Comunicarse con las plantas puede cambiar nuestra forma de relacionarnos con ellas
La idea de que las plantas crecen mejor cuando les hablamos tiene algo de verdad, pero no por el motivo más popular. En este artículo en The Conversation, los investigadores Marciel Escudero y Katty Cavero argumentan que las plantas no entienden palabras amables ni distinguen entre un poema y una lista de la compra. Lo que perciben son estímulos físicos como vibraciones, el contacto, las corrientes de aire o las variaciones en dióxido de carbono.
Sin embargo, el posible beneficio puede aparecer en otro sitio. Quien habla a sus plantas suele mirarlas más de cerca. Detecta antes una plaga, una hoja amarilla, falta de luz o exceso de riego. La conversación no fertiliza, pero la atención sí mejora el cuidado. El artículo recuerda que convivir con seres vivos también ordena nuestra conducta.