29) Fraude científico.

¡No todas nuestras ideas pueden ser geniales!

Llevo años reivindicando la participación de los investigadores académicos en la transferencia del conocimiento. De hecho, ese es uno de los propósitos de este blog. Por eso me causa mucha desazón cuando veo que, basándose en unos resultados científicos buenos, o incluso excelentes, transferidos a una empresa, dicha empresa está intentando vender algún producto, servicio, etc., que no sirve para nada. No resuelve ninguna necesidad sino que, más bien, pretende crearla. Y algunas veces los investigadores se implican directamente en dicho engaño. ¿Por qué ante un “resultado negativo” desde el punto de vista de la transferencia, un investigador puede verse impulsado a seguir intentando venderlo?

Buscando dar respuesta a dicha pregunta, me recomendaron un libro: “El Negocio de la Biotecnología (vender el humo para comprar chimeneas)”. Y tengo que reconocer que yo no logré enterarme de si tanto el título como el planteamiento del libro eran serios, irónicos o descarados. Lo dejo dicho por si te apetece documentarte y tienes más suerte que yo. Así que seguí dándole vueltas al asunto.

Es verdad que cuando uno tiene una buena idea, lo que llamamos hipótesis de trabajo, le apetece que sea verdad. Pero en ciencia “las verdades se demuestran con evidencias”. Es más, el método científico exige que las hipótesis sean falsables (refutables). Es decir, debemos diseñar experimentos en los que los resultados puedan ser contrarios a nuestra hipótesis. Por desgracia, hay individuos (me niego a considerarlos colegas) que manipulan los resultados para así “demostrar” sus ideas. La presión por publicar, el conseguir proyectos o la estabilidad profesional se mencionan frecuentemente como causas de dicho fraude. ¿Y de qué naturaleza pueden ser las causas que llevan a intentar vender algo que no sirve para nada? A las personales y profesionales que, como acabo de comentar, se dan entre los investigadores básicos, se unen las económicas: recuperar el dinero, normalmente mucho, invertido en el desarrollo.

El desarrollo de un medicamento tiene que superar el riguroso escrutinio de las agencias reguladoras para lograr salir al mercado. A pesar de la mala fama, en el mundo de la industria farmacéutica se vende mucho menos humo que en muchos otros ámbitos empresariales. Y, en cualquier caso, los científicos que hacemos transferencia debemos no olvidar que engañar para transferir es el mismo fraude que manipular los resultados.

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Comentarios

Yo también he pensado sobre esto, y para hacerlo tuve que escribir una novela (“El factor de impacto”, Editorial Nostrum, Madrid, 2015), en la que se aborda el dilema de publicar o patentar (transferir), con un planteamiento similar al de este post, pero desde la perspectiva de un ingeniero.

Por si sirve de aportación a esta reflexión.

Conozco dos estudiantes que por indicaciones de sus profesores falsearon resultados para poder aprobar el proyecto de fin de carrera.

Uno de ellos obtuvo resultados que tiraban por tierra las conclusiones de proyectos anteriores de los cuales partía.
Todo ello para no perjudicar a determinada empresa italiana, que era la que patentaba los sistemas.

En fin, la ciencia al servicio de la empresa, eso que ahora está tan de moda y que yo siempre he rechazado.

Cierto, lo veo frecuentemente. Creo que llegó el momento de sepultar el método científico para trabajos de Ingeniería, y usar algo como Design Science Research.

Queridos Javier, Luis y Luis:
Gracias por compartir vuestras experiencias y reflexiones.
Es un problema grave, pero no debemos estigmatizar la transferencia del conocimiento, como tampoco debemos abandonar la ciencia por la existencia de algunos fraudes.
Hay que ser muy conscientes del problema, ser riguroso con las transgresiones, pensar cómo mejorar el sistema, tanto en la investigación académica como en la empresarial, y establecer procedimientos de colaboración publico-privada claros, transparentes y de mutuo beneficio.
Un abrazo, Enrique.

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