‘Emprendimiento’

34) Sudar la camiseta.

¡A sudar la camiseta por un futuro con ciencia y una ciencia con futuro! (Imagen original: Momento de la salida de la XXXIII Carrera Internacional de la Ciencia organizada por el CSIC, con un recorrido de 10 Km. EFE/Juanjo Martín).

Muchas veces utilizamos comparaciones deportivas para hablar de ciencia. Por ejemplo, hace ya algunos años, en una de esas escasas protestas públicas que organizamos los científicos, se acuñó el lema “Fútbol de primera, ciencia de tercera”. O de vez en cuando sale un artículo que constata que el presupuesto anual de varios clubes de futbol (¡de cada uno de ellos por separado!) es mayor que el asignado a los proyectos de investigación del Plan Estatal de I + D + I. Pero hoy no quiero emplear esas comparaciones para quejarme, sino de sugerir cómo ganar relevancia para la ciencia española. Voy a utilizar un símil deportivo, del baloncesto en concreto, que dice: “El ataque gana partidos, pero la defensa gana campeonatos”.

¿Qué podemos hacer para mejorar la situación de la ciencia española? Ciertamente la excelencia es deseable en la investigación, como en cualquier otro ámbito de la vida, y ocasionalmente permite una gran publicación: ¡Bienvenida sea! Pero para que la ciencia en España alcance la relevancia social y el impacto socioeconómico que tiene en otros países de nuestro entorno son necesarias otras muchas cosas. Hay que despertar en los escolares el gusto por las materias científicas. Hay que motivar a los jóvenes para que estudien y desarrollen una carrera investigadora. Hay que formar a esos jóvenes investigadores, inculcándoles espíritu crítico y rigor científico. Y hay que desarrollar la responsabilidad social del científico. Debemos explicar a la sociedad el trabajo que realizamos en los laboratorios y aumentar la cultura científica. Debemos promover la transferencia del conocimiento generado por nosotros para dar solución a problemas de las personas y de la sociedad, y para generar riqueza. Así que, si queremos una ciencia de campeonato, no queda más remedio que bajar a defender y sudar la camiseta.

Este texto está basado en la presentación que hice en la 19ª edición de la entrega de las Placas de Honor de la Asociación Española de Científicos.

 

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23) La oscuridad.

Hay pocas luces en la innovación en España.

Nuestro colaborador de hoy, José María Sánchez Puelles.

 

Ya te he comentado anteriormente que la empresa sobre la que te estoy contando no habría sido posible sin la ayuda de muchas personas. Y he querido dar cabida en el blog a varias de ellas, aunque la mayoría “no se han dejado liar para escribir una entrada”. A quien hoy escribe, José María Sánchez-Puelles, ya te lo había presentado en “Sobre mí”. No ha participado formalmente en la S. L. que fundamos, pero ha hecho algo mucho más importante: moldear mi espíritu emprendedor e innovador. ¡Seguro que lo notáis al leer su texto! Te dejo con sus palabras.

Posiblemente la mayor hazaña del siglo XX haya sido el descubrimiento, desarrollo y comercialización de los antibióticos, que han salvado millones de vidas. Además, dicho proceso dio origen al nacimiento de las empresas farmacéuticas, paradigmas de la I+D+i, del beneficio empresarial y social. Seguro que la mayoría aceptamos que aquellos países con mayor inversión, sostenida y creciente, en I+D+i, son los que ofrecen una mejor calidad de vida a sus ciudadanos. Más aún, aquellos países con las empresas más competitivas en I+D+i son los que, ¡qué casualidad!, mejor han aguantado estos tiempos convulsos de crisis económica. Pues entonces, ¿por qué no invertimos de forma competitiva en ciencia en España? Sencillo, nuestros gestores tienen la cultura del llamado africanismo de Miguel de Unamuno, aquel del “¡Qué inventen ellos!”, o del menos conocido de “la luz alumbra igual aquí que donde se inventó”.

En el caso de la investigación farmacéutica, es cierto que, por ejemplo, la amoxicilina cura por igual en nuestro país que donde se inventó. Sin embargo, el beneficio económico resultante de la inversión en fármacos proviene de la compra anual, por parte de los Estados, de millones de unidades de antibióticos, antitumorales, antiinflamatorios, vacunas, etc. Y de este pastel, la mayor parte se lo están llevando los países donde se inventaron. La investigación farmacéutica, como cualquier otra, ilustra el error de hacer políticas que favorecen a tu competidor. ¿Cuántos medicamentos se han descubierto y desarrollado desde nuestro país? ¿Cuánto ingresa España por los royalties de otros países en el sector farmacéutico? Se lo dejo a la curiosidad del lector, para su búsqueda en la Wikipedia o en otra fuente, y así pospongo un rato su frustración. Que España no sea competitiva en el mercado internacional farmacéutico se debe al reiterado africanismo de nuestros políticos durante décadas. Contentos con la luz que les alumbra, nos mantienen pagando la oscuridad que supone la dependencia tecnológica.

No es inusual oír a nuestros gestores de la ciencia manifestándose partidarios a ultranza del fomento de la innovación en el sector privado, como si esto sirviera para justificar sus recortes en la investigación pública. Al mismo tiempo, silencian que el gasto público ha seguido aumentando en estos años de crisis (pero, desde luego, no en los presupuestos de ciencia). Para relacionar los conceptos de ciencia básica e innovación, nada mejor que la frase del premio nobel J. I. Friedman: “La innovación es la llave del futuro, pero la ciencia básica es la llave de la futura innovación”. La trayectoria en ciencia básica de los últimos treinta años debería cumplir unas expectativas realistas de transferencia al sector productivo que, es verdad, no se están cumpliendo. El debate de la inversión en I+D+i debe conducirse con bases integradoras y no excluyentes, que ponen un signo negativo a la I (–I+D+i).

La competitividad internacional se basa en generar sociedades del conocimiento y fomentar la explotación de sus resultados. No puede seguir sucediendo que la luz que hoy nos alumbra sirva para potenciar la innovación en otros países. Así seguiremos en la oscuridad.

 

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21) ¡Qué innoven ellos! (I)

¿Lograremos algún día conjugar en España lo mejor de los dos mundos?

He tomado prestada, en versión adaptada, la tópica frase de Unamuno para el título de las tres próximas entradas. Mi experiencia durante estos años de aventura empresarial es clara: sigue definiendo perfectamente la idiosincrasia española con respecto a la ciencia y su transferencia. Y, lo más descorazonador, es que me he encontrado una actitud acorde con dicha frase, en un rango que va del desinterés al desprecio, tanto en el mundo académico, como en el económico, como en el de gestión administrativa. Creo que ahí reside buena parte del problema de la modernización de la economía española. Y no pienses que esto es un asunto meramente teórico; afecta directamente a tu futuro laboral y profesional. La estructura de nuestra economía, basada en sectores de baja productividad, poco tecnológicos, con poca capacidad de innovación y de escaso valor añadido, ha determinado la profundidad de la actual crisis.

En julio de 2007 fundamos ProRetina Therapeutics, S.L., con la misión de desarrollar terapias para la ceguera. Y durante unos dos años, que habían empezado ya unos meses antes, tuve que cambiar con cierta frecuencia la bata de laboratorio por el traje y la corbata. Teníamos que lograr financiación para el proyecto. Las ayudas públicas eran importantes pero, en general, requerían financiación privada previa, lo que considero que es un requisito acertado. Pero no fue, ni es, tarea fácil lograr inversores. Los fondos de capital-semilla y capital-riesgo dedicados a la biotecnología son escasos en España. En nuestro país era mucho más lucrativo especular; y, puestos a invertir, buscar proyectos de menor riesgo, como puede ser la prestación de servicios o el campo de las tecnologías de la información y la computación, donde los plazos de desarrollo son mucho menores.

Aunque desde ciertos ambientes económicos se desprecie la actividad científica, y se critique, con cierta razón, que no haya ninguna Universidad española entre las mejores del mundo, la triste realidad es que tampoco hay ninguna empresa española entre las más innovadoras del mundo. Posiblemente son signos de un problema común de cultura emprendedora.

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20) Con pies de barro.

¿Son o no son de barro los pies sobre los que se sustenta la biotecnología en España?

No he empleado la expresión completa, “Gigante con pies de barro”, pues resulta presuntuoso calificar de gigante al sector biotecnológico español. Pero no lo estábamos haciendo del todo mal. En su informe de 2011, la OCDE constata que España había alcanzado un excelente 3.er puesto en cuanto al número de empresas y el 7.º en cuanto a la inversión, siendo este último dato el más comentado en las declaraciones de empresarios y políticos. Y siendo en sí enormemente meritorio, ya refleja un primer problema de las empresas de base tecnológica en España: su limitada financiación. Y eso a pesar del aporte de fondos por parte del sector público, aspecto en el que sí se repetía el 3.er puesto.

Pero en el informe de la OCDE hay otros datos indicativos de las contradicciones a las que hice referencia en una entrada anterior. España baja al puesto 16 cuando se considera la inversión en relación al valor agregado industrial, lo que, me temo, da una idea de la confianza de las propias empresas en este tipo de actividades. Y, cómo no, en patentes también estamos muy por debajo, en el puesto 13.º. Dicho de otra forma y en comparación con Alemania, como ya hice anteriormente, España tiene aproximadamente cuatro veces más empresas biotecnológicas por habitante que Alemania. Sin embargo, la financiación media de cada empresa es la cuarta parte de las alemanas. Peor aún, la generación de patentes biotecnológicas, que son esenciales para su actividad, en España es la octava parte por empresa que en Alemania.

El Estado ha invertido mucho dinero para hacer crecer al sector tecnológico en general. Sin embargo, el crecimiento no se ha hecho de una manera equilibrada, sobre una base sólida de inversión y propiedad industrial. Se han descuidado los cambios normativos y culturales, que son los que realmente cambian la actitud y la aptitud de las personas. Es necesario cambiar la percepción y la formación de economistas y empresarios respecto a las inversiones en I + D + i, así como la de los investigadores y gestores. Es esencial para facilitar la transferencia del conocimiento desde donde se genera hacia donde se puede utilizar para desarrollar bienes y servicios. ¡Meter dinero era lo fácil en tiempos de abundancia!

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12) Cambios.

“Algunos, no es que no vean la solución, es que no ven el problema” G.K. Chesterton (1876 – 1934). ¿No te parece una explicación de plena actualidad?

Seguro que recuerdas que comencé este blog declarando que fundé una empresa porque creo en la investigación básica. Prometí explicártelo. He intentado que mis razones fueran apareciendo poco a poco en cada una de las entradas. Además, pensaba darte una explicación al final. Pero he cambiado de idea. ¿Por qué? Porque los recortes presupuestarios y la emigración de jóvenes investigadores y de jefes de grupo ponen en peligro no solo el futuro de la investigación española, sino que también pueden privarnos de la herramienta más eficaz para el cambio de modelo productivo. Porque si no cambiamos de modelo estamos abocados a que futuras crisis vuelvan a ser tan devastadoras como la actual. Así que creo que es el momento de adelantarte mi explicación.

Me puedo equivocar. ¡Ojalá me equivoque! Pero estoy convencido de que una parte muy importante de los poderes políticos, incluidos los de nuevo cuño, y económicos de este país no creen en la ciencia básica. Nunca han creído y aprovechan la crisis para reducirla en todo lo posible (como otros beneficios del estado del bienestar, dicho sea de paso).

Seguro que te puedes imaginar cómo nos sientan a los investigadores las noticias de los recortes. Y reaccionamos escribiendo artículos de opinión al respecto en revistas nacionales e internacionales y sesudos documentos de análisis. Pero, ¿llegaremos así a la gente? ¿Se interesará la sociedad por nuestros problemas, inmersos como estamos en esta crisis? Es más, ¿se interesaba realmente, en periodos previos de bonanza, por la generación de conocimiento necesaria para desarrollar nuevos medicamentos, nuevos dispositivos tecnológicos, nuevos procesos industriales…? ¡Quizás el cambio de modelo económico requiera también un cambio de modelo cultural!

Pero no son esas mis únicas dudas. También me pregunto si los científicos hemos tenido suficiente consideración con la sociedad a la que pertenecemos y que nos financia. Y no me refiero a la sociedad en abstracto, sino a personas; a personas como los propios científicos que tienen problemas para los que los investigadores podemos y tenemos que aportar soluciones.

Te he ido contando, y seguiré haciéndolo, cómo desarrollando una investigación básica me encontré con la oportunidad de participar yo mismo en el desarrollo de un tratamiento para una enfermedad incurable. ¿De qué manera se demuestra mejor la necesidad y la importancia de la investigación básica? ¿Argumentando con los que nos menosprecian o creando una empresa basada en nuestras investigaciones básicas? Creo que hay que hacer las dos cosas y, además, contarlo a la sociedad.

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11) La montaña rusa (por Flora de Pablo).

Montaña rusa. Frecuentemente nos hemos sentido así durante nuestra aventura emprendedora.

Como ya te he comentado en una entrada previa, el camino que lleva de nuestras investigaciones básicas al desarrollo de un posible tratamiento aplicable en clínica se ha hecho con la contribución de muchas personas. Y creo que darles entrada para que expliquen sus percepciones y sus motivaciones puede ayudar a que tengas una perspectiva más amplia. Así que hoy te dejo con Flora de Pablo. 

Flora de Pablo y Enrique J. de la Rosa durante la recogida de un premio de Retina Navarra a su empresa.

Hoy soy una invitada a este blog. Ya te han contado que hace muchos años, tras terminar mi Tesis doctoral y el MIR, hice las maletas y aterricé en Bethesda, en EE.UU. Quería aprender a investigar de verdad allí, en los Institutos Nacionales de la Salud, donde se hacían las terapias experimentales más novedosas. Entonces no sabía lo que significaba la investigación traslacional, aunque sí entendía que la investigación podía beneficiar a la práctica clínica.

En España, es muy infrecuente que los investigadores en biomedicina hagan el camino de “la bancada del laboratorio a la cama del paciente” (from bench to bed de los anglosajones), salvo alguna excepción fruto de casualidades individuales o de la insistencia de los gestores de política científica. En mi caso, hice el camino inverso: de médico asistencial especialmente interesada en mejorar el tratamiento de mujeres diabéticas embarazadas, para que tuvieran un bebé sano, a estudiar los orígenes de la insulina como hormona, más allá de la generada por el páncreas de vertebrados.

Más de 25 años después, ya en el Centro de Investigaciones Biológicas y trabajando con embriones de pollo y de ratón, Enrique J. de la Rosa me empujó a hacer la vuelta completa del camino. Inicialmente me pareció difícil volver a pensar en la insulina (y en su molécula precursora, la proinsulina) como una herramienta terapéutica. Pero acepté el reto de explorar si la proinsulina podía retrasar la muerte de los fotorreceptores de la retina, y me subí con él a lo que ha sido un pequeño viaje en la “montaña rusa” de la transferencia: pasar de una observación básica al posible desarrollo de un fármaco.

El viaje, ya de varios años, ha tenido subidas empinadas, muy estimulantes, como obtener nuestra primera patente o fundar la pequeña empresa que nos permitiría avanzar en ese desarrollo aplicado. Ha tenido fuertes bajadas, también, cuando el escepticismo del entorno o las dificultades para obtener el dinero necesario para continuar investigando nos han hecho pensar: ¡nos daremos la torta! ¿Tendremos un suave aterrizaje a pesar de todo? ¿Lograremos un tratamiento para la retinosis pigmentaria? Aún no lo sabemos.

Puedo contar, sin embargo, algunas ventajas de haber subido a la montaña rusa. Ha sido hasta ahora un viaje en grata compañía. No creo que en el entorno académico pueda lanzarse nadie a emprender de forma individual. Me ha permitido ver “más allá” un paisaje que no habría vislumbrado si me hubiera quedado tranquilamente sentada en el laboratorio.

¿Desventajas? ¡También! Alguna publicación científica menos habré producido, al estar ocupada con un tema tan nuevo para mí. Y he pasado algún rato con un “agujero en el estómago” ¡al darme cuenta de que no llevo el control de la máquina!

 

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9) Pero, ¿qué es emprender?

Emprender para hacer crecer tus ideas y tus descubrimientos.

En mis entradas previas he intentado ilustrarte sobre el enorme potencial que la investigación básica tiene para generar futuras aplicaciones. Pero es necesario recorrer un camino para llevar el conocimiento a la práctica. Uno de ellos, el que yo elegí y te estoy contando, pasa por la creación de una empresa de base tecnológica; es decir, me metí a emprendedor.

Emprender es uno de esos conceptos, como también investigación aplicada, transferencia del conocimiento, etc., que han ido apareciendo en los documentos de política científica. Y los que veníamos de la investigación básica, al menos yo, ni les prestábamos suficiente atención ni teníamos muy claro lo que significaban. Tanta reiteración de la necesidad de ciencia aplicada solo me había creado una vaga idea de que los investigadores básicos, más aún si somos funcionarios, debíamos de ser cualquier cosa menos emprendedores.

¡Pero no podía hacerme emprendedor sin saber lo que eso podía representar! Los diccionarios dan una cierta idea de “dificultad”, pero poco más.  Emprender 1. tr. Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro. Emprendedor 1. adj. Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas. Así que, como ya te comenté, cuando empecé a darle vueltas a crear una empresa, me leí El libro negro del emprendedor.

Y me llevé una gran sorpresa. Según Fernando Trías de Bes, el autor, “emprender es una mirada genuina sobre una idea cualquiera”. No sé si fui objetivo, pero la definición me pareció en completa sintonía con la frase con la que inicié una entrada previa en este blog: “Investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado”. ¿Emprender = Investigar? La verdad, no creo que mi interpretación fuera sesgada. La idea se repite en el libro: “El verdadero emprendedor es aquel a quien lo incierto procura un especial placer”. De nuevo, a mí me parece que transluce el mismo sentimiento que una frase de Judah Folkman que tengo colgada en mi despacho: “Most research is failure. You work for years and years, and then every once in a while there is a tremendous finding, and you realize for the first time in your life that you know something that nobody else in history has ever known.”

Así que, si los investigadores llevamos dentro un emprendedor, ¿qué es lo que habría que hacer para sacarlo a la luz?

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