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La crisis universitaria
La crisis universitaria es parte de una crisis global, incluyendo, aunque parezca que no, a China en la misma. En el mundo de la esfera humana ha habido etapas, escasas, pero existentes, libres de crisis. En Europa y los EEUU, el periodo entre 1945 y digamos 2010: 65 años de paz y desarrollo como casi nunca en nuestra historia. Solo el periodo entre Nerva y Marco Aurelio en Roma puede compararse, entonces fueron 84 años. En China, esta etapa libre de crisis ha durado desde la la muerte de Mao más o menos hasta ahora, unos 50 años. Son de una manera u otra, unas tres generaciones.
Parece una regla básica. Estas etapas surgen de otra anterior de desastre monumental. En Roma, los sucesores de Augusto hasta el fin de Domiciano. En Europa y los EEUU, las consecuencias de la minusvalía del Kaiser Guillermo II, que generó dos guerras mundiales y la revolución bolchevique. En China, el inmenso desastre humanitario que fue la dictadura de Mao.
Se liberan las fuerzas retenidas, y se dispara la creación de estructuras productivas que permiten, no «el progreso» en su concepción actual, sino el progreso real de producción de bienes tangibles.
Pero … . Pero hay una ley de la naturaleza que está representada por la curva logística:
En cualquier caso, la intensidad del esfuerzo comienza suavemente, luego se intensifica, pero llega un momento en el cual las personas quieren disfrutar de lo conseguido y esa intensidad se ralentiza y finalmente, desaparece, cuando los productores, sean personas individuales, empresas o sociedades, buscan las cosas marginales que parecen aún faltar.
Pero no hay entidades que puedan evolucionar, vivir sin esfuerzo. La ley de crecimiento de la entropía exige un trabajo muy considerable para invertir ese crecimiento y rebajar la entropía de los sistemas complejos.
La universidad en España ha seguido la misma trayectoria. Tras muchas vacilaciones a finales del siglo XIX, comenzó a despegar durante los primeros años del XX, para colapsar como el resto del país en una contienda estúpida en la cual los españoles, (como los europeos desde 1914 a 1945) en vez de cooperar para subir la curva, se mataron, y destruyeron todo lo posible para no conseguir ningún avance concreto. Luego las cosas mejoraron, y con un gran esfuerzo, se empezó a ascender en la curva.
En un momento dado el esfuerzo se detuvo. Se montaron hasta 50 universidades públicas y hasta 42 privadas. Puesto que ambos tipos tienen que tener estudiantes para justificar sus existencias, muchos estudiantes entran tras demostrar una considerable carencia de capacidad de trabajo, interés científico y conocimientos necesarios. Hemos llegado a la plataforma superior de la curva. La producción científica se centra en lo que se denominan «Proyectos», cantidades de dinero concedidas por lo general bajo el compromiso de producir resultados ya existentes, pues esto garantiza el éxito del «Proyecto». Se rechaza el riesgo de trabajar sin garantías de éxito, y se mide éste por el número, y no la calidad de las publicaciones conseguidas. Las editoriales científicas se frotan las manos, pues esas publicaciones se cobran a muy buen precio.
Hasta en China, me comentan compañeros que vuelven de las universidades de allí, hay un desarrollo tecnológico gigantesco, pero nulo avance en cuestiones básicas y fundamentales. Es, de nuevo allí, la plataforma superior de la curva.
En la historia del conocimiento, este ha avanzado gracias al muy considerable esfuerzo de muy pocos pensadores, con escasez de alumnos, con financiación pobre, y plazas universitarias obtenidas por lo general gracias a la calidad y no la cantidad de las publicaciones. Cientos de millones de chinos, ¿pueden garantizar el avance en el conocimiento básico, fundamental, de la naturaleza?
Como cualquier otra crisis de la historia, por desgracia necesita la destrucción creativa de Schumpeter, para entrar de nuevo en la etapa de gran esfuerzo y esperablemente, dar otro salto como los de Kepler y Galileo, de Faraday y Maxwell, de Schroedinger y Max Born.
