“En la manipulación de embriones, la ciencia avanza, pero es la sociedad la que debe decidir”

Ángela Nieto, experta en el desarrollo embrionario, es la sexta mujer en más de un siglo en ser admitida como miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

Ángela Nieto (Madrid, 1960) pone por delante de sus muchos reconocimientos el placer del trabajo con sus colegas científicos, tanto en su laboratorio como en sus viajes por el mundo. “La ciencia es universal en todos los aspectos, estamos comunicándonos constantemente entre nosotros, abiertos a todo tipo de ideas, a la cooperación y también a la amistad”, afirma. La entrevista se desarrolla en Madrid, en un hotel junto a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, donde pronunció unas horas después su discurso de ingreso. Es la sexta mujer que accede como miembro a esta institución fundada en 1847. El año pasado, Nieto recibió también el Premio Nacional ‘Santiago Ramón y Cajal’ de Biología.

La investigadora, que desde 1993, dirige la Unidad de Neurobiología del Desarrollo del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH), en San Juan de Alicante, lleva décadas liderando el estudio de cómo determinados procesos biológicos que se dan durante el desarrollo del embrión pueden tener relevancia en la comprensión del cáncer y de otras enfermedades del envejecimiento.

A los enfermos, siempre les parece que los progresos frente a enfermedades como el cáncer son muy lentos, pero en su carrera, que ya es muy larga, habrá visto avances importantes.

Es verdad que la percepción desde fuera es que se avanza muy despacio, sobre todo en lo que se refiere a nuevos tratamientos de enfermedades, pero se han dado pasos de gigante y mirando un poco atrás, quizá unas poquitas décadas, dentro de mi especialidad, la biología del desarrollo, se ha avanzado de la forma muy llamativa. Cuando acabé mi tesis doctoral y después me fui a Inglaterra estábamos intentando encontrar genes que fueran importantes para el desarrollo embrionario. Se conocían los de la mosca del vinagre, pero no se conocían bien los de los de vertebrados ni, por supuesto, de los humanos. En este tiempo no solamente hemos conocido cómo funcionan todo el conjunto de genes que dan lugar a la forma del embrión, sino que además esto ha avanzado en paralelo a la secuenciación de genomas, incluido, por supuesto, el genoma humano.

Esto ha tenido muchísima influencia en distintas patologías. La posibilidad de secuenciar genomas rápidamente y a un precio muy asequible está permitiendo entender la heterogeneidad de los tumores y, de hecho, ayudando a la medicina personalizada. Eso lo podríamos extender a muchas otras patologías.

Pero a veces parece que cuanto más se sabe sobre una enfermedad, como sucede con el cáncer, encontramos una complejidad mayor de la que se esperaba.

Efectivamente, cuanto más conocemos de un tema, más nos damos cuenta de lo complejo que es y lo que nos queda por entender. Creo que esto es particularmente cierto en el caso de la biología. Los procesos biológicos son muy complejos y solamente cuando entramos a entender los procesos íntimos es cuando nos damos cuenta de su complejidad.

Volviendo de nuevo al cáncer, podemos decir que en el caso de la heterogeneidad tumoral, ahora mismo sabemos que las células que componen un tumor son muy distintas unas de otras y que pueden tener una historia diferente y una evolución diferente. Por eso es también interesante mencionar que no solamente tenemos que mirar las mutaciones o los cambios del genoma que ocurren para el desarrollo del cáncer, sino también los cambios en la expresión de los genes que pueden ser independientes de las mutaciones. Estos cambios en la expresión de distintos genes pueden dotar a las células tumorales de distinto comportamientos. Por ejemplo, con respecto a su capacidad de formar metástasis. En eso hemos estado trabajando nosotros, justamente en la plasticidad de las células tumorales, también de las células embrionarias, de cómo pueden pasar de un estado inmóvil a un estado móvil que les dota con esa capacidad de invadir tejidos adyacentes, diseminarse por el cuerpo y formar las metástasis que son la causa de más del noventa por ciento de las muertes por cáncer.

¿Estamos programados de algún modo que hace que tengamos mecanismos biológicos útiles durante una parte de nuestra vida, pero que después empiezan a fallar y hacer que nos desmoronemos?

A lo largo de la evolución se han ido fijando los procesos que son más beneficiosos para el desarrollo del individuo y para su supervivencia. Las mutaciones aparecen al azar y se fijan aquellas que son beneficiosas. Pero hay algo muy interesante que, además, es una especie de paradoja. Hay unos genes muy importantes para el desarrollo del embrión, con los que nosotros llevamos trabajando casi treinta años, que se encargan de dotar a las células de capacidad de movimiento. Esto es absolutamente fundamental para el desarrollo embrionario, porque hay muchas células en el embrión que nacen muy lejos de su destino final. Sin embargo, lamentablemente, se vuelve a encender, se vuelve a activar de forma aberrante, de forma patológica en distintas enfermedades, por ejemplo durante el cáncer, para la diseminación de las células, de nuevo también con esa capacidad de movimiento para formar la metástasis.

¿Cree que se pueden desarrollar tratamientos para detener procesos generales asociados al envejecimiento y así detener la progresión de muchas enfermedades?

 El envejecimiento es una de las grandes preocupaciones de las sociedades avanzadas. España, además, es uno de los países que tienen una esperanza de vida más alta del mundo. De hecho, hay un estudio de la Universidad de Washington que dice que dentro de unas dos décadas puede ser el país con mayor esperanza de vida del mundo. Es un asunto que realmente debemos tratar. Pero no se trata de vivir mucho más, se trata de tener una buena calidad de vida y de envejecer de una forma saludable. Estos conceptos globales ahora se pueden abordar debido a todo el conocimiento que hemos ido adquiriendo durante las últimas décadas. Estos conceptos globales de entender el organismo como un todo y la interacción de los distintos sistemas.

Podemos decir que el envejecimiento puede entenderse también como un deterioro de las funciones que en el adulto sano se están desarrollando perfectamente, en una situación que llamamos de homeostasis. Todo está controlado y todo está funcionando bien, pero con el daño que se va adquiriendo a lo largo de la vida, dependiendo desde luego de la forma de vida de cada uno, va a haber un deterioro que se va a traducir en distintos impactos. Uno de ellos es precisamente la reactivación de genes que tenían que estar apagados y se encienden de nuevo.

¿Hay límites a la prolongación de la vida que podemos lograr a través del conocimiento científico?

Los científicos que trabajan en esto más sí opinan que hay una edad límite, también un poquito por la estadística, viendo cuál ha sido la mayor edad que ha tenido una persona en el mundo. En realidad, yo creo que en este momento no podemos responder a esa pregunta de si hay un límite real, aunque puede que sí lo haya. Lo que sí está muy claro es que la forma de vida va a condicionar mucho también la susceptibilidad a distintas enfermedades y, por lo tanto, donde tenemos que poner el acento ahora es en comunicar cuáles son los mejores hábitos de vida.

Se podrán manipular los embriones humanos para prolongar la vida o reducir la probabilidad de sufrir algunas enfermedades en el futuro.

Esto es una pregunta filosófica y ética. En realidad es la sociedad, según su ética, la que tiene que decidir. Ahora hay algunos procesos, como puede ser la fertilización in vitro, que hace mucho tiempo no habrían sido aceptados por cuestiones éticas. La ciencia avanza y los científicos tienen que seguir avanzando, pero las investigaciones científicas están siempre muy reguladas. Por los estados, por las instituciones y al final es la sociedad la que tiene que decir qué se puede hacer. Esa manipulación del genoma para mejorar ciertas características o prevenir algunas enfermedades es algo todavía lejano y la sociedad tendrá que ir evolucionando para decidir si esto se puede hacer o no.

Hace algo más de diez años, se alcanzó el máximo histórico de inversión en ciencia en España. Entonces parecía que se iba a alcanzar la convergencia con los países más avanzados de Europa, pero después llegó la crisis y la ciencia fue una de las primeras partidas en que se recortó. Resultó no ser una prioridad para los gobernantes. ¿Cree que esto puede cambiar?

Tuvimos unos años buenos en los que hubo un incremento medio del 20% al año y eso nos colocó en una situación en la que parecía que podríamos en algún momento converger con Europa. Pero tuvimos mala suerte, porque justo llegó la crisis y ha durado mucho más tiempo de lo que inicialmente se tenía previsto. En la ciencia, todavía no hemos salido de la crisis y estamos a punto, si es que no ha ocurrido ya, de perder una generación entera de científicos. Esto es muy urgente. Necesitamos retomar la curva de crecimiento. Si esto no es así, en muy poco tiempo, probablemente sea irreversible.

Los científicos lo hemos dicho muchas veces y parece que ya no tiene impacto, pero creo que justamente son los ciudadanos los que tienen que decirle a nuestros gobernantes que requieren que se haga más inversión en ciencia. Y además esa financiación debe ser estable y se nos tiene que facilitar la gestión de los recursos, porque ese es otro de los problemas. Tenemos grandes trabas administrativas que nos hacen perder mucha competitividad.

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