De transgénicos prohibidos a la carne de clones…

Si en la Conferencia de Asilomar (1975) hubieran prosperado las tesis de los catastrofistas, hoy día seguiríamos, por ejemplo, teniendo que matar corderos y cerdos para obtener insulina, en vez de obtenerla, humana, desde bacterias modificadas genéticamente. Varias noticias científicas han agitado los ánimos sociales a lo largo de los últimos días: la repentina prudencia francesa hacia el maíz transgénico, la autorización para utilizar animales clonados en nuestra despensa o para crear embriones quiméricos (99% humanos, 1% de otros mamíferos), son algunas de las más relevantes, pero hay más…

 

Posiblemente la quimera más hermosa…

 

En un sorprendente giro “ecologísta”, el presidente francés, el conservador Nicolas Sarkozy, anuncia el principio de prudencia e invoca la cláusula de salvaguarda sobre el máiz transgénico del tipo MON 810. Al parecer, un grupo de expertos ha sugerido potenciales peligros de dicho maíz transgénico con capacidad de combatir al taladro (oruga voraz que destroza los maizales) mediante la toxina Bt de Bacillus thuringiensis. Sin embargo, países tan poderosos económica y, sobre todo, científicamente como EE.UU. o Canadá, principales productores mundiales de maíz transgénico, insisten en la inocuidad del producto. ¿En qué quedamos? Personalmente, la opinión favorable a estos cultivos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) o su homóloga norteamericana (FDA) me aportan gran seguridad. Por otra parte, y siempre con todo mi respeto, hay algo que no entiendo del posible peligro de la contaminación a maizales “naturales” mediante estos cultivos transgénicos: he podido leer en diferentes medios de comunicación (prensa principalmente) manifestaciones de preocupación sobre esa posibilidad mientras que simultáneamente se carga contra la tecnología “terminator” que, precisamente, serviría para impedir que una semilla transgénica de segunda generación fuera fértil. Creo, sinceramente, que contra los alimentos transgénicos se está utilizando el principio del ruido más social que científico…

 

 

Y sin perder de vista las posibles modificaciones genéticas, nos metemos de lleno en la decisión de los expertos en seguridad alimentaria de asegurar que la carne de los animales clonados, así como su leche, podrán consumirse sin riesgo para la salud. Un principio utilizado a la hora de permitir posibles alimentos transgénicos, el de la Equivalencia sustancial, por el que el alimento modificado deberá poseer todos los parámetros nutricionales y organolépticos idénticos a su predecesor convencional podrá ser aplicado en el caso del alimento procedente de una vaca, por ejemplo, clonada. En contra de esta decisión, el informe del Grupo sobre la Ética de la Ciencia y las Nuevas Tecnologías de la UE vuelve a hablar de prudencia y del posible sufrimiento de los animales clonados. Aunque todos los análisis sobre la oveja más famosa de la historia concluyeron que su muerte, antes de la edad media para su especie, no tuvo nada que ver con su condición de clonada, se sigue manteniendo que los animales clonados son más infelices que sus compañeros también convencionales. Hasta la fecha, unos doce mamíferos han sido clonados (desde ratones hasta un mono, recientemente) sin estudios científicos concluyentes sobre un posible sufrimiento “extra”. Otra cosa es el debate sobre la necesidad de elaborar animales clonados para el consumo. Aquí sí tenemos mucho que decir los consumidores de a pie. Cuando, al parecer, se desperdicia mucha leche (obtenida de forma natural) por aquello del “Cupo Comunitario”, ¿qué necesidad tenemos de invertir una suma considerable de capital para obtener el mismo producto pero de una vaca, cabra o cerda clonada? Las Granjas Farmacéuticas, verdaderas factorías y laboratorios de producción de medicamentos a través de animales transgénicos o transgénicos-clonados sí parecen tener una razón de ser (por lo menos pensando en la producción y mejor purificación de cierto número de medicamentos y factores de uso en clínica), pero, considero, hace falta mayor información técnica y científico-social que aclare la necesidad acuciante de invertir en carne y leche clonadas para consumo…

 

Last but not least”, Reino Unido vuelve al escaparate ético-social con su decisión de autorizar embriones híbridos a partir de un humano y una vaca, pongamos por caso. Desde un punto de vista científico, en España no debería escandalizar dicha decisión, cuando nuestra propia Ley de Investigaciones Biomédicas podría contemplar esta opción, con grupos tan importantes como el de Juan Carlos Izpisúa como potenciales beneficiarios. Sin embargo, considero, dicha posibilidad de elaborar embriones quiméricos asusta, principalmente, por la falta de información científica de la que suele ir acompañada: cuando se habla de un embrión obtenido mediante enucleación de un óvulo de mamífero (la vaca mencionada anteriormente) reactivado mediante inclusión de un núcleo celular humano, hablamos de: un material que nunca pasará de blástula (unas 150 células), nunca será transferido a una hembra (humana o vacuna) para “ver qué pasa”, tiene prácticamente el 100% de su material genético humano y su cometido persigue obtener un valioso material de estudio de enfermedades humanas de primera magnitud sin tener que recurrir a los óvulos de mujeres donantes, de cuya obtención, no exenta de peligro y “negocio” podríamos hablar otro día. Sea como fuere, la técnica que se va a seguir en Reino Unido ha sido autorizada por la Autoridad para la Fecundación y Embriología Humana (HFEA), que cuenta con sus respectivos comités bioéticos. Eso sí, esta técnica deberá vigilar de cerca los logros alcanzados recientemente a través de la reprogramación de células diferenciadas (sobre todo cuando se consiga sin utilizar vectores virales u oncogenes…).

 

Y todo esto, a pocos años del nuevo Milenio…

 

JAL (UAM)

Nota: para escuchar una grabación de RNE, hacer “clic” en “enviar comentario” y en “escuchar”.

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Comentarios

Buenos días JAL. Soy frecuente lector de tu blog y creo que haces un muy buen trabajo, aunque no todo me satisface por igual. Hoy tengo dos cuestiones que hacerte por si te parece conveniente comentarlas.

1) Hay un tonillo antiecoiogista que no me parece afortunado, porque es obvio que habrá de todo en la viña. Como pasa con los expertos o los profesores, seguro que conoces algunos que son mejores que otros y que su criterio tiene más credibilidad. En mi opinión, o según mi experiencia, el mundo de los activistas en defensa del medio ambiente también encaja en este esquema tanm simple. Y, en fin, para evitar que la ceremonia de la confusión progrese, lo lógico es que se defienda el rigor citando a las ONG o los textos (doy por hecho que tambien vale esta regla para los que hablan en nombre de la ciencia) menos cuidadosos o más sesgados por la ignorancia, los intereses o la ideología. ¿No crees que un blog podría también verse como una colección de links, una especie de filtro de internet, y de ahí la importancia de discriminar?

2) Hay muchas maneras de entender el concepto de equivalente substancial que, como sabes, es aplicado a una diversidad de situaciones que incluyen toda la variedad de formas de modificar lo que comemos. Los debates sobre su instalación en el ordenamiento jurídico internacional no se hizo sin grandes polémicas, pues los más garantistas (o prudentes, o resistentes) siguen pensando que se llegó a un acuerdo que deja las manos libres a las grandes corporaciones y que no protege los intesees de los consumidores. ¿Tienes alguna opinión al respecto?

Estimado Antonio,
aunque ya es bastante tarde y sigo aquí, en mi oficina, no quería marcharme sin, por lo menos, saludarte.
Perdona si he dado la impresión de menosprecio a algún grupo. Nada más lejos de mi intención. No solo respeto a los ecologistas (uno de los links, intencionados, han sido los argumentos de Greenpeace), sino que, modestamente, querría considerarme uno más. He revisado el texto por si, efectivamente, hubiera algo que se pudiera considerar ofensivo pero no veo nada. Te aseguro que no ha sido mi intención y sí la de querer entender algunas incongruencias que he visto en muchos debates sobre transgénicos.

Te aseguro que ni trabajo en transgénesis de plantas, ni negocio con nadie que lo haga, ni mis intereses científicos van por ahí (trabajo en virus humano y neurodegeneración…): se argumenta mucho sobre la tecnología terminator cuando, si no estoy mal informado, es algo que las empresas no utilizan y sí la de la F1 híbrida. Lógicamente, en caso contrario sólo venderían una semilla…
Pero, al mismo tiempo, se plantea el peligro de la transferencia y establecimiento de nuevas generaciones transgénicas, es decir, en clara contradicción con el argumento del terminator, según mi modesto entender…

Tengo claro que no todos los que argumentan contra los transgénicos van por este camino. De hecho, conozco buenos bioquímicos que dan sus impresiones argumentadas contra algunos aspectos de la transgénesis.

Dicho esto, reitero que pido disculpas si he parecido vehemente en algunos momentos. Si alguna frase, crees, dan a la confusión, no tendré inconvenientes en intentar redactarla de otro modo…

Y también estoy completamente de acuerdo contigo. Lo has dicho clarísimo… Definirse como científico no es ninguna patente de corso. De hecho, quizá por ser el colectivo con el que, lógicamente, más trato, he visto mucha mente estrecha, para muchas cosas, entre mi propio colectivo (también gente encantadora; y aquí quería hacer público un emotivo recuerdo para una excelente compañera muy querida que tristemente nos acaba de abandonar…).

Referente al segundo punto, el de Equivalencia Sustancial, reconozco que, al parecer, tienes más información específica que yo mismo. En mi Post, simplemente la he utilizado como indicativo legal de equiparación nutricional y organoléptica entre un producto modificado genéticamente y su versión natural, sin entrar a valorar las posibles connotaciones políticas que podría esconder el término legal…

Un saludo muy cordial y gracias por tu inteligente y correcto comentario.
JAL

Ningún estudio científico serio ha demostrado que los alimentos transgenicos produzcan ninguna de esas supuestas maldades. Los datos estadisticos agricolas niegan la realidad de lo que se afirma en este panfleto. Entonces, ¿A que responden estas camopañas?

La respuesta benévola es que el sentirse salvador del mundo levanta mucho el ego personal y da un sentido trascendente a su vida.

La respuesta malévola, es que se trata de movimientos más o menos dirigidos y que en realidad le estan haciendo el juego a las empresas nacionales. Por ejemplo, en Francia se está volviendo a la energia nuclear, ¿por qué los ecologistas franceses no protestan por eso? ¿Quizas porque la tecnologia nuclear la desarrollan empresas de capital frances mientras la tecnologia de semillas transgenicas es de capital norteamericano?

Hola Galileo,
la verdad es que me parece muy interesante lo que acabas de comentar. Personalmente, pienso que, efectivamente, por ahí podrían ir los tiros. El presidente francés anuncia una moratoria sobre el uso de una variante de maiz, ampliamente difundida en otros países, como "gesto ecologista", cuando, poco después abre la veda a una ampliación en la construcción de nuevas centrales nucleares… Será por aquello de… una de cal…
Si te interesa, y según me han comentado, mañana jueves me harán una entrevista sobre el tema que se emitirá por la noche en los informativos de la 2 (esa cadena que todo el mundo dice ver…).
Un abrazo.
JAL

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