La vida maravillosa…

“¿Por qué Opabinia, animal clave en una nueva concepción de la vida, no es un nombre familiar en todos los domicilios que se preocupan de los misterios de la existencia?” S. J. Gould

 

Aprovechando el aniversario del nacimiento de Stephen Gould, que se cumple el 10 de septiembre, este artículo quiere rendir homenaje a una obra que reúne las características más importantes que, en mi opinión, debe ofrecer un ensayo científico: análisis de datos relevantes y originalidad en su interpretación filosófica; profundidad y alcance de las ideas expuestas; creación de nuevos conceptos y, además de todo eso, capacidad divulgativa y belleza literaria. “La vida maravillosa”, de Stephen Jay Gould, es una de las obras de divulgación científica más importantes del siglo XX; un título esencial para cualquier biblioteca –indispensable en la de un biólogo- y una lectura deliciosa.

La fosilización de las partes blandas de un animal puede considerarse algo casi “milagroso” y, de hecho, el registro fósil está compuesto en su mayoría de partes duras (dientes, caparazones, huesos…). Pero en un lugar llamado Burgess Shale (esquisto de Burgess), una cantera de esquisto de las Montañas Rocosas canadienses, se produjo ese fenómeno, y a gran escala. Hay tres factores que, cuando coinciden, permiten la fosilización de las partes blandas: sepultamiento rápido, ausencia de oxígeno y microorganismos –agentes descomponedores de la materia orgánica- y condiciones geológicas benevolentes con el proceso de fosilización. Así se formó la fauna fósil de Burgess Shale.

 

Pero, ¿qué es lo que hemos aprendido de ella? Burgess Shale representa un periodo inmediatamente posterior a la llamada “explosión cámbrica”, ocurrida hace más de 500 millones de años y llamada así porque supuso la aparición de la mayoría de los tipos o phyla modernos. En ese yacimiento canadiense, Charles Doolittle Walcott, un afamado paleontólogo norteamericano, descubrió en 1909 una fauna exquisitamente conservada. Probablemente sus prejuicios le hicieron ver lo que no existía, y clasificó toda la fauna encontrada dentro de los tipos que se conocían en ese momento. No obstante, la revisión posterior –a partir de 1970- de la fauna de Burgess Shale, llevada a cabo por Harry Whittington, Simon Conway Morris y Derek Briggs, sacó a la luz un hecho extraordinario. Lo que allí se había encontrado correspondía a diseños anatómicos completamente desconocidos. Nada parecía encajar con los grupos taxonómicos establecidos hasta aquel momento. Géneros como Opabinia, Hallucigenia, Odontogriphus, Aysheaia, Anomalocaris o Wiwaxia inauguraban nada menos que nuevos phyla hoy inexistentes: la mayoría de los linajes hallados correspondían a grupos extinguidos. De hecho, sólo cuatro de aquellos grupos animales tuvieron éxito evolutivo, los demás, simplemente, desaparecieron. El apogeo de Burgess Shale fue, por tanto, una época de enorme diversidad a la que siguió una gran extinción.

 

Para expresar las características de ese proceso de extinción, Gould utilizó la palabra “diezmación”, que combina dos significados clave, aleatoriedad y eliminación en masa: “En este sentido combinado, la diezmación es la metáfora adecuada para el destino de la fauna de Burgess Shale: la eliminación al azar de la mayoría de linajes(La vida maravillosa). Y aquí aparece la cuestión fundamental: ¿Por qué desaparecieron unas especies y sobrevivieron otras? Para dar respuesta a esta pregunta, Gould introdujo el término «contingencia». Este concepto -para Gould, una larga cadena de estados impredecibles- expresa su concepción filosófica de la evolución: “A excepción de los trilobites, cada grupo superviviente tenía sólo uno o dos representantes en Burgess Shale. Estos animales no estaban destinados al éxito de ninguna manera conocida. No eran más abundantes, más eficientes o más flexibles que los demás. ¿De qué modo un observador de Burgess Shale podría haber separado de los demás a Sanctacaris, un animal conocido sólo por media docena de ejemplares? ¿De qué modo, como razonaba Whittington, podría el pronosticador de Burgess Shale haber dado su aprobación a Aysheaia, una criatura rara y extraña que se arrastraba sobre esponjas? ¿Por qué no apostar por el elegante y común Marrella, con majestuosas espinas en su escudo cefálico? ¿Por qué no por Odaraia, con sus aletas caudales sutiles y eficientes? Si pudiéramos rebobinar la cinta de la vida hasta Burgess Shale, ¿por qué razón no íbamos a tener un conjunto distinto de ganadores al volver a tocar la cinta? (…) No sabemos con seguridad que la diezmación de Burgess Shales fuera una lotería. Pero no tenemos pruebas de que los ganadores gozaran de superioridad adaptativa, o de que un pronosticador contemporáneo pudiera haber designado a los supervivientes. Todo lo que hemos aprendido de las monografías anatómicas más bellas y más detalladas de la paleontología del siglo XX retrata a los perdedores de Burguess Shale como adecuadamente especializados y eminentemente capaces(Op. Cit.).

 

Esta interpretación, ha servido también como réplica al “argumento de la tautología”, muy utilizado -aunque no sólo- por grupos creacionistas para refutar el darwinismo. Según aquél, “la supervivencia de los más aptos” contiene un razonamiento circular, ya que las especies que han sobrevivido son, por definición, las más aptas. Entonces, la definición de la selección natural se reduciría a la “supervivencia de los que sobreviven” y sería, por tanto, tautológica. Pero no hay ninguna evidencia científica de que las especies que sobrevivieron a la diezmación de Burgess Shale fuesen más aptas, es decir, gozasen de mayores ventajas o diseños predeciblemente mejores, ni de que las especies que desaparecieron fueran inferiores en diseño adaptativo. De hecho, Conway, Briggs y Whittington acabaron por llegar a la conclusión de que un observador que hubiera podido contemplar la fauna de Burguess Shale antes de la extinción, no habría sido capaz de señalar qué organismos serían los supervivientes. Como señaló Briggs, quizá algunas especies simplemente “tuvieron más suerte que otras”. Pero aparte de estos argumentos formales, en todo caso, hay que tener en cuenta que cuando Darwin habló de la selección natural, lo hizo en un contexto en el que la teoría más poderosa a la que se enfrentaba era la de la creación. Por ello, decir que ‘los animales que existen son los que han sobrevivido por ser más aptos’, es un argumento muy válido –por muchas pegas formales que a alguno se le pueda ocurrir- cuando se enfrenta al argumento ‘los animales que existen son los que Dios ha creado’. Todas las críticas y revisiones deberían, por tanto, reconocer ese gran valor, igual que hay que reconocer el gran valor científico que en su momento tuvo el lamarckismo aunque posteriormente se haya demostrado erróneo su fundamento.

 

Antes de terminar, no puedo dejar de mencionar a un animalillo que dejó su huella en Burgess Shale. En su catálogo de especies animales, Walcott incluyó un anélido de unos cinco centímetros de longitud al que llamó Pikaia gracilens. Cuando en 1979, Conway Morris analizó este supuesto gusano, llego a la conclusión de que era, en realidad, un cordado, el primer cordado conocido. “Pikaia es el eslabón perdido y final en nuestro relato de contingencia, la conexión directa entre la diezmación de Burgess Shale y la eventual evolución humana(Op. Cit.).

 

 

Así, sacudiéndose la necesidad de dioses, fundamentos teleológicos, diseños inteligentes, o finalismos supuestamente inherentes a la naturaleza, Gould termina esta extraordinaria obra con un mensaje que muestra el camino casi imposible que ha recorrido la materia desde el átomo hasta la autoconciencia y que contempla al ser humano como el creador de su propio destino:

 

Si Pikaia no sobrevive (…), somos barridos de la historia futura: todos nosotros, desde el tiburón al petirrojo y al orangután (…). Y así, si usted quiere formular la pregunta de todos los tiempos (¿por qué existen los seres humanos?), una parte principal de la respuesta (…) debe ser: «Porque Pikaia sobrevivió a la diezmación de Burgess Shale». Esta respuesta no menciona ni una sola ley de la naturaleza; no incorpora afirmación alguna sobre rutas evolutivas previsibles, ningún cálculo de probabilidades basado en reglas generales de anatomía o de ecología. La supervivencia de Pikaia fue una contingencia de la «simple historia». No creo que se pueda dar una respuesta «superior», y no puedo imaginar que ninguna resolución pueda ser más fascinante. Somos la progenie de la historia, y debemos establecer nuestros propios caminos en el más diverso e interesante de los universos concebibles: un universo indiferente a nuestro sufrimiento y que, por lo tanto, nos ofrece la máxima libertad para prosperar, o para fracasar, de la manera que nosotros mismos elijamos(Op. Cit.)

 

 

Raquel Bello-Morales

(CBMSO-UAM)

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Comentarios

La fauna de Burgess Shale estaría perfectamente adaptada a su ambiente e igual que nos pasa si ahora nos damos una vuelta por cualquier ecosistema seremos incapaces de predecir que especies seguirán aquí dentro de unos miles de años aunque todas nos parecerán bien adaptadas en la actualidad a sus ambientes y, de hecho lo están. Sin embargo, el ambiente cambia y la selección natural actúa. Y por eso unos organismos persisten y otros no. Jay Gould era un gran divulgador pero también tenía un prejuicio muy claro contra la selección natural que sin embargo no se sostiene científicamente. La comparación del mecanismo de la selección natural con el lamarckismo no es correcta. El segundo está descartado el primero no. Para desenmascarar a Gould nada mejor que leer "La peligrosa idea de Darwin" de Daniel Dennett.

Tal vez lo mejor sería leer la interpretación del propio Conway Morris, que es muy crítico con Gould. Para quien se anime a ello:

-The Crucible of Creation: The Burgess Shale and the Rise of Animals

-Life’s Solution: Inevitable Humans in a Lonely Universe

leer a Jay Gould, me parece estupendo, abre mentes, y no necesariamente tienes que estar de acuerdo con él, pero te inclina a replantearte tus creencias

"Darwin habló de la selección natural, lo hizo en un contexto en el que la teoría más poderosa a la que se enfrentaba era la de la creación. Por ello, decir que ‘los animales que existen son los que han sobrevivido por ser más aptos’, es un argumento muy válido –por muchas pegas formales que a alguno se le pueda ocurrir- cuando se enfrenta al argumento ‘los animales que existen son los que Dios ha creado’. Todas las críticas y revisiones deberían, por tanto, reconocer ese gran valor, igual que hay que reconocer el gran valor científico que en su momento tuvo el lamarckismo aunque posteriormente se haya demostrado erróneo su fundamento".

Que Bárbaro. !!!!! Defender postulados de una teoría científica porque tiene enfrente a una percepción peligrosa y entonces……

Seguimos igual: de la utilización del Método(s) Científico(s), criterios de demarcación de teorías y filosofía de la ciencia nada de nada. ¡que lástima!. El resto del post excelente. Por cierto algunos colegas acaban de decir lo mismo hace unos meses en el PNAS sobre la extinción de los dinosaurios y no he leido controversia alguna (es decir defienden que fue por pura "chiripa").

Tranquilo JAL no vuelvo a decir nada mientras no se ofenda.

Ciao

Juanjo Ibáñez

"El Pulgar del Panda" (1980), "Dientes de Gallina y Dedos de Caballo" (1983), "La Estructura de la Teoría de la Evolución" (2002), entre otras, son obras de extraordinaria profundidad científica y belleza literaria, incluso matemática, son parte ya de la mejor herencia humana que transcenderá la frontera del tiempo. Stephen Jay Gould jamás podía ser un "darwinista" anclado en el pasado, no existe esa categoría, constituiría una aberración!!!, precisamente, por su naturaleza creativa se ubica justipreciadamente en la línea de los verdaderos continuadores de la obra de Darwin. En ciencia, el debate nunca termina, es verdad pero, debemos mirar en la dirección que apunta el índice de Stephen…no a su dedo…!!!
Felicitaciones por este tributo que honra a mi+d…!!!

Estimados amigos:

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, que siempre aportan mucho. Al comentario de nuestro habitual contertulio y amigo Juanjo querría hacerle unas apreciaciones. No todo lo que se hace en un debate es defender los postulados de una teoría científica. Cuando yo hablo del contexto en que Darwin expuso sus ideas, no estoy, obviamente, defendiendo con ello ningún postulado científico. Tampoco lo hago si cuento la siguiente anécdota: el biólogo Thomas Huxley fue un apasionado defensor de Darwin y un brillante y enérgico orador que se las vio con las más altas cúpulas eclesiásticas. Parece ser que, en respuesta a la pregunta del obispo de Oxford sobre si descendía del mono por línea paterna o materna, respondió lo siguiente: "Si la cuestión es si prefiero tener por abuelo a un triste mono o a un hombre magníficamente dotado por la naturaleza y de gran influencia, que emplea esas facultades y esa influencia para el simple propósito de introducir el ridículo en una seria discusión científica… sin duda afirmo mi preferencia por el mono". ¿Es esto un argumento con el que defender un postulado científico? Absolutamente, no. Estoy sólo intentando que recordemos el momento histórico en el que nació el darwinismo.

Y estoy intentando que recordemos también que, a lo largo de la historia de la humanidad, ha existido una constante lucha entre la razón o el pensamiento científico, y los dogmas. Yo creo que el darwinismo supuso un apoyo a lo primero y, por tanto, un avance para la humanidad. Por eso me parece lógico escuchar críticas furibundas y encendidas contra el darwinismo procedentes del pensamiento religioso, pero me desconcierta escuchar críticas anti-darwinistas cargadas de inquina y animadversión –supongo que Juanjo también las ha escuchado–, procedentes de sectores supuestamente científicos y progresistas. Es muy fácil hacer juicios denigratorios cuando uno está segura y cómodamente sentado en su poltrona, pero Darwin se jugó el tipo, se enfrentó a toda una sociedad, fue caricaturizado, dibujaron su cara junto al cuerpo de un chimpancé –y no creo que debamos olvidarlo, aunque ello no sirva como argumento para defender un postulado científico–, y por eso, las críticas que se hagan a su pensamiento –que son oportunas y necesarias para corregir los errores que éste conlleve– deben hacerse siempre, en mi opinión, con el reconocimiento y el respeto que se merece tanto la figura de Darwin como lo válido que pueda tener su pensamiento. Así lo hizo Gould, que criticó muchos aspectos del darwinismo a la vez que defendía los aspectos positivos que éste contenía. Y así lo hicieron también otros. Uno puede opinar que la teoría de la evolución mediante selección natural no es una teoría científica porque no cumple el criterio de demarcación que considere válido, pero eso es una cosa, y otra muy distinta es el encono contra una idea y una figura que tanto aportaron al avance del pensamiento humano. E insisto, con estos argumentos no estoy defendiendo ningún postulado científico. Eso, y la filosofía de la ciencia, lo dejo para otra ocasión.

Estimada Raquel,
para un hombre corriente está perfectamente claro lo que es ciencia y lo que no lo es, sin necesidad de leer a Popper, Feyerabend y Lakatos.
El primer criterio de demarcación que recuerdo es el de Platon: episteme v. doxa.
El segundo el de Hume: religión v. ciencia
Despues le siguen La Navaja de Occam, F. Bacon, Descartes, el positivismo lógico, la Escuela de Viena y toda la escolástica y el bizantinismo epistemológico de Popper, Feyerabend, Lakatos, etc,etc,etc. Todo muy necesario para rebajar presunciones aberrantes de la Razón con mayúscula.
Para el sentido común ciencia es esto: "no sabemos con seguridad que la diezmación de B.S. fuera una lotería. Pero no tenemos pruebas de que los ganadores gozaran de superioridad adaptativa". ()S.J.Gould) Y esto religión: "según mi punto de vista, el hombre ya estaba inscrito en el Big Bang, durante el primer milisegundo de nuestro universo. Nuestro surgimiento es todo menos una casualidad." (S.C.Morris) Toma del frasco, esto último sí que es determinismo. Y hasta podría ser cierto. Pero a ver como se cumple el criterio de demarcación popperiano da falsación, sea formal, histórica o social: metemos al universo en un tubo de ensallo y realizamos reiteradamente experimentos hasta comprobar que efectivamente se repite el logro supremo de la creación: el homo sapiens en forma de Bush, Razinger, La Condesa de Batori, Berlusconi, Alzahouahiri, Ajmahadineyad, Chaves, Bokaaza, Rajoy…Hasta los científicos más eminentes dicen tonterías cuando se dejan llevar por sus apriorismos. Morris era creyente cristiano y no podía aceptar el criterio de contingencia. Dios no juega a los dados.
Mira esto, Nane: "el científico histórico se centra en pormenores detallados (una cosa curiosa detras de otra cosa curiosa) porque su coordinación y comparación nos permite, con auxilio de la inducción, explicar el pasado con la misma seguridad, si la evidencia es pertinente, que un científico formal con sus mediciones químicas" S.J.Gould:"Alegato en favor del alto valor de la Historia Natural".
Un "criterio de demarcación" que me encanta y que practicó exhaustivamente, avant la lettre, Darwin fué el de Thogard: "los promotores de las teorías hacen poco esfuerzo por desarrollar una metodología apta para superar los problemas a los que se enfrentan; no muestran preocupación por evaluar su teoría enfrentandola a otras alternativas; y son selectivos a la hora de considerar las confirmaciones y las refutaciones". Desde luego este reproche no se le podía hacer a Darwin. Y en cuanto a Gould, fué literalmente triturado por la plana mayor del darwinismo ortodoxo por ocurrirsele poner en duda la infalibilidad del gradualismo para resolver ciertos problemas: por ejemplo, la diversidad y novedad asombrosa, casi espontánea -dos millones de años, según Morris- de la explosión cámbrica.
Lo curioso es que ambos, Gould y Morris, eran darwinistas, no podía ser de otra manera en dos científicos eminentísimos. Gould elaboró su concepto de la contingencia en base a trabajos del propio Morris. Hay que tener en cuenta que Morris elaboró el arbol genealógico más exhaustivo y válido hasta la fecha y revisó, junto a Wittington y Briggs, la clasificación de Walcott. Posteriormente Morris se desdijo de sus brillantes descubrimientos de juventud y recalificó a Opabinia y Alucigenia como precursores de los artrópodos. ¿Debemos contemplar la controversia entre Gould y Morris como el ejemplo de dos apriorismos enfrentados? Yo creo que nó. Yo situo a Gould con pleno derecho en la tradición de la gran ciencia, ejemplo vivo del esfuerzo titánico, trágico, prometéico, que siempre supone iluminar una parcela de la gran heredad de la ignorancia humana.
Aunque nunca falte un Caballero Audaz dispuesto a desenmascarar a los impostores que vienen a sacarnos de nuestras tranquilidades escathológicas.
Besos. Y gracias por tu e.mail. Voy a desternillarme otra vez.

Sin entrar en argumentaciones muy largas, solo cabe recordar la solución de Gould en su enjuiciamiento del creacionismo: la ciencia y la religión son 2 magisterios distintos. Lo demás ya lo hemos leído en “Hens teeth and horses toes”.

(requerido)

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