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Incendios de verano y fenómenos extremos
En 1347 algunas personas del entorno de la ciudad de Génova empezaron a morir de una manera muy rápida, presentando síntomas como los bubones o bultos dolorosos en las axilas e ingles, en el sistema linfático. La enfermedad bacteriana se propagó con rapidez, transmitida por las pulgas que vivían en la piel de la rata negra y en las ropas y cuerpos humanos. En Europa murió probablemente la mitad de la población, unos 30 millones de personas. Pero solo murió la mitad, aunque el contagio fue ubicuo. Esto quiere decir que la mitad que sobrevivió era resistente a la bacteria Yersinia Pestis, a la Peste Negra.
Ante los fenómenos extremos los seres humanos somos meras hormigas, carecemos de capacidad para frenarlos. Pero sí podemos diseñar vías de escape, y de adaptación.
Se observan estos días mensajes repetidos en la televisión sobre el Cambio Climático. No sé muy bien lo que quieren decir. Yo vengo advirtiendo sobre el presente Cambio Climático desde hace 30 años, con resultado nulo. Desde hace 140 años la temperatura media del planeta sube, poco cada año, pero sube sin parar. Hace unos 5 años se cruzó el umbral crítico tras el cual, aunque hubiese decisión mundial, ya sería imposible pararlo. Y en vez de decisión, lo que hay es una división total sobre un fenómeno que es global, y ante el cual los esfuerzos individuales no sirven de nada.
El Cambio Climático es tres veces más intenso en el Ártico que en el resto de la Tierra. Una vez que el hielo empieza a fundirse, el fenómeno se realimenta, y no hay vuelta atrás. Un Polo más caliente genera un chorro polar con meandros cada vez más poderosos. En invierno y primavera, grandes entradas de aire húmedo que descargan sobre la península; en verano, succión del aire del Sahara hacia Europa; en otoño, invasión de aire frío en altura que produce fenómenos de grandes descargas de agua por condensación rápida.
Tenemos así lluvias continuadas que lavan los nutrientes del suelo, olas y cúpulas de calor que secan un sotobosque bien crecido y no limpiado, inundaciones que se llevan vidas y miles de millones por delante.
A eso tenemos que añadir volcanes, terremotos y oleaje.
Esto es cómo la Peste Negra: Ataques no previstos sobre la población, y para los cuales no se han diseñado soluciones, como ocurrió con la nevada Filomena.
En otoño, son las inundaciones. En verano, los incendios. Nadie sabe que hacer cuando se declara uno, o varios simultáneos. Pero ya no estamos en 1347, y deberíamos ser capaces de diseñar estrategias funcionales y no esto de echar unas gotas de agua, no en la parte de abajo de la llama, donde quizás sea eficaz, sino en su parte alta, donde se vaporizan y no sirven de nada.
En ciencia nos preguntamos siempre por fenómenos parecidos a los que estudiamos. ¿Por qué no hay incendios en los bosques de Soria? ¿O en Valsaín, monte arriba de La Granja? ¿Será quizás porque los bosques están limpios y bien cuidados?