Un garabato animado de Google celebra el 384 aniversario del nacimiento de Leeuwenhoek

Hoy Google celebra el 384 aniversario del nacimiento de Leeuwenhoek. Reproduzco el texto dedicado a Leeuwenhoek en el libro “Ni contigo ni sin tí

El señor Leeuwenhoek y su tienda de telas
Esta es la historia de la primera persona que observó los microbios con un microscopio. Se llamaba Antonie van Leeuwenhoek (en holandés se pronuncia algo así como “Antoni fan Leubenjuk”) y era un comerciante de telas en la ciudad de Delft en Holanda. En su tienda utilizaba lupas para contar el número de hilos de los tejidos, y decidió aprender a fabricarlas él mismo. Una vez que le salieron bien, el señor Leeuwenhoek no se conformó con utilizarlas para mirar las telas y se puso a mirar todo lo que pillaba: gotas de agua, semillas, madera, cristales, insectos y todo por lo que sentía curiosidad. Lo que vio era un mundo fascinante lleno de cosas invisibles ante nuestros ojos y lo más asombroso de todo era que muchas se movían. Dedujo que lo que veía eran minúsculos seres vivos, así que los llamó “animálculos”.

El garabato de Google dedicado a Leeuwenhoek nos muestra al insigne holandés observando mediante uno de sus microscopios simples los “microbichitos Google” que hay en una gota de agua.

Las lupas que hacía eran diminutas, las hacía a mano y las fijaba en un pequeño orificio taladrado en una plancha de metal. Conseguía acercar los objetos a la lente colocándolos en la punta de un tornillo que podía desplazar girándolo hasta que estaba en línea con la lente y con su ojo. Muchas de sus lentes estaban tan bien hechas que pudo ver las cosas hasta 300 veces más grandes. Ahora a estos instrumentos los llamamos microscopios simples, porque solo llevan una lente. Él no sabía aún lo importantes que eran los “animálculos” ni que ahora los llamamos microbios. El señor Leeuwenhoek encontró microbios en el agua y en distintas partes del cuerpo humano, incluso hasta en su boca. Seguro que se asustó cuando el 24 de abril de 1676 los vio por vez primera. No se podía creer que en su propia boca viviesen tantos seres minúsculos y lo contaba así: “Eran realmente muy pequeños, tan pequeños a mi vista, que juzgo que aún si cien de estos pequeños animales se ubicaran uno al lado de otro, no podrían alcanzar la longitud de un grano de arena”.
Tras ver la gran cantidad de “animálculos” que había en el agua de un estanque, pensó que esos seres podrían contaminar otros lugares: “Si un hombre limpia sus vasos de vino o cerveza en este estanque, entonces quién sabe cuántos pequeños animales podrían quedarse pegados en ellos y ser transportados hasta la boca…”. Esta observación es uno de los primeros pasos que se dieron para descubrir algo muy importante: que los microbios pueden llegar a nuestro cuerpo al comer y que, si bien la mayoría no son perjudiciales, algunos microbios que contaminan las aguas o los alimentos pueden a veces producir enfermedades como la diarrea.

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