Archivo de agosto, 2010

El Hotel Eléctrico (Segundo de Chomón, 1908)

Análisis de Rubén Zamora:

  …“Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo”

    Algo parecido debió escuchar Segundo de Chomón deambulando por las calles de París en 1895, tras dejar su Teruel natal en busca de un futuro más amable. Esta vez no era un anuncio para un espectáculo circense, sino para el nuevo invento que los hermanos Lumière presentaban en sociedad a los atónitos espectadores, la proyección de imágenes en movimiento, o lo que desde entonces conocemos como cinematógrafo y se establece como espectáculo dominante en la ocupación del tiempo de ocio en las sociedades industriales.

     Difícil tendría Chomón, inquieto aficionado a la fotografía, resistirse a descubrir de propia vista las maravillas que las voces contaban de la nueva manifestación visual por todos los rincones de la ciudad. Tendrá su oportunidad a partir de 1905, después de una breve estancia en Barcelona, trabajando como iluminador de películas para empresas como la Star Films de Méliès, que le permite aprender lo fundamental sobre trucajes del gran maestro y realizando sus primeras panorámicas de ciudades de España encargadas por Pathé, al convertirse en el nuevo responsable de Pathé Fréres para las series de películas de atracciones y fantasmagorías de la productora francesa. Su trabajo consiste en la aplicación de las técnicas de trucaje para obtener efectos fantásticos que asombren al público, a base de transformaciones, sustituciones y sobreimpresiones. Investigador incansable, Segundo de Chomón dará forma a sus particulares ideas en los campos de la fotografía primero para proyectos de otros directores y más tarde con libertad para crear, elaborar la puesta en escena o en fotografía experimental. El hotel eléctrico (1908) es el mejor ejemplo dentro de este género en su amplia filmografía y en la película que deja para la posteridad un magistral dominio de la técnica conocida como “paso de manivela”. Su inquietud le llevó a fabricar su propia cámara con la que podía grabar hacia delante y hacia atrás y cuya vuelta de manivela estaba marcada por ocho puntos que permitían rodar fotograma a fotograma.

    Chomón, que a partir de 1907  incluye el trucaje en una trama argumental mínima y pasa a ser un elemento más del discurso fílmico, permitiendo evolucionar hacia el cine narrativo, en El hotel eléctrico exhibe un repertorio extraordinario de trucajes de objetos animados de forma individual o influyendo sobre los actores cuya presencia queda en un pretexto para presentar ese virtuosismo técnico del rodaje fotograma a fotograma del que Segundo de Chomón, polémicas sobre su atribución aparte, supo extraer su máximo potencial, convirtiéndose en película de referencia para los cineastas contemporáneos y una de las obras fundamentales en la historia del cine universal.

BIBLIOGRÁFIA:

 

-Tharrats, Juan Gabriel. Los 500 films de Segundo de Chomón. Zaragoza. Prensas Universitarias de Zaragoza. 1988.

-Tharrats, Juan Gabriel. Inolvidable Chomón. Murcia. Filmoteca Regional de Murcia/Editora Regional de Murcia. 1990.

-Minguet Batllori, Joan M.  Segundo de Chomón, más allá del cine de atracciones (1904-1912). Barcelona. Filmoteca de la Generalitat de Catalunya. 1999.

-VV.AA. Historia del cine español. Madrid. Cátedra, 1995

Rubén Zamora, 2010.

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La tía Tula (Miguel Picazo, 1964)

Análisis de Rubén Zamora:

    “No sólo no financiaremos esta película, sino que haremos todo lo posible para que no se ruede”

    Esta fue la contestación que recibió Miguel Picazo del director de la productora del Opus, Procusa, al presentarles el guión de su película La tía Tula. Sucedió tras el abandono del impulsor del proyecto, Marco Ferreri debido al éxito internacional obtenido con su película El cochecito, cerrando de golpe su etapa en España. Será de la mano de las productoras “Surco Films” (constituida para la ocasión) y “Eco Films”, que La tía Tula evitó “dormir el sueño eterno” al que estaba amenazada, suerte que no tuvieron otros guiones de Picazo como el de “Jimena” que nunca llegó a rodar.

     Cineasta de marcada personalidad, con gran inteligencia y sensibilidad, Miguel Picazo actualiza la obra homónima de Miguel de Unamuno demostrando que los valores familiares, morales y religiosos que condicionan al personaje de la novela están vigentes en la sociedad española de los años 60 del pasado siglo. Una sociedad en la que a pesar de los intentos de apertura de García Escudero, Director General de Cinematografía y Teatro desde 1962, con medidas que recogían algunas de las aspiraciones de la profesión debatidas en las conversaciones de Salamanca (1955), y la intención de sustituir las viejas estructuras del cine “de régimen”, apostando por un cine de autor, por una nueva generación de cineastas salidos de la Escuela Oficial de Cinematografía según el modelo francés de la Nouvelle Vague, el control de la censura seguía existiendo en todo su esplendor. En 1963 se elaboran las Normas de Censura Cinematográfica que si bien su objetivo es acabar con la arbitrariedad de las juntas de censura, como código, pretendía el control político, moral y religioso.

    La tía Tula sufrió ocho cortes de la censura y como reconoce Miguel Picazo “todos son esenciales, y por desgracia irrecuperables porque se destruyó el negativo…” Se cortaron escenas completas de hasta seis minutos provocando unas airadas declaraciones en las que Picazo afirmaba  que habían dejado la película en un “trailer”. Lo cual sin duda se contradice, marca del régimen franquista, con el hecho de conservar la calificación de Interés Especial concedida en el guión si bien se frenó su asistencia a festivales. Lo que no evitó fue que con una puesta en escena moderna y una gran dirección de actores, La tía Tula se convirtiera en punta de lanza de esta generación de cineastas, conocida como Nuevo Cine Español, que golpeó incesantemente el férreo escudo de una sociedad hermética hasta encontrar rendijas por las que dejar escapar la frustración que provoca la ausencia de libertad en toda formación intelectual y de la que Miguel Picazo es sin duda destacado representante.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRÁFIA:

 

-VV.AA. Historia del cine español. Madrid. Cátedra, 1995

-Iznaola, Enrique (coord). Miguel Picazo un cineasta jienense. Jaén. Diputación Provincial de Jaén. 2004

-Picazo Dios, Miguel; López Yubero, Manuel, et al. La tía Tula. Guión cinematográfico. Jaén. Diputación Provincial de Jaén. 2005

Rubén Zamora, 2010.

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