Cuerpos y Campos (II)

En las elucubraciones modernas, los cuerpos (en particular quarks y electrones) han sido sustituidos por campos, de naturaleza distinta de los campos de fuerza que vimos hace unos días.  Se postula que los electrones, por ejemplo, son «excitaciones» o fluctuaciones de un campo electrónico.

Estas excitaciones  se producen cuando un fotón (paquete de ondas electromagnéticas -EM- que procede de otro u otros electrones) de energía superior a 10,2 MeV, interacciona con un núcleo y se convierte en un paquete de ondas de carácter negativo y otro de carácter positivo (positrón), ondas del campo electrónico.  Una vez creados esos paquetes de onda se mantienen durante tiempos muy grandes. 

Bien. Tenemos pues estos paquetes de onda que se mueven a través de cables de cobre y llegan a una serie de diodos (conjuntos de paquetes de onda muy localizados en una bombilla) y generan paquetes de ondas EM.

Ahora, ¿de donde sale ese campo electrónico?

Aquí llegamos a un problema. Si profundizamos en la pregunta, aparece que ese campo electrónico es «eterno» y no creado. Esta es una de las definiciones del Dios del Génesis.

Bacon y Galileo crearon la ciencia positiva en contraposición con el dogma teológico en 1600. 4 siglos después parece que hemos vuelto a la teología. 

En 1887, Michelson y Morley mostraron que el éter EM no puede existir, y Einstein desarrolló su Teoría de la Relatividad Especial rechazando el concepto de éter. 

Hoy, cuando leemos acerca del problema de los campos «cuánticos» se nos dice que son tan fundamentales en la Naturaleza como el espacio. Cuando indagamos como es este espacio de las elucubraciones sobre los campos cuánticos, descubrimos que es un nuevo éter con propiedades intrínsecas, existente aunque no existan cuerpos. Pero un espacio sin cuerpos carece de significado, porque, entre otras cosas, no se puede medir, ni se le puede asignar tamaño alguno, otra característica de los dioses.

Los campos electrónicos, de los quarks, y otros muchos, son resultados matemáticos maravillosos, pero tienen, como digo, un cierto olor a teología. 

 

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