La nueva ciencia

Hemos estado viendo, en los últimos posts, que la ciencia oficial (como oficial era la ciencia que rechazó las ideas de Boltzmann acerca de la realidad de los átomos, o la que rechazó en 1600 las ideas de Galileo) se concentra en los casos individuales: El oscilador armónico,  el problema de dos cuerpos bajo el potencial gravitatorio o la Relatividad General, el electrón, la partícula, el gen, la neurona, …  . Solo en el campo del Medio Ambiente se considera la interacción constante entre especies o la interacción múltiple entre un número elevado de agentes interactuantes en el clima, por ejemplo. 

Se nos habla de una fluctuación cuántica, existente, no creada, tan poderosa y energética que creó el Universo tal y como lo conocemos hoy, sin explicación, en una Big Bang (Gran Explosión). (Si ponemos esto de «poderosa, no creada, creadora … en una enciclopedia, aparece la definición de un ser divino, con lo cual se cierra el círculo comenzado por Galileo y volvemos la teología). 

De hecho, no necesitamos esa fluctuación cuántica. La idea de la Big Bang (la Big Bang) es la idea de un evento único, otra vez, no repetitivo, no observable, no medible, que aparece como una singularidad cuando las ecuaciones de Einstein se resuelven en el tiempo hacia atrás. Pero esas ecuaciones, adicionalmente, son ecuaciones diferenciales en derivadas parciales y no lineales, que precisan para su resolución no solo las condiciones actuales del Universo (que desconocemos) sino las condiciones de contorno de este Universo, que desconocemos aun más. 

Como evento único, no repetible, no observable, puede ser teológico, pero no es científico. La ciencia precisa la observación controlada, de hechos repetidos, y exige la validación de las hipótesis. 

Pues bien, aceptando que no hubo nueva ciencia en la Mecánica Atómica, como hemos visto, y que la ciencia oficial en 2026 está más bien agotada, podemos proponer iniciar el camino hacia una ciencia realmente nueva:

La ciencia de la interacción

Se trata de avanzar un paso y reconocer que mucho de lo que se ha propuesto en estos últimos 100 años deriva de la interacción entre los elementos del Universo. Las fluctuaciones que vemos constantemente, incluso a nivel atómico e intra-atómico,  las incertidumbres en la naturaleza incluso de nuevo a nivel atómico, y hasta el nivel de estrellas y galaxias, se deben a la interacción constante de un número astronómico, valga la redundancia, de elementos que actúan unos sobre otros. 

Se suele decir que las interacciones son muy débiles. Algunas lo son en valor medio, pero no lo son en sus valores instantáneos cuando hay números astronómicos intervinientes. 

En el comportamiento de los cuerpos animales y vegetales, se suele hablar del gen. Pero el gen, en sí mismo, es algo inoperante. Solo actúa cuando se combina con otros muchos elementos de las entidades biológicas. La realidad es que cada ser vivo evoluciona de acuerdo con toda la red interna y externa suya y del resto de los seres vivos.

De la misma manera, la idea de la neurona, e incluso de los grupos de neuronas, o de las zonas del cerebro responsables de, por ejemplo, el habla, no puede ser válida. Es evidente que el cerebro funciona como un todo, integrando constantemente señales externas e internas, estímulos y memorias. La inteligencia es la capacidad para romper y reconstruir circuitos neuronales y esto es algo que, en este momento, la Pseudo Inteligencia Artificial es incapaz de hacer, quizás porque es muy cara, comparada con el esquema gratis del funcionamiento del cerebro. 

No tenemos casi herramientas para esta nueva ciencia, y si se insiste en la publicación de decenas, o centenares  de artículos por cada persona para hacer carrera pseudo-científica en universidades y centros de investigación, no las tendremos nunca. 

Pero es imprescindible desarrollar esas herramientas, sintéticas en vez de analíticas. Estamos quizás como Newton y Leibniz cuando desarrollaron el uno el cálculo de fluxiones, el otro, el cálculo de derivadas. No sabemos como deben ser esas herramientas. Pero aquí se abre un desafío para las nuevas generaciones: Tienen un mundo nuevo que descubrir, en vez de rellenar detalles de un mundo que hoy es ya un tanto anciano. 

 

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