El sistema editorial científico concentra poder, recursos y confianza en muy pocas manos
Publicar ciencia es hoy más caro, más lento y más opaco que nunca. Un análisis de El Diario muestra cómo cuatro grandes editoriales científicas dominan el mercado y obtienen beneficios extraordinarios a partir de un trabajo financiado en gran parte con dinero público. Los investigadores escriben, revisan y editan sin cobrar, mientras universidades y centros pagan suscripciones millonarias para acceder a los resultados.
El problema no es solo económico. Este modelo erosiona la confianza en el sistema científico, dificulta el acceso al conocimiento y penaliza especialmente a investigadores de países y centros con menos recursos. La ciencia abierta avanza, pero choca contra inercias muy bien asentadas. La pregunta de fondo es incómoda: si el objetivo de la ciencia es generar conocimiento, ¿por qué su difusión depende de barreras comerciales tan altas?