Cuanto mejor imitan las máquinas nuestras emociones, más urgente es decidir qué límites queremos ponerles
La inteligencia artificial ya no solo responde preguntas, también empieza a hablar como si sintiera, dudara o sufriera. En este texto publicado en la revista Nature se problematiza esta cuestión, destacando que no debemos obviar el efecto psicológico que esta tecnología nos produce. Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, advierte de que la inteligencia artificial está siendo diseñada para parecer consciente y generar apego, y sostiene que hacen falta normas de diseño y leyes que impidan confundirla con un ser sintiente.
Suleyman explica que los humanos tendemos a atribuir intención, sensibilidad o incluso dignidad moral a cualquier cosa que se exprese con rasgos humanos. Si además esa máquina está optimizada para resultar cercana, persuasiva o reconfortante, el riesgo de manipulación aumenta.