Posts etiquetados con ‘Innovación’

23) La oscuridad.

Hay pocas luces en la innovación en España.

Nuestro colaborador de hoy, José María Sánchez Puelles.

 

Ya te he comentado anteriormente que la empresa sobre la que te estoy contando no habría sido posible sin la ayuda de muchas personas. Y he querido dar cabida en el blog a varias de ellas, aunque la mayoría “no se han dejado liar para escribir una entrada”. A quien hoy escribe, José María Sánchez-Puelles, ya te lo había presentado en “Sobre mí”. No ha participado formalmente en la S. L. que fundamos, pero ha hecho algo mucho más importante: moldear mi espíritu emprendedor e innovador. ¡Seguro que lo notáis al leer su texto! Te dejo con sus palabras.

Posiblemente la mayor hazaña del siglo XX haya sido el descubrimiento, desarrollo y comercialización de los antibióticos, que han salvado millones de vidas. Además, dicho proceso dio origen al nacimiento de las empresas farmacéuticas, paradigmas de la I+D+i, del beneficio empresarial y social. Seguro que la mayoría aceptamos que aquellos países con mayor inversión, sostenida y creciente, en I+D+i, son los que ofrecen una mejor calidad de vida a sus ciudadanos. Más aún, aquellos países con las empresas más competitivas en I+D+i son los que, ¡qué casualidad!, mejor han aguantado estos tiempos convulsos de crisis económica. Pues entonces, ¿por qué no invertimos de forma competitiva en ciencia en España? Sencillo, nuestros gestores tienen la cultura del llamado africanismo de Miguel de Unamuno, aquel del “¡Qué inventen ellos!”, o del menos conocido de “la luz alumbra igual aquí que donde se inventó”.

En el caso de la investigación farmacéutica, es cierto que, por ejemplo, la amoxicilina cura por igual en nuestro país que donde se inventó. Sin embargo, el beneficio económico resultante de la inversión en fármacos proviene de la compra anual, por parte de los Estados, de millones de unidades de antibióticos, antitumorales, antiinflamatorios, vacunas, etc. Y de este pastel, la mayor parte se lo están llevando los países donde se inventaron. La investigación farmacéutica, como cualquier otra, ilustra el error de hacer políticas que favorecen a tu competidor. ¿Cuántos medicamentos se han descubierto y desarrollado desde nuestro país? ¿Cuánto ingresa España por los royalties de otros países en el sector farmacéutico? Se lo dejo a la curiosidad del lector, para su búsqueda en la Wikipedia o en otra fuente, y así pospongo un rato su frustración. Que España no sea competitiva en el mercado internacional farmacéutico se debe al reiterado africanismo de nuestros políticos durante décadas. Contentos con la luz que les alumbra, nos mantienen pagando la oscuridad que supone la dependencia tecnológica.

No es inusual oír a nuestros gestores de la ciencia manifestándose partidarios a ultranza del fomento de la innovación en el sector privado, como si esto sirviera para justificar sus recortes en la investigación pública. Al mismo tiempo, silencian que el gasto público ha seguido aumentando en estos años de crisis (pero, desde luego, no en los presupuestos de ciencia). Para relacionar los conceptos de ciencia básica e innovación, nada mejor que la frase del premio nobel J. I. Friedman: “La innovación es la llave del futuro, pero la ciencia básica es la llave de la futura innovación”. La trayectoria en ciencia básica de los últimos treinta años debería cumplir unas expectativas realistas de transferencia al sector productivo que, es verdad, no se están cumpliendo. El debate de la inversión en I+D+i debe conducirse con bases integradoras y no excluyentes, que ponen un signo negativo a la I (–I+D+i).

La competitividad internacional se basa en generar sociedades del conocimiento y fomentar la explotación de sus resultados. No puede seguir sucediendo que la luz que hoy nos alumbra sirva para potenciar la innovación en otros países. Así seguiremos en la oscuridad.

 

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22) ¡Qué innoven ellos! (II)

¿Nos daremos cuenta algún día de que todos tenemos mucho que ganar?

Hay un dato crucial sobre inversión en Ciencia que no se veía desde lo alto de “mi torre de marfil”. Me he dado de bruces con él cuando me he interesado en la transferencia del conocimiento, en la innovación y en la empresa. Y, lo que es peor, no era yo solo el que lo ignoraba; he constatado que no hay una clara consciencia, ni del dato ni de lo que representa, en el mundo académico. Voy a contártelo y decirte lo que opino, aunque me cueste la crítica de algunos colegas.

Normalmente se discute sobre la baja inversión que se dedica en España a la I + D + i, lo que es cierto y preocupante, sin entrar a analizar cuánta viene de fuentes públicas y cuánta de privadas. Para presentarte el dato y discutir sus consecuencias voy a comparar la situación española con la de Alemania, como ya he hecho en otra entrada, y con la de la Unión Europea (UE) en su conjunto. En la tabla adjunta se ve que, mientras que la inversión pública está discretamente por debajo de la alemana o de la de la UE, la inversión privada es ridículamente baja en la misma comparación.

 

     Inversión pública en I + D + i                      (% PIB en 2013)

     Inversión privada en I + D + i                     (% PIB en 2013)

España

0,58

0,66

Alemania

0,74

1,91

UE

0,73

1,28

 

En el mundo académico se tiende a pensar que la inversión privada es una cuestión de política industrial, esa “i” minúscula de innovación que han colgado de la I + D. Así pues, “¡Qué innoven ellos!” pensamos, y nosotros a lo nuestro: a investigar y a reclamar más inversión pública. Muy pocos colegas, cuando reclaman mayor inversión, son conscientes de que, en euros contantes y sonantes, el alcanzar el nivel relativo de inversión pública de Alemania solo aportaría unos 1.600 millones de euros. ¡No daría ni para cubrir el recorte sufrido durante la crisis!

¿Sería lógico que en España hubiera más inversión pública en investigación que en países como Alemania? Quizás sea necesario durante un cierto periodo de recuperación de la crisis, pero no puede ser la tónica general. Yo, personalmente, no lo considero ni lógico ni sostenible. Quizás si también innovamos nosotros, los investigadores académicos, podamos atraer inversión privada a cambio de transferencia del conocimiento. Sería muy bueno para el mundo académico. Y también para el empresarial.

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21) ¡Qué innoven ellos! (I)

¿Lograremos algún día conjugar en España lo mejor de los dos mundos?

He tomado prestada, en versión adaptada, la tópica frase de Unamuno para el título de las tres próximas entradas. Mi experiencia durante estos años de aventura empresarial es clara: sigue definiendo perfectamente la idiosincrasia española con respecto a la ciencia y su transferencia. Y, lo más descorazonador, es que me he encontrado una actitud acorde con dicha frase, en un rango que va del desinterés al desprecio, tanto en el mundo académico, como en el económico, como en el de gestión administrativa. Creo que ahí reside buena parte del problema de la modernización de la economía española. Y no pienses que esto es un asunto meramente teórico; afecta directamente a tu futuro laboral y profesional. La estructura de nuestra economía, basada en sectores de baja productividad, poco tecnológicos, con poca capacidad de innovación y de escaso valor añadido, ha determinado la profundidad de la actual crisis.

En julio de 2007 fundamos ProRetina Therapeutics, S.L., con la misión de desarrollar terapias para la ceguera. Y durante unos dos años, que habían empezado ya unos meses antes, tuve que cambiar con cierta frecuencia la bata de laboratorio por el traje y la corbata. Teníamos que lograr financiación para el proyecto. Las ayudas públicas eran importantes pero, en general, requerían financiación privada previa, lo que considero que es un requisito acertado. Pero no fue, ni es, tarea fácil lograr inversores. Los fondos de capital-semilla y capital-riesgo dedicados a la biotecnología son escasos en España. En nuestro país era mucho más lucrativo especular; y, puestos a invertir, buscar proyectos de menor riesgo, como puede ser la prestación de servicios o el campo de las tecnologías de la información y la computación, donde los plazos de desarrollo son mucho menores.

Aunque desde ciertos ambientes económicos se desprecie la actividad científica, y se critique, con cierta razón, que no haya ninguna Universidad española entre las mejores del mundo, la triste realidad es que tampoco hay ninguna empresa española entre las más innovadoras del mundo. Posiblemente son signos de un problema común de cultura emprendedora.

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