En Memoria del compañero Miguel A. Rodríguez

Todos los que nos dedicamos al mundo de la ciencia lo hacemos con el convencimiento de que ésta es una actividad que te permite ejercer y desarrollar tu libertad. En el caso de Miguel Ángel, este convencimiento estuvo arraigado a su personalidad desde que le conozco, hace ya bastantes años, cuando tras haber finalizado una brillante “residencia” en Medicina Interna en la Clínica Puerta de Hierro, decidió ejercer su libertad de una manera poco comprensible para muchos y a la que él nos fue acostumbrando con el tiempo a unos pocos. Miguel Ángel declinó una excelente oferta laboral para arriesgarse en una aventura a la que no pudo resistirse, la ciencia; que fue el centro de su vida, que le apasionaba, en cuya integridad creyó firmemente en contra de los escépticos, y que tuvo la suerte de compartir con María Luisa, con quién también compartió el resto de la vida.

Miguel Ángel Rodríguez Marcos

Miguel Ángel Rodríguez Marcos

 Una aventura que se inició en aquel pequeño laboratorio de “la clínica” y en la que Carlos, sin duda, tuvo bastante que ver; aventura que continuó en el entonces CBM, tras nuestro sonado “desembarco” en el CX, para seguir de forma independiente en París en el Instituto Pasteur y, posteriormente, de vuelta en el CBMSO, en el edificio de “biológicas”. Los linfocitos B fueron la excusa, el desarrollo del sistema hematopoyético la estrategia, y su pasión por lo desconocido y sus ansias de conocimiento su motor. Una aventura, sin embargo, injustamente corta y turbulenta, que le impidió desarrollar como él merecía sus ideas pioneras sobre la hematopoyesis embrionaria, que ya se habían plasmado de forma brillante en excelentes contribuciones científicas en sus inicios postdoctorales.

 Tuve la suerte de compartir con Miguel Ángel buenos y malos momentos; de contar con su opinión, nunca condescendiente; pero, sobre todo, de tener un gran amigo. Siempre con tiempo para hablar contigo y transmitirte su exquisito bagaje cultural; para animarte a continuar venciendo tus dudas, porque “esto merece la pena y es lo que te gusta”; para enviarte por email la última publicación de Nature, que él ya se había leído y tu ni habías visto; para darte una explicación integrada de tu problema científico, para él demasiado concreto y, muchas veces, para increparte por ser excesivamente “convencional”, nada extraño viniendo de un médico especialmente atípico con una arrolladora personalidad. Miguel Ángel, no sabes cuánto me has enseñado de la ciencia…y de la vida… y cuánto te echo de menos.

 Miguel Ángel Rodríguez Marcos, Investigador Científico del CSIC en el CBMSO, nos dejó el 19 de diciembre de 2009, tras 16 años de lucha callada y valiente contra su enfermedad.

 Marisa Toribio (CBMSO)

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