‘Politica cientifica’

36) Involución.

Foto del acto de reconocimiento del trabajo la Dra. Frances Oldham Kelsey por parte del presidente John F. Kennedy. https://es.wikipedia.org/wiki/Frances_Oldham_Kelsey#/media/File:Frances_Oldham_Kelsey_and_John_F._Kennedy.jpg

Tenemos aún recientes un par de decisiones sociopolíticas, el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea y las elecciones presidenciales en EE. UU., que a muchos nos parecen contradictorias con el progreso de la sociedad. Aún no sabemos sus consecuencias reales, pero sí sabemos que han sido tomadas por cauces democráticos; eso sí, con campañas basadas en deficiente información y poco respeto a la verdad, así como apelación al miedo.

Un excelente artículo del Dr. José Ramón Alonso sobre la Dra. Frances Oldham Kelsey, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, ha puesto, al menos para mí, nombre y cara a un avance trascendental en el campo de la salud. Avance que, a día de hoy, está en entredicho por directivas legales de la Unión Europea.

El trabajo de la Dra. Kelsey llevó al establecimiento en 1962 de las bases del sistema actual de ensayos clínicos para la aprobación de nuevos medicamentos. La aprobación de un nuevo medicamento requiere, al menos, tres fases de ensayos con personas, además de estudios previos con experimentación animal; y, cada vez más, se exige una cuarta fase de seguimiento tras su comercialización. El propósito de estos estudios, largos y costosos, es evitar tragedias como la de la talidomida y demostrar la seguridad y la eficacia de los medicamentos.

Por ello, es preocupante que directivas de la Unión Europea otorguen el calificativo de medicamento a productos homeopáticos a los que eximen de los ensayos clínicos. Además, en otras directivas, se regula la experimentación animal con el fin último del total reemplazo de los animales. Todo ello nos hace retroceder a los tiempos previos a la Dra. Kelsey.

Es este un tema menos mediático que los dos que he nombrado al comienzo de la entrada, pero que comparte sus mismas características. Una autentica involución en el campo de la salud, de consecuencias aún imprevisibles. Por cierto, parece que la nueva administración de los EE. UU. querría eliminar, para los nuevos medicamentos, el requisito de que “la eficacia debe ser establecida antes de su comercialización”, introducido en 1962.

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35) La ceguera no mata, pero…

El evento “2017. Año de la Retina en España” ha sido considerado por el Gobierno de España como de “excepcional interés público”. http://www.fundacionretinaplus.es/index.php/actualidad/46-2017-ano-de-la-retina-en-espana

causa un gran sufrimiento personal, familiar y social. Y, además, tiene un gran coste económico para la sociedad.

Ahora vuelvo a ello, pero déjame primero colocar la entrada de hoy en un marco más general. En una clase de máster, hace un par de meses, pregunté a los alumnos si pensaban que, a día de hoy, son más numerosas las enfermedades tratables que las incurables. Piensa tú mismo en la respuesta antes de seguir leyendo.

La reacción de los alumnos fue clara: no era un tema en el que hubieran pensado, y eso que todos ellos eran del ámbito biomédico. Yo no estoy seguro de la respuesta. Lo he meditado, pero no me he documentado en profundidad. Tiendo a pensar que hay más enfermedades incurables, más aún cuando muchos tratamientos son paliativos y no curativos. Pero, en cualquier caso, aún hay demasiadas enfermedades incurables, por lo que la investigación en nuevas terapias debiera ser una clara prioridad social. Sin embargo, me temo que no es un asunto que aparezca entre las preocupaciones sociales. Por no aparecer, no debe incluso ni aparecer entre las preguntas de las encuestas que periódicamente se hacen.

Sin ánimo de menospreciar cualquier otra causa de sufrimiento humano, déjame que te dé algunos datos sobre las enfermedades que evolucionan hacia la ceguera. Mutaciones en más de 250 genes (se estima que pueden llegar a 400) causan pérdida progresiva de la visión en las distrofias hereditarias de la retina. Todas ellas son enfermedades raras, pero en España se calcula que aquejan a más de 15 000 personas. Mucho más prevalente es el glaucoma, que en España podría llegar a afectar a 500 000 personas, la retinopatía diabética, que es un serio riesgo para la mayoría de los más de 5 000 000 de diabéticos de nuestro país, o la degeneración macular asociada a la edad, que aumenta su prevalencia según envejecemos. No todas ellas acaban en ceguera total, pero afectan profundamente a la calidad de vida. ¿Tenías idea de estos números?

Y sigo con otros aspectos también muy preocupantes. La componente neurodegenerativa de cualquiera de las enfermedades arriba citadas no tiene cura en la actualidad. El sistema sanitario británico ha calculado que un afectado por una distrofia hereditaria de la retina ocasiona a lo largo de su vida unos costes sociosanitarios superiores al millón de euros, y que la pérdida de visión es responsable del 21,5 % de los años de vida con discapacidad de la población en general.

Por todo ello, es muy pertinente que este año haya sido declarado Año de la Retina en España. Su objetivo, “no más ceguera evitable”. Yo también pediría que sirviera para concienciar a la sociedad y los poderes públicos de que aún es necesaria mucha más investigación para poder tratar aquellas causas de ceguera incurables a día de hoy.

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34) Sudar la camiseta.

¡A sudar la camiseta por un futuro con ciencia y una ciencia con futuro! (Imagen original: Momento de la salida de la XXXIII Carrera Internacional de la Ciencia organizada por el CSIC, con un recorrido de 10 Km. EFE/Juanjo Martín).

Muchas veces utilizamos comparaciones deportivas para hablar de ciencia. Por ejemplo, hace ya algunos años, en una de esas escasas protestas públicas que organizamos los científicos, se acuñó el lema “Fútbol de primera, ciencia de tercera”. O de vez en cuando sale un artículo que constata que el presupuesto anual de varios clubes de futbol (¡de cada uno de ellos por separado!) es mayor que el asignado a los proyectos de investigación del Plan Estatal de I + D + I. Pero hoy no quiero emplear esas comparaciones para quejarme, sino de sugerir cómo ganar relevancia para la ciencia española. Voy a utilizar un símil deportivo, del baloncesto en concreto, que dice: “El ataque gana partidos, pero la defensa gana campeonatos”.

¿Qué podemos hacer para mejorar la situación de la ciencia española? Ciertamente la excelencia es deseable en la investigación, como en cualquier otro ámbito de la vida, y ocasionalmente permite una gran publicación: ¡Bienvenida sea! Pero para que la ciencia en España alcance la relevancia social y el impacto socioeconómico que tiene en otros países de nuestro entorno son necesarias otras muchas cosas. Hay que despertar en los escolares el gusto por las materias científicas. Hay que motivar a los jóvenes para que estudien y desarrollen una carrera investigadora. Hay que formar a esos jóvenes investigadores, inculcándoles espíritu crítico y rigor científico. Y hay que desarrollar la responsabilidad social del científico. Debemos explicar a la sociedad el trabajo que realizamos en los laboratorios y aumentar la cultura científica. Debemos promover la transferencia del conocimiento generado por nosotros para dar solución a problemas de las personas y de la sociedad, y para generar riqueza. Así que, si queremos una ciencia de campeonato, no queda más remedio que bajar a defender y sudar la camiseta.

Este texto está basado en la presentación que hice en la 19ª edición de la entrega de las Placas de Honor de la Asociación Española de Científicos.

 

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33) ¿Pero qué están haciendo tan mal las farmacéuticas?

Evolución de la Tasa de Mortalidad de niños menores de 5 años en España.

Evolución de la Esperanza de Vida al Nacer en España.

Es muy difícil asignar el impacto preciso que la investigación farmacéutica ha tenido en nuestra salud. He acompañado esta entrada de dos gráficas que nos ilustran sobre lo que estamos hablando. A principios del siglo xx en España moría un niño de cada 6 antes de cumplir cinco años. A finales de siglo dicha tasa se había reducido a un niño de cada 250. Igualmente, relacionado, pero no solo, con lo anterior, la esperanza de vida al nacimiento aumentó en España más de 40 años durante el siglo xx.

Obviamente higiene, nutrición, sistema sanitario, etc. han tenido mucho que ver en dicho progreso. Pero también la aparición de los antibióticos, las vacunas y otros muchos medicamentos. Y, adicionalmente, el establecimiento de la industria farmacéutica, que aceleró el acceso a las medicinas existentes y el descubrimiento de muchas nuevas.

Por todo ello, resulta chocante el que la industria farmacéutica frecuentemente aparezca como la “mala de la película”; literalmente, ya que hay varias películas, novelas y artículos que nos muestran sus maquinaciones para enriquecerse a costa de la salud de todos nosotros. Incluso en los ambientes científicos, las reticencias a trabajar en el desarrollo de medicamentos vienen a veces acompañadas por críticas a los usos de la industria.

Es cierto que en algunos casos se han ganado el papel. “No podemos olvidar que la Medicina es para las personas. No es para las ganancias. No se debe de perder de vista esa premisa”. Esta frase no es de un crítico, sino de George W. Merck, ni más ni menos que el fundador de la empresa farmacéutica Merck. Y no hacen ningún honor a ella cuando fuerzan el sistema de patentes para optimizar las ganancias. O cuando relegan el desarrollo de medicamentos curativos frente a los paliativos, como denunció el premio Nobel Sir Richard J. Roberts, o el de medicamentos para enfermedades “con poco mercado”. Es normal que así no se ganen la simpatía social.

Pero resulta no solo extraño, sino muy preocupante, la creciente respuesta social a dicho desprestigio. Por una parte, el auge creciente de las pseudoterapias, con marchamo incluso del Parlamento y la Comisión Europeos. Las pseudoterapias no solo buscan las ganancias, sino que además no curan de nada. Y por otra parte, la dejación creciente de la inversión pública en el campo de la sanidad y el desarrollo farmacéutico. Una implicación más activa sería un valioso contrapeso de la deriva ultraliberal de las empresas que, cada vez más, controlan nuestra salud.

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31) Imperativos éticos (I).

La primera de mis “R”: Utilizamos un ratón modelo de ceguera que reproduce la enfermedad humana. La ceguera resulta como consecuencia de la alteración de las interacciones moleculares y celulares que ocurren en la retina completa, así como entre la retina y el resto de los tejidos del ojo. La mayoría de dichas interacciones no pueden reproducirse mediante cultivos celulares. Asimismo, la determinación del efecto de los tratamientos experimentales requiere la evaluación de la función visual de los ratones.

Hay que reconocer que el tópico “Torre de marfil” sí refleja algunas características del común de los investigadores. Yo mismo, por ejemplo, me siento mucho más cómodo enfrentado a complejos problemas biológicos que lidiando con el papeleo necesario para justificar mi trabajo, mis gastos, mis viajes, mis charlas, mis clases, etc. Eso no quiere decir que no considere esencial el rigor y la honradez profesional, o el rendir cuentas a la sociedad que nos financia.

Pero no es la burocracia lo que más me incomoda, y eso que me incomoda muchísimo. Al bajar de mi torre de marfil lo que me impactó hasta dolerme fueron las actitudes pseudocientíficas y anticientíficas de parte de la sociedad. ¡Cómo en determinados ambientes se podía repudiar el trabajo de investigación! Voy a dedicar las próximas entradas a explicártelo. Y también por qué he acabado considerando un imperativo ético el contrarrestar dichas actitudes.

La experimentación animal está en el punto de mira de varias organizaciones sociales y de muchas personas. De hecho, una iniciativa ciudadana en la Unión Europea recogió casi 2 millones de firmas para abolirla. El trabajo con animales de laboratorio está regulado estrictamente en toda la Unión Europea por una Directiva Comunitaria, traspuesta a la legislación española en el Real Decreto 53/2013. En dicho decreto se reconoce sin ningún empacho su intención: “Se marca como objetivo último el total remplazo de los animales de experimentación”.

Déjame explicarte primero la normativa. Cualquier proyecto que implique el uso de animales requiere la elaboración de una memoria justificativa donde se explique la necesidad del mismo, los beneficios previsibles y las tres “R”: la inexistencia de métodos de Reemplazo, la Reducción del número de animales a emplear al mínimo posible y el Refinamiento de los métodos para reducir el posible sufrimiento animal. Dicha memoria debe de ser evaluada positivamente por tres comités para obtener la autorización para el empleo de animales. Este procedimiento, como es usual en España, ha sido implantado a coste cero para el Estado. Ni se recibe ayuda para pagar los cursos de formación necesarios para capacitar a los investigadores, ni se tiene en cuenta el tiempo y la carga de trabajo adicional que todo el proceso conlleva. Sirva de contraejemplo mi experiencia en una estancia que realicé en la Universidad McGill de Montreal, Canadá. En ese país los requerimientos para la experimentación animal son posiblemente más estrictos que aquí. Pero el laboratorio en el que estuve, en el que trabajaban unas 7-8 personas, tenía a una persona dedicada a la elaboración de las memorias, la gestión de los animales, la formación de los investigadores en las tres “R”, etc.

La postura cómoda sería resignarse a eliminar de nuestras investigaciones la experimentación animal. Pero eso conllevaría el abandonar la búsqueda y el desarrollo de tratamientos para miles de enfermedades que a día de hoy son incurables. Tal como explico en la leyenda de la figura acompañante, el empleo de animales es imprescindible para comprender la enfermedad y para evaluar la toxicidad y la eficacia de un posible tratamiento. ¿Es o no es un imperativo ético el oponerse a la abolición de la experimentación animal?

 

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24) ¡Qué innoven ellos! (III)

Cientos, posiblemente miles de jóvenes científicos están contribuyendo al avance social y económico de otros países (Foto original de AACTE).

 

El viernes pasado (27-nov-2015) se presentó a los partidos políticos el documento que ha elaborado la Confederación de Sociedades Científicas Españolas (COSCE) de sugerencias de política científica. Lo puedes encontrar en http://decides.cosce.org/. Su intención, “aportar elementos para que [la ciencia] contribuya eficazmente a desarrollar una verdadera sociedad próspera, competitiva y con altos índices de calidad de vida, fundada en el conocimiento”.

Ante la buena acogida general por parte de los representantes de los partidos, uno de los científicos asistentes comentó que no entendía por qué los partidos que han tenido responsabilidad de gobierno no habían aplicado ya varias de esas medidas; eso sí, ante la postura allí manifestada, ahora estaba seguro que en muy pocos meses la ciencia sería tratada con la prioridad que merece por su papel en el avance de la sociedad.

Seguro que tú también percibes el tono irónico, aunque no estuvieras presente en el acto. Y es que, por desgracia, las prioridades políticas no incluyen la I + D + i. Otra vez aflora el título de esta entrada en el pensar mayoritario de nuestros gestores y dirigentes. La prueba, que mientras que los países que han capeado mejor el temporal de la crisis financiera han mantenido o aumentado su inversión, el nuestro ha reducido lo que considera un gasto. El gasto público anual en I + D + i se ha reducido durante la crisis en unos 1.600 millones de euros. De hecho, en lo que llega a los laboratorios como el nuestro, la cantidad está concentrada y aumentada, siendo de 2.000 millones de euros el recorte anual.

Déjame que te ponga un ejemplo más a nivel del día a día. Cuando me preguntan sobre las consecuencias de los recortes, suelo contar la más dramática. De nuestros 10 últimos doctorandos, 6 siguen fuera de España. Yo calculo que con que uno de ellos no vuelva a España, el ahorro conseguido con los recortes que han aplicado a nuestro laboratorio durante estos años se esfumaría, si se considera lo invertido, y perdido por su exilio, en su formación universitaria y doctoral. Y me temo que más de dos y de tres se van a quedar largo tiempo fuera de España. Como decía el Prof. Carlos Andradas, anterior presidente de la COSCE, “Que nuestros investigadores se vean forzados a buscar su futuro fuera no es una desgracia para ellos; lo es para nuestro país”. Muy mala política la que lleva a que innovemos nosotros, pero fuera de España.

 

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