Arrebato. Iván Zulueta, 1979.

Análisis de Sandra López Ortiz:

¿Qué es Arrebato?

Es difícil describir que tipo de película es, de qué trata, encasillarla en un determinado género, y precisamente ese es el sello de Zulueta, quien pese a su escasa obra cinematográfica (unos cuantos cortos pero tan solo dos largometrajes) ha conseguido marcar en la historia del cine español. La impresión de lo visual tratado desde un punto de vista original, que rompe barreras, destaca por encima del hilo argumental, haciendo que tanto te guste o no, la película provoque un impacto en quienes la visualizan. Ahonda en la experimentación del cine, haciéndolo más cercano debido a la utilización de formatos domésticos.

 Teniendo en cuenta que el término arrebato tiene entre sus acepciones la de “éxtasis”, en la película se puede apreciar un paralelismo entre las drogas y el cine, dos temáticas principales en ella, e igual de presentes en la vida del director, haciendo que Arrebato contenga pinceladas autobiográficas.

Por un lado, tanto las drogas como el cine provocan un éxtasis o sumun cuando las consumes ya que propician tremendas sensaciones de placer (acrecentándose cuando se tiene una vinculación directa con en el mundo cinematográfico, como en este caso José o Pedro); y también esa grandiosidad que tiene el cine de crear realidades ficticias al igual que las drogas. La deformación de la realidad con cierto ambientalismo onírico impregna casi toda la obra. Aunque también es cierto que se muestran dentro de las proyecciones que toma Pedro (algunas de ellas pertenecientes a cortos del propio director), imágenes cotidianas de paisajes o lugares corrientes, que para mí ayudan a interpretar que la cotidianidad también puede abordar un punto surrealista.

 Por su parte, tanto las drogas como el cine pueden tener los mismos efectos, volviéndose adictivas y destructivas, adoptando ese efecto vampírico, pues pueden acabar devorándote o consumiéndote. La presencia del color rojo, evoca la asimilación (quizás errónea) de dicho color con las pasiones, con esas emociones extremas, y existe esa pasión incluso enfermiza por el cine, ese arrebato, presente en toda la película.

 Hay que mencionar esa importante metadiégesis que se hace sobre el cine dentro del propio cine (que es la película).

Con dirección y guión del propio Zulueta, rodada en el año 1979, el contexto de la película es primordial. Nos encontramos en una época de transición democrática (el cine de la transición) dejando atrás el peso del pasado franquista, y concretamente en Madrid se estaba a las puertas de lo que acabaría convirtiéndose en esa corriente contracultural tan trascendental como fue “La movida” de los años 80.

Debido a esto, fueron años de libertad desmesurada fruto de la represión antes vivida, de experimentación en todos los aspectos vitales, incluyendo en el cine, y teniendo su relación con las drogas que muchas veces van unidas a éste.

 Causa de esa cercanía o proximidad que ofrece la película se debe en gran parte a puestas en escena sencillas, sin protuberantes decorados o al sonido algo fallido, entre otros, debido a los problemas que tuvo la película durante su creación, pues contaba con un escaso presupuesto y tiempo de rodaje, y con la ayuda fundamental de Carlos Astiárraga y Jaime Chávarri, siendo este último quien prestó su finca para algunas escenas, mostrándose una vez más la técnica doméstica de las obras de Zulueta, que le da esa originalidad y carácter inusual a las imágenes.

 Por eso afirmo de nuevo que experimentación es para mí la mejor forma de definir Arrebato, experimentación por buscar cuál es el objetivo del cine, buscar que te puede ofrecer una cámara, una cinta, una vida.

Sandra López Ortiz. Mayo, 2010.

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