Excelencia científica e índice de impacto

La excelencia científica es uno de los valores que está dando vueltas por los pasillos ministeriales, por la prensa y por instituciones responsables de la investigación científica. Parece oportuno reflexionar lo que esto significa en nuestro país y los parámetros que se usan para definirla.

La excelencia científica es uno de los valores que está dando vueltas por los pasillos ministeriales, por la prensa y por instituciones responsables de la investigación científica (Universidades, OPIS, Hospitales, Empresas, etc). Quisiera reflexionar a este respecto, pero quiero hacerlo con la fórmula inventada por Jesucristo para enseñar a las gentes humildes (ciudadano medio, neófitos, articulistas), que no tienen porqué estar al tanto de lo que realmente significa el término, o no tienen unos profundos conocimientos del medio. Siempre he defendido que lo importante en cualquier ámbito de la sociedad, no es el valor intrínseco de un bien sino la relación calidad / coste (C/C), y aquí va la “parábola”. Soy un amante de los coches Renault (no tengo ningún interés comercial, ni tengo relación alguna con esa empresa), porque he considerado que han mantenido siempre una buena relación C/C, pero si preguntamos a cualquier persona de la calle, (y en esto, como en otros muchos ámbitos de la vida, parece haber como una especie de conciencia universal que se transmite “no-se-muy-bien-como”, pero que está en la mente de todos, ¿será un lobby virtual?) cual es el peor, el intermedio y el mejor coche, muy probablemente nos dirían Seat-600, Renault-Laguna y MERCEDES-CS520. Ahí tenemos al mediocre, al estándar y al excelente. Pero si los comparamos en cuanto a coste de producción, valor de los recambios, precio de venta, seguros, gasto de gasolina, y los correlacionamos con las prestaciones de cada uno, velocidad máxima, tiempo para llegar a 100 Km/h, con seguridad la relación va a cambiar. Y probablemente el que quedaría mejor parado no es precisamente el excelente.

Pero incluso más, aún en el caso de que olvidando todos los condicionantes solo miráramos las prestaciones velocidad máxima (Vm 280 Km/h) y tiempo para llegar a 100 Km/h (T 6 s.), para que nos sería útil el excelente, si tenemos toda una serie de limitaciones, como malas carreteras, límite de velocidad, carné por puntos, etc. Sería muy difícil que el excelente pudiera desarrollar toda su potencialidad, bajo estos condicionantes, mientras que el estándar con menores “prestaciones” (Vm 160 Km/h, T 12 s.), estaría mas acorde con las condiciones del medio, además de tener una mucho mejor relación C/C.

Si el lector avieso ha entendido la metáfora, habrá comprendido la analogía de los distintos niveles de excelencia y su correlación con la realidad científica cotidiana en nuestro país. Y fácilmente, llegará al corolario que es mejor arreglar las carreteras, y revisar las prohibiciones y limitaciones, antes que comprar excelentes coches.

Y finalmente un apunte sobre la evaluación de la excelencia científica. Es de general conocimiento (¿conciencia universal? ¿lobby virtual?) que el índice utilizado para medir esa calidad científica, es el “IF” (impact factor) de las publicaciones científicas, que no es otra cosa que el cociente entre las citas que reciben los artículos y el número de artículos publicados en los dos últimos años por una revista (hay miles de dudas sobre la dependencia de este índice en función de lo que se consideran artículos y con el rango de tiempo que se miden las citas).No obstante, si en el divisor de ese cociente se utilizara, la diferencia entre papeles enviados a la revista para su publicación y los realmente publicados, en lugar de solo los publicados, el índice daría un valor mas realista de la excelencia científica de los artículos. Ya que en caso de publicarse todos los artículos recibidos por la revista (hecho que es bastante improbable) el índice sería infinito, mientras que de no publicarse ninguno (hecho todavía mas absurdo) el índice seria cero. Pero en este caso las revistas (editores, referees, empresas de publicación, etc.) se esforzarían en publicar el máximo posible de lo que reciben para aumentar exponencialmente su IF.

Dr. Juan Alfonso Ayala (CBM-CSIC)

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