El sistema universitario hoy III

¿Que podemos esperar para el futuro?

Ayer pasaba por uno de los pasillos de mi Facultad de Ciencias, y estaba abierta la puerta de una de las aulas donde se imparte el grado de físicas. Las caras de los alumnos marcaban el mismo aburrimiento que aparecía en mi cara cuando asistía (durante poco tiempo) a las clases de Álgebra del segundo curso de carrera.  Me imagino que las mismas caras de los alumnos de la misma universidad en el siglo XVIII cuando recibían clases de teología mientras que fuera de la misma se estaba cociendo la primera revolución científica con las obras de Galileo, Newton, Huygens y Leibnitz,  obras y autores prohibidos en las universidades, controladas por las distintas Iglesias, católica, y de los diversos sabores del protestantismo. 

La mecánica clásica lineal y el electromagnetismo deberían ser materias de bachillerato. La ciencia, y en particular la física, está abordando hoy el desafío de la Inteligencia Artificial, y los problemas no lineales, con estructuras emergentes, por ejemplo, el problema de la turbulencia.

Pero estos problemas no solo no se abordan en las clases del Grado, sino que ni siquiera entran en los másteres, o en las investigaciones actuales o futuras. En particular, algo tan elemental como dos péndulos de distintas longitudes acoplados un en el extremo del otro, no se ve nunca en los años de carrera.

No sé en otras carreras, en otros grados. La literatura antigua (digamos hasta los Machado) era razonablemente optimista. No digamos las obras que la comenzaron: La Iliada y la Odisea. llenas de luchas y muertes, pero llenas hasta el borde  de vida, de energía. El mundo se abría para los griegos.

Un alumno, desde los que se acercaban a Sócrates, a los que peregrinaban a Toledo, a Palermo, a los que se acercaban a Mánchester, a Goettingen, buscaba el conocimiento del mundo y de los humanos. No quería adquirir actitudes, aptitudes, capacidades. Si estas llegan, llegan con el conocimiento, nunca por su propia cuenta. 

La universidad fracasará a lo largo de este siglo XXI. 

Pero el conocimiento no lo tiene la IA, no lo tienen las enseñanzas cansinas en las pizarras o en las tabletas. 

El conocimiento lo tienen los maestros, que lo imparten directamente, sin currícula, ni protocolos, a esos alumnos que lo buscan,

Así renacerá la universidad, como ha renacido siempre. 

 

 

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