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9) Pero, ¿qué es emprender?

Emprender para hacer crecer tus ideas y tus descubrimientos.

En mis entradas previas he intentado ilustrarte sobre el enorme potencial que la investigación básica tiene para generar futuras aplicaciones. Pero es necesario recorrer un camino para llevar el conocimiento a la práctica. Uno de ellos, el que yo elegí y te estoy contando, pasa por la creación de una empresa de base tecnológica; es decir, me metí a emprendedor.

Emprender es uno de esos conceptos, como también investigación aplicada, transferencia del conocimiento, etc., que han ido apareciendo en los documentos de política científica. Y los que veníamos de la investigación básica, al menos yo, ni les prestábamos suficiente atención ni teníamos muy claro lo que significaban. Tanta reiteración de la necesidad de ciencia aplicada solo me había creado una vaga idea de que los investigadores básicos, más aún si somos funcionarios, debíamos de ser cualquier cosa menos emprendedores.

¡Pero no podía hacerme emprendedor sin saber lo que eso podía representar! Los diccionarios dan una cierta idea de “dificultad”, pero poco más.  Emprender 1. tr. Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro. Emprendedor 1. adj. Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas. Así que, como ya te comenté, cuando empecé a darle vueltas a crear una empresa, me leí El libro negro del emprendedor.

Y me llevé una gran sorpresa. Según Fernando Trías de Bes, el autor, “emprender es una mirada genuina sobre una idea cualquiera”. No sé si fui objetivo, pero la definición me pareció en completa sintonía con la frase con la que inicié una entrada previa en este blog: “Investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado”. ¿Emprender = Investigar? La verdad, no creo que mi interpretación fuera sesgada. La idea se repite en el libro: “El verdadero emprendedor es aquel a quien lo incierto procura un especial placer”. De nuevo, a mí me parece que transluce el mismo sentimiento que una frase de Judah Folkman que tengo colgada en mi despacho: “Most research is failure. You work for years and years, and then every once in a while there is a tremendous finding, and you realize for the first time in your life that you know something that nobody else in history has ever known.”

Así que, si los investigadores llevamos dentro un emprendedor, ¿qué es lo que habría que hacer para sacarlo a la luz?

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6) Percepciones.

No ven nuestros ojos, sino nuestro cerebro condicionado por la biología y la experiencia.

Investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado. Albert Szent-Györgyi, Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1937.

Si consultas la palabra “visión en la Wikipedia, en una enciclopedia o en un libro de texto, encontrarás una definición que vincula la luz y el mundo físico que nos rodea con una función cognitiva del cerebro. A través de los ojos, y también de los demás órganos sensoriales, percibimos la realidad física. Pero hay también una realidad subjetiva, personal, que nos diferencia intelectual y emocionalmente a unas personas de otras. Es lo que expresa la frase con la que he iniciado esta entrada que, además, ilustra de una forma muy sencilla la esencia de nuestro trabajo como investigadores. ¡Quizás lo habías imaginado ya! En este blog también intento que conozcas mejor el proceso creativo de la investigación.

Esa frase también sirve para ir un poco más allá en la historia que te estoy contando. En entradas posteriores desarrollaré brevemente la fisiología y la patología de la visión. Son también parte esencial de esta historia. Pero ahora quiero profundizar en los conflictos de percepciones que me he encontrado durante estos años que llevo estudiando la retinosis pigmentaria e intentando desarrollar un tratamiento.

Es muy diferente la percepción de un investigador básico, que quiere comprender cómo se forma y cómo funciona la retina, el tejido donde se inicia la visión, y la de una persona afectada por una degeneración de la retina que, afrontando su ceguera, “ve” las cosas de un modo muy distinto. También existe un conflicto entre la percepción de un investigador básico, que se mueve por curiosidad y afán de conocer, y la que se tiene en ciertos ámbitos económicos, políticos y sociales, en los que no se alcanza a entender la necesidad de generar “más” conocimiento y se aboga por financiar principal o exclusivamente la investigación aplicada. Y, por último, también está enfrentada la percepción de los investigadores que quieren ir más allá de la generación de conocimiento y promueven activamente su transferencia para resolver las necesidades de las personas y de la sociedad, con la de los científicos que justifican el conocimiento por sí mismo y rechazan subordinarlo a demandas sociales o económicas.

Todos estamos discutiendo sobre el mismo proceso, el que lleva desde plantearse una pregunta científicamente relevante hasta contestarla, generando nuevo conocimiento con su potencial de resolver necesidades sociales o desarrollar aplicaciones técnicas. Sin embargo, muchas personas solo perciben como importante una parte del proceso, y tienden a ignorar e, incluso, a despreciar las otras etapas.

Espero que, al menos en un punto, todos podamos sintonizar nuestras percepciones. El conocimiento que subyace a cualquier tipo de aplicación, primero habrá que generarlo, ¿no crees?

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2) Ciencia básica o ciencia aplicada: Una disyuntiva equivocada.

Este gusano ha hecho mucho por nuestra salud (Dibujo de Clara de la Rosa del Val). Los estudios básicos de Biología Celular y del Desarrollo en el gusano Caenorhabditis elegans permitieron caracterizar el proceso de muerte celular programada, esencial para el desarrollo y la renovación del organismo. Más recientemente se ha visto que este proceso aparece desregulado en numerosas patologías, por lo que sus moléculas reguladoras y ejecutoras son potenciales dianas terapéuticas.

 

Declaraba en mi primera entrada que mi convencimiento del valor de la ciencia básica me llevó a fundar una empresa. Esta afirmación seguro que te sorprendió. La idea de que investigación básica y empresa puedan ir de la mano es, cuando menos, poco habitual en España. Lo más frecuente en artículos y debates es encontrar a ambos mundos recelosos el uno del otro, cuando no disputándose agriamente los recursos.

Algunos ejemplos de la desconfianza mutua están en las siguientes frases que he ido recogiendo desde que me metí a la aventura empresarial:

“¿Por qué tendríamos que creer a un científico, por eminente que sea, cuando nos asesora sobre una tecnología prometedora si él mismo ha creado una empresa para explotarla?” (El País, 26 de marzo de 2008).

“Paradójicamente, en España las universidades no son la cuna del conocimiento sino su tumba.” (La Gaceta de los Negocios, 3 de octubre de 2008).

“Reducir dinero a investigación básica y aumentar la aplicada es una decisión acertada y necesaria.” (El País, 26 de octubre de 2009). 

“Cultivemos la ciencia por sí misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Éstas llegan siempre…” (Cita de Ramón y Cajal en El País, 4 de mayo de 2010).

¡Por desgracia hay muchos más ejemplos!

Con todas las salvedades y precauciones de sacar frases de contexto, todas ellas reflejan, alguna con elegancia, otras con cierta rudeza, una concepción fragmentada del proceso de creación científica. Dicho proceso se inicia cuando un investigador se plantea una pregunta y se continua, al menos, hasta que trasfiere de alguna forma la respuesta encontrada (conocimiento, aplicación técnica, etc.) a la sociedad.

Tuve muchas dudas antes de lanzarme por el camino empresarial. Te las iré contando. Pero lo que nunca dudé es que era un reto científico, una posible e interesante continuación de nuestros estudios. Con nuestras investigaciones básicas habíamos “desmontado” en sus partes bioquímicas un proceso fisiológico. La prueba definitiva de que lo habíamos hecho bien, de que lo habíamos comprendido, era ser capaces de “volverlo a montar” en una situación patológica. ¡En ello estamos!

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