17) Momentos únicos.

Células apoptóticas de la retina de embrión de pollo. Las “células raras, como rotas” tienen el núcleo fragmentado en pequeñas bolitas. Esta serendipia inspiró un nuevo proyecto de investigación básica y, más adelante, la búsqueda de un tratamiento para cegueras hereditarias.

 

En una entrada anterior te comenté que hay una frase Judah Folkman que evoca perfectamente mi experiencia como investigador: “Most research is failure. You work for years and years, and then every once in a while there is a tremendous finding, and you realize for the first time in your life that you know something that nobody else in history has ever known.” Recuerdo nítidamente dos momentos así en mi carrera investigadora. Déjame contártelos.

El primero ocurrió durante la realización de tesis doctoral de Begoña Díaz quien, por cierto, está trabajando en la Universidad de Berkeley para mayor gloria de la ciencia estadounidense. Vino a pedirme que mirara con ella al microscopio unas “células muy raras, como rotas”, de una retina de embrión de pollo. Iba a tirar la preparación, porque algo debía de haber ido mal. Pero antes quería saber si yo podía deducir el fallo, para evitar volverlo a cometer en el futuro. Pero nada había ido mal. Lo que se podía ver eran células apoptóticas en una fase del desarrollo de la retina en la que no se había descrito que tuviera lugar un proceso de muerte celular programada. Y esa observación, que no buscábamos con nuestro experimento, fue el origen de nuestros estudios sobre muerte celular programada en el desarrollo temprano de la retina.

El segundo momento sí era algo que íbamos buscando. Pero no por ello fue menos emocionante. Lo hizo posible, entre otros colegas, Silvia Corrochano, quien perseveró en su proyecto de tesis a pesar de ser la única persona del grupo trabajando en neurodegeneración. Silvia, por cierto, está trabajando en la Universidad de Oxford. Ese segundo momento único fue el día en que logramos tener la prueba de que la proinsulina era capaz de retrasar la ceguera en los ratones afectados de Retinosis pigmentaria.

¡Ojalá el tercer momento único sea la demostración de que la proinsulina también puede retrasar la ceguera en humanos! ¡Lo estamos persiguiendo con todas nuestras fuerzas desde aquel mismísimo día en el que la proinsulina curó a un ratón!

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