Gattaca (1997): el genoísmo puesto a prueba

A mi juicio Gattaca (1997) es, de lejos, la película que trata con mayor elegancia los asuntos de la privacidad de los datos genéticos, el determinismo genético, la discriminación por motivos genéticos, la eugenesia y los hijos a la carta. Esta ficción del neozelandés Andrew_Niccol (dirección y guión), también responsable de El show de Truman (1998), está cargada de simbología plástica y guiños al espectador. A mí al menos se me hizo cortísima para la cantidad de sucesos que tienen lugar en los diferentes niveles de lectura que comprende.

Hace poco he leído un interesantísimo artículo de Francisco Javier de Prada Pérez en el que se apuntan varias de las ideas que yo había perfilado y quería expresar aquí. Entre otras, que tanto la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos (París, 1997) como la Declaración sobre los Datos Genéticos (París, 2003), ambas de la UNESCO, casi parecen consecuencias directas de esta cinta, que no sólo no ha envejecido mal sino que se mantiene más actual que nunca. Por supuesto, las declaraciones de París no son reseñas, ni en ellas se hace mención alguna a Gattaca, pero la convergencia de ideas muestra lo acertado del planteamiento de la película respecto a los temas de estas declaraciones, que aún hoy preocupan a todos los comités de bioética internacionales.

Sólo le veo dos defectillos a Gattaca, que me dejo para el final. Ahora paso a analizar algunos aspectos de la obra (aviso: hay muchos espóilers).

Hijos a la carta, eugenesia y genoísmo

El principal protagonista es Vincent Freeman (Ethan Hawke). Fíjense ustedes en el apellido, que no es casual. Sus padres lo concibieron de manera natural y cometieron el error involuntario de (sic) “dejar en manos de Dios lo que podía haber estado en manos de su genetista”. Hablando en plata, ocurrió lo que puede ocurrir en el asiento trasero de un coche cuando no se toman precauciones. Y esto tuvo lugar en un tiempo ficticio que al comienzo de la película se define como “un futuro no excesivamente lejano”.

Gattaca

Gattaca 1997

Vincent nace con los defectos de cualquier niño. Podría haber sido más alto, más bajo, más o menos guapo, más fuerte, o menos, más listo… y, maldita sea, tiene una deficiencia cardiaca que le da una esperanza de vida de unos treinta años. Es un no válido (o inválido). Pertenece al escalafón inferior en una sociedad que ya no discrimina por motivos de raza, sexo, religión, nobleza de sangre o capacidad adquisitiva, sino que atiende principalmente a motivos de perfección genética (ausencia de enfermedades hereditarias, optimización corporal y mental, etc.). El mundo en el que nace Vincent Freeman es lo que se podría denominar como distopía transhumanista. Aunque en la película se alude a la prohibición legal de discriminar por motivos genéticos (genoísmo lo llaman), en la práctica no cesan de practicarlo.

Los padres de Vincent (sobre todo el padre, que quería ponerle su propio nombre, Anton, a su primogénito y se lo niega nada más ser alumbrado éste) deciden, pues, tener un segundo hijo. Uno fetén, pata negra, que vaya a estar en la élite o al menos tenga posibilidades de acceder a ella. En comparación, la máxima aspiración de Vincent será conseguir un puesto de trabajador manual (currito). Maticemos: no es que en sí sea reprobable un trabajo de este tipo, pero sí lo es, a mi juicio, y al de la UNESCO, que la sociedad lo imponga por motivos discriminatorios de nacimiento. Los padres, para engendrar a su hermano Anton, esta vez siguen el método “tradicional” de esa época (es decir, in vitro y a la carta). Mantienen una entrevista que se produce en una escena determinada, para mí clave, en la que el empleado de la empresa de fertilización in vitro les da la opción de seleccionar el sexo, los rasgos físicos (hasta el mínimo detalle) e incluso algunos psicológicos. Lo que no se les ocurre a los padres se toma la libertad de elegirlo él: erradicar defectos, como calvicie, miopía, tendencia agresiva, obesidad, etc. Temerosos de que todo sea demasiado “artificial”, Mr. and Mrs. Freeman dudan y le preguntan si no sería conveniente dejar algo al azar. El otro les mira de forma condescendiente y les convence con un sencillo argumento: “Créanme, ya tenemos suficientes imperfecciones. No, su hijo no necesita ninguna carga adicional. Y no lo olviden: este niño es como ustedes. Simplemente, lleva lo mejor de ustedes. Aunque concibieran de forma natural mil veces jamás obtendrían un resultado así”. Irrefutable y taxativo, ¿verdad? De hecho, James Watson, premio Nobel codescubridor de la doble hélice y muy conocido también por sus controvertidas declaraciones y su particular visión de la discriminación, también afirmó en 2005: “Es difícil encontrar un buen argumento general contra la idea de hacer seres humanos mejores”. En esa misma entrevista aseguró que la eugenesia estaba condenada a volver porque todo el mundo querría tener hijos más saludables e inteligentes si se les diera la opción.

Privacidad de los datos genéticos

En otra escena, a una compañera de trabajo de Vincent, Irene Cassini (Uma Thurman), cuyo apellido tampoco es casual, le piden que colabore con la policía y les facilite el trabajo. Ella sospecha que algo pasa con Vincent y, por motivos propios y personales, acude a una ventanilla con un cabello que supuestamente es de nuestro hombre y pide, a título privado, sin dar explicaciones, una secuencia genética del propietario de esa muestra. Del mismo modo cabe suponer que una novia (o su padre) podría acceder a la información contenida en el ADN de un pretendiente, una compañía de seguros tendría acceso sin restricciones a toda la información genética de sus posibles clientes y un empleador podría exigir a los candidatos a contratación todo su historial genético, o incluso obtenerlo él mismo. Y todos ellos podrían actuar en consecuencia. Terrible, ¿no? Habría una parte buena, pues se evitarían clientes, pretendientes o empleados “inadecuados”. Pero ¿no sería discriminatorio? ¿No se establecería un doble rasero laboral, económico y social que conduciría a un genoísmo como el que se plantea en la película? Porque sí, todos somos muy buenos, muy humanos, ecuánimes y de ideas contrarias a la discriminación, pero en cuanto tuviéramos la posibilidad (y más pensando que los demás la va a aprovechar)… Precisamente la Declaración de París de la UNESCO sobre los Datos Genéticos (2003) hace especial hincapié en que no se puedan dar estas situaciones u otras parecidas, aunque al final todo queda restringido a las circunscripciones legales territoriales: cada país deberá buscar su propia solución, que se deberá adaptar a su legislación actual.

Durante toda la película hay recogidas de muestras de tejidos corporales, tanto inconscientes (por ejemplo aspiradoras en los puestos de trabajo) como “voluntarias” (a los individuos se les hace extracciones, lo quieran o no). Todo vale: sangre, saliva de los vasos, un cabello en un peine, una pestaña, restos de piel… En la empresa donde trabaja Vincent, Gattaca, los empleados pasan constantemente por controles físicos y de análisis de fluidos. Para ser contratados en la empresa, para acceder a ella a diario, controles rutinarios o por sorpresa, etc. La policía también efectúa análisis de sangre cuando la ocasión lo permite (redadas, controles de carretera…). Existen interfaces que conectan los dispositivos analíticos y de recogida de muestras con bases de datos en las que se incluye toda la información del individuo en cuestión. Es como llevar encima y a disposición del que lo quiera no sólo el DNI, sino todo el historial civil, penal, académico, profesional y clínico. Y el perfil abierto de Facebook, si nos descuidamos. Es la sociedad del control absoluto. Cuando Vincent va a pasar su última entrevista para entrar en Gattaca le hacen un análisis. “¿Y la entrevista?”, pregunta él. “Era esto”, le responde el analista. Es decir: las entrevistas de trabajo en el futuro se podrían limitar a un análisis de sangre u orina. Y punto. No necesitarían más. Nada de escalas de valores, aptitudes o currículum. Todos tus méritos estarían contenidos en el ADN. Aunque veremos que eso no es cierto. Ni siquiera en la película, cuya moraleja principal es precisamente: ni la esencia del ser humano ni el destino están escritos en los genes. El individuo es algo más que un genotipo: existen el ambiente, la suerte, el esfuerzo, la educación, la voluntad… el amor…

Determinismo genético

Vincent tiene un sueño desde niño: quiere ser astronauta. Quiere pilotar una misión espacial. En el mundo ficticio de Gattaca esto es impensable para un no válido.

Un día, Vincent supera por primera vez a su perfecto y superior hermano Anton en un juego. El juego, que ellos denominan “el gallina”, consiste en una prueba de fuerza, valor y determinación. Se echan a nadar en el mar y el que primero dé media vuelta pierde. Siempre ganaba Anton, pero ese día gana Vincent. Gana porque se propone no reservarse nada para el trayecto de regreso.

A partir de entonces se esfuerza más por superarse e incluso adquiere, mediante un extraño contrato ilegal, la identidad de un válido que, aun representando la excelencia más absoluta, debido a un accidente ha quedado paralítico y ha caído en desgracia. Vincent sustituye ante el mundo a Eugene Morrow (alter ego que interpreta Jude Law. Por cierto, excelente papel. Y ¿debo insinuar que el nombre Eugene tampoco es casual?). Viven juntos y Eugene proporciona a diario a Vincent las muestras biológicas que éste necesita para acceder a su trabajo en Gattaca. El esfuerzo de Vincent es sobrehumano, pues deberá tomar todas las precauciones (sobre todo higiénicas) para no dejar ni una muestra corporal durante el transcurso del día. Habiéndose sometido voluntariamente incluso a una operación de alargamiento de piernas (los datos genéticos de Eugene indican una mayor estatura que la de Vincent), llevando una vida espartana y mostrando tener un carácter estoico (frío, calculador… bastante antipático), Vincent logra su objetivo: burla los controles de Gattaca y del mundo el tiempo suficiente como para hacer méritos y que se le asigne una misión a Titán (ya dije que el apellido Cassini… OK, vale, no lo repetiré). En un determinado momento, su hermano válido Anton, que no se siente orgulloso de su empleo en la Policía, cuando se entera de que Vincent está a punto de lograr su sueño se lo echa en cara: “Yo tengo derecho; tú no”. Vincent le vuelve a demostrar, de nuevo con el juego del gallina, que no es así. Y lo hace una noche en la que una bruma les dificulta la visión. No saben dónde van ni dónde están. No conocen su futuro, y el pasado no importa; sólo están ellos y lo que en realidad son. De nuevo gana Vincent.

La contrapartida del fracaso de Anton la ofrece el de Eugene. Ambos han sido niños prodigio, perfectos. Superiores incluso dentro de los “vitro” o válidos (en contraste con gente como Irene, que conserva un pequeño defecto, y con Vincent, que a todas luces es un ser inferior). Anton fracasa porque es consciente de su superioridad y lleva una vida conformista: hace lo que se espera de él. Lo tiene todo. Sólo tenía que “ser” para triunfar. Y fracasa. Eugene también fracasa en un principio. Su fracaso viene determinado por el propio carácter de Eugene. Los genes no te preparan para todo. Por muy soberbio que seas, por muy superior que te sientas, la vida te puede dar un palo. No recuerdo qué palo le dio la vida a Eugene, pero trató de suicidarse y solamente consiguió quedar paralítico. Y no había nada peor para alguien como él que quedar paralítico. Pero Eugene puede seguir siendo representado por Vincent. Vive en él y gracias a él. El fracaso inicial de Eugene se puede paliar con esfuerzo, un esfuerzo para el que no está preparado alguien como Anton. Y este esfuerzo queda representado magistralmente en una escena en la que Eugene necesita subir por una escalera de caracol. A pesar de su minusvalía, lo logra. Eugene en ese momento gana. Vence a pesar de su limitación física. Y lo hace precisamente derrotando a una doble hélice ascendente (tampoco es casual la forma de la escalera), una doble hélice perfecta que debería haber sido su triunfo pero que ahora supone un obstáculo. Y su victoria significa la derrota definitiva de Anton, que pierde porque al llegar encuentra allí sentado al verdadero Eugene, cuando creía que el que le recibiría sería un farsante, su hermano Vincent. Y con ello Vincent también gana, pues puede cumplir su sueño.

Gattaca
Gattaca 1977

Ya sólo queda el final. Y en él, por si quedaban dudas, un analista, un tecnólogo, refuta lo que aquel otro tecnólogo de la empresa de reproducción asistida les dijera a los padres de Vincent al principio de la película. Cuando ha superado todos los obstáculos y está a punto de embarcarse en su misión a Titán, Vincent se encuentra con un último control de fluidos. Y, maldita sea, la empresa ha cambiado de improviso sus protocolos de análisis. Vincent no lo ha previsto y es descubierto por el infalible instrumental. Pero el analista ya sabía desde hacía tiempo que aquel hombre perfecto era un impostor (“Los diestros no se la cogen con la izquierda”). Más aún, sabía que era un no válido. Y le deja pasar. “Ya te he hablado alguna vez de mi hijo. No es todo lo que nos prometieron”, le comenta, mientras le indica que no se preocupe, colaborando así con el hombre que ha vencido en su propio terreno a los válidos. Al sistema.

Y el tecnólogo sella así una suerte de rebeldía contra ese sistema genoísta que él, mejor que nadie, sabe que tiene fallos.

Las escenas finales me decepcionaron un poco. Cabría esperar que una vez logrado su sueño Vincent abandonase, orgulloso, la misión a Titán y se quedara con su particular Cassini (la metáfora perfecta para llegar a Titán), pero no lo hace. Esto le resta rebeldía al personaje, que lo único que demuestra es que se pone al servicio del sistema genoísta. Lo acepta. No lucha más. Y de paso deja chafada a Irene.

El otro defecto que le veo a la película es que tal y como se desarrollan algunas escenas el espectador puede ver sólo el aspecto superficial de la perseverancia y el pundonor de Vincent. De este modo, muchas críticas se han volcado en que la moraleja principal queda reducida al “espíritu americano” y la interpretación de “si lo deseas con todas tus fuerzas y eres lo suficientemente persistente, al final lo conseguirás”. Pero si nos fijamos, no es así: Vincent nunca podría haber triunfado si Eugene no lo hubiera hecho. Si éste fuera como Anton y no hubiera superado la doble hélice en la escena de la escalera, Vincent no hubiera logrado nada, por mucho empeño que hubiera puesto. Y tampoco lo hubiera conseguido de no ser por la ayuda del analista disconforme con el sistema (otro válido). Es decir: el triunfo de Vincent se debe a que el sistema, el genoísmo, son erróneos. Ése es, a mi juicio, el mensaje. 

Federico G. Witt

Bioquímico. Administrador de Portal de Ciencia Ficción

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA A 27  DE JUNIO DE 2011

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Comentarios

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No soy de dejar muchos comentarios en las paginas, pero Gattaca simplemente es una de mis peliculas favoritas y el analisis que hace en este post sobre las implicaciones de los personajes y la infinidad de detalles que no son casualidades, como los nombres, las escaleras o las relaciones que tienen los personajes, me parece excelente, estare pendiente de mas publicaciones en el blog.

Por cierto, Fede, al final, tantas casualidades que no lo son, como bien comentas, y, sin embargo, no recuerdo -aunque podría estar equivocado- haber leído nada sobre lo más evidente… “El nombre de GATTACA” y su significado…
Un abrazo

Muchas gracias, Roberto. Me alegro de que te haya gustado.

Ah, por supuesto, JAL. Está claro que G A T T A C A está formado por las letras que se usan como abreviaturas para los nucleótidos que forman el ADN: Adenina, Citosina, Guanina y Timina. En los créditos, estas mismas letras aparecen resaltadas, tanto en el “opening” como al cierre de la película.

¿Por qué se ha elegido específicamente la secuencia GATTACA? Eso sí conviene explicarlo, tienes razón, aunque lo consideré un guiño un tanto “especializado”:

Como marcadores genéticos específicos se utilizan lo que se conoce como “microsatélites”: secuencias de ADN en las que se repite de forma consecutiva (en tándem) un fragmento de pequeño tamaño (uno a seis nucleótidos). El número de repeticiones determina la variación entre alelos. Los microsatélites están más o menos distribuidos a lo largo de todo el genoma de los eucariotas, aunque con escasa frecuencia en las regiones codificantes y en los telómeros. Por eso (y porque son cortos) son buenos marcadores genéticos.

Hay algunas repeticiones en tandem muy típicas en humanos, como las repeticiones (GA)n, (TTA)n y (CA)n. Las repeticiones a veces van asociadas a otras, o incluso entre los tándems puede haber algún nucleótido suelto. Intuyo que para reconocer a los válidos de los no válidos en la película se ha introducido, al modificar genéticamente al individuo, una secuencia (GA)n(TTA)n(CA)n (eso facilitaría a los secuenciadores el ver rápidamente si el individuo es o no un válido). La empresa Gattaca sólo admitía válidos entre sus empleados (aunque permitiera el paso a los servicios de contratas con inválidos, por ejemplo el servicio de limpieza o el de cocina). Es equivalente a una especie de cláusula de excelencia. Y de ahí el nombre de la empresa, que es como llamarse “Semos los más mejores del mundo”.

Corrígeme si me equivoco, JAL, pero creo que va por ahí.

Perdón, voy a rectificar un pequeño detalle (pero que es importante porque puede confundir a algún estudiante, y no quiero que nadie suspenda por mi culpa):

He dicho que los nucleótidos que conforman el ADN se llaman Adenina, Citosina, Guanina y Timina.

No es cierto. Se llaman así las bases nitrógenadas de los nucleótidos, pero no los nucleótidos. Estos recibirán el nombre partiendo del de sus respectivos nucleósidos (base nitrogenada + pentosa; por ejemplo, de la adenina se forma la adenosina) y según el número de fosfatos (adenosín mono (di o tri) fosfato, o bien mono (di, tri) nucleótido de adenosina).

Eres un crack, compañero.
Un abrazo.

Pedante sí que es, la peli. Más que superdotados parecen jilipollas. Lo más inquietante es el empeño que ponen todos esos personajes en ser majaderos. Utopías de este tipo las hay a sacos, pero con un pedigree intelectual consagrado. Platon, San Agustín, Tomás Moro, Thoreaux, Huxley, Wels, Orwel…Sabino Arana. Todas terminan en pesadilla. Todas tienen un rasgo común, todas consideran al indivíduo una nada insignificante, una partícula del todo real que es la “sociedad”. El arquetipo de este tipo de pesadillas es “1984″. Pero en la tradición del contrato social unos indivíduos racionales y libres con intereses propios verdaderos no tolerarían esas arbitrariedades. De donde demonios saca esa empresa Gattaca tanto poder como para inmiscuirse en nada menos que en el genoma de la gente. El poder de Gattaca es el poder que le otorga esa caterva de imbéciles que quieren ser lo que no son y aceptan las reglas de Gattaca.
Al lado de estas majaderías, “El gen egoista” de Dawkin parece una oda de Píndaro.

Hace dos dias pusieron en le Sexta GATTACA. Y la ví. Es un cuentecillo entretenido que si no fuese por la factura brillante de brillo demasiado cegador (casi no tiene otra cosa), sería probablemente insufrible; por la colección de muermos que intervienen en su realización; por la divinización de esos cachivaches nanotecnológicos que parece que son los putos amos del cotarro. Todo es tan estúpido que cuesta aguantar hasta el FIN. Está atiborrada de tópicos anglocétricos obvios sin necesidad de recurrir a encriptaciones genómicas. Sin duda es racista, a pesar de que aparecen por allí algunos negros y chinos. Además sospecho que es científicamente anbalfabeta a pesar de su lenguaje científico superferolítico, semejante a las viejas locis thologicis de encandilar patanes. En realidad el ropaje formal de esta película es el mismo que el usado por la Escuela de Economía de Chicago, esa cueva de ladrones con sus elucubraciones matemáticas para dementes, que de lo que tratan es de convencernos de que oponerse a su “racionalismo” es locura y que tenemos que dejarnos despellejar mansamente por nuestro bien. Mejor rememoramos al bueno de León Felipe cuando nos decía aquello de “yo no ahueco la voz para asustaros”. Me gustaría saber que opina de esta película Carlos Boyero.

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