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UAM

La producción de agujeros negros en el universo temprano podría explicar la naturaleza de la materia oscura

Un trabajo internacional liderado desde la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha propuesto un nuevo mecanismo para la formación de agujeros negros y ondas gravitacionales en el universo temprano

Un equipo internacional de cosmólogos liderado desde el Departamento de Física Teórica la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y el Instituto de Física Teórica UAM/CSIC ha propuesto, en un artículo que se publica en el Journal of Cosmology and Astroparticle Physics, que los agujeros negros primordiales podrían haber sido producidos por un aumento de la temperatura del universo durante sus primeros instantes de vida.

Según los autores, ese mismo incremento de temperatura habría provocado la formación de ondas gravitacionales (pequeñas deformaciones del espacio-tiempo que se propagan de forma similar a las ondas en la superficie de un lago) que hoy podríamos detectar con un sistema de satélites detectores con la sensibilidad adecuada.

“Al tener los agujeros negros primordiales y las ondas gravitacionales su origen en un mismo proceso físico, la detección de estas últimas constituiría una valiosa fuente de información. Por ejemplo, la frecuencia de las ondas gravitacionales permitiría determinar la masa de los agujeros negros primordiales”, destacan los autores.
De este modo, el trabajo ofrece en conjunto una nueva hipótesis para explicar la naturaleza de la materia oscura.

Materia oscura

Uno de los principales problemas abiertos en cosmología es la naturaleza de la ‘materia oscura’, que es como se conoce al tipo de materia más abundante en el universo (aproximadamente el 85% de la materia total). Su existencia se infiere a partir de observaciones astrofísicas y cosmológicas, como el movimiento de rotación de las galaxias espirales.

Al contrario de la materia ordinaria (aquella de la que estamos hechos y experimentamos en nuestra vida cotidiana), la materia oscura no se observa de forma directa. La palabra “oscura” hace referencia a esta propiedad física. Y lógicamente, esto dificulta sobremanera el estudio de su composición y origen.

La hipótesis más popular supone que la materia oscura consiste en partículas que interaccionan muy débilmente (en particular con la radiación electromagnética). Sin embargo, la persistente ausencia de detecciones de tales partículas (a pesar de ingentes esfuerzos experimentales dedicados a ello) lleva a los físicos a considerar también otras posibilidades

Agujeros negros primordiales

Una posibilidad son los agujeros negros primordiales. Como cualquier agujero negro, los agujeros negros primordiales son regiones del espacio tiempo extremadamente densas, a tal punto que ni siquiera la luz puede escapar a su atracción gravitatoria.

El nombre “primordial” se refiere a que, a diferencia de los agujeros negros usuales, su origen no es el colapso de estrellas en el universo tardío, sino elevadas concentraciones de materia y energía del universo primitivo.
Estas zonas de elevada densidad podrían haberse formado a partir de fluctuaciones cuánticas generadas en una fase del universo conocida como “inflación primordial”. Los cosmólogos creen que durante esta fase el universo se expandió de forma exponencialmente rápida, idea que fue propuesta en la década de 1980 para explicar, entre otras cuestiones, la gran similitud entre regiones muy distantes del universo.

Además, la inflación primordial también es capaz de dar cuenta de las semillas de densidad que dieron origen a las estructuras presentes en el universo, como por ejemplo las galaxias. De forma similar, semillas primordiales de densidad suficiente podrían explicar la formación de agujeros negros.

Aumento transitorio de la temperatura

La mayoría de los modelos de inflación cosmológica asumen que la temperatura del universo durante la inflación primordial fue extremadamente baja. El trabajo desarrollado en la UAM estudia los efectos de un aumento transitorio de la temperatura durante dicha fase.

“Este incremento de temperatura estaría relacionado con la formación de una población agujeros negros. Como consecuencia del aumento repentino de la temperatura durante la inflación, la cantidad de agujeros negros primordiales aumenta considerablemente, pudiendo dar cuenta de la cantidad de materia oscura presente en el universo”, detallan los autores.

“Para dar cuenta de la materia oscura en el universo —agregan—, la masa de cada agujero negro primordial debería ser aproximadamente un millón de veces menor que la de la Tierra. Debido a su alta densidad estos agujeros negros tendrían un tamaño comparable al de un átomo, lo cual se corresponde con ondas gravitacionales de unos 0,01 Hz de frecuencia”.

“Este tipo de ondas gravitacionales —continúan— escapan a la precisión de los experimentos actualmente existentes, pero podrían ser observadas con futuros detectores en la próxima década. En particular la colaboración internacional LISA, ya en marcha, tiene las características adecuadas para lograrlo.”

“La detección de este tipo de ondas gravitacionales podría suponer no solo un hito sensacional en la física de la gravitación, sino también un avance fundamental en la solución del problema de la materia oscura. Además, significaría un gran progreso, tal vez radical, en nuestra forma de entender la física del universo temprano”, concluyen los autores.


Referencia bibliográfica: 

Ballesteros, G., García, M.A.G., Pérez Rodríguez, A., Pierre, M., Rey, J. Primordial black holes and gravitational waves from dissipation during inflation. Journal of Cosmology and Astroparticle Physics 12 (2022) 006. doi: 10.48550/arXiv.2208.14978
 


Foto de portada: 

NASA y ESA
 

Comentarios

La temperatura es una magnitud relacionada con la energía interna de un sistema termodinámico.
El universo primordial debió ser extremadamente denso y «caliente» por lo que la hipótesis de que temperatura del universo durante la inflación primordial fuese a extremadamente baja como para crear agujeros negros parece basarse en  la afortunada « coincidencia de que se corresponde con ondas gravitacionales de unos 0,01 Hz de frecuencia ». Sin menoscabo de la meritoria labor realizada que esa hipótesis deberán ser validada.

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