Sabemos cada vez más sobre las ballenas: cómo se comunican, cómo migran, cómo cooperan. Los avances recientes en acústica y análisis de datos sugieren estructuras comunicativas mucho más complejas de lo que se pensaba. Estamos más cerca de entenderlas, pero ese conocimiento trae consecuencias.
En este artículo publicado en la revista Atmos se plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto investigar implica también intervenir? Lo hace desde el planteamiento de que proteger no es solo conservar poblaciones, sino respetar modos de vida que apenas empezamos a comprender.
El artículo presenta además grabaciones hipnóticas realizadas por el proyecto CETI, un ambicioso proyecto científico que tiene como finalidad "traducir" el lenguaje de las ballenas.