Ana Mombiedro defiende que la arquitectura también moldea nuestra atención y nuestras emociones
Ana Mombiedro trabaja en un territorio híbrido entre la arquitectura, la neuropsicología y la educación. Su idea central es que los espacios no son un decorado neutro. La luz, el ruido, la ventilación, la temperatura, el orden o la posibilidad de retirarse a un rincón tranquilo influyen en cómo descansamos, aprendemos, trabajamos y nos relacionamos.
La neuroarquitectura intenta estudiar esas relaciones con herramientas científicas. Un espacio puede cuidar, pero también manipular. Puede favorecer la calma, la concentración y la autonomía, o producir saturación, vigilancia y cansancio.
Mombiedro argumenta que la arquitectura también es política. Importa en colegios, hospitales, viviendas sociales, residencias, bibliotecas y barrios. Diseñar espacios es también diseñar condiciones de vida.
Podéis conocer más sobre Mombiedro y su trabajo leyendo este artículo en Ethic.