Posts etiquetados con ‘empresa de base tecnológica’

3) Motivaciones.

Simulación de la visión en túnel de una persona afectada de Retinosis Pigmentaria. La pérdida de la visión va reduciendo el campo visual, hasta ocasionar una ceguera total. Foto original del “National Eye Institute, EE.UU.”

 

Espero haber sido capaz de dejarte claro que el sentir un desafío científico fue esencial para lanzarme a la aventura empresarial. Necesitaba comprender en suficiente detalle una situación patológica como para ser capaz de enmendarla, de reestablecer un cierto balance fisiológico. Eso es un reto claramente mayor, y por tanto más apasionante, que el de simplemente entender cuando todo funciona bien. Sin embargo, no haría honor a la verdad si no reconociera que hubo otra motivación.

Antes de contártela, déjame hacer un inciso. Hubo un libro que me leí en cuanto empecé a considerar seriamente la posibilidad de crear una empresa: “El libro negro del emprendedor”, de Fernando Trías de Bes. No lo recuerdo como decisivo, pero sí como muy importante para ordenar mis ideas. Por ejemplo, sobre motivos y motivaciones. Según el autor, “el motivo [para crear una empresa] es irrelevante mientras haya motivación”. Esta opinión me facilitó el decidirme, porque no tenía una motivación, sino dos.

Una de ellas, el reto científico. Ya te la he contado, aunque lo seguiré explicando en futuras entradas. La otra surge del contacto con los afectados por diversas formas de ceguera hereditaria que, a día de hoy, son incurables. En el verano del año 2000, siete años antes de fundar la empresa, participé como ponente en un curso de verano de la Fundación Duques de Soria. El tema, “Degeneraciones retinianas: de los genes a la terapéutica”. Mi charla fue la primera del curso, posiblemente porque nuestra investigación era de las más básicas entre las realizadas por los distintos ponentes. Hablé de nuestros estudios sobre muerte celular programada durante el desarrollo de la retina. Y en el turno de preguntas, un asistente me sorprendió (“¡me acorraló!” describe mejor lo que sentí) con una que nunca antes me habían hecho. Era una persona afectada por una degeneración de la retina. Se levantó de su asiento y, tras alabar nuestros trabajos, me preguntó si alguna vez, a lo largo de mis investigaciones, había pensado en los afectados.

Mi respuesta fue larga. Hablé de la necesidad y del valor de las investigaciones básicas. Le expliqué que muchas veces es a partir de investigaciones sin aparente aplicación de donde surgen las mejores ideas para desarrollar una posible terapia. Dije muchas cosas. No sé si le convencí. Lo que sí sé, es que él me convenció a mí. Acabé reconociendo que no, no había pensado en los afectados, y le prometí que empezaría a hacerlo. ¡No he dejado de hacerlo! También por eso fundé una empresa.

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2) Ciencia básica o ciencia aplicada: Una disyuntiva equivocada.

Este gusano ha hecho mucho por nuestra salud (Dibujo de Clara de la Rosa del Val). Los estudios básicos de Biología Celular y del Desarrollo en el gusano Caenorhabditis elegans permitieron caracterizar el proceso de muerte celular programada, esencial para el desarrollo y la renovación del organismo. Más recientemente se ha visto que este proceso aparece desregulado en numerosas patologías, por lo que sus moléculas reguladoras y ejecutoras son potenciales dianas terapéuticas.

 

Declaraba en mi primera entrada que mi convencimiento del valor de la ciencia básica me llevó a fundar una empresa. Esta afirmación seguro que te sorprendió. La idea de que investigación básica y empresa puedan ir de la mano es, cuando menos, poco habitual en España. Lo más frecuente en artículos y debates es encontrar a ambos mundos recelosos el uno del otro, cuando no disputándose agriamente los recursos.

Algunos ejemplos de la desconfianza mutua están en las siguientes frases que he ido recogiendo desde que me metí a la aventura empresarial:

“¿Por qué tendríamos que creer a un científico, por eminente que sea, cuando nos asesora sobre una tecnología prometedora si él mismo ha creado una empresa para explotarla?” (El País, 26 de marzo de 2008).

“Paradójicamente, en España las universidades no son la cuna del conocimiento sino su tumba.” (La Gaceta de los Negocios, 3 de octubre de 2008).

“Reducir dinero a investigación básica y aumentar la aplicada es una decisión acertada y necesaria.” (El País, 26 de octubre de 2009). 

“Cultivemos la ciencia por sí misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Éstas llegan siempre…” (Cita de Ramón y Cajal en El País, 4 de mayo de 2010).

¡Por desgracia hay muchos más ejemplos!

Con todas las salvedades y precauciones de sacar frases de contexto, todas ellas reflejan, alguna con elegancia, otras con cierta rudeza, una concepción fragmentada del proceso de creación científica. Dicho proceso se inicia cuando un investigador se plantea una pregunta y se continua, al menos, hasta que trasfiere de alguna forma la respuesta encontrada (conocimiento, aplicación técnica, etc.) a la sociedad.

Tuve muchas dudas antes de lanzarme por el camino empresarial. Te las iré contando. Pero lo que nunca dudé es que era un reto científico, una posible e interesante continuación de nuestros estudios. Con nuestras investigaciones básicas habíamos “desmontado” en sus partes bioquímicas un proceso fisiológico. La prueba definitiva de que lo habíamos hecho bien, de que lo habíamos comprendido, era ser capaces de “volverlo a montar” en una situación patológica. ¡En ello estamos!

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1) ¡Lo volvería a hacer!

“Torre de marfil”, fotograma de la película La Historia Interminable (1984). Hay quien piensa que los investigadores básicos estamos aislados en esta torre.

Hace más de treinta años que soy investigador científico. Empecé mi carrera motivado por la curiosidad, por el afán de conocer y de comprender el mundo que nos rodea. Y sigo creyendo como el primer día en la ciencia básica. ¡Por eso fundé una empresa! Esta afirmación quizás te extrañe. Para explicar esta aparente contradicción empecé, hace algo más de dos años, a escribir un blog en una Comunidad  para la Investigación, Desarrollo e Innovación en Biomedicina. Pero la crisis se llevó por delante a los patrocinadores y no pude acabar de contar la historia.

Soy un convencido de que hay que nadar a contracorriente. Pero en este país te abren la presa del río con demasiada frecuencia. Así que fui dejando pasar el tiempo sin completar la historia, metido en otras múltiples tareas para mantener a flote el grupo de investigación y la empresa.

Casi me había olvidado hasta que hace un par de meses un colega me comentó que estaba pensando en crear una empresa de base tecnológica y me pidió consejo. Lo primero que le dije es que le iba a contar dificultades y sinsabores, muchas dificultades y algunos sinsabores, pero, antes de nada, le reconocí que lo volvería a hacer.

¡Quizás a ti también te interese saber por qué!

 

 

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