Política biomédica en EEUU: el problema de la financiación, el diálogo y la solución

El último lustro ha sido un período de vacas flacas para la investigación biomédica en EEUU en lo referente a la financiación de los proyectos. Sin embargo, la llamada de atención desde el ámbito científico ha sido escuchada por la clase política, y el diálogo entre ambas partes parece que va a permitir enderezar el rumbo de la situación. Sin duda, un ejemplo de sensibilidad política y sentido de gobierno que se debería seguir en otros lugares.

 

El pasado 11 de marzo varias universidades e instituciones de investigación estadounidenses publicaron un informe titulado “A broken pipeline? Flat funding of the NIH puts a generation of science at risk” (la traducción sería más o menos “¿Una vía rota? El estancamiento en la financiación del NIH pone en riesgo a toda una generación de ciencia”). Este documento describe el peaje que está pagando la investigación biomédica en EEUU como consecuencia del no incremento del presupuesto asignado al NIH (National Institutes of Health, la agencia estadounidense de investigación biomédica) en los últimos cinco años. Las instituciones firmantes advertían de que si el NIH no recibe el soporte adecuado en el futuro la nación podría perder toda una generación de jóvenes científicos y numerosas líneas de investigación que podrían curar las enfermedades de millones de personas.

 

Por otra parte, el 19 de marzo un grupo similar de nueve instituciones investigadoras publicó otro informe titulado “Within our grasp-Or slipping away? Assuring a new era of scientific and medical progress” (“¿A nuestro alcance o alejándose de forma desapercibida? Asegurando una nueva era de progreso científico y médico”). El documento detalla algunos de los tremendos avances médicos que se han realizado en los laboratorios de investigación académica en EEUU e insiste en que esos progresos pueden perderse si la financiación del NIH no vuelve a situarse en niveles superiores a los de la inflación.

 

Los datos no mienten: durante el período 1998-2003 las sucesivas administraciones de Bill Clinton y George Bush duplicaron el presupuesto del NIH. Este esfuerzo permitió, entre otros muchos logros, la terminación del Proyecto Genoma Humano y la creación de nuevas y poderosas herramientas para el estudio de los sistemas biológicos que han permitido lograr avances en la diagnosis y tratamiento del cáncer, lo cual ha redundado en un descenso en la incidencia de esta enfermedad. Si embargo, en 2003 se terminaron los incrementos del presupuesto y desde entonces hasta ahora el NIH ha sufrido una pérdida de poder adquisitivo del 13 %. Como consecuencia, se ha aminorado el progreso de la investigación biomédica y las nuevas ideas de los investigadores en busca de financiación quedan bloqueadas en un filtro que sólo aprueba una de cada diez solicitudes, y a menudo lo hace de forma sólo parcial. Los proyectos rechazados son rediseñados y reenviados para una nueva evaluación, bloqueando el sistema y creando una cola en la que, en particular, los investigadores jóvenes tienen la sensación de encontrarse al final del pelotón.

 

La situación no prometía mejorar en 2009, dado que el Congreso estadounidense había aprobado una nueva congelación del presupuesto para el NIH. Sin embargo, y afortunadamente, el Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de EEUU ha tenido a bien escuchar el testimonio de diversos representantes de instituciones universitarias que han insistido acerca de lo preocupante de la situación y ha decidido aprobar una enmienda a los presupuestos de 2009 que incrementará la financiación del NIH en 2.100 millones de dólares. Es interesante saber que la enmienda fue aprobada por 95 votos a favor y 4 en contra.

 

Después de conocer esta noticia se me ocurren dos conclusiones: la primera, en cuanto a la escasez de financiación para fines científicos, es que no se trata de un mal exclusivo de la nación española; parece que en otros lugares también cuecen habas, incluido el todopoderoso tío Sam. La segunda se refiere a la sensibilidad de la clase política respecto a las demandas emitidas desde el ámbito científico: en este aspecto, los estadounidenses demuestran tener un sentido práctico del gobierno infinitamente más desarrollado que los españoles. Mientras en nuestro país los políticos de distintos partidos son incapaces de ponerse de acuerdo en temas cruciales como educación, sanidad, investigación, terrorismo, …etc., en EEUU no sólo tienen la mente abierta para escuchar la voz de expertos científicos, sino que, llegado el caso, son capaces de reconocer que su política es equivocada y de rectificarla mediante una enmienda que es aprobada por la práctica totalidad de los miembros de la comisión encargada del asunto. Y me pregunto: tanto en el ámbito de la ciencia biomédica al que pertenece este blog como en cualquier otro de importancia central para un país, ¿alguna vez aparcarán nuestros partidos sus intereses particulares en beneficio del conjunto de la nación?

 

Fernando Carrasco

Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa”

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