“El éxito de IMDEA Materiales es el éxito del talento”

José Manuel Torralba, catedrático de Universidad del Área de Ciencia e Ingeniería de Materiales en la Universidad Carlos III de Madrid y director del Instituto IMDEA Materiales

Su investigación se centra en el desarrollo de materiales metálicos para ser utilizados en condiciones extremas. ¿Puede explicarnos en qué consiste exactamente?

En  los últimos años, he focalizado parte de mi investigación en los materiales para alta temperatura, que se pueden fabricar de diversas maneras. Una de ellas es la pulvimetalurgia, que permite rentabilizar muy bien las propiedades de los materiales. Mediante la pulvimetalurgia puedes diseñar mejor la microestructura, porque no tienes los aspectos negativos vinculados a tecnologías alternativas como es el moldeo: no tienes segregaciones, se aprovecha al máximo las materias primas porque no existen las pérdidas de material,… y todo ello te permite diseñar mejor la microestructura. Y al diseñar muy bien la microestructura, puedes rentabilizar y optimizar mucho mejor las propiedades. Además, por pulvimetalurgia se pueden obtener microestructuras más finas, que también contribuyen a una mejora en las propiedades. Es la explicación del por qué la tecnología de polvos es interesante frente a otras alternativas de fabricación.

¿Cómo contribuye esta tecnología a los retos que tiene planteados la sociedad?

La tecnología de polvos se puede encuadrar como tecnología sostenible. Como ya he comentado, es una tecnología que ahorra materias primas y, por otro lado, es un método de fabricación que requiere de menos energía para el desarrollo de los materiales que otros alternativos. Al consumir menos energía y al ahorrar más materiales, contribuimos a la sostenibilidad del planeta. Además, en el ámbito de la alta temperatura podemos considerar que nos alineamos con los retos de la sociedad. Muchos de los materiales que tratamos de desarrollar tienen aplicaciones en el mundo de los motores de alta temperatura, los motores de aviación... Si aumentamos 20 grados la temperatura de trabajo, en una cámara de combustión en el ámbito de la aviación, aumentamos o mejoramos la eficiencia como máquina térmica en un orden del 1%, que parece que es muy poco. Bien, pues con ese 1 % se reducen considerablemente las emisiones de CO2, junto con una considerable reducción del consumo de fuel. Un Airbus 350, que es un avión bastante corriente en vuelos transoceánicos, consume el orden de 125.000 litros por vuelo. Un ahorro del orden del 1 %, son 1250 litros por vuelo, y teniendo en cuenta que cada avión de estos puede hacer tres vuelos al día, y lo multiplicas por 350 días por año, y por 500 Airbus 350 en servicio, estamos ahorrando más de 650 millones de litros.


Cualquier inversión en ciencia, por pequeña que sea, genera riqueza en la sociedad donde se hace esa inversión.

Esos 650 millones de litros de combustible, además, generan 35 millones de toneladas de CO2. Estamos hablando de una pequeñísima mejora de la eficiencia. Por tanto, cualquier contribución de los materiales en este ámbito, el impacto que tiene en el medio ambiente es brutal. Y además en la economía.

¿Qué retos se plantea con sus investigaciones de cara a un futuro?

Pues el principal reto es poder seguir trabajando, para lo cual hay que seguir consiguiendo financiación para investigar. El Estado no nos regala el dinero para investigar. El dinero se consigue en convocatorias competitivas. El primer reto para poder seguir trabajando en investigación en un país donde desgraciadamente no es fácil, porque tenemos mucha burocracia, y existe poco dinero disponible a la hora de competir a nivel nacional, lo que nos obliga a competir a nivel internacional. A partir de ahí hay muchos retos. Y el principal reto es tener una mente lo suficientemente abierta como para ser capaz de poder abordar nuevos temas, nuevas investigaciones, nuevos horizontes. Hoy en día, el mundo de los materiales tiene influencia con los límites de cualquier tecnología: la transferencia de información, la conductividad térmica o eléctrica, el almacenamiento de energía, la propiedades magnéticas, los biomateriales,…  Cualquier persona que trabaja en ingeniería de materiales, a lo que aspira es a romper barreras, a tener capacidad de romper esas barreras.

¿Qué supone para usted ser el segundo español en recibir la medalla Ivor Jenkins y estar considerado por sus galardones entre los 14 científicos más importantes del mundo de la ciencia y materiales en su especialidad?

Es una satisfacción enorme, pero para mí supone el reconocimiento no solamente a mi persona, sino a las muchas personas que han trabajado conmigo a lo largo de mi carrera académica. He tenido la suerte de trabajar rodeado siempre de personas muy inteligentes a las cuales a veces he formado yo, pero de las que siempre me he formado también con ellos. La ciencia es un trabajo de muchas personas, no de una única persona, donde hay vasos comunicantes entre todas las personas que trabajan juntas. Yo soy fruto del trabajo en equipo de mucha gente. Yo a lo mejor soy la cabeza o el punto visible de ese trabajo en equipo, pero es el trabajo que tiene mucha gente detrás. Estoy muy agradecido a todos los doctorandos con los que he trabajado, a los que he dirigido su tesis, a muchos que han pasado por mi vida también en estancias o en colaboraciones en proyectos, a grupos de investigación con los que he trabajado y hemos intercambiado ideas... La ciencia como una tarea de equipo, que no solo afecta al equipo que tú tienes, sino a los equipos con los que tú te relacionas y con los que interaccionas. Y creo que todos ellos son parte de esta medalla, y no solamente de esta medalla, de cualquier otro reconocimiento que yo pueda tener. Creo firmemente en esto. 

Y en toda su dilatada carrera, ahora es director de IMDEA materiales, que destacarías de este instituto de investigación madrileño?

El proyecto de IMDEA es un proyecto que arrancó la Comunidad de Madrid hace 15 años con tres objetivos, que es hacer ciencia de excelencia, ciencia que pueda ser transferida a la sociedad y al conocimiento de la sociedad, y por último, atraer talento. IMDEA Materiales es un ejemplo de esto. Hacemos ciencia de excelencia, que ha sido reconocida recientemente con el distintivo María Maeztu, que como bien sabes, es un distintivo de excelencia que distingue a los mejores centros de investigación junto con el Severo Ochoa, hacemos una ciencia muy orientada a la sociedad porque tenemos muchos convenios, trabajamos en muchos proyectos colaborativos donde interviene la industria y de alguna manera interviene la sociedad. Y atraemos talento: ahora mismo en IMDEA materiales más del 55 % de los investigadores no son españoles y más de un 60 % de la gente que tiene un doctorado ha hecho el doctorado fuera de España, con lo cual hemos hecho un papel no solamente de atraer talento internacional no español, sino que hemos recuperado mucho talento español que estaba fuera de España. El éxito de IMDEA Materiales es el éxito del talento. La gente muy buena genera grandes ideas y genera también capacidad de atraer recursos para poder hacer ciencia. Eso es lo que aporta IMDEA materiales, una manera de hacer ciencia en la Comunidad de Madrid y en España. Esa capacidad de atraer talento y esa manera de hacer ciencia es lo que nos ha permitido posicionarnos en un entorno internacional como centro de excelencia y centro de referencia. Por tanto, creo que sí que estamos aportando mucho no solo a la Comunidad de Madrid, sino a la comunidad científica española en general.

Fue director general de Universidades e Investigación de la Comunidad de Madrid y de los Estudios Artísticos Superiores. ¿Cómo avanza Madrid cuando avanza la ciencia en Madrid?

Personalmente creo que la mejor inversión que puede hacer un gobierno, sea a nivel regional o a nivel nacional, es la inversión en ciencia. Está más que demostrado que cada euro que se invierte en ciencia, genera varios, iba a decir una cantidad concreta, pero dependiendo del ámbito donde se invierta, varios euros en el PIB regional o en el PIB nacional. Es decir, la inversión en ciencia es la única que garantiza la generación de riqueza. Hay otras inversiones que se hacen en otros ámbitos que son realmente gasto, no es inversión. En ciencia siempre es inversión. Por tanto, cualquier inversión en ciencia, por pequeña que sea, genera riqueza en la sociedad donde se hace esa inversión. Es muy miope por parte de cualquier gobierno no verlo de esta manera y restringir los presupuestos que tienen que ver con ciencia. Dicho esto, obviamente en la Comunidad de Madrid tenemos ahora mismo un sistema de ciencia y tecnología riquísimo que tiene que ver con las universidades públicas y que tiene que ver con los IMDEA. Pero también tiene que ver con la interrelación que tenemos con centros del Estado que están en nuestra región, donde ese ecosistema único es todavía mucho más receptivo a inversión, por esa interacción que existe entre universidades, los IMDEA, más los centros que tenemos de las OPIS estatales. Esa interacción hace que haya un cultivo, un ecosistema mucho más receptivo y mucho más fructífero a la hora de invertir en ciencia. Por tanto, yo animaría a nuestros gobernantes, sean nacionales o regionales, a que se aumente siempre de una manera considerable el presupuesto en ciencia, porque la inversión en ciencia es la mejor garantía de crear una región que sea innovadora, que sea realmente transgresora, que sea competitiva y que sea una locomotora económica, más que otro tipo de acción.

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