Combatir la Emergencia Climática – II

Ayer prometí hablar de los dos fenómenos cuya intensidad ha crecido derivada del Cambio Climático actual: Las olas de calor y las inundaciones.

Para adaptarnos a las nuevas olas de calor tenemos que revertir los edificios de las ciudades a la arquitectura tradicional mediterránea, de fachadas blancas y pocas ventanas. Incluso las ventanas dobles no sirven para aislar del calor del verano, pues una buena parte de éste es radiación que atraviesa los vidrios, salvo algunos de estos que pueden ser reflectantes, con lo cual se calentarían aún más calles de las ciudades. 

Las olas de calor las sufren en exceso las personas mayores, que han ido perdiendo los mecanismos corporales de refrigeración. Es imprescindible dotar a todas las viviendas españolas, incluso en el norte, de ascensores si tienen más de tres plantas, y de aparatos de aire acondicionado, que puede ser subvencionado (de forma rápida) para pensiones bajas. Casas bien aisladas frente a la conducción y radiación de calor son una garantía para la defensa contra las olas de calor. 

La segunda medida es cambiar los horarios laborales en verano, excluyendo del trabajo las horas de máxima radiación, entre las 13 (Horario de verano europeo) y las 20 horas, y compensar esta limitación de horas de trabajo en invierno.  Se podría empezar a las 6 de la mañana y terminar a las 13 horas. 

Respecto a las inundaciones, hemos presentado hace un año la iniciativa Laderas Verdes, para las zonas entre el mar y la cadena costera mediterránea. Se trata de llenar las laderas vacías de esta cadena con árboles que aumenten la humedad relativa del aire cargado de vapor procedente del mar y resecado al pasar por las llanuras calientes. Si se consigue esto, se consiguen dos objetivos simultáneamente: Que llueva de forma casi continua  sobre esas laderas, rellenando sus acuíferos, y reducir la cantidad de vapor de agua disponible para una descarga rápida tras la primera invasion de un meandro frío del Chorro Polar. 

El agua recogida en las laderas no debe nunca canalizarse hacia ramblas anchas, sino conducidas a una enorme multitud de canales que las distribuyan sobre la llanura. Las inundaciones producen sus efectos dañinos al concentrarse en cauces únicos y anchos que aumentan la velocidad del agua. La fuerza de este agua va como la velocidad al cubo, de manera que cualquier reducción de la velocidad es enormemente beneficiosa por la potencia (el cubo) a que está elevada esa velocidad. 

 

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