Los alumnos, los profesores y el informe PISA de 2025.

He sido profesor universitario de física durante 50 años. La evolución del alumnado es fácil de señalar. Hace 50 años los alumnos eran por lo general disciplinados, respetuosos e hincaban los codos. En los institutos y colegios habían aprendido a estudiar, y sus estudios abarcaban el doble de posibles conocimientos que en 2020. 

Las herramientas de aprendizaje no tienen nada que ver con éste. Se pueden utilizar ábacos, reglas de cálculo, tablas de logaritmos, calculadoras, ordenadores y tabletas, o móviles. Son herramientas. La existencia de herramientas, desde el comienzo de los tiempos, no ha sido obstáculo para la obtención de conocimiento. 

Son los profesores los únicos responsables. Los cambios sociales no pueden ser chivos expiatorios, ni siquiera los directores de los centros. La responsabilidad de educar a los alumnos es siempre de los profesores. Hay una variable que si ha cambiado: La presencia de alumnos en las aulas que rechazan el estudio y deberían estar aprendiendo un oficio, en el cual probablemente acaben ganando más dinero que tras años de sufrimiento inútil, pero eso no cambia el hecho de que para los alumnos que quieren aprender el responsable es el profesor. 

Si no se exigen resultados, los alumnos dejan de trabajar. Hay un ejemplo básico. En los últimos años de mi tarea docente, en los primeros días de clase, los alumnos me preguntaban 

“¿Cómo serán los exámenes?”

“Consistirán en 4 problemas a resolver, sin preguntas de teoría”.

“Y, los problemas ¿serán algunos de los explicados en clase?”

“¡ NO ! Los alumnos tienen que desarrollar su capacidad de iniciativa aplicando lo que han aprendido a problemas nuevos”

Esto causaba originalmente bastante preocupación, pero los alumnos se adaptaban en un par de semanas y se ponían a trabajar. 

El profesor puede forzar, mediante diversas herramientas, a que los alumnos vayan incrementando su capacidad de trabajo conforme pasan las semanas, presentando sus ejercicios resueltos, y acudiendo con sus dudas a las tutorías, que deben ser públicas para estimular a otros alumnos que aún no se han subido al carro de la disciplina de trabajo. En las clases de primero los alumnos cogen pronto el ritmo, y en tres meses ya se han convertido, al menos la mitad de la clase, en lo que debe ser un estudiante.

Los ejercicios propuestos para tutorías son como novelas de misterio: Los estudiantes aprenden pronto a buscar las claves y resolver los problemas. Y al ser públicas las tutorías y la exposición de problemas resueltos, la vergüenza ajena hace bien su labor y pronto empiezan a tratar de superarse unos a otros.

En cuanto a las excusas más comunes: los directores de los centros, los inspectores, los vicerrectores de alumnos, es fácil dejarlos de lado, un buen profesor tiene siempre herramientas para llevar sus clases por donde cree que es más conveniente y convencer a personas que acabo de mencionar. En cuanto a la casi obligación de pasar de curso a los suspensos en los exámenes, es indiferente, pues la asignatura suspendida debe volver siempre a ser revaluada y mientras no se apruebe, el estudiante tendrá que presentarse al examen. 

Quizás hoy la labor del profesor es algo más difícil que hace 50 años, quizás los padres han perdido algo de la capacidad de mando en las familias, pero que sea más difícil no quiere decir que sea imposible, la mayor dificultad forma parte de la labor docente, es parte del trabajo que el profesor ha elegido como su tarea vital. 

El fracaso relativo a otros países en las pruebas PISA puede corregirse por parte de los profesores si estos se enfrentan al problema como los alumnos a los problemas propuestos: cómo un auténtico desafío.

Ahora, si el profesor, al reconocer que la tarea es dura, y no va a encontrar ayuda de sus jefes, tira la toalla, entonces sí, los alumnos se convierten en críos juguetones y dejan de adquirir los conocimientos que necesitan para sus vidas futuras. 

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