Desarrollo comunitario (“Community development”)

Por Javier Segura del Pozo

Médico salubrista

Iniciamos hoy una nueva serie sobre “Desarrollo comunitario” (DC, a partir de ahora), para acercarnos a un campo de conocimientos, prácticas y experiencias, que tienen muchos elementos en común con la salud comunitaria y que puede ser una valiosa fuente de conocimientos y contactos para los que trabajamos en el campo de la promoción de la salud. Como veremos, el DC no solo es un enfoque de trabajo en las comunidades, sino un campo profesional y disciplinario en construcción. Aunque está más claramente “recortado” en el mundo “desarrollado” anglosajón (el “norte”), bebe de experiencias y métodos originarios del “sur” latino y del “sur” del tercer mundo. Tiene diferentes enfoques y representantes, que van desde la pedagogía revolucionaria hasta la mera beneficencia social mitigadora de las miserias del capitalismo. En los últimos años nos hemos ido familiarizando con algunos de sus originales propuestas (el banco del tiempo, los microcreditos, los huertos urbanos, las cooperativas de creditos, las comunidades compasivas, las redes de comercio justo, el empresariado social, los metodos de gobernanza participativa, el uso de las tecnicas de metanarrativas, historias de vida y cuentacuentos, los foros sociales, el arte comunitario, etc.), que iremos describiendo en las próximas entregas.

community

Fuente: http://www.spokanecitycd.org/

Community development

Debo confesar que solo recientemente[1] he descubierto el “community development” o desarrollo comunitario, como un área de conocimientos, destrezas y prácticas, de gran interés para los salubristas y, muy en concreto, para los que trabajamos en el campo de la salud comunitaria o la promoción de la salud. Algunos llevamos años operando alrededor del concepto de “comunidad” y de sus diferentes declinaciones (salud comunitaria, intervención comunitaria, participación comunitaria, etc.), pero casi siempre desde la orilla de la salud, que aunque con vocación holistica, tiene sus estrecheces y anteojeras. Hasta ahora, yo no era consciente de que incluso había una profesión de DC y un campo reglado de formación e intercambio de conocimientos sobre DC, especialmente en los países anglosajones (Reino Unido, EE.UU., Australia, etc.).

Mis intentos de encontrar experiencias bajo el mismo nombre, en el campo  profesional, académico  o de la producción bibliográfica en España han tenido resultados escasos, lo que me ha llevado a la conclusión que, o bien no ha tenido un desarrollo de la misma magnitud en nuestro medio, o lo ha hecho bajo otras denominaciones. Tal vez, algunos planteamientos, como los de los seguidores de la investigación-acción comunitaria (por ejemplo, el grupo que se ha ido formando en España alrededor de la figura de Marco Marchioni o la escuela de Perugia, etc) o ciertos enfoques, conocimientos y prácticas, transmitidos en las escuelas de diplomados en trabajo social (y, mas recientemente, en las de educadores sociales), pueden considerarse próximos  al DC (si algún lector, puede contradecirme, indicándome otros representantes del DC en España, se lo agradecería). Tambien tengo la impresión que en Latinoamérica, bien por la influencia del vecino del norte, bien por la tradicional vocación comunitaria propia,  ha tenido un mayor desarrollo.

El DC tiene como fin el empoderamiento de individuos y grupos, proporcionándoles las habilidades necesarias para emprender cambios en sus propias comunidades. Estas habilidades se concentran frecuentemente alrededor de la construcción de un poder político, a partir de la constitución de grupos sociales trabajando para objetivos comunes de mejora de su comunidad. Se hace DC empezando por la lucha contra la pobreza y la exclusión social; continuando por la profundización de la democracia, el fomento de los lazos de solidaridad, el incremento de la cohesión social; alcanzando el objetivo final de la construcción de comunidades cada vez más autónomas, más conscientes de los determinantes, que favorecen o impiden su desarrollo, y mas resistentes a la discriminación y la explotación[2].

Lo anterior suena a propio de una declaración política. Y lo es. Pero el DC es también un conjunto de técnicas, prácticas, conocimientos, métodos; puestos en práctica, probados y seleccionados a través del tiempo, y transmitidos a otros, tanto en aulas como en barrios. Estas técnicas de DC pueden ser tanto utilizadas por ciudadanos voluntarios, como por profesionales o instituciones que intervienen en las comunidades.

Trabajadores comunitarios, una disciplina en construcción

En el caso del Reino Unido, los trabajadores comunitarios o de DC (community workers o community development workers) son desde voluntarios o empleados por ONG’s (las organizaciones sin animo de lucro, de origen caritativo, o charity trustees), hasta empleados públicos de autoridades locales, de gerencias de atención primaria (Primary Care Trust) o del servicio nacional de salud (National Health Service). También hay profesionales que, sin ser trabajadores comunitarios, han incorporado el enfoque del DC en sus diferentes áreas y practicas profesionales (salud comunitaria, viviendas sociales, defensa de derechos sociales y civiles, integración de inmigrantes, refugiados y demandantes de asilo, atención y prevención de adicciones y diferentes tipos de violencia, educación de adultos, fracaso escolar, empleo, rehabilitación de barrios, planificación urbana, regeneración económica, empresariado social, cooperación internacional, etc.).

Hay diferentes vías para formarse como trabajador comunitario[3], pero me da la impresión que el DC esta atravesando por un proceso de profesionalización de una acción polimorfa y diversa, que tiene un origen voluntario. Estariamos en un momento de institucionalización del campo profesional o de consolidación disciplinaria. Ello se hace a través de la definición de contenidos mínimos comunes y de la acreditación de esta practica. Tenemos, como ejemplo, la definición de unos “Estándares ocupacionales nacionales para el DC” en 2009 (Community Development National Occupational Standards 2009) [4], por parte de la “Federación de aprendizaje del DC” (Federation for Community Development Learning). El documento aquí citado es de interés, pues, además de incluir un interesante glosario de términos de DC con varias referencias bibliográficas, define como valores claves del DC:

  • La igualdad y la anti-discriminación
  • La justicia social
  • La acción colectiva
  • El empoderamiento comunitario
  • El trabajo y el aprendizaje participativos

Imagino que este campo disciplinario en construcción entra en competencia con otros campos, como suele ocurrir en todo proceso de profesionalización (¿Tal vez, el de los trabajadores sociales? ¿Conviven social workers con community workers?)

Pedagogos revolucionarios o mercenarios de la beneficencia

Como en todos los campos profesionales de acción social (en los que incluyo la salud pública), el posicionamiento ideológico de sus practicantes, de carácter más o menos radical, en relación al origen de la desigualdad social, produce un amplio rango de enfoques que conviven bajo el mismo término. Este rango abarca desde el activismo político-social en contra del sistema capitalista (mediante la concientización pedagógica del oprimido), hasta practicas de mitigación de los efectos más extremos y visibles del sistema (pobreza, exclusión, barrios deprimidos, etc.), que, para algunos, tienen el valor de aliviar, en lo posible, los sufrimientos cotidianos de los desheredados. Sin embargo, para otros, estas intervenciones “tampón” solo contribuirian a la supervivencia del sistema. En el mismo sentido, los trabajadores comunitarios no dejarían de ser los herederos de las antiguos enfoques del pauperismo. Es decir, bajo la misma denominación de DC podemos encontrar pedagogos revolucionarios, junto con mercenarios de la beneficencia social, que, al frente de una telaraña de ONG’s y fundaciones, compiten por fondos públicos, buscan nuevos nichos de necesidades sociales no cubiertas por servicios comunitarios (a inventar o copiar), y se benefician del activo mercado subsidiado del alivio de los pobres, en las deprimidas “zonas de acción especial” del Reino Unido, devastadas por el neoliberalismo salvaje de los 90.

Como sabemos, los que hemos seguido este debate, en la sección de “Biopolítica y Salud Pública” de este blog, es una antigua discusión, también en el campo de la Salud Pública (en relación a la contradicción intrínseca de la Salud Pública, a la vez, herramienta de sujeción de las poblaciones por parte del poder, en sentido amplio, e instrumento y argumento para la mejora de la calidad de vida de los desfavorecidos).

Por otra parte, aunque la consolidación actual, como campo disciplinario y profesional, parece remitirnos, como hemos dicho antes, de nuevo, al mundo “del norte” y de la cultura anglosajona, impregnado en una compleja mezcla de lógicas liberales, puritanas-protestantes, y social-laborista (propios del comunitarismo norteamericano, de los seguidores de las teorías del capital social de Robert Putnam o de la tradición de las organizaciones caritativas británicas, que han seguido floreciendo desde la original preocupación burguesa por los pobres en el siglo XIX, hasta las recientes politicas laboristas de lucha contra las desigualdades sociales en salud), cuando profundizamos en el campo, nos damos cuenta que éste bebe de teorías y practicas tan amplias, y propias del “sur” (el sur latino, el sur del tercer mundo, el sur colonial, tanto africano asiático), como son las de Paolo Freire en Brasil, las de Antonio Gramsci en Italia, las de José María Arizmendiarrieta en el País Vasco (Mondragón) o las Gandhi en Sudáfrica o el padre Ferrer en la India.

Con el fin de profundizar en este campo del DC y de familiarizarnos con algunas de sus experiencias, textos y personajes claves, iniciaremos hoy una nueva sección o categoría en nuestro blog, llamado precisamente “Desarrollo comunitario”. Espero que os resulte interesante y provechosa. También espero que me ayudéis a irla construyendo con vuestros comentarios, correcciones  y aportaciones.

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Este post forma parte de la serie “Desarrollo comunitario”, escrito por Javier Segura del Pozo, que lleva las siguientes entregas publicadas hasta ahora:

  1. Desarrollo comunitario-Community development
  2. Desarrollo comunitario radical, según Margaret Ledwith
  3. Las uniones de crédito (”Credit union”)
  4. Las comunidades compasivas: el bienestar en el  final de la vida
  5. Food mapping: midiendo el acceso a alimentos saludables
  6. Salop Drive Market Garden, un ejemplo de Agricultura Urbana.
  7. El enfoque ABCD de desarrollo comunitario
  8. El mapa de recursos de una comunidad (Asset mapping)
  9. La investigación apreciativa (Appreciative inquiry)
  10. El banco de tiempo
  11. José María Arizmendarrieta y el movimiento cooperativo de Mondragón
  12. “Healthy living centres” o centros de vida saludable, Gran Bretaña (1999-2010)
  13. Saul Alinsky y las reglas del buen rebelde

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[1] A raíz de mi interés por conocer los centros de vida saludable (“Healthy living centres”) del Reino Unido, he entrado en contacto con trabajadores comunitarios ingleses y visité, hace un par de meses, el área del Black country, en el corazón de Inglaterra, al noroeste de Birmingham, donde conocí interesantes experiencias de DC, que intentaré compartir con vosotros, en esta nueva sección de DC, y que creo que puede ser muy provechoso para nuestras intervenciones en Salud Pública.

 

[2] http://en.wikipedia.org/wiki/Community_development

[3] Para los interesados, ver http://ww2.prospects.ac.uk/p/types_of_job/community_development_worker_training.jsp

[4] http://www.fcdl.org.uk/NOS_Consultation/Documents/NOS_CD_Eng_v2finalartworkedversion.pdf

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