Tres grandes científicos… Un recuerdo.

2008 ha visto marcharse a tres grandes científicos; a tres grandes compañeros que desarrollaban su investigación en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM): Ángel Ramírez Ortiz y José Salas Falgueras (CBMSO) y Roberto Marco Cuéllar (Facultad de Medicina), fallecidos el 5 de mayo, 13 y 27 de junio, respectivamente. Vaya, desde estas líneas, nuestro más sentido reconocimiento…

 

 

Poco más puedo añadir a lo publicado al respecto en los medios de comunicación o, concretamente, en el obituario del último número de la publicación trimestral de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM; septiembre 2008).

 

Entré por primera vez en contacto con el catedrático de Bioquímica, el profesor Roberto Marco hace ya muchos años (casi dos décadas), cuando concursaba por una plaza de ayudante en su departamento. No la conseguí… en esa ocasión. Muchos años más tarde, ya como compañeros representantes del estamento de Profesores Doctores, volvimos a coincidir en los Consejos de Gobierno de la UAM. Tal y como cariñosamente se indica en el recuerdo que le dedica la SEBBM, hasta el final, “el Profesor Marco demostró ser un luchador infatigable con una fuerza física y mental extraordinarias”, como lo podría ilustrar, a modo de simple ejemplo, el hecho de haber cursado simultáneamente dos licenciaturas, Medicina y Ciencias Químicas, ambas finalizadas con 23 años. Realizó una primera tesis doctoral en Historia de la Medicina, seguida de un periodo de investigación (su segunda tesis doctoral) con el excepcional bioquímico Alberto Sols, quien lo introdujo en el campo de la regulación metabólica, y una posterior estancia posdoctoral, entre otra infinidad de actividades, en la Universidad de Standford, con el grupo del profesor Arthur Kornberg, premio Nobel de Medicina. A su vuelta, y tras un periodo como investigador científico en el Instituto de Enzimología y Patología Molecular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (actual Instituto de Investigaciones Biomédicas “Alberto Sols”, CSIC-UAM) acabó incorporándose al Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la UAM donde, como he indicado anteriormente, lo conocí…

 

A Ángel Ramírez no lo llegué a conocer. Aunque coincidimos en el CBMSO, mi ostracismo voluntario en el módulo C-XVI de la Facultad de Ciencias de la UAM me llevó por otros derroteros “espacio-temporales”; y eso que durante un tiempo simplemente nos separaban 6 plantas, directamente en vertical… Según Federico Gago (Universidad de Alcalá de Henares), autor del entrañable artículo sobre Ramírez (SEBBM), “los que conocieron a Ángel no olvidarán jamás su personalidad, su gran determinación, su curiosidad permanente, su entusiasmo contagioso, su gran motivación y sus críticas constructivas”. Ángel Ramírez, director, hasta el día de su muerte, de la Unidad de Bioinformática del CBMSO, fue considerado una brillante figura en el campo de la bioinformática estructural. Tras finalizar sus estudios de Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid, desarrolló su incipiente investigación en la Universidad de Alcalá sobre, en palabras de Gago, “la racionalización de la actividad bioquímica de una serie de enzimas fosfolipasa A2 (PLA2) de orígenes diversos y el diseño de nuevos inhibidores del fluido sinovial humano PLA2, etiquetados como agentes antiinflamatorios”. Tras varios periodos altamente productivos en el extranjero -Universidad de Groningen, en los Países Bajos; EMBL, Heidelberg, Alemania; el Departamento de Biología Molecular del Scripps Research Institute, La Jolla, California, o en la Mount Sinai School of Medicine, de Nueva York- Ángel vuelve a España para fundar y presidir la Unidad de Bioinformática en el CBMSO, como indiqué al principio.

 

Aunque tampoco puedo decir que lo conociera en profundidad, con José Salas sí coincidí desde mi ya lejana incorporación al laboratorio de Luís Carrasco (bajo la dirección del actual Director del CBMSO, Manuel Fresno) allá por septiembre de 1983. Investigador del CSIC, Salas fue, según describe lleno de sentimiento nuestro compañero Ángel Pellicer (Departamento de Patología de la New York University School of Medicine), “entrañable, sencillo y algo tímido aunque, una vez establecida la confianza (…) destilaba en preciosas gotas su gran conocimiento de la vida”. Asturiano, José Salas estudió Medicina en la Universidad de Madrid donde realizó el doctorado sobre metabolismo de carbohidratos bajo la dirección, nuevamente, de Alberto Sols. Tras su doctorado, marchó a Nueva York para trabajar en el incipiente campo de la biología molecular bajo la supervisión del profesor Howard Green. Tras su vuelta a España en 1970 formó, junto a su hermana María Luisa un grupo de trabajo para continuar los estudios de las proteínas con afinidad a ADN y, posteriormente, incorporarse al estudio molecular del virus de la peste porcina africana, una de las plagas que ha asolado durante muchos años nuestra cabaña porcina. Como digo, y por desgracia, no tuve la ocasión de conversar, como me hubiera gustado, largamente con “Pepe” ya que, y vuelvo a citar las palabras de Pellicer, “conjugaba la ciencia con su gran interés por el ajedrez y su inquebrantable fe en el Sporting al que, desde el más allá, ha hecho de primera división”.

 

Nos han dejado tres grandes científicos, tres grandes trabajadores del CSIC, de la UAM, de Centros mixtos CSIC-UAM. Descansen en paz.

 

JAL (CBM-UAM)

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Comentarios

Estimado JAL, es de alguna forma entrañable tener noticias del entorno cotidiano de los científicos y de las instituciones por donde se mueven y discurren sus vidas y actividades. Es bueno que haya cronistas conocedores de los entresijos de estos entes y nos cuenten aspectos enteramente desconocidos para el gran público del funcionamiento y relaciones de todo tipo entre sus miembros. Al fin son humanos. ¿Quien sabe aquí a qué se dedican enteléquias como el SEBBM, CBMSO, CBMUAM, CSIC-UAM, C-XVI…? Aparte de los datos de tu propia biografía, es portentoso enterarse de que un señor pueda dedicar su vida a asuntos como el estudio de "la enzima fosfolipasa y el diseño de nuevos inhibidores del fluido sinovial humano etiquetado como agente antiinflamatorio" o "proteinas con afinidad a ADN". El virus de la peste porcina africana suena a algo como más nuestro. En cuanto al metabolismo del azucar no creo que exista proceso biológico mas universal y fraterno que ese. Pero entonces ¿qué es lo extraordinario en la vida de estos hombres? Pues que sus palabras no son ornamentales sino que desvelan o describen aspectos de lo real. No siempre pueden resistir los científicos la tentación de hacer literatura: "…la partícula de dios" es un ejemplo de literatura innecesaria. Por no mencionar la metáfora de la Sra. Thatsher para describir al boson de Higgs. La única "sabiduria" que circula hoy dia es la modesta y ascética palabra salida de la boca de algún físico participante en el CERN: "una leve asimetría entre materia y antimateria es la causa de lo que somos (o de lo que es)…el Universo se expande aceleradamente y seguirá expandiendose y enfriandose simultáneamente de tal modo que se enfriará tanto que todo movimiento se detendrá y ya no sucederá nada". Esto no lo dice ningún poeta iluminado por la mescalina ni ningún filósofo oriental, lo dice un físico con datos reales en la mano sobre la "realidad del ser al completo".

De todos modos, tras las honras fúnebres de esas personas eminentes, convendría ocuparse de la medida en que estos institutos de la ciencia en España se libran milagrosamente del mal que aqueja a la economía y a la sociedad española en boca de Gil Calvo: "…aquí no tiene éxito la empresa mas eficiente e innovadora sino la más protegida, subvencionada y encubierta por su red clientelar, es decir la más penetrada por la táctica del soplo, la trampa, el atajo, el amiguismo y la impunidad". Horror. Qué bien nos vendría un poquito de calvinismo. La única esperanza para la gente corriente es que el paradigma de ciencia de Einstein se imponga al de Venter. Aunque sea a los puntos. Un saludo cordial.

Estimado JAL,

Yo conocí a Angel Ramirez, aunque sólo me dio tiempo a hablar con él unas pocas veces. Lo suficiente para sentir mucho su muerte, sentir que se merece este recuerdo y querer sumarme al mismo.
Para ello quiero limitarme a un aspecto de la personalidad de Angel. Federico Gago hace referencia a su críticas constructivas. Angel además estaba abierto a las que se le hicieran, aunque ni siquiera vinieran de un científico.
Esta actitud es mucho más escasa de lo que (creo) debiera en los investigadores españoles. Por esto, por su entusiasmo y por su cordialidad, vaya mi gratitud a Angel Ramirez.

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