La torre de los siete jorobados. Edgar Neville, 1944.

Análisis de Raúl Peralta:

Tras el fin de la Guerra Civil Española, donde el bando nacional dirigido por las tropas del General Franco se alza con la victoria, queda un hueco en el panorama cinematográfico de nuestro país  difícil de llenar. Algunos de los grandes directores del país, que no eran afines al régimen, se vieron forzados a un exilio duradero en muchos casos y definitivo en otros. A pesar de este vacío hubo nombres muy importantes que se quedaron en España.

La “normalización” de la vida política y social del país, permitió que se recuperaran proyectos que el estallido del conflicto había paralizado. Ciertos títulos proyectados en las salas ya habían sido grandes éxitos antes del conflicto.

El Estado, no obstante, empezará a ejercer un fuerte control en la producción de las cintas a través de la censura.

CIFESA, una de las productoras más importantes sigue dominando gran parte del negocio durante la primera mitad de la década, aunque ésta convivirá con empresas más pequeñas que sacan proyectos adelante a través de colaboraciones conjuntas para poder sobrevivir. En la década de los cuarenta surgirá otra productora que intentará hacer sombra a CIFESA, Cesáreo González-Suevia Films, que se especializará en un determinado cine bastante comercial, el folklore y los niños prodigio. En el segundo lustro CIFESA sufrirá una grave crisis económica de la que le costará salir.

Edgar Neville, director de la cinta, consigue fusionar de una forma magistral, la fantasía, suspense, humor y costumbrismo, atributos que hacen del filme una obra única, original y transgresora.

Llama la atención el gran montaje de los escenarios de la ciudadela y la perfecta caracterización e interpretación de los actores que dan un halo de misterio a la trama difícilmente adquirible en un filme donde el humor también es protagonista. Teniendo en cuenta los escasos recursos de los que disponía por aquel entonces el director, impresiona el montaje de las escaleras en forma de caracol que bajan a la ciudad subterránea.

El guión dista mucho de la obra original, atribuida a Emilio Carrere, o al menos en parte ya que el final de la obra, ante los retrasos del autor, se decidió encargar a otros escritores noveles, contratados por el director de la publicación para sacar adelante el proyecto, que estaba destinada a prensa periódica. Es posible que Edgar Neville no tuviese más remedio que adaptar el guión si no quería que la censura se le echará encima. Por su parte los censores, conocedores de la obra de Emilio Carrere, no veían con buenos ojos el proyecto por lo que mandaron una carta al director para que añadiese una nota al inicio de la película donde dejase claro que era ciencia ficción; posteriormente en otra carta se le recomendaba que no sólo lo dejará claro al inicio de la cinta sino también al final. Neville, se arriesgó y envió una carta a los censores donde el director les pedía que vieran la película sin ningún tipo de modificación pues no había nada reprochable en la obra, los censores aceptaron y confirmaron que efectivamente no había nada censurable en la cinta, por lo que la cinta consiguió pasar el filtro de la censura y vio la luz en 1944.

Raúl Peralta. Mayo, 2010.

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