17 de junio: Día Mundial de Lucha Contra la Desertización o qué fue de la ardilla que podía cruzar toda la península…

Ha pasado mucho tiempo desde la época de Estrabón, el geógrafo grecorromano de quién se dice que aseguraba que una ardilla podía cruzar toda la Península Ibérica saltando de rama en rama, desde Gibraltar hasta los Pirineos. Hoy, 2000 años después, nuestro paisaje ha cambiado mucho, demasiado. Ahora casi tendríamos que decir que para hacer este recorrido, nuestra ardilla tendría que saltar de centro comercial en centro comercial. La desertización es un tema muy serio y a nosotros nos afecta en particular por la posición geográfica de España. Estamos ante las mismas puertas del desierto. Si no tenemos un poco de cuidado con el impacto ambiental de nuestras actividades, y la forma en la que las desarrollamos, poco a poco perderemos la cubierta vegetal que aún conservamos, y con ello, habremos perdido todo…

En mayor o menor medida, el problema de la deforestación afecta a todos los países. Sin árboles no hay naturaleza, no hay riqueza, no hay cultura, no hay vida, no hay nada. Así lo entendió la keniata Wangari Maathai, que recordando su infancia decía: Cuando era niña me impresionaba una enorme higuera que había cerca de nuestra casa. Mi madre me había dicho que no se podía cortar. No lejos de ese árbol estaba el nacimiento de un arroyo, al que yo iba a buscar agua para mi casa. Cuando la higuera fue talada, el arroyo se secó. Mis hijos nunca verán la enorme higuera. Nunca verán el arroyo. Cuando visito este pequeño valle de mi infancia, siento que la tragedia se abate sobre la tierra que pisan mis pies. Contemplo barrancos que me hablan de erosión del suelo. En las caras de los aldeanos se refleja el hambre. Viendo los problemas de su país, Wangari ha dedicado su vida a plantar árboles y a la regeneración de los antiguos bosques de Kenia, organizó grupos de mujeres de zonas rurales para plantaran árboles. Gracias a su tesón, logró no solo mejorar las condiciones de vida de estas mujeres, sino que al desafiar al dictador Daniel Arap Moi, hizo resquebrajar su poder y facilitó la apertura democrática de su país. En la actualidad es viceministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje de su país, como miembro del gobierno ha conseguido convencer a estamentos tan conservadores como el ejército. Los propios oficiales han captado el mensaje, con orgullo dicen que su función es proteger al país, a su tierra y se sienten hermanados con los árboles pues ellos también protegen la tierra de la erosión, por este motivo los militares se han sumado a la iniciativa y han empezaron a plantar árboles.

 

El ejemplo de Wangari Maathai se difundió por varios países africanos a través del Movimiento Cinturón Verde. En 2005, un año después de la concesión del Premio Nobel de la Paz a esta infatigable luchadora, se celebró una cumbre de la Comunidad de Estados del Sahara y del Sahel, en la cual se anunció la creación de la Gran Muralla Verde, un cinturón arbóreo de 7.000 kilómetros de longitud y 15 de ancho entre el Océano Atlántico y el Mar Rojo, entre Senegal y Yibuti, un cinturón capaz de detener el avance del desierto que actualmente absorbe 1,5 millones de hectáreas cada año.

 

Ante la incredulidad o la pasividad de los llamados países desarrollados, Senegal desde agosto de 2008 ha empezado con gran entusiasmo este titánico proyecto que además planea construir embalses en los que se cederían agua para fines agrícolas e incluso desarrollar criaderos de peces para completar las necesidades alimenticias de la población. Gracias a los esfuerzos del presidente senegalés se ha creado la Agencia Panafricana de la Gran Muralla Verde para coordinar los trabajos de este gran proyecto que atravesará una decena de países.

 

Mientras en estas naciones, sin apenas recursos, se refuerza el límite sur del desierto ¿qué hacemos en la opulenta frontera norte? Pues avergüenza admitir lo poco que se hace. España es el país de la Unión Europea que presenta un mayor riesgo de desertización y sin embargo solemos mirar a otro lado cuando destruimos con mucha facilidad bosques y espacios naturales a favor del llamado “progreso”. Ahora que la crisis ha hecho disminuir la presión del ladrillo, es un buen momento para lanzar un plan estatal, en colaboración con las comunidades autónomas, para reforestar nuestra tierra. Esto conllevaría la creación de empleo en zonas deprimidas, evitaría el abandono de los entornos rurales y generaría riqueza. Frente a la erosión, los árboles retienen la tierra, minimizan el riesgo de riadas, rellenan los acuíferos, mantienen humedad, favorecen la biodiversidad con lo que se evita la aparición de plagas, absorben el CO2, ese gas causante del efecto invernadero y, en definitiva, disminuyen los efectos del cambio climático. Ante la poca motivación de los poderes públicos, ha sido una fundación, la Fundación Más Árboles la que ha cogido la iniciativa. Se ha propuesto sembrar 100 millones de árboles en cuatro años en toda España como barrera contra el desierto; para ello intentan implicar a ayuntamientos y comunidades para que se sumen al plan. Han logrado acuerdos con empresas privadas, como aquella red de supermercados que destinan a plantar árboles el ahorro de las bolsas de plástico que voluntariamente sus clientes rehúsan a utilizar o ese otro banco que ofrece la posibilidad a sus clientes de recibir los informes por correo electrónico; así el dinero ahorrado frente al correo convencional se emplea para plantar árboles. Con estas y otras iniciativas, que además reducen nuestro impacto ambiental, este puñado de personas, céntimo a céntimo, sin contar con el apoyo estatal, poco a poco va creando nuevos bosques.

 

Cuando plantamos árboles,

plantamos semillas para la paz y la esperanza.

Wangari Maathai

 

Ante la gravedad de la  situación, desde 1994 la ONU fijó el 17 de junio como Día Mundial de Lucha Contra la Desertización para sensibilizar a la opinión pública. En época de crisis climática y crisis económica, es una pena que los estados europeos que casi rozamos el norte del Sahara no estemos tan sensibilizados con este problema y no actuemos con la misma determinación de los estados africanos del sur. Y aún, orgullosos de nosotros, pretendemos que nos tomen como ejemplo. ¡Ay, si la ardilla de Estrabón levantara la cabeza!

Miguel Herrero Uceda

Autor del libro “El alma de los árboles” (Elam Editores)

y colaborador de la Fundación Más Árboles

NOTA DEL COORDINADOR: Aunque el presente “post” podría no ser considerado como un tema típicamente de Bio(Ciencia+Tecnología), creo que la anotación de Miguel Herrero es de especial importancia como para abrirle nuestra… ventana. Al fin y al cabo, la ciencia, la tecnología, la Sociedad, con mayúsculas, descansa en la salud de la naturaleza. Debemos cuidarla y sensibilizarnos… JAL

 

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Comentarios

Hola JAL,

Cuatro puntualizaciones a vuestro interesante post.

1. España atesora en estos momentos más vegetación natural que en la Edad Media.

2. Por gracia de la PAC y a pesar de los incendios estivales, la recuperación de la cobertura vegetal continúa en el último decenio.

3. Son bastantes (eso sí, no todos) los que defendemos que la famosa historia de la ardilla es confundente. Existen muchas evidencias paleontológicas y arqueológicas que inducen a pensar que no había tal foresta continua o que esta era producto de la "degradación" de "sabanas mediterráneas" semejantes a las actuales africanas que fueron degradándose al exterminar el hombre las grandes manadas de herbívoros y sus depredadores.

4. Reforestar mucho más sin una limpieza del monte (que conllevaría un alto coste en mano de obra y dinero) podría generar matrices boscosas en donde el fuego puediera propagarse con excesiva velocidad a lo largo de espacios geográficos muy extensos, siendo el "remedio" peor que la enfermedad. Eso sí, si los gobiernos centrales y autonómicos liberaran los fondos necesarios para desbrozaran bien el monte…….. pero eso es más complicado.

Un afectuoso saludo

Juanjo Ibáñez

Estimado Juanjo

A lo largo de la historia geológica, el territorio de nuestro país ha pasado por muchas vicisitudes, hasta hubo en tiempos un mar tropical en lo que ahora es Madrid, las calizas de Colmenar de Oreja son un buen recuerdo de aquello. Pero lo cierto fue que cuando los primeros historiadores pisaron la Península dejaron constancia de las inmensas arboledas que poblaban todos los rincones. El propio Estrabón alababa la fertilidad de Hispania, en especial Bética (el valle del Guadalquivir) que dice textualmente “extensa llanura fértil, cubierta de grandes arboledas y buenas para pastos” (Geografía, libro III 2,3). También habla de la comarca situada junto a Carthago Nova (Cartagena) “cubierta enteramente por bosques” (III 4,10). De los montes de Málaga y la Cordillera Penibética: “Una sierra cubierta de densos bosques y corpulentos árboles, que separa la zona costera de la del interior” (III 4,2). De la zona norte, dice que es por naturaleza rica en frutos y ganado (III 3,5). Al llegar a los Pirineos exclama: “la vertiente ibérica de los Pirineos tiene hermosos bosques de árboles de todas las especies, singularmente de hojas perenne” (III 4,11). De estas montañas el historiador siciliano Diodoro (siglo I a.C.) hablaba de los inmensos bosques que poblaban la región pirenaica, en el que los pastores prendían fuego para abrir zonas de pastos. En los escritos de Estrabón no aparece la mención de la famosa frase de la ardilla, aunque la tradición se lo ha atribuido vista la cantidad de bosques que mencionan en su obra. El naturalista romano Plinio, que estuvo mucho tiempo en Hispania, también estudió los bosques peninsulares en su libro “Historia Natural”. Dice, en cambio, que la zona de la Cordillera Ibérica estaba despoblada de árboles y lo relaciona con las actividades mineras. No lejos de allí, están los Monegros, en la actualidad es una vasta extensión de estepas semidesérticas. Al parecer la denominación, procede de los tiempos de su esplendor, entonces estas tierras estaban arboladas con sabinas que, vistas a cierta distancia, daban la impresión de ser negras. Por tanto era un monte-negro. Pero de aquellos bosques o bosquetes sólo quedan ejemplares dispersos. Son plantas muy rusticas de crecimiento muy lento que al cortarlas se ha condenado toda la comarca. Hoy, en vez de intentar recuperar el antiguo sabinar, se quiere convertir en un mega centro de ocio para millonarios y esquilmar los pocos recursos naturales que aún queda en esta región, cambiando descaradamente todas las leyes que impedían su construcción. Toda la historia de España ha sido una continua tala de árboles. Es cierto que la estadística de superficie arbolada ha aumentado en los últimos años, pero no ha sido por el cuidado de los ayuntamientos, ni de los gobiernos, sino por el abandono de tierras de cultivo. Ni siquiera los espacios naturales protegidos están a salvo del expolio. Hoy he leído una noticia en el periódico que me ha dejado perplejo; la junta de Andalucía ha eliminado el permiso previo para construir en parques naturales. Según el borrador de la nueva ley, ya solo es necesaria la licencia municipal para construir viviendas en cualquiera de los 24 parques naturales que la Junta debía velar por su conservación. Vamos progresando. Seguimos pensando que los recursos naturales son inagotables y seguimos destruyéndolos sin miramiento alguno, para el beneficio de unos pocos sin que el puñado de voces que intentan detener estos abusos puedan hacer nada para impedirlo.

Atentamente

Miguel Herrero Uceda

Pobre ardillita, una metáfora tan bella que desde que la escuchamos por primera vez nos imbuimos del temor a que todo pasado haya sido realmente mejor. O a que todo futuro ha de ser peor sin remedio. Ahora resulta que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario, o sea, que es "confundente". Ciertamente todo es muy confundente: mejor, peor, pasado, futuro ¿para qué? ¿para quién? Todo muy subjetivo. Si enterpretamos la historia física o geológica de la Tierra en función de nuestros intereses y gustos del presente estamos frescos. Ni siquiera podemos ponernos de acuerdo sobre la historia de los bosques europeos.
Que los bosque europeos han sido talados no ofrece duda ¿no es así? Y la península ibérica no habrá sido una excepción. ¿Cuantos robles se talaron para construir galeones? ¿Y cuantos encinares se quemaron para construir "defensas"? Seguro que tambien este es un término confundente. O las talas masivas de encinares para alimentar Madrid de carbon vegetal en los soglos XVIII, XIX y XX. O la ruina de las Tablas de Daimiel debido al expolio de los acuíferos. En el siglo XII se mató en Navarra el último bisonte de la peninsula ibérica. To es muy confundente pero mantiene una tendencia clara en una misma dirección: la ruína de la naturaleza, la aceleración del desorden. O mejor dicho, el saqueo de la naturaleza.
Yo supongo que bosque y glaciaciones guardarán alguna relación ¿no es así? Es decir, que tienen que haber ocurrido cambios naturales y cambios debidos a la intervención humana. Desde luego estos últimos son atroces a ojos vista. Decir: "España atesora en la actualidad más vegetación natural que en la Edad Media" es realmente confundente y confusionista porque induce a pensar que vamos bien. Incluso que lo del cambio climático es "discutible". Los expertos deberían ser más cuidadosos con el lenguaje. Un saludo

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