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La bilioteca pública vista por el escritor Antonio Muñoz Molina
Una biblioteca pública no es sólo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: también es uno de los espacios cardinales de la ciudadanía. Es en la biblioteca pública donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas; donde se ve más claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo más verdadero y lo más íntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene límites en el espacio ni en el tiempo.
La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era único y difícil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela hermética de las palabras escritas, alentando una revolución que empezó por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediación autoritaria de una jerarquía. Gentes que leían libros albergaron ideas inusitadas: que el mérito y el talento personal y no el origen distinguían a los seres humanos que todos por igual tenían derecho a la instrucción, a la libertad y a la justicia.
La escuela pública, la biblioteca pública, son el resultado de esas ideas emancipadoras: también son su fundamento. Con egoísmo legítimo uno compra un libro, lo lee, lo lleva consigo, lo guarda en casa, vuelve a leerlo al cabo de un tiempo o ya no lo abre nunca. En la biblioteca pública el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicado tan milagrosamente como los panes y los peces del evangelio: un alimento que nutre y sin embargo no se consume; que forma parte de una vida y luego de otra y siendo el mismo palabra por palabra cambia en la imaginación de cada lector.
En la librería no todos somos iguales; en la biblioteca universitaria el grado de educación y la tarjeta de identidad académica establecen graves limitaciones de acceso; sólo en la biblioteca pública la igualdad en el derecho a los libros se corresponde con la profunda democracia de la literatura, que sólo exige a quien se acerca a ella que sepa leer y sea capaz de prestar una atención intensa a las palabras escritas.
En el reino de la literatura no hay privilegios de nacimiento ni acreditaciones oficiales, ni jerarquías de ninguna clase ante las que haya que bajar la cabeza: nadie tiene la obligación de leer una determinada obra maestra; y no hay libro tan difícil que pueda ser inaccesible para un lector con vocación y constancia. Pomposos catedráticos resultan ser lectores ineptos: cualquier persona con sentido común es capaz de degustar las más delgadas sutilezas de un libro. En el cuarto de trabajo o de estudio con frecuencia uno está demasiado solo: en la biblioteca pública se disfruta un equilibrio perfecto entre el ensimismamiento y la compañía, entre la quietud necesaria para la lectura y la grata conciencia de la vida real que sigue sucediendo a nuestro alrededor.
Los barrios de Nueva York están punteados de sucursales de la gran Biblioteca Pública de la Quinta Avenida. El edificio central tiene una escala imponente: los mármoles, la escalinata, las columnas, los dos grandes leones benévolos. Las bibliotecas de barrio son mucho más modestas en apariencia, pero no esconden menos tesoros, y son igual de acogedoras. La que yo visito casi cada mañana está en una zona de pequeños negocios puertorriqueños, de peluquerías rancias de caballeros, de puestos de frutas del Caribe, de casas de comidas baratas que tienen nombres como La Caridad o La Flor de Mayo. El trámite para hacerse socio dura unos cinco minutos y es gratis. Con su tarjeta uno puede solicitar cualquier libro, disco o película y en unos pocos días le avisarán de que puede ir a recogerlo.
Pero para entrar en la biblioteca y pasarse en ella las horas no hace falta ni siquiera una acreditación, en una ciudad donde hay tantas barreras de seguridad que puede ser tan inhóspita para el que no tiene dinero. A mi alrededor, en las otras mesas de la biblioteca, hay universitarios obsesivos que han venido a estudiar y jubilados que leen tranquilamente el periódico, un chico que mueve la cabeza y los hombros al ritmo de la música que escucha en el iPod mientras sonríe para sí leyendo una novela gráfica, una muchacha asiática sumergida en una biografía de Virginia Wolf, una abuela a la que una empleada le enseña con ilimitada paciencia cómo acceder a su cuenta de correo electrónico en la fila de ordenadores de la sala, una mujer demente que se ha sentado cerca de mí dejando caer sobre la mesa, como si fuera una lápida, un diccionario enorme de psiquiatría.
Yo leo, trabajo, miro el correo, escribo alguna postal, gustosamente solo y a la vez acompañado, mecido por el rumor cauteloso de la gente. Vengo a trabajar en una biblioteca pública y me acuerdo siempre de la primera que conocí, en la que empecé a educarme, tan lejos ahora y tan presente en la memoria, la biblioteca municipal de Úbeda, que descubrí cuando tenía unos doce años. La mirada infantil, como la poesía épica, agranda los lugares, magnifica las cosas: yo nunca había visto salas tan grandes, estanterías llenas de libros que llegaban a los techos, sumergidas parcialmente en una penumbra en la que brillaban con intensidad misteriosa las lámparas bajas sobre las mesas de lectura. En cualquier otro lugar mis deseos y mis aficiones estaban limitados por la falta de dinero: en la biblioteca yo era un potentado. Fuera de allí las cosas pertenecían a alguien, casi siempre a otro: en la biblioteca eran mías y a la vez de todos. No existe mejor escuela de ciudadanía.
Sin aquella biblioteca hoy yo no estaría en ésta. Y como ahora las palabras pueden viajar tan instantáneamente como vuelven a la conciencia las imágenes del pasado remoto, cuando abro el portátil para mirar el correo encuentro un manifiesto en defensa de la biblioteca municipal de Úbeda, dañada por el abandono, por esa idea festera y despilfarradora que tiene cualquier política cultural en España, donde no hay límite para el gasto público a condición de que éste sea superfluo. Cualquier municipio español gasta millones en contratar artistas de moda o alentar paletadas vernáculas: pero en una pequeña biblioteca no hay dinero para comprar libros, y si lo hubiera no quedaría espacio donde mostrarlos; cada vez existirá menos la posibilidad de que alguien encuentre en ella el refugio y la iluminación de los libros; de que un niño fantasioso entre en la biblioteca pública como Simbad en la gruta del tesoro. Pongo mi firma al pie de ese manifiesto de ciudadanos ilustrados y por un momento la lejanía no existe y la mesa de lectura en la que estoy sentado pertenece a aquella biblioteca que no he pisado en tantos años.
Fuente: El País. “Babelia” 3 de mayo de 2008.
La biblioteca pública, infinito tesoro de posibilidades infinitas para las mentes inquietas, lugar de recreo para los más jóvenes y los más ancianos y sitio para el estudio, el trabajo y la formación para todos.
Bendito lugar donde refugiarte la ignorancia poblacional y donde esa misma ignorancia se desvanece.
Me produce una pena infinita cuando leo que un articulo como este donde se se describes las virtudes de las bibliotecas públicas y se denuncia su abandono y carencias cuando deberían ser unas de las instituciones mejor cuidadas y más valoradas tanto por las autoridades como por los ciudadanos. Una pena.
Que a las bibliotecas,tanto publicas, universitarias etc, no se les de la importancia que en realidad tienen,no es algo nuevo.
La lastima es que en el pasado, el acceder a los libros era cosa solo de unos pocos, generalmente de las clases sociales mas adineradas,y que ahora que cualquier persona puede ir a una biblioteca, siga siendo cosa de pocos. Normal que muchas de ellas caigan en el abandono o que no se les de el presupuesto necesario para que puedan mejorar, siempre quedan en el ultimo lugar para esas cosas, pero para contratar al artista de moda, o para otros fines, si que se destina el dinero, parece mentira que con todo lo que nos aporta un libro o en este caso una biblioteca aun la gente no lo tenga en cuenta en su vida diaria y solo acuda a ella en un momento de necesidad no como algo cotidiano y normal, si fuera asi, seguro que las cosas cambiarian.
Nadie le da importancia a la existencia de las bibliotecas públicas pero ¿cómo sería la sociedad si no existiesen? Creo que hoy en día se ha convertido en algo fundamental, un punto de encuentro de todo tipo de gente, una solución para múltiples problemas, un edificio que alberga auténticos tesoros, y si, es pública y es gratis. Es una fuente de cultura infinita y creo que deberían estar mucho más cuidadas y ser mucho más apreciadas por todos. También creo que hay que normalizar su uso ya que muchas veces se ven simplemente como un lugar silencioso con una mesa y una silla donde ir a estudiar.
La biblioteca es parte esencial en la formación del ciudadano y debe ser un bien al alcance de todos. Sus muros ofrecen la posibilidad de formarnos y quien responde a su llamada puede convertirse en lo que más desea.
Las bibliotecas públicas son, en fin, algo más que anaqueles, lámparas y mesas: son edificios que personalizan el acceso universal a la cultura. Antonio Muñoz Molina recuerda a ese niño que entró hace muchos años por primera vez en una biblioteca. A ese niño, como a todos nosotros, le esperaba una inaudita sorpresa: él mismo, su yo futuro, le aguardaba entre los libros y estantes…
Pues sí, querido amigo, el tiempo pasa y todo cambia. Ahora que se cumplen el 40 aniversario de la revuelta de los estudiantes en París, en aquel denominado ya para la historia ‘mayo del 68’ y que representa la manifestación contra un sistema y una cultura que no gustaba, un grito de protesta común en las calles. Pues ahora que todo eso queda lejano en el pasado, es cuando al mirar atrás más se aprecia que ya nada es igual. El acceso a la cultura es lo que permite igualarnos a todos, sin discriminaciones de sexo, religión o “razón social”. Las bibliotecas públicas nacieron con el objetivo de que todos tuvieramos esa posibilidad. La biblioteca permitía el ejercicio de la más absoluta libertad, además de todas las posibilidades que nos ofrecen los libros en conocimiento, sensaciones, crecimiento, etc. Pero ahora ese espíritu con el que nacieron parece que se ha perdido. La gente ya no va a la biblioteca a buscar cultura. La función de las bibliotecas ha cambiado, parece que sus usuarios van a otras cosas, como bien expone Muñoz Molina. A esto hay que añadir el tema del canon a los libros, cuyo significado simbólico es ponerle precio a la cultura y por tanto romper con la democratización, el ‘lait motiv’, de las bibliotecas públicas. Pues sí, querido amigo, el tiempo pasa y todo cambia.
Las bibliotecas públicas son la encarnación del sueño de muchos grandes pensadores cuando hablaban de los templos del saber. Un lugar donde la cultura está al alcance de cualquiera con ganas de acercarse a ella. Y esto es fundamental. Las sociedades democráticas se basan en ciudadanos, individuos libres (al menos en teoría) y formados para ejercer sus derechos. Esta formación nunca se cierra, al contrario, es un proceso que dura toda la vida. La biblioteca es un apoyo esencial en este proceso, ya sea como ayuda a las personas que están inmersas en el sistema educativo, ya sea como instrumento en tareas de autoaprendizaje. Por eso es necesario que las autoridades nunca den la espalda a estos templos con los que otrora tanto soñaron ilustres pensadores que nos precedieron.
Después de leer el artículo de Muñoz Molina, siente uno deseos de salir corriendo a la biblioteca más próxima, para disfrutar de esa magia que él nos trasmite en su texto.
Hace apenas unos días oía hablar en relación a las bibliotecas en un tomo muy peyorativo, y se decían cosas tales como que ,se habían convertido en “guarderías”, “videoclubs”… en definitiva, en algo a lo que resultaba difícil ponerle nombre. Tal vez estén conviviendo estas dos realidades, de una parte la biblioteca es y nos proporciona, todos esos servicios y sensaciones que el autor nos describe. Pero , es posible, que también se les esté dando otros usos que no son los que se le presuponen.
No obstante, si el público acude a ellas, de un modo u otro, es un buen síntoma, no pasan desapercibidas, se debería aprovechar esa afluencia de usuarios, tal vez llevados hasta allí por otros menesteres, para despertarles el interés, buscar mecanismos para que las bibliotecas ocupen el espacio social y cultural que deberían.
El artículo de A. Muñoz me ha hecho retroceder en el tiempo, cuando estudiaba BUP y COU en un instituto madrileño junto al parque del Retiro y la cuesta de Moyano.
La biblioteca de mi instituto, era una casita baja, separada de los edificios donde se ubicaban las clases y secretaría, era una biblioteca acogedora, muy luminosa y llena de paz, en ella pase gran parte de mi vida estudiantil, y fui feliz.
La bibliotecaria formaba parte de nuestras vidas y nosotros éramos parte de la suya, cuando íbamos a preparar un examen, nos decía “que examen nos toca hoy”.
Ella se sentaba junto a nosotros y nos trasmitía esa ilusión y magia que solo ellos saben transmitir.
Enamorada de la biología, ella me prestaba libros sobre Darwin, Mendel, etc.
Con el paso de los años, he pretendido transmitir ese gusto por las bibliotecas a mis hijos y en menor o mayor medida, creo haberlo conseguido.
Hago un llamamiento a los ayuntamientos, CC.AA. o a quien corresponda para que mantengan vivas las bibliotecas y dejen que generaciones venideras disfruten de todo aquello que tuvimos la suerte de disfrutar nosotros.
Por cierto en los próximos días, haré una visita a esa biblioteca que formó parte de mí en esa etapa de mi vida.
La biblioteca pública es el lugar de paso de muchos ciudadanos, unos leen el periódico, otros consultan libros para examenes, otros estudian, otros hacen que estudian, otros se dedican a ligar, pero en general es un lugar de tranquilidad y silencio desvinculado del estrés callejero que sufrimos. La biblioteca pública es un lugar que siempre está ahí, y que se puede y debe acudir a él. El valor que ha tenido y tiene la bibliioteca, es un valor que con el tiempo se está deformando, por el empleo de nuevas tecnologías y nuevas maneras de acceso a la información, de todas maneras creo que la biblioteca seguirá manteniendo su papel; un papel de formación e información en la sociedad de la información en la que vivimos.
La biblioteca ya sea esta publica, escolar, bibliotecas uiniversitarias… ha cambiado radicalmente estos últimos años, la biblioteca cada vez se utiliza menos para obtener libros durante un periodo de tiempo, ahora el mayor volumen de préstamo lo acaparan los DVDs, la gente acude por la mañana a las hemerotecas a leer el periódico o a usar su servicio de reprografía si es que lo tienen. Estamos en el periodo mas activo de las bibliotecas precisamente porque estamos en epoca de examenes, las bibliotecas se llenan de estudiantes durante un mes para luego dejar paso nuevamente a la soledad de los libros. Nunca dejaran de sacarse libros pero creo que cada vez se profundizará mas en otro tipo de servicios.
Que especiales son los recuerdos de la infancia y juventud, sobre todo cuando además de la distancia en el tiempo, te separa también el espacio físico. Cuando ya no vives en ese barrio, en esa ciudad, en esa casa, cuando esos lugares ya no los visitas. ¿Qué es lo que permanece? No nos gusta pensar, que esa casa que contiene nuestra infancia ha desaparecido, que ese campo por donde corrías de niño y los árboles por donde trepabas, pasaron a mejor vida. Esos olores y recuerdos son únicos, como lo es el olor de un libro o la primera vez que eres consciente en una biblioteca, de estar rodeada de sabiduría y conocimiento, tan difícil de abarcar. Ayudemos a que las bibliotecas públicas no desaparezcan, ellas construyen personas como Antonio Muñoz Molina.
Pongámonos a pensar, y recapacitemos lo que significa la biblioteca pública para cada uno de nosotros, según pasa el tiempo la biblioteca pública ha ido perdiendo la importancia que realmente tiene y eso los únicos culpables somos cada uno de nosotros. Quién no ha ido alguna vez a una biblioteca pública, se ha sentado y ha utilizado los servicios que presta, cada uno de esos momentos son los que se deben de valorar y pensar que siempre está ahí cuando la hemos necesitado y nos ha ayudado en más de una ocasión. No debemos permitir que pierda ese encanto que siempre ha tenido y debemos valorarla como realmente se merece. Si dejamos que esta indiferencia siga adelante en un futuro no muy lejano la biblioteca pública será solamente un recuerdo y eso no lo podemos permitir, es y será parte de cada uno de nosotros.
Las revoluciones tanto la francesa y americana, supusieron el inicio de la extensión por Europa y América de nuevos principios democráticos y el nacimiento de una verdadera voluntad de hacer accesible la cultura y la educación para todos. En el mundo de las bibliotecas, esto supuso el nacimiento de una fiebre desamortizadora que se extendió por todo el continente y que transfirió a la sociedad un inmenso tesoro bibliográfico procedente de las instituciones del Antiguo Régimen, singularmente la Iglesia Católica. Pese a todo, este deseo de acercar la cultura a toda la sociedad no consiguió hacerse realidad hasta mediados del siglo XIX, con la aparición en el mundo anglosajón de la biblioteca pública.
Me da pena pensar que antes el poder de tener un libro sólo lo tuvieran aquellas clases sociales con poder adquisitivo, y ahora que tenemos un acceso libre a la información les demos de lado, a pesar de que todo el mundo las consideran o conocen como un punto de encuentro con el saber y acceso libre a la información, no se les da la importancia que estas tienen. Una biblioteca pública debería ser una de las instituciones mejor cuidadas y valoradas y de esta manera haya una mayor implicación de la ciudadanía.
Hoy en día existen muchísimas formas para los ciudadanos de acercarse a la literatura (Internet, librerías, bibliotecas universitarias, etc.) pero la principal sigue siendo la biblioteca pública. Es un lugar donde todo el mundo, sin discriminaciones, tiene acceso a la cultura. No importa el dinero, la formación, el estatus social… lo único que importa es el interés del ciudadano. Por eso mismo, la biblioteca ha sido, es y con toda probabilidad será uno de los pilares fundamentales para la educación y la cultura de nuestra sociedad. No llegará a desaparecer nunca, puesto que por mucho que avances las tecnologías y las facilidades, siempre deberá de garantizarse la base cultural que representan las bibliotecas públicas.
En cierto modo, se puede comparar a la biblioteca con el sufragio universal: todos somos iguales a la hora de ejercer nuestro derecho al voto, y todos somos iguales cuando cruzamos la puerta de una biblioteca pública.
Cada cual deja afuera sus características concretas como ser humano para convertirse en un simple lector dispuesto a disfrutar de las aventuras y desventuras que le pueda ofrecer el libro que está a punto de caer en sus manos.
Cuando decidí estudiar la carrera de biblioteconomía y documentación lo hice por que, realmente, me gusta la biblioteca. Me gusta la figura del bibliotecario. Me gusta el trabajo, el que pasen los libros por tus manos, le ver las estanterías e ir repasándolas una a una viendo los ejemplares. Me gusta el poder ayudar a los usuarios, el dotarles de su propia autonomía dentro de la biblioteca. Me gusta la tranquilidad, el confort. Simplemente es otro mundo.
La biblioteca pública siempre ha estado presente en mi cabeza porque desde pequeña la he visitado, he recorrido sus pasillos llenos de libros de arriba abajo y he disfrutado de los cursos que hacían para los más pequeños, el grupo de niños del colegio siempre iba allí a compartir apuntes o a intentar hacer un trabajo. Ahora todo eso ha desaparecido, la biblioteca lleva cerrada varios meses debido a una remodelación y ampliación de servicios, y es que el pequeño centro con un solo ordenador pasará a ser un gran centro con varias plantas y estoy segura que muchos más espacios para poder disfrutar de todos los servicios nuevos de los que ahora dispondrá, la biblioteca ha cambiado con la sociedad pero no dejará de ser un punto de encuentro para entusiastas de la lectura, estudiantes y todas aquellas personas que quieran formar parte de ella.
El artículo, me inspira muchos sentimientos, creo que lo describe de manera que nadie podría resistirse a entrar en una biblioteca pública, ya que cuenta tantas situaciones distintas que puedes llegar a vivir, rodeado de esos libros, que es casi imposible no entrar en ese pequeño mundo que parece tan tuyo y a la vez de todos.
Quizás es problemas de los propios profesionales y por supuesto del estado, la mala publicidad que hacen de estas, en realidad creo que son muy pocos los ciudadanos que ven este espacio público como lo describe el autor, por ello esta en nuestras manos cambiar esa imagen para conseguir que el estado vea la forzosa necesidad de satisfacer a sus ciudadanos con esa biblioteca fantástica que debieran exigir, que todo el mundo necesita para soñar, cultivarse, vivir.
Ya son varias las bibliotecas públicas, que han sido cerradas en los últimos años, en cierto barrio del sur de Madrid. Los responsables de ese derribo cultural, han debido de considerar que los ciudadanos de esa zona, no necesitamos tener acceso libre y gratuito al conocimiento. Cierto es, que tampoco sé, que criterios han debido de seguir para tomar esa decisión, pero lo qué si sé es que, yo como muchos otros de mis amigos de colegio e instituto, ya no volveremos a pasar por los edificios donde aprendimos a leer, a hacer nuestros primeros trabajos de clase, donde aprendimos a buscar y saber qué buscar… y donde sin saberlo aprendimos a estar callados respetando nuestra cultura y futura formación.
Tengo que reconocer que me ha parecido un texto muy especial sobre lo que significa una biblioteca pública para Antonio Muñoz. El remontarse a su infancia y recordarla como "el refugio y la iluminación de los libros" es algo con lo que muchos nos sentiremos identificados. De pequeños cuando íbamos a la biblioteca, veíamos ésta como un lugar mágico, en la que cientos de libros esperaban impacientes de ser rescatados, de abrirse a un nuevo lector. Hay una frase que me ha gustado especialmente, en la que Antonio refleja la biblioteca como la mejor escuela de ciudadanía, y es totalmente cierto, en la biblioteca podemos aprender a respetar y compartir, pues como bien dice, todo lo que hay en la biblioteca es tuyo, y a la vez de todos.
Un lugar tan conocido y a su vez, tan desconocido para el ciudadano es la biblioteca. Se demuestra que en la actualidad hay ciudadanos que conocen perfectamente las actividades, los servicios y las posibilidades dentro de su espacio, sin embargo, existen personas que no conocen las funciones de la misma y que posiblemente, no hayan hecho uso de sus instalaciones a lo largo del transcurso de su vida. Conocer sus oportunidades es un abanico de posiblidades, las cuales es preciso conocer para saber el conjunto de posibilidades que nos ofrecen que pueden oscilar desde tratarse del primer escalón de acceso a cualquier necesidad de información al disfrute de un instante de entretenimiento. Es importante cosiderar que hoy en la vida hay que pagar el precio del coste de cada deseo, sin embargo, la biblioteca nos permite cumplir nuestros deseos sin tener que pagar un precio por ellos.
Preciosa visión la que tiene Antonio Muñoz Molina de ver las bibliotecas publicas.
Me resulta muy emotiva y nostálgica la lectura, sobre todo cuando nos narra con esencia de cuento de fantasía, lo que para él es pasar un día en la biblioteca. Pocas veces he visto describir con tanto sentimiento algo que esta a los ojos de todos, y que cada generación que pasa se va olvidando un poco mas.
Reino de la literatura lo llama nuestro autor, pero también se olvida que es reino del aprendizaje, reino de la cultura, reino del estudio, reino de ocio, en definitiva el reino que cada cual quiera elegir. Porque la biblioteca es eso, un centro de culto donde todos somos los reyes de nuestro mundo. El abanico de posibilidades es tan amplio como nuestra imaginación, necesidad, o tiempo nos permita.
Hoy en día las bibliotecas públicas se están poniendo de “gala” tecnológicamente hablando y se van pareciendo cada vez menos a las bibliotecas de cuando éramos pequeños, y que nuestro autor cita con tanta nostalgia.
A la salas de lectura y estanterías repletas de libros hay que añadirles ordenadores, prensa, material multimedia, etc.… Ahora las posibilidades han crecido y con ellas deberían crecer también, el apoyo de las instituciones y de los usuarios, para que así las bibliotecas públicas sigan siendo lo que todos queremos que sean, nuestros “reinos” públicos de cada barrio.
"Una biblioteca pública es una biblioteca accesible para el público, sin distinción y que a menudo es administrada por funcionarios públicos y financiada con fondos públicos o estatales. Los usuarios de una biblioteca pública tienen acceso libre a las colecciones e instalaciones de ella. Además de existir, previa inscripción, un servicio de préstamo de libros a domicilio. Y parte básica y esencial para mantener a una población letrada y culta, además de un espacio democrático de información y comunicación para las comunidades en que se insertan."
Esta sería una definición de lo que debe ser una biblioteca pública en teoria, pero en la practica la biblioteca ha pasado a ser un lugar de encuentro donde los estudiantes quedan para hablar haciendo creer a sus padres que estan estudiando.
Durante la época de examenes las bibliotecas amplian sus horarios para dar acceso a miles de estudiantes que van a la biblioteca a estudiar, la mayoria de las veces no consultan sus fondos sino que utilizan su espacio como sala de estudio.
La biblioteca no solo es una sala de estudio sino que es el acceso a la cultura de forma gratuita, e ilimitada.
Por lo que se debe fomentar su uso.
La biblioteca pública; lugar de encuentro de las mentes con los libros, toda la información esta a tu alcance, puedes sentarte en un sillón o pupitre a leer tranquilamente, la mayoria de la gente que hace esto se despacha con una novela,periódico o revista, pero hay mucho más. Manuales, enciclopedias, manifiestos de todo tipo, libros de arte, guias de viaje y así hasta el infinito.. vale la pena solo por ver a un niño abrir un tebeo o asistir a un cuentacuentos. Un sitio (el único) donde el dinero no existe y no cuenta para nada, el ultimo reducto que acabaran por derribar si no lo evitamos, ahora con la multiculturalidad es sin duda un lugar de integración, sin olvidar la importancia que tiene para los estudianes a la hora de preparar los examenes, sin molestias, ruidos, ni distracciones, cuantas carreras universitarias se habran resuelto tras sus muros. Ahora con internet la asistencia es masiva, mucha gente no tiene dinero para una conexión y un PC y sin embargo hoy por hoy estos elementos son indispensables para cualquier persona activa en la sociedad.
La biblioteca, siempre publica, nunca he entrado en una privada, supongo que existiran en las casas de nobles adinerados; congiendo polvo libros carísimos que acabaran en subastas, que acabará comprando el estado para aumentar el patrimonio de la Biblioteca Nacional en Colon o su depósito de Alcalá de Henares.
Quizá por falta de espacio, o porque devoraba libros cual león, de pequeña mis padres no me compraban demasiados libros. No era “rentable”, ya que debido al ansia con que me adentraba en sus páginas y mi velocidad lectora, me duraban tan sólo un par de días, y al cabo de una semana andaba pidiendo más. Por lo tanto, creo recordar que con 6 o 7 años, me hice mi primer carné de biblioteca. Acudía regularmente todas las semanas, aprovechando que tenía que ir al centro cultural donde estaba la biblioteca, para hacer actividades extraescolares, y me llevaba un par de libros a casa. Personalmente, siempre he preferido leer en la intimidad, para no reprimir las emociones que cada libro pueden suscitar, además la lectura siempre me ha parecido algo bastante personal, algo único entre uno mismo y el libro. Pero es cierto que la biblioteca es un lugar asombroso, donde puedes encontrar adultos leyendo libros como Harry Potter, preadolescentes adentrándose (seguramente por obligación) en clásicos como El Quijote, o pequeños, que aun no saben leer muy bien, ojeando libros con enormes dibujos y pocas y claras palabras. Las bibliotecas: esas grandes desconocidas. Las bibliotecas ponen al alcance de todos, lo que siempre ha sido para unos pocos. Como bien ha dicho el autor del artículo, democratizan, pero desgraciadamente hoy en día la sociedad no las valora como debería y me temo que andan de capa caída.
Leyendo artículos como éste es como realmente podemos darnos cuenta de la importancia que tiene un lugar público tan especial y lleno de misterio como una biblioteca. Deberíamos valorarla más y cuidar los libros de los que dispone.
Aunque hoy en día existan otras fuentes de información, no debemos olvidarnos de este núcleo de conocimiento que viene existiendo desde mucho tiempo atrás. Por muchas alternativas de búsqueda de información que existan, las bibliotecas seguirán siendo únicas e inimitables. Esperemos que no desaparezcan nunca.
Yo, que vengo de un pueblo pequeño en Cádiz, no disponía de una biblioteca de gran extensión, aunque tampoco eso justifica que ciertamente no la aprovechara como hubiera podido. Mi relación con las bibliotecas públicas destaca por su ausencia, recurriendo normalmente a la librería de confianza en Cádiz capital donde, tal vez debido a la familiaridad del lugar, me sentía libre para bucear en busca de perlas literarias. Este sentimiento, a la altura de los descritos en el artículo, tengo que admitir haberlo descubierto con la biblioteca de la facultad, la cual me he propuesto revisarle las entrañas durante (al menos) cinco años y no tengo duda de que encontraré plena satisfacción.
Hoy en día cualquier persona puede sumergirse en una biblioteca pública para encontrar el libro que desee. Podemos cogerlo, llevarnoslo a casa, leer la primera hoja y llegar hasta el final con entusiasmo, o cerrar el libro en la segunda página, siempre con el alivio de poder devolverlo a la biblioteca y buscar el libro que realmente te apetece leer. Todo esto, de forma totalmente gratuita.
El libro donde verdaderamente vive es en la biblioteca pública, pues siempre alguien le podrá dar uso. Para mí, las bibliotecas públicas son una forma de que la cultura esté al alcance de todo el mundo, y sinceramente, creo que a veces no apreciamos lo que tenemos y no le damos la importancia que realmente tienen algunas cosas. De millones de personas que pueden acceder a la biblioteca pública en cualquier distrito, menos de la mitad lo aprovecha y accede a ella. Esto, en una sociedad en la que los medios audiovisuales como el cine y la televisión van en aumento, hace que la lectura esté en decadencia y que desgraciadamente, esta decadencia vaya en aumento.
Hoy en día cualquier persona puede sumergirse en una biblioteca pública para encontrar el libro que desee. Podemos cogerlo, llevarnoslo a casa, leer la primera hoja y llegar hasta el final con entusiasmo, o cerrar el libro en la segunda página, siempre con el alivio de poder devolverlo a la biblioteca y buscar el libro que realmente te apetece leer. Todo esto, de forma totalmente gratuita.
El libro donde verdaderamente vive es en la biblioteca pública, pues siempre alguien le podrá dar uso. Para mí, las bibliotecas públicas son una forma de que la cultura esté al alcance de todo el mundo, y sinceramente, creo que a veces no apreciamos lo que tenemos y no le damos la importancia que realmente tienen algunas cosas. De millones de personas que pueden acceder a la biblioteca pública en cualquier distrito, menos de la mitad lo aprovecha y accede a ella. Esto, en una sociedad en la que los medios audiovisuales como el cine y la televisión van en aumento, hace que la lectura esté en decadencia y que desgraciadamente, esta decadencia vaya en aumento.
La biblioteca pública es el lugar idóneo para leer,estudiar,hacer trabajos…Allí siempre te sientes acompañado,nunca te sientes solo,ves a uno con su ordenador,otro buscando información…y tu ,en mientras, leyendo,abriendo tu mente e imaginación.
Siempre que entro en una biblioteca me sorprendo,me sorprenden lo grandes que son,la cantidad de libros que tienen,y todos para mi,todos para todo el mundo,de generación en generación…año tras año esos mismos libros pasan por millones de manos diferentes, y todas con la misma intención:leer,aprender, y evadirse del resto del mundo durante unos minutos mientras tu te encuentres en esa cueva silenciosa..en la biblioteca.
¿Qué haríamos sin ellas?No podemos dejar que las cierren en ninguna zona,porque todo ciudadano debe tener aceso libre a ellas y adquirir conocimientos gratuitos.
Es realmente gratificante ver como los libros están al alcance de todos. En la Edad media, los libros estaban en poder de la iglesia, y los ciudadanos no tenían acceso a la cultura, facilitando así su control y manipulación. Ahora, es el Estado quien nos anima a leer, y nos lo muestran accesible y fácil… Pero, ¿es eso verdad? A diario veo campañas publicitarias incitando a leer, pero apenas he visto nunca anunciar ninguna biblioteca pública. Probablemente, si esas campañas para el fomento de la lectura hiciesen referencia a las bibliotecas públicas, la gente las frecuentaría más.
Por otro lado, me parece bien que el autor fomente el uso de las bibliotecas, pero no debería hacerlo diciendo frases como “Con egoísmo legítimo uno compra un libro”, ya que considero que si uno se lo puede permitir, no hay nada malo en comprar libros, pues el mundo de los libros no deja de ser un negocio, y si no hay demandantes que los compren podría dejar de haber oferta. Además, el hecho de comprar libros no implica el que los acumulemos en casa una vez leídos, ya que yo, como compradora de libros, una vez que los leo me gusta compartirlos con mis amigos.
Una biblioteca pública es un lugar de meditación, estudio, reunión, de reposo y de silencio.
En una biblioteca puedes encontrar ese espacio que en tu casa no logras hayar para concentrarte y profundizar en temas de tu interés, ampliarlos o verificarlos. Es uno de los sitios donde más índice de sabiduría se encuentra durante todo el día y dependiendo de la biblioteca, dónde puedes encontrarte con los pensamientos, vivencias, opiniones etc de personas tan increíbles com Oscar Wilde, Jane Austen, Charles Dickens, Manuel Azaña, Emilia Pardo Bazán etc grandes escritores de todo tipo de cortes y de infinidad de lugares y épocas
Una biblioteca pública es un lugar de meditación, estudio, reunión, de reposo y de silencio.
En una biblioteca puedes encontrar ese espacio que en tu casa no logras hayar para concentrarte y profundizar en temas de tu interés, ampliarlos o verificarlos. Es uno de los sitios donde más índice de sabiduría se encuentra durante todo el día y dependiendo de la biblioteca, dónde puedes encontrarte con los pensamientos, vivencias, opiniones etc de personas tan increíbles com Oscar Wilde, Jane Austen, Charles Dickens, Manuel Azaña, Emilia Pardo Bazán etc grandes escritores de todo tipo de cortes y de infinidad de lugares y épocas
Mi artículo sería: la biblioteca pública vista desde una estudiante.
Yo siempre he ido a la misma biblioteca, la de mi barrio. Y todo el mundo dirá lo mismo si le preguntan, bueno, excepto si eres universitario que tiendes a estudiar en la biblioteca de la facultad porque tienes a tus colegas para hacer descansos de 1 hora y media en la cafetería y esas cosas, lo normal vaya.
Yo prefiero mi biblioteca. No es muy grande, tiene dos plantas pero de espacio reducido. Por eso es fácil conocer a todos "los diarios" que van allí, desde el de seguridad al chico que se sienta en la esquina de la mesa 3º de la izquierda. Siempre somos los mismos, qué curioso ¿no?. No veo caras nuevas, excepto en selectividad que se llena de pre-universitarios que hacen lo mismo que los universitarios, ir en comuna y tomarse descansos indefinidos volviendo con cierto revuelo hasta que relajan sus posaderas en la silla.
Al comienzo de curso siempre ves a algunos nuevos, pero que hacen como todos, venir en épocas de exámenes. En esas fechas es una lucha continua por lograr un sitio en la sala de estudio.
El piso de abajo es el de préstamos, más visitado. Allí hay un silencio abrumador (como debería ser en el de estudio, pero los murmullos llenan la sala, ¡horrible!). Ahora ves a más gente porque hace un año que añadieron el préstamos de soportes audiovisuales. Creo que es diferente a las demás porque hay libros que nadie quiere. ¿Cómo no puedes querer un libro? He encontrado y leído libros que ni sabía que existían, ni sus temas ni nada. Algunos los he buscado en la biblioteca de la facultad y no los tienen. También, a finales de año suelen regalar libros que no han sido utilizados en varios años y que han sido descatalogados. Una pena, pero es cierto.
Por todo esto, y para ir concluyendo que siempre me extiendo más de la cuenta, creo que es especial cada biblioteca pública. Cada una es visitada por personas diferentes, los libros que contiene no tienen que ser iguales en todas y pueden tener sus propias costumbres.
Una biblioteca es el paraiso de cualquier lector consagrado, repleta de libros, películas o revistas ofrece una amplia gama de conocimiento, disfrute o estudio. Además como bien dice el autor es un sitio de respeto y generosidad, los libros pasan de unas manos a otras deseando ser abiertos, esa manera de compartir es algo que no ocurre hoy en día en muchos lugares de las ciudades o de los pueblos.
Pequeña, fría, dos plantas: la primera para los niños, separados por una vieja mampara q no cierra bien, la segunda territorio inhóspito custodiado por un ¿Dónde vas, ahí solo suben los chicos mayores a estudiar?
Esa era mi visión con 8 años de la biblioteca de Miraflores.
Hoy en día sigue siendo fría pequeña y sobretodo muy ruidosa, pero la carcelaria omnipresente ahora es la madre de mi mejor amiga y yo pertenezco a la elite de “los chicos mayores” que suben esas escaleras casi divinas sin prestar aparentemente interés por los pipiolos del submundo, pero que sin embargo pavonean su superioridad como si de galones se tratara.
Yo misma vivo el abandono de las bibliotecas públicas, su envejecimiento que, al contrario que al vino, no le sientan nada bien y la promesa de un nuevo emplazamiento que está construido pero que nunca llega.
A pesar de ello sigue siendo un lugar entrañable donde mezclo mis buenos recuerdos, mis agobios cuatrimestrales y mis instintos homicidas volcados sobre la gente que entra a mi biblioteca cual toro a las ventas, con vítores incluidos.
Las bibliotecas: que útiles son y que poca importancia se les da. Da pena admitirlo pero es la verdad. Se gastan millones y millones en otros tipo de infraestructuras, pero son pocas las bibliotecas que reciben algún dinero. Las pocas que reciben alguna ayuda es porque son bibliotecas de mayor categoría, digámoslo así, y se olvidan de las bibliotecas más modestas, las de toda la vida de nuestro barrio.
Es por ello que en ocasiones en algunas bibliotecas hay que permanecer casi con el paraguas dentro de ellas los días de lluvia. Que triste que dejen estropear estos tesoros de nuestra cultura.
Yo de pequeña veía a los estudiantes en la puerta de la biblioteca y me parecía que aquel sitio debía ser muy importante porque aquellas personas ya debían ir a la universidad y todo. Deberíamos seguir dándole el mismo sentimiento de respeto que teníamos de pequeños.
Como dice el autor, las bibliotecas sirven más que para leer y estudiar, tienen muchas más funciones, las cuáles en la mayoría de ocasiones la gente, por desgracia, desconoce.
Ocio, cotidianeidad, falta de tiempo libre, soledad, marginalidad del proceso tecnológico, son conceptos que de una forma u otra aparecen en los dos artículos. A primera vista transfieren una sensación catastrofista del panorama actual sobre los índices de hábitos lectura y el uso de las bibliotecas, pero si salimos de nuestra burbuja universitaria y estudiamos el escenario a través de las estadísticas, o simplemente visitando una biblioteca pública de barrio, advertimos que no van muy desencaminados los autores. Vicente Verdú incide, sin poner el dedo acusador, sobre la educación, las editoriales, las nuevas tecnologías y la satisfacción de las sensaciones corporales como alguna de las causas que han colaborado para que se propague esta situación, a lo cual yo le sumaría que, cada vez más, la gente desea emplear sus exiguos periodos de ocio experimentando placeres de muy diversa índole sirviéndose del menor esfuerzo cerebral posible, finalidad que ven sobradamente complacida con el sinfín de productos que cada día salen al mercado: el negocio del entretenimiento. Negocio que las editoriales, muy equivocadamente desde mi punto de vista, han intentado imitar creando productos banales, fáciles, de rápido consumo y preferiblemente asociados a productos de otros medios, como la televisión, de esta manera además se aseguran que la campaña publicitaria ya está generada. Por otro lado, la mayor parte de la sociedad asocia las bibliotecas al estudio, los exámenes, el silencio (cada vez más en desuso), los libros especializados y la abrumadora sensación de estar rodeados de un saber por el que no experimentan ninguna curiosidad.
Personalmente no empecé a disfrutar de las bibliotecas hasta que llegué a la universidad; en el colegio no era más que una sala fría a la que sólo podías acceder si el profesor de turno disponía de cinco minutos para atenderte y en el instituto era el lugar por excelencia para “redimir condena” por mal comportamiento ─la asociación negativa subyacía en ambos casos─. La biblioteca pública, por la que Muñoz Molina despliega en este texto un canto de alabanza, no era para mí más que una gran desconocida dividida entre los que iban a aprender y se cobijaban en el silencio de la sala de adultos, y los que simplemente pasaban la tarde en la escandalosa zona infantil; cuando mi carné de identidad me posibilitó el goce de la primera opción, ya me había acostumbrado al refugio de mi habitación.
¿Cultura bibliotecaria? ¿Fomento de la lectura? Son muchos esfuerzos los que habría que aunar para que este binomio diera frutos, y no precisamente de temporada.
Cuando entraba de pequeña en una biblioteca siempre tenía la misma sensación sobrecogedora, al ver tanto que leer y tan poco tiempo para hacerlo. Mirara donde mirara había libros y más libros dispuestos a contarme sus secretos y hacerme sentir por unas horas que el mundo se paraba a mis pies.
Con los años nada de eso ha cambiado. Aunque ahora puedo sacarle mas partido a mi carnet de biblioteca sigo sintiendo la misma ansiedad cuando voy en busca de un nuevo libro. Ansiedad por ver que me voy a encontrar en esas nuevas paginas, por querer terminarlo para llegar al siguiente..
La biblioteca pública hace eso posible. Nos da la oportunidad de escoger uno entre un millón como si de una casualidad se tratara y no pone límites a nuestra necesidad de conocer algo más del mundo que nos rodea.
Una biblioteca es aquel lugar mágico, tanto por la gran cantidad de libros de que consta, como por los ordenadores, dvds…introducidos en los últimos años. En ella parece como si el tiempo se detuviese, como si las personas ya no son aquellas que estaban gritando como locas en la calle, es otra realidad conformada por tesoros que nos reportan conocimiento, diversión…
Lo más llamativo, desde mi punto de vista, es el respeto que hay entre quienes la utilizan, el hecho de cuidar los libros, de mantener el silencio, es decir, de generar un ambiente de paz y de tranquilidad.
Ésta es una institución que debería publicitarse más, para que las personas sepan que existe otra realidad, otro mundo que está a su alcance y cuya única norma es el respeto y las ganas de leer y aprender.
Una biblioteca pública ha de ser un lugar de intercambio cultural, en el que quien entre no pueda evitar dar un paseo por sus pasillos y salas de lectura. Donde se pueda tanto estudiar y trabajar como descubrir y divertirse.
Con altas estanterías llenas de libros que parezcan juntarse sobre tu cabeza. Con largas escaleras que parezcan alzarse hasta el cielo.
Un lugar que cada vez que lo visites te haga un poco más feliz.
En la actualidad, en la que el ritmo de vida que llevamos hace que cada vez estemos más estresados, encontrar un sitio tranquilo es un lujo, y uno de estos lugares es la biblioteca pública. la biblioteca es más que un lugar donde guardar los libros, es un centro de reunión (sobre todo en época de exámenes), un centro de reflexión y un espacio para la sabiduría y la igualdad, como bien dice el autor, por lo que es importante su conservación.
Las bibliotecas públicas, esos pequeños tesoros condenados al olvido, a la más absoluta indiferencia. Vivimos entre el humo y la contaminación, las prisas, preferimos ir al gimnasio a cultivar el cuerpo sin darnos cuenta de que hemos dejado de cultivar la mente.
Pero sólo aquellos que llegan realmente a ser brillantes, esos que consiguen escapar de la mediocridad han sido capaces se sentarse día tras día a disfrutar en silencio de los placeres, ocultos para los conformistas, que produce la lectura de un buen libro.
Y, como pocas en la vida, el crecimiento intelectual que nos ofrecen las bibliotecas públicas, no entiende de clases ni de razas, sino de sed de aprendizaje.
Las bibliotecas siempre me han parecido un lugar curioso. La gente entra y sale constantemente y sin embargo, se puede respirar tranquilidad. Hay gente paseandose entre las estanterias, estudiando, leyendo, trabajando con un ordenador…y silencio y concentración. Quizas sea por eso por lo que he elegido siempre las biblitecas como mi lugar de estudio y también de ocio, ya que poder disfrutar de un servicio de forma gratuita, es algo casi impensable en la sociedad consumista en la que vivimos. Me gusta que se siga conservando está tradición de "cultura gratuita" ya que la gente que no dispone de medios económicos o que no quiere gastarse dinero en libro, puede disfrutar igualmente de la cultura y el ocio que te aporta un libro. Por ello pienso que las biblitecas actualmente cumplen una función muy importante: siguen fieles a su tradición aportándo cultura gratuitamente en un mundo en el que se paga por todo.
No hay manera más especial de explicar la importancia de la biblioteca pública que con la pasión y nostalgia con que lo redacta Antonio Muñoz Molina en este artículo. Me ha gustado el hincapié que hace al decir que ésta no nos diferencia, que nos hace iguales y nos acepta a todos, es decir, que tenemos la posibilidad de ser libres y de acceder a la cultura sin importar quienes seamos.
El único problema que encuentro en la biblioteca pública es el de estudiar. Ese rumor de las personas del que habla Antonio Muñoz junto con esa diversidad de necesidades que se resuelven en un mismo espacio, hacen que sea difícil concentrarse. En mi caso particular, dejo la Biblioteca para leer algo que me interesa o buscar en un ordenador lo que necesito pero el ejercicio de estudiar me resulta complicado allí.
Es, por otro lado, una lástima que se invierta más en todo aquello que entretiene a la sociedad momentáneamente, siendo la culpa no solo de los políticos sino también del resto de la sociedad.
Como auxiliar de una biblioteca municipal, debo decir que conozco las dos caras de este lugar público: por un lado, la de estudiante que va allí a estudiar en épocas de exámenes, y por otro lado, la del personal que trabaja allí y que es donde he descubierto la cantidad de servicios que ofrece.
Antes creía que era un lugar sobrio y que sólo se acudía allí para estudiar o consultar algún libro. Pero la verdad es que ahora, a parte de ir a trabajar, voy muchos días a leer revistas, coger películas, libros, videojuegos…
Creo que es un espacio poco valorado en general, ya que suele acudir siempre la misma gente, pero por experiencia propia puedo decir que es increíble la cantidad de libros, revistas y películas interesantes que se pueden encontrar y que nadie se imagina que están.
Por eso desde mi breve comentario animo a que se vaya a las bibliotecas para que descubran este lugar.
¿Qué pasa con algo cuando no le damos la importancia que se merece? Que cae en el olvido. Eso es, desgraciadamente lo que está pasando con las bibliotecas. Cada vez son menos los que las visitan.
Quedan relegadas al ámbito profesional o para los estudiantes, que en épocas de exámenes o de realización de trabajos, las inundan con su presencia.
Con los avances tecnológicos e Internet, lo obtenemos todo muy rápido.
Las bibliotecas, lugares donde podemos encontrar todo aquello que buscamos, ya no son tan importantes para la opinión social.
Leer libros, revistas, navegar por Internet, relajarse,… son algunas de las actividades que allí podemos hacer.
Además, nos ponen a nuestro alcance y nos prestan guías turísticas, obras de conocidos y desconocidos autores y películas de nuestros grandes actores. En definitiva, son patrimonios que poseemos todos los ciudadanos y grandes fuentes de saber.
Antes, se les daba una gran importancia. Con observar “El nombre de la rosa”, nos queda claro: una biblioteca misteriosa junto a unos libros escondidos. ¿Cuál es la razón?
Ambos eran una reliquia.
Eso es lo que hoy deberían seguir siendo: un privilegio, que todos poseemos y no lo sabemos ver.
Obras de cualquier género y de cualquier disciplina están allí, esperando a que alguno de nosotros las leamos y aprendamos un poco más cada día.
¡En fin, una casa con las puertas abiertas con el calor de tu propio hogar!
Hace ya unos cuantos años, me reunía con mis compañeros de clase en la biblioteca pública para hacer allí los trabajos en grupo. Hoy en día, acudo a menudo a la biblioteca de mi facultad, ya sea para pasar apuntes, conectarme a internet, leer libros o mirar algunas revistas de mi interés. Aunque en mi caso frecuente con más intensidad las bibliotecas, su uso es cada vez menor. Pienso que esto es debido a que han surgido otras vías de acceder a la información. Además la función de las bibliotecas ya no está predeterminada como antes, sino que ahora en ellas se pueden hacer diversas tareas, como desde conectarte a Internet a sacar películas pasando por el ya tradicional estudio en estos espacios. Yo recomiendo una visita a este lugar que está al alcance de todos y que sigue siendo una fuente de cultura y conocimiento.
Cuando leo artículos como este realmente me doy cuenta de lo poco que se y de todo lo que me queda por aprender. Es admirable como este autor, Antonio Muñoz Molina, se expresa y el cariño y exactitud con que trata las palabras. Respecto a mi opinión sobre las bibliotecas públicas he de decir que considero que son el mejor tesoro que todo “pirata-lector” puede encontrar y con una gran ventaja: no se necesita tener ningún mapa del tesoro. Con este paralelismo lo que quiero decir en esencia es que acceder a una biblioteca es verdaderamente fácil y por suerte, está al alcance de tod@s independientemente de clases sociales, status… Pero la mala noticia es que no hay demasiada gente que valore esto. Por lo general la gente ve las bibliotecas como un simple lugar de paso en el que encontrar gratis aquel libro que te ha mandado leer el profes@r de turno. Y es muy triste que no seamos capaces, en general, de valorar todas las riquezas y posibilidades que podemos encontrar en una biblioteca pública y hasta que punto pueden ayudarnos a crecer tanto personal como profesionalmente.
Antes de aprender a leer, ya era socia de la biblioteca de mi ciudad, y con este texto acabo de recordar uno de los recuerdos que más aprecio tengo de cuando era pequeña: Cuando veraneaba en mi pueblo, y una o dos veces a la semana mi madre o mi tía, me traían un montón de libros de la biblioteca que a lo largo de la semana leía y releía, hasta que me traían nuevos libros en los que perderme.
Así que, no podría estar más de acuerdo con esta descripción de una biblioteca pública, las bibliotecas no sólo son un lugar con libros, sino que son un lugar de encuentro social: hay carteles de las actividad y eventos de la ciudad, te conectas a Internet, puedes leer periódicos y revistas, otros lectores te recomiendan (o no) un libro, disfrutas con los cuenta cuentos, o te encuentras con un conocido al que hace tiempo no veías…Y además de todo eso, tienes a tu alcance miles de libros y de historias por descubrir.
Creo que no se puede dar más por menos y sin embargo, las bibliotecas son olvidadas o ignoradas por nuestra sociedad.
Hay tres cosas que me gustan de las bibliotecas públicas. Por un lado su olor, creo que es uno de los olores más característicos que conozco. De hecho llevo más de cinco años yendo a la misma biblioteca pública y la recuerdo siempre con el mismo olor. Lo segundo que más me gusta es el hecho de que los libros estén usados, no me gustan los libros nuevos. Creo que un libro usado tiene mucha más vida y lo deja ver sus tapas blandas y sus hojas amarillas, eso sí, que las esquinas de las hojas estén dobladas no me parece correcto, para eso están los marca páginas. Creo que siempre miro cuantas personas han cogido el libro que yo he pedido prestado, es una manía que tengo desde que voy a bibliotecas. Y por último, me encantan los encuentros. La biblioteca a la que voy es a la que iba cuando tenía que hacer trabajos grupales en el instituto, entonces rara es la vez que voy y no me encuentro a algún amigo o conocido. Así que la tarde acaba en la cafetería de abajo poniéndonos al día de todo lo que ha pasado desde la última vez. Me gusta la biblioteca pública de mi barrio porque me trae muchísimos recuerdos, aunque posiblemente sea peor que las de otros barrios para mi es perfecta.