportaciones y por el mayor número de libros publicados en el área de bibliotecas, que constituyen instrumentos de inspiración, consulta y uso en todas ellas; su claridad de ideas y su capacidad para sistematizar y difundir el conocimiento es notoria. La profesora Carmen Díez fue colaboradora mía hace ya muchos años en el Catálogo de grabadores alemanes, y me honra decir que su excelencia profesional va pareja a su excelencia humana.

Bienvenido este libro que sistematiza brevemente y de una manera clara y divulgativa, sin perder el rigor científico, el ámbito de la biblioteca digital, un ámbito de progreso e innovación, que conjuga las competencias tecnológicas con las intelectuales, el análisis crítico y el compromiso social.

ISBN 978-84-9704-664-0 (impreso); ISBN 978-84-9704-740-1 (digital)


Redarquía - Más allá de la Jerarquía.

AUTOR  | Cabrera, José. Editorial Rasche. Madrid, 2014. 228 Paginas.

LAS NUEVAS ESTRUCTURAS ORGANIZATIVAS EN LA ERA DE LA COLABORACIÓN
Reseña realizada por Juan M. Zafra
@prensa14

"Contamos ya con las herramientas necesarias para construir las nuevas organizaciones que hemos soñado. Las plataformas tecnológicas -la web 2.0- se encuentra plenamente disponible y operativa. A través de ella podemos construir organizaciones transparentes y participativas, en las que la información fluya libremente en todas las direcciones. Utilizando las nuevas herramientas de colaboración, podemos construir un conocimiento compartido, podemos crear nuevos modelos de creación de valor mucho más justos y sostenibles. La transparencia, la agilidad, la participación y la comunicación abierta conforman un entorno propicio para el talento y la creatividad. Y, por qué no, también para la diversión".

Quien escribe las líneas de arriba es José Cabrera, reconocido emprendedor e innovador en el todo el mundo, autor del libro Redarquía. Las nuevas estructuras organizativas en la Era de la Colaboración.

Cabrera, que ha ocupado puestos de la máxima responsabilidad en multinacionales de la tecnología, es una referencia obligada para comprender los cambios que se están produciendo como consecuencia de la incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en nuestras vidas; en el ámbito personal y en el profesional; en las relaciones de gobierno y en la organización de las empresas y las instituciones.

El concepto de 'redarquía', que él ha acuñado, explica algunos de los fenómenos sociales, económicos y políticos más importantes de la historia reciente en España y en otros países. Desde la capacidad de un grupo terrorista para sorprender al mundo con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S, a otros acontecimientos pacíficos que han permitido cambios muy relevantes en la organización de gobiernos o movimientos ciudadanos como el 15-M.

¿Qué está ocurriendo?, ¿qué es lo que subyace detrás de estos movimientos?

Redarquía es el término para designar una nueva realidad, un fenómeno de cambio basado en las relaciones en red, que está imponiéndose de forma imparablemente. Gracias a las nuevos medios de comunicación social (Facebook, Twitter y la blogosfera, de forma destacada) los movimientos colectivos consiguen salir adelante; tienen a su alcance una extraordinaria vía de organización para una sociedad que, al perder la confianza en los sistemas jerárquicos, se ve en la necesidad de intervenir directamente en la toma de decisiones.

Cabrera afirma que el mundo digital facilita y recompensa, por primera vez en la historia de la humanidad, un modelo colaborativo en las estructuras sociales.

No es posible ya abordar la complejidad y la incertidumbre de nuestra época utilizando las estructuras jerárquicas heredadas del pasado. Cuanto más nos aferramos a las jerarquías de poder tradicionales, más nos alejamos de las enormes posibilidades que nos brindan la Sociedad Red para crear valor económico y social de forma sostenible. La respuesta ha de ser colectiva. No basta ahora con renovar los liderazgos y con retocar las estructuras de poder: hay que transformarlas radicalmente. Y de todo eso es de lo que habla José Cabrera.

La realidad nos muestra cada día que la jerarquía tiene un coste muy elevado en términos de valores, transparencia, iniciativa, creatividad y compromiso. Las estructuras jerárquicas están fracasando en sus intentos para ajustarse a una nueva realidad mas global, compleja e incierta. Las férreas estructuras organizativas en la empresa y en la política chocan con la cada día más evidente realidad que los ciudadanos viven, disfrutan y comparten en sus ámbito personal -interconectado, abierto, transparente-. Las organizaciones tienen que reestructurarse para evitar tensiones, ineficiencias, desencanto y desapego.

Necesariamente tenemos que repensar cómo queremos que sean nuestras organizaciones en el futuro. Todo apunta a que las estructuras jerárquicas y altamente burocratizadas no podrán adaptarse.

Partiendo de sus conocimientos en el mundo empresarial y de su experiencia en la puesta en práctica de estas estrategias de colaboración, Cabrera realiza una comparación lúcida y precisa de los antiguos métodos organizativos y los innovadores planteamientos que derivan del mundo digital en el que vivimos. Redarquía. Más allá de la jerarquía es un manifiesto de rebelión en contra de las políticas ortodoxas y anticuadas.


La sociedad desescolarizada.

AUTOR  | Illich, Ivan. Editorial Brulot. 2011. 194 páginas.

LIBRO DE REFERENCIA OBLIGADA PARA EL ESTUDIO DE LAS TEORÍAS DE LA DESESCOLARIZACIÓN
Reseña realizada por Jon Igelmo Zaldívar
Universidad de Deusto
Editor de la revista Encounters in Theory and History of Education

La sociedad desescolarizada (1971) es, con toda probabilidad, el libro que más impacto causó de cuantos Illich escribió durante su estancia en Cuernavaca, México, en los años sesenta y setenta. Las tesis planteadas en este texto levantaron un revuelo notable en la comunidad internacional de la pedagogía. En las facultades de educación de medio mundo los argumentos críticos lanzado por Illich contra las instituciones educativas modernas fueron estudiados y motivaron un debate sin precedentes en el campo de las ciencias de la educación y la pedagogía. El propio Illich se convirtió en un icono entre quienes veían entonces que occidente se encontraba en un momento histórico que demandaba en el campo de la educación una toma de decisiones de carácter radical.

Para quienes por primera vez se acerquen a este libro, puede resultar de interés saber que La sociedad desescolarizada no es un libro en el que se lleve a cabo un estudio exhaustivo del desempeño pedagógico de los recintos escolares con el fin de analizar su fracaso y la malversación de esfuerzos y dinero que suponen. Más bien este volumen es un escueto ensayo en el que Illich pretende únicamente plantear las bases para una crítica frontal a la expansión de las instituciones modernas que en los años setenta estaban siendo promovida por parte de las potencias industriales del momento. La escuela es, desde esta perspectiva, sólo un ejemplo de la contraproductividad institucional que puede llegar a desatarse bajo la ecuación de un progreso y desarrollo sin límites. Tanto es así que demostrar que nunca ha habido tantos títulos por metro cuadrado como hay en los países más modernos del mundo y que nunca los seres humanos han tenido tantas dificultades para solucionar sus propios problemas y encontrar un sentido a su vida en relación con el entorno social y natural, resulta clave para analizar críticamente hasta donde pueden llegar los tentáculos de la contraproductividad de las instituciones educativas.

Además, en este trabajo Illich intuyó que dentro del marco teórico del desarrollo articulado principalmente tras la Segunda Guerra Mundial se estaba generando, al inicio de los años setenta, una mutación que situaba a las instituciones educativas en un nuevo nivel de destrucción desconocido hasta el momento por la humanidad. Y es que toda cultura queda amenazada en una sociedad donde el aprendizaje queda expresamente institucionalizado. Así, en un contexto donde lo que una persona puede aprender está dentro de una institución, sucede que los jóvenes en vez de aprender cómo hay que cuidar a un enfermo, terminan aprendiendo a identificar el lugar donde debe desembocar la manifestación que revindica más financiación para hospitales públicos; en vez de saber cómo trabajar la tierra, buscan modos de organizarse para protestar por la comida basura; en vez de aprender a caminar o a hacer uso de su propia energía para transportarse, apenas conocen la forma de utilizar con agilidad el transporte público o de apretar el acelerador; y en vez de aprender a leer y escribir, sólo saben descifrar de forma mecánica los signos que aparecen y desaparecen en la pantalla del ordenador.

No obstante, esta publicación que fue capaz de ocasionar un gran impacto y que desde su aparición fue considerado como el libro de referencia obligada para el estudio de las teorías de la desescolarización -aunque sobre la clasificación teórica de su pensamiento el propio Illich no estuviera de acuerdo-, en los años ochenta y noventa cayó en el olvido. Y aunque se podría especular sobre las razones que motivaron este abandono por parte de la comunidad internacional de la pedagogía, cualquier intento por buscar explicaciones al respecto no puede obviar que fue el propio Illich quien más esfuerzos hizo hasta su muerte en diciembre 2002 por desvincularse tanto de la temática que abordó en este libro como de la metodología para el estudio de las instituciones educativa que planteó en La sociedad desescolarizada.

Con todo, la nueva edición que la editorial Brulot acaba de comercializar de La sociedad desescolarizada supone una buena noticia para quienes estudian el modo en que se pensaban las instituciones educativas en los años setenta del siglo XX. De hecho, aquellos que en las últimas décadas han buscando con ahínco adquirir este libro de Illich en las librerías, por fin van a tener a su disposición este trabajo clásico de la pedagogía. Y es que la última edición de este libro en castellano, lanzada por parte de la desaparecida editorial mexicana Joaquín Mortiz, databa de 1985; exceptuando, por supuesto, la edición revisada por Javier Sicilia que el Fondo de Cultura Económica publicó en 2006 dentro del primer volumen de las obras reunidas de Illich.

A modo de breve reseña bibliográfica, merece la pena destacar algunos datos en relación con la primera edición del libro de Illich. Así, fue a finales de 1970 cuando la editorial Harper and Row Publishers Inc., de Nueva York, comenzó a trabajar en la edición del primer volumen que llevaría el título de Deschooling Society. Por su parte, la edición comercial en castellano del libro, cuyo título fue desacertadamente traducido como La sociedad desescolarizada, fue realizada simultáneamente por la editorial catalana Barral Editores. Lo que permitió que ya en los primeros meses de 1971 el texto llegara a las librerías de todo el mundo.

Esta primera edición, en su origen, ni siquiera tenía el formato de libro. Una vez más, lo que se estaba presentando Illich, al igual que ocurrió con otros trabajos suyos anteriores como Celebration of Awareness (1970), Church, Change and Development (1970) y Ensayos sobre la trascendecia (1971), era una recopilación de los panfletos que había publicado en los primeros meses de 1970 en revistas de distintos continentes. Lo novedoso en este caso era que esta vez la crítica a las instituciones educativas se convertía en el eje temático que organizaba el conjunto de los textos.

Además, algo que no se ha tenido en cuenta en los estudios realizados de la obra de Illich en relación a las instituciones educativas por parte de historiadores de la educación es que el primer borrador de La sociedad desescolarizada apareció publicado ya en septiembre de 1970 en las series del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) que el propio Illich coordinaba en la ciudad mexicana de Cuernavaca. En el número 54 de 'CIDOC Cuadernos' y bajo el título de The Dawn of Epimethean Man and Others Essays, fueron publicados la mayor parte de los textos que terminarían conformando La sociedad desescolarizada meses después. Y según declaraba Illich en la introducción a este volumen lanzado desde Cuernavaca, los trabajos que conformaban este trabajo recopilatorio del CIDOC habían sido escritos durante la primera parte de 1970 y estaban relacionados con las lecturas semanales que había realizado como consecuencia de su participación en el seminario Alternatives in Education organizado por su colega Everett Reimer en el centro de Cuernavaca.

El título elegido por Illich para esta primera edición de su libro en relación a la crítica a las instituciones educativas merece ser analizado. Es curioso que en este boceto publicado en el 'CIDOC Cuaderno' número 54, se decantara por un título de carácter esperanzador como era The Dawn of Epimethean Man and Others Essays, y que, finalmente, cuando el texto fue comercializado por una gran editorial, se buscara un enunciado más impactante, esto es, La sociedad desescolarizada. Con toda probabilidad Illich no estaba del todo convencido sobre el uso del término desescolarización como concepto que articulara su crítica de las instituciones educativas. Sabía que en última instancia la desescolarización no era el objetivo de sus reflexiones, aunque el neologismo podía ser lo suficientemente impactante como para llamar la atención.


La mirada de Medusa.

AUTOR  | Pelayo, Francisco. Editorial Catarata-CSIC. Madrid, 2015. 127 páginas.

UNA ILUSTRADA Y MUY BIEN ESCRITA HISTORIA DE LA IDENTIFICACIÓN DE LOS FÓSILES HUMANOS Y DE LOS INTENTOS DE EXPLICAR SU FORMACIÓN
Reseña realizada por Jesús I. Catalá Gorgues
Profesor agregado de Historia de la Ciencia
Universidad CEU Cardenal Herrera

Pocos aspectos del desarrollo de la ciencia en los últimos cuatro siglos han resultado tan polémicos y apasionados como aquellos que conciernen al origen y antigüedad de la especie humana. Si el intenso antropocentrismo que caracteriza la tradición cultural occidental es, en algunas de sus vertientes, sensatamente repudiado en nuestros días, en la cuestión concreta a que hemos aludido es perfectamente lógico y hasta deseable. La obra que aquí comentamos se ocupa de la historia de la identificación de los fósiles humanos y de los intentos de explicar su formación. El autor, investigador científico del CSIC en su Instituto de Historia, es sin duda el mayor especialista en nuestro país sobre la cuestión, a la que ha dedicado numerosas publicaciones y proyectos. En este librito, breve, concentrado y muy esclarecedor, ha plasmado su esfuerzo por ofrecer un enfoque divulgativo sobre un tema que, efectivamente, sigue mereciendo la atención del gran público en cuanto a sus resultados contemporáneos, pero que es con frecuencia mal entendido en su dimensión histórica.

Pelayo ha organizado el volumen en cinco capítulos, más una introducción y un epílogo. A partir del antiguo mito sobre el poder petrificante que tenía la mirada de la más terrible de las gorgonas, el autor salta a la época, el siglo XVII, en que los fósiles empiezan a ser objeto amplio de colección y estudio, incorporados a esa cultura de la curiosidad que define la aproximación a la diversidad natural en los albores de la Modernidad. Otros tipos de preservación de restos biológicos, como los cadáveres hallados en minas y cavernas, las supuestas estatuas de sal de seres humanos y animales -eco de otro viejo mito, el de la mujer de Lot- o las pretendidas petrificaciones de pueblos y ciudades en diversos lugares del mundo, son repasados en los dos primeros capítulos para poner al lector en conexión con un marco cultural extraordinariamente sugestivo, que desde una visión sesgada por nuestro conocimiento podrá parecer fútil e ingenuo, pero que en realidad pone de relieve un esfuerzo interpretativo de gran alcance a propósito de la condición humana. Siempre en esa frontera entre ciencia y creencia, que tan altaneramente creemos ser capaces de deslindar en todo momento pero que en realidad constituye un ecotono intelectual de gran complejidad, hallaremos en el capítulo tercero la historia de los huesos de supuestos gigantes; al respecto, destacarán las aportaciones de autores españoles entre los siglos XVI y XVIII, estimuladas en no escasa medida por la experiencia naturalista americana, con perspectivas variadas y a veces muy críticas con las creencias tradicionales; un debate que rendirá su fruto más acabado en la formidable obra de José Torrubia (1698-1761), de gran influencia en el ulterior desarrollo de la ciencia de los fósiles.

El siglo XVIII será, de hecho, el punto de partida de las grandes polémicas sobre la existencia de fósiles humanos, a las cuales se dedica el capítulo cuarto. La descripción por el suizo Johann Jakob Scheuchzer (1672-1733) de un supuesto 'hombre testigo del Diluvio' a partir de unos restos procedentes de una localidad a orillas del lago de Constanza, representa el inicio de las mismas, que envolverán al tiempo un vivo debate sobre los modos y mecanismos de fosilización. Ya en el siglo XIX, demostrada por Cuvier la filiación batracia del fósil de Scheuchzer, se acumularán poco a poco las evidencias en torno al hombre fósil. En ese 'teatro de los cráneos' del que se ocupa el capítulo quinto se discutirá, además del carácter humano, la propia consideración de fósil; en paralelo, la propia filiación de nuestra especie y la inquietante posibilidad de nuestro parentesco con el resto de vivientes. El descubrimiento de restos incontrovertiblemente humanos en una caverna del valle de Neander, allá por 1856, y la publicación unos años después de las primeras obras específicamente dedicadas a interpretar la condición humana en perspectiva evolucionista, marcarán el desarrollo de la moderna paleontología humana. Pero esta es una historia que ya no desarrolla Pelayo en este libro, enfocado, como hemos glosado, en los debates anteriores a la obra de Darwin.

Contenidamente ilustrada y muy bien escrita, La mirada de Medusa es en sí misma un ejercicio de retrospección que no solo colma la curiosidad histórica, sino que logra estimular reflexiones provechosas sobre cuestiones que muchas veces damos por sentadas con excesiva complacencia. Ya hemos aludido a la difícil demarcación entre ciencia y creencia, y rápidamente podríamos transitar hacia el papel de las creencias en el estímulo de la ciencia. Y estaría presente también la crítica sobre los modos según los cuales la ciencia avanza, y las claves discursivas de la condición moderna, y las demarcaciones respecto a lo humano. Esta es la gran virtud, a nuestro juicio, del libro de Pelayo; aparentemente simple, indudablemente inteligible, y muy divertido en su selección de casos y anécdotas, ofrece sin embargo amplios horizontes para la profundización; si se quiere, miradas más profundas que la de la mortal Medusa.


Mecánica Cuántica.

AUTOR  | Miret Artés, Salvador. CSIC/Los libros de la Catarata. Madrid, 2015. 126 páginas.

UNA OBRA MUY AMENA SOBRE LA MECÁNICA CUÁNTICA ESCRITA CON GRAN MIMO EN LA EXPLICACIÓN DE LOS CONCEPTOS Y CON GRAN SENTIDO DEL HUMOR
Reseña realizada por Marta I. Hernández
Instituto de Física Fundamental (CSIC)

Como el armario que nos transporta al fantástico mundo de Narnia, la carátula de Mecánica Cuántica es un portal. De hecho, y al igual que en la primera entrega de la saga de C. S. Lewis, desde el umbral vemos un bosque nevado y una misteriosa farola encendida... Sin embargo, tras el pórtico no nos espera un fauno, sino un gato. Además, si observamos con detenimiento, el gato acaba de atravesar la farola, ya que en su desplazamiento sus patas han dejado huellas a ambos lados del obstáculo. Ciertamente, las leyes del mundo cuántico han de ser bien distintas a las de nuestra vida cotidiana... Así nos invita Salvador Miret -investigador del CSIC en el Instituto de Física Fundamental- a conocer esta nueva obra de la colección de divulgación ¿Qué sabemos de?, editada por el CSIC y Catarata.

Escribir un buen libro de divulgación sobre la mecánica cuántica es un gran reto, en primer lugar, por la extensión de la materia. Parece una tarea imposible resumir en 125 páginas más un siglo en la historia de una teoría clave en la física actual. Pero la razón principal estriba en que los entes microscópicos como los átomos, electrones, etc. -y que son el objeto de esta disciplina- se comportan de manera muy extraña, tan extraña es difícil hacerse una 'imagen mental' de sus movimientos, y por tanto, nos cuesta poner nombre a esos movimientos. En este sentido, el mayor escollo de la mecánica cuántica no radica en sus matemáticas (por muy costosos que sean los cálculos en la práctica), sino en la interpretación de sus ecuaciones, sobre la que nunca se ha llegado a un consenso completo. Nuestro autor también menciona en su 'Carta abierta al lector' que ya existen muchos libros de este tipo y, por tanto, es complicado justificar la escritura de uno nuevo. Sin embargo, Salvador Miret ha conseguido plasmar una original Narnia Cuántica al aportar toda su experiencia investigadora y su propia personalidad a esta empresa.

Así, el autor nos propone un rápido viaje por el mundo cuántico, siguiendo aproximadamente su desarrollo histórico y deteniéndose únicamente en los conceptos básicos y en los grandes debates sobre su interpretación. Para empezar, nuestro especial guía turístico nos ayuda a preparar bien el equipaje (Capítulo 1) recordándonos los conceptos de partícula y de onda. Claramente, los objetos de nuestra realidad común son o bien partículas (una piedra, un corcho) o bien ondas (las olas del mar, el sonido). Lo que hicieron los creadores de la nueva mecánica fue proponer que los objetos microscópicos son ondas y partículas a la vez. En el Capítulo 2 conoceremos los fundamentos de esta doctrina, con la que se han conseguido acuerdos extremadamente precisos con diferentes experimentos y, a su vez, ha sido la base de las nuevas tecnologías de los últimos cincuenta años. No obstante, la paradoja está servida: quien alegue entender bien la dualidad onda-corpúsculo que tire la primera piedra (¡o la primera onda!).

Lo más sorprendente del viaje ocurre cuando los de 'este mundo' interactuamos con esos pequeños habitantes cuánticos, es decir, cuando con nuestros aparatos medimos sus propiedades (Capítulo 3). Según nos explica el autor, el gato cuántico está medio vivo y medio muerto a la vez, pero simplemente acariciarlo (medirlo) supone estrangularlo... o resucitarlo. Esta y otras paradojas ilustrarán el problema de la medida en mecánica cuántica. Lo más interesante y esperanzador es que se están llevando a cabo experimentos que incluyen 'medidas débiles', donde, siguiendo con la metáfora del gato, estamos aprendiendo a acariciarlo, sin que nuestra intervención destruya su estado de superposición de vida y muerte. Estos recientes avances hacen que la pregunta "¿Es real la función de onda cuántica?" adquiera una renovada validez (Capítulo 4). Al final de este viaje, que parece de fantasía, Salvador cita muy oportunamente a Michael Ende, el autor de La Historia Interminable: "Para encontrar la realidad hay que [...] darle la espalda y pasar por lo fantástico".

Mecánica Cuántica está escrita de forma tremendamente amena, con gran mimo en la explicación de los conceptos y, por cierto, con gran sentido del humor. Aunque la obra se lee con gran facilidad, el lector no debería pretender 'entenderlo todo' ni abrumarse con la terminología: se trata de un primer viaje del que seguro quedará un poso de conocimiento, que luego se podrá ampliar con algunas de las recomendaciones de la bibliografía. El libro está pensado para cualquier persona interesada con nivel de, digamos, bachillerato, pero también se recomienda a los más “profesionales” para refrescar la memoria y, cómo no, sentir de nuevo la perplejidad. Si se me permite, quizás la condición óptima para emprender este viaje sea poseer una dualidad “adulto-niño”: mantener la capacidad crítica sin perder la capacidad de sorpresa.


La comprensión cultural de la tecnología. Una introducción histórica.

AUTOR  | Guijarro Mora, Víctor y González de la Lastra, Leonor. Universitas. Madrid, 2015. 278 páginas.

DE LA TECNOLOGÍA, SU CULTURA Y COMPRENSIÓN
Reseña realizada por José Ángel de Juan Casero
Profesor de Biología y Geología
IES San Isidro (Madrid)

Hay personas entusiasmadas con la tecnología (los tecnofílicos, los 'hackers' y los 'geeks'); hay personas que la aborrecen o que simplemente la ignoran (los tecnofóbos y los 'neoluditas') y hay quienes aceptan algunas de sus ventajas pero recelan de sus efectos a largo plazo (tecnoescépticos). Partiendo del hecho de que las elaboraciones humanas, la creación de nuevos procesos y productos, no son fenómenos aislados de las comunidades donde surgen ni están al margen de la influencia de ideas y creencias compartidas, en La comprensión cultural de la tecnología se nos ofrecen claves para entender estas actitudes. Así mismo, se analiza cómo la tecnología fue adquiriendo un estatus de autoridad con manifestaciones en la política, la economía, la sociedad y la educación, y cómo, al mismo tiempo, el lugar privilegiado que ha ocupado, y ocupa, ha influido en nuestra forma de ver el mundo.

A lo largo de la obra se muestra cómo, desde la Antigüedad, pensadores y gente curiosa en general situaron los trabajos manuales y las labores dedicadas a transformar la naturaleza en lugares concretos de su visión del mundo. Para unos eran tareas menores, subordinadas a otras de carácter moral y político; para otros, en cambio, eran asuntos que merecían la más elevada consideración. Estas actitudes se ilustran con numerosos ejemplos: En el siglo XIX se encumbró la figura del ingeniero y las exposiciones de este periodo, además, contribuyeron a generar en el público grandes expectativas en torno a la maquinaria, los transportes y las comunicaciones, terrenos en los que la búsqueda de la novedad comenzó a ser un fenómeno corriente. En esos mismos años había quienes pretendían a través de las medidas del volumen craneal determinar cuál era el lugar de la población examinada en el orden civilizatorio, unas investigaciones cuyas conclusiones estaban escritas de antemano (en los primeros lugares aparecían los ingleses, los angloamericanos y los alemanes).

Se describe pues cómo la tecnología crea cultura, y cómo la cultura, a su vez, refuerza, según los colectivos, nuestra confianza o recelo hacia las producciones materiales o hacia las propias personas que las emplean. Muchas de las emociones y reacciones que se mencionan en la obra nos resultan familiares, ya que corresponden con percepciones que compartimos actualmente sobre diversos recursos tecnológicos que están a nuestro alcance: los alimentos modificados genéticamente pueden resolver los problemas del hambre en el mundo, pero también nos preocupa la pérdida de las cualidades 'naturales' en las cosas que consumimos; el uso de las redes sociales nos entusiasma, pero estas plantean al mismo tiempo serios desafíos a nuestra privacidad; el fomento de la terapia génica puede servir para prevenir el desarrollo de enfermedades, pero igualmente nos surgen cuestiones acerca de cuáles son los límites de estas prácticas y de la ingeniería genética en general; el uso de internet es importante, pero quizás nos está volviendo más 'superficiales', como admitiría Nicholas Carr.

La información que proporciona esta obra será, sin duda, una revelación para la mayoría de las personas, ya que, con un enfoque pedagógico, los autores realizan aportaciones fundamentales para la comprensión de la tecnología como una parte esencial de nuestra cultura. Mediante el uso de un lenguaje riguroso desde el punto de vista técnico, científico e histórico, llevan al lector a comprender conceptos complejos, así como las relaciones entre estos conceptos, con la inestimable ayuda de los abundantes y acertados ejemplos y de los textos y las lecturas que ilustran cada uno de los capítulos del libro.

Es un libro, en definitiva, pensado para ofrecer referencias históricas y culturales destinadas a comprender mejor el poder, muchas veces inadvertido, que tienen las creencias y los valores en todo lo relacionado con los inventos, los artilugios, los aparatos diversos y la maquinaria. Un esfuerzo que nos permitirá disponer de argumentos para explicar por qué de una misma tecnología, por ejemplo aplicada en los contextos educativos, pueden derivarse diferentes resultados según los colectivos que la utilizan.


Los riesgos naturales.

AUTOR  | Llorente Isidro, Miguel. Ediciones Los libros de la Catarata. Madrid, 2015. 128 páginas.

UN TEXTO AMENO Y DISTRAÍDO, A LA VEZ QUE RIGUROSO, QUE CONSIGUE TRANSMITIR EMOCIÓN POR EL CONOCIMIENTO
Reseña realizada por María Jesús Perles Roselló
Departamento de Geografía
Universidad de Málaga

Pocos temas generan en el público no científico tanta atracción como el de los riesgos naturales. Las catástrofes tienen una dimensión colosal que las han hecho centro de los relatos humanos míticos desde tiempos ancestrales, protagonistas del imaginario colectivo de culturas y sociedades distantes.

La capacidad de asombrar, a la par que la de asustar, convierten a los eventos extremos de la naturaleza en argumento literario en estado puro, quizás el único argumento que ha conservado la capacidad de estremecer al ser humano desde las tradiciones orales de las primeras culturas hasta la actualidad, cuando estos sucesos siguen siendo motivo destacado de atención periodística, e inspiración de novelas y guiones cinematográficos.

Y es esta dimensión espectacular de los riesgos naturales un recurso de comunicación muy efectista y efectivo que el que M. Llorente no duda en utilizar, junto al rigor científico, para mantener la tensión argumental a lo largo del texto. En el libro Riesgos naturales se recrea conscientemente la vertiente apocalíptica de los sucesos extremos, la grandiosidad de su poder devastador, como vía para concienciar al lector, para activar y mantener su actitud de alerta. "Voy a intentar meterte el miedo en las entrañas contándote como la naturaleza puede chafar tus planes, sean cuales fueran, estés donde estés, lo sepas o lo desconozcas" (p. 18). Un resumen drástico, directo y contundente de los postulados de la Sociedad del Riesgo de Beck, Giddens o Luhman. Efectivamente, en la sociedad post-moderna ni la clase social, ni el dinero, ni la nacionalidad, ni ninguno de los garantes con los que la humanidad ha ido construyendo su propia protección a lo largo de la historia, aseguran al individuo el permanecer ajeno al riesgo.

Sin embargo, frente al despliegue desbordante de movilización de materia y energía de la naturaleza, frente a lo inconmensurable, a lo divino, también en los relatos míticos aparece un héroe, un Noé que mediante una actitud preventiva, discreta pero perseverante, se enfrenta a lo inescrutable, a lo inevitable para convertirse en el salvador, el mitigador de la situación dramática. Y es éste, precisamente, el motor que inspira a M. Llorente a redactar su texto: recordar al ser humano que tiene la capacidad de adelantarse al futuro para orientar sus hechos, y que tiene, además, la responsabilidad de hacerlo, el deber de ser un héroe. El instrumento con el que el héroe cuenta, sin embargo, es muy poderoso: la ciencia, el conocimiento, la aplicación del actualismo. "La naturaleza es un libro abierto para todo el que quiera acercarse a leerlo... De ti depende que quieras aprender del pasado para vivir en un futuro mejor, o prefieras vivir en la ignorancia" (p.19).

Desde este punto de partida, el texto elaborado por Llorente posee, en esencia, una estructura de contenidos clásica de los manuales de estudio de los riesgos naturales, en los que habitualmente se desarrollan unos capítulos introductorios dedicados a la conceptuación de las principales nociones vinculadas al riesgo, para pasar posteriormente a centrarse en las características de los principales peligros naturales. Esta estructura de manual clásico, sin embargo, no marca el espíritu del libro como un tratado de propósito académico; desde las primeras páginas la redacción se ha dotado de un tono próximo y ameno que denota la voluntad expresa del autor por colaborar a la divulgación de la materia en foros no necesariamente especializados. Es este el sello de identidad, igualmente, de otros textos de la colección Libros de la Catarata.

Tras un breve prólogo en el que se anima al lector a revisar otros títulos de la colección, se desarrolla una introducción en la que, a través de ejemplos y símiles cotidianos, se define la noción de riesgo, y se explica la diferencia entre este concepto y su sentido potencial, orientado a la indagación en el suceso futuro, y la noción de catástrofe, como evento sucedido. A lo largo de diversos epígrafes, el autor va desgranando los diversos componentes del riesgo, y las relaciones que estos componentes presentan en la ecuación general del riesgo. Caracteriza, por ejemplo, la variedad de posibles elementos expuestos frente al peligro. Aborda, igualmente, el concepto de daño, para reflexionar sobre su sentido relativo y su significado dispar dependiendo del contexto político, económico y social de cada momento histórico. A la par, en el texto se reflexiona sobre las dificultades existentes para expresar el daño en términos cuantitativos: ¿cómo abordar la estimación de casos tan diferenciados como las pérdidas económicas, junto a las personales o patrimoniales? ¿Cómo evaluar los daños indirectos? La vulnerabilidad es planteada como el conjunto de factores que condicionan la relación entre el suceso extremo y el daño que el elemento expuesto recibe; también es tratado el concepto de resiliencia y su papel en el resultado final del impacto. La introducción finaliza con ejemplos y aclaraciones sobre el significado de la aceptabilidad, la magnitud, la intensidad y la frecuencia, y con un apartado que aborda las distintas posibilidades de clasificaciones de los peligros naturales. El autor propone una clasificación propia fundamentada en los contextos de ocurrencia del peligro como alternativa a los tradicionales criterios genéticos de clasificación. Esta clasificación es la que será utilizada para estructurar los restantes capítulos del libro, en el que se describen y caracterizan las particularidades de los peligros geológicos e hidrológicos (capítulo 1), los meteorológicos o climatológicos (capítulo 2), y, con menor desarrollo, los peligros biológicos y los cósmicos o planetarios (capítulos 3 y 4, respectivamente).

El texto está escrito en un lenguaje didáctico y accesible que facilita la comprensión de los conceptos. Son comunes las preguntas retóricas, los símiles, los ejemplos cotidianos que aclaran posibles dudas. La narración, fresca y expresiva, está jalonada de anécdotas personales y curiosidades, por lo que el lector cree asistir a una explicación en directo sobre la materia, en la que el autor se dirige a nosotros, nos tutea y hace bromas. Es fácil dejarse trasladar a los escenarios que describe con precisión envolvente, y percibir las sensaciones descritas (ruidos, cromatismo, temperatura...), e incluso las emociones asociadas (asombro, tensión, expectación, miedo). Es fácil, en definitiva, dejarse contagiar por el entusiasmo, el apasionamiento con el que Llorente nos introduce en el mundo de los riesgos naturales. En suma, un texto ameno y distraído, a la vez que riguroso, que consigue la no siempre fácil tarea de transmitir emoción por el conocimiento.

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