Archivo de diciembre, 2010

Los hitos científicos del 2010

Como todos los años, la prestigiosa revista Science acaba de publicar su lista de los 10 principales hitos científicos del 2010. Seguramente no estarán todos los que fueron. Esperemos que, al menos, sí sean todos los que están(más…)

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Categorias: HITOS Y MITOS

La flexibilidad reguladora de las proteínas multifuncionales

Con algo de imaginación, podemos visualizar al genoma como a un libro de instrucciones para construir y hacer funcionar un organismo vivo. Este libro está escrito con un abecedario de cuatro letras que son los cuatro componentes de la molécula de DNA. Al combinar esas cuatro letras se forman palabras y frases que sirven para dirigir la síntesis de proteínas, las cuales llevan a cabo las distintas funciones del organismo…

Colocalización de hnRNP C
Colocalización de hnRNP C

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Relación virus-célula de la infección por citomegalovirus

El Citomegalovirus humano (CMVH) es un patógeno humano importante que infecta a un gran porcentaje de la población mundial y que supone un alto riesgo para la salud de individuos con el sistema inmune inmaduro o deprimido -recién nacidos, trasplantados o pacientes con Sida-. Conseguir identificar qué proteínas celulares están implicadas en la reproducción viral permitirá tener los elementos necesarios para poder controlar la infectividad de dicho patógeno.

 

IF de células infectada por CMVH
IF de células infectada por CMVH

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Categorias: VIRUS EN GENERAL

El beneficio comunitario de los transgénicos (+ Nota sobre investigación en animales)

Que si son peligrosos, que si se nos caerán hasta las pestañas o, mucho peor, que se perderán todas las cosechas decentes… El caso es que la imagen social de los transgénicos es, por el exceso de críticas de unos grupos y la apatía de otros, cuando menos dudosa. Sin embargo, cuando uno recurre a las fuentes del saber científico; esto es, a las publicaciones científicas en las mejores revistas –aquellas con el denominado índice de impacto alto- la controversia da paso a los hechos, y para muestra un botón…

Maiz transgénico

Maiz transgénico

Un reciente artículo publicado en una de las mejores revistas científicas que existen, Science, firmado por investigadores de la Universidad de Minnesota y comentado, en el mismo volumen por Bruce Tabashnik, de la Universidad de Arizona, ambas de EEUU, informa de que un cultivo de maíz transgénico Bt resistente al taladro protege y ahorra cosecha también a los productores de maíz tradicional no-Bt. (más…)

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La bacteria amante del arsénico…

¿Recuerdan aquella frase histórica de la película “Parque Jurásico” que venía a decir que “la vida siempre se abre camino”? Pues bien, de corroborarse, confirmarse, contrastarse y reproducirse los resultados que acaba de publicar la versión digital de Science, dicha frase lapidaria cobrará una dimensión hiperrealista…

Bacterias en arsénico

Bacterias en arsénico

Existe en la naturaleza una serie de organismos “vivos” –así dejamos en la cuneta a los virus- capaces de vivir y reproducirse en condiciones verdaderamente extremas. Sin ir más lejos, en el entorno onubense más propio de Marte que de la Tierra, constituido por las minas de Río Tinto, existen bacterias, como la conocida acidófila Thiobacillus ferrooxidans, capaces de obtener energía de la pirita produciendo en el proceso directamente ácido sulfúrico. Sea como fuere, una constante universal abarcaba todo el espectro biológico: la presencia del ADN como molécula poseedora de toda la información vital: la información genética. Este ADN es un polímero de nucleótidos, es decir, una cadena de moléculas formadas por un azúcar, una base nitrogenada y, uniendo monómeros entre sí, un grupo fosfato. Esto constituye, en biología, una verdad universal; ¿o no?

Río Tinto

Río Tinto

Desde hace unas horas, la revista Science publica los resultados obtenidos por Felisa Wolfe-Simon y colaboradores del Instituto de Astrobiología de la NASA con una extraña proteobacteria que es capaz, no ya de metabolizar, alimentarse o sobrevivir a base de arsénico –como hacen otros microorganismos- sino, y esto es monstruosamente sorprendente, sustituir al fósforo de todas sus funciones celulares, incluyendo la de nexo de unión en los ácidos nucleicos.

Bacterias GFAJ-1

Bacterias GFAJ-1

Existe una gran similitud química entre el arsénico y el fósforo. El primero se sitúa justamente debajo del segundo en la tabla periódica. Sin embargo, no hay que confundirse. El arsénico pertenece a los semimetales y es altamente tóxico –disuelto en agua, por encima de los 10 microgramos por litro, según señala la OMS, es perjudicial para la salud-, mientras que el fósforo es un no metal indispensable para la vida, como ya se ha comentado. No obstante, el arsénico puede, al menos in vitro, sustituir parcialmente al fósforo en reacciones bioquímicas –incluso llegó a ser, el arsénico, en pequeñas dosis, muy popular en medicina hasta finales del siglo XVIII.

Volviendo al artículo de la oceanógrafa convertida en astrobióloga Wolfe-Simon, la nueva bacteria –cepa GFAJ-1- ha sido descubierta en el lago Mono de California -lago supersalado del condado norteamericano del mismo nombre-. Es un miembro de la familia Halomonadaceae dentro de las proteobacterias – uno de los principales y mayores grupos de bacterias, las proteobacterias, que incluyen a miembros tan conocidos como la ubicua Escherichia, Vibrio o Salmonella, entre otros muchos géneros. Esta nueva bacteria es capaz de crecer en el laboratorio en concentraciones crecientes de arsénico donde se iba disminuyendo paulatinamente la concentración de fosfato hasta conseguirse el milagro: el arsénico sustituye a dicho fosfato en todas las moléculas biológicas como lípidos, proteínas y, sorprendentemente, el ADN. El seguimiento del arsénico, desde su captura por la célula hasta su incorporación última en las macromoléculas no deja lugar a dudas: estamos, según se anunció en rueda de prensa mundial organizada por la NASA, ante un verdadero hito histórico que probablemente cambie el concepto de la filogenia a lo largo de la evolución y permitirá abrir las rigurosas mentes científicas hacia otras posibilidades de vida basadas en moléculas distintas a las observadas hasta la fecha ya, incluso, sin necesidad de salir de nuestra pequeña Aldea. Por ello, aquella despedida galáctica de ciertas series televisivas fantásticas, “the truth is out there”, cobra una nueva dimensión.

Lago Mono

Lago Mono

JAL -(CBMSO)

 

 Debate con los autores:

It is well established that all known life requires phosphorus, usually in the form of inorganic phosphate. In recent years, however, astrobiologists, including Arizona State University professors Ariel Anbar and Paul Davies, have stepped up conversations about alternative forms of life. Anbar and Davies are coauthors of the new paper, along with ASU associate research scientist Gwyneth Gordon. The lead author is Felisa Wolfe-Simon, a former postdoctoral scientist in Anbar’s research group at ASU’s School of Earth and Space Exploration and Department of Chemistry and Biochemistry in the College of Liberal Arts and Sciences.

“Life as we know it requires particular chemical elements and excludes others,” says Anbar, a biogeochemist and astrobiologist who directs the astrobiology program at ASU. “But are those the only options? How different could life be?” Anbar and Wolfe-Simon are among a group of researchers who are testing the limits of life’s chemical requirements.

“One of the guiding principles in the search for life on other planets, and of our astrobiology program, is that we should ‘follow the elements,’” says Anbar. “Felisa’s study teaches us that we ought to think harder about which elements to follow.”

Wolfe-Simon adds: “We took what we do know about the ‘constants’ in biology, specifically that life requires the six elements CHNOPS (carbon, hydrogen, nitrogen, oxygen, phosphorus and sulfur) in three components, namely DNA, proteins and fats, and used that as a basis to ask experimentally testable hypotheses even here on Earth.”

>From this viewpoint, rather than highlighting the conventional view of the “diversity” of life, all life on Earth is essentially identical, she says. However, the microbe the researchers have discovered can act differently.

Davies has previously speculated that forms of life different from our own, dubbed “weird life,” might even exist side-by-side with known life on Earth, in a sort of “shadow biosphere.” The particular idea that arsenic, which lies directly below phosphorous on the periodic table, might substitute for phosphorus in life on Earth, was proposed by Wolfe-Simon and developed into a collaboration with Davies and Anbar. Their hypothesis was published in January 2009, in a paper titled “Did nature also choose arsenic?” in the International Journal of Astrobiology.

“We not only hypothesized that biochemical systems analogous to those known today could utilize arsenate in the equivalent biological role as phosphate,” notes Wolfe-Simon “but also that such organisms could have evolved on the ancient Earth and might persist in unusual environments today.”

Wolfe-Simon, now a NASA astrobiology research fellow in residence at the U.S. Geological Survey, was one of the participants, along with Anbar, at a workshop titled “Tree or Forest? Searching for Alternative Forms of Life on Earth,” that was organized in December 2006 by the BEYOND Center, a “cosmic think tank” at ASU.

“That’s where it all began,” says Davies, a cosmologist, astrobiologist, theoretical physicist and director of the BEYOND Center.

“Felisa’s talk was memorable for being a concrete proposal,” Davies says. “Many of the talks at the workshop discussed searching for radically alternative forms of life with suggestions of the form ‘maybe something roughly like this,’ or ‘maybe a bit like that.’ But Felisa said, quite explicitly, ‘this is what we go look for.’ And, she did.”

“The idea was provocative, but it made good sense,” notes Anbar. “Arsenic is toxic mainly because its chemical behavior is so similar to that of phosphorus. As a result, organisms have a hard time telling these elements apart. But arsenic is different enough that it doesn’t work as well as phosphorus, so it gets in there and sort of gums up the works of our biochemical machinery.”

After leaving ASU, Wolfe-Simon began a collaboration with Ronald Oremland of the U.S. Geological Survey to chase down the hypothesis. Oremland was a natural choice to bring into the project because he is a world expert in arsenic microbiology. What Wolfe-Simon discovered is presented in the Science Express paper titled “A bacterium that can grow by using arsenic instead of phosphorus.”

The latest discovery is all about a bacterium – strain GFAJ-1 of the Halomonadaceae family of Gammaproteobacteria – scooped from sediments of eastern California’s Mono Lake, which is extremely salty with naturally high levels of arsenic.

In the laboratory, the researchers successfully grew microbes from the lake on a diet that was very lean on phosphorus, but included generous helpings of arsenic.

Key issues that the researchers needed to address were the levels of arsenic and phosphorus in the experiments and whether arsenic actually became incorporated into the organisms’ vital biochemical machinery, such as DNA, proteins and the cell membranes. A variety of sophisticated laboratory techniques was used to nail down where the arsenic went, including mass spectrometry measurements by Gordon at the W.M. Keck Foundation Laboratory for Environmental Biogeochemistry at ASU.

Commenting on the significance of the discovery, Davies says: “This organism has dual capability. It can grow with either phosphorous or arsenic. That makes it very peculiar, though it falls short of being some form of truly ‘alien’ life belonging to a different tree of life with a separate origin. However, GFAJ-1 may be a pointer to even weirder organisms. The holy grail would be a microbe that contained no phosphorus at all.”

Davies predicts that the new organism “is surely the tip of a big iceberg, and so has the potential to open up a whole new domain of microbiology.”

It is not only scientists, however, who will be interested in this discovery. “Our findings are a reminder that life-as-we-know-it could be much more flexible than we generally assume or can imagine,” says Wolfe-Simon, noting that because microbes are major drivers of biogeochemical cycles and disease this study may open up a whole new chapter in biology textbooks.

“Yet, this story isn’t about arsenic or Mono Lake,” Wolfe-Simon says. “If something here on Earth can do something so unexpected, what else can life do that we haven’t seen yet? Now is the time to find out.”

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Other authors of the new study published in Science Express include Jodi Switzer Blum, Thomas Kulp and Shelly Hoeft, USGS; Jennifer Pett-Ridge and Peter Weber, Lawrence Livermore National Laboratory; John Stolz, Duquesne University; and Samuel Webb, Stanford Synchrotron Radiation Lightsource.

This study was funded in part by NASA’s Astrobiology Program. Wolfe-Simon, Anbar, Davies and Oremland are members of the NASA Astrobiology Institute “Follow the Elements” team at Arizona State University.

 

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA A 04 DE DICIEMBRE DE 2010

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