Ensayos



Los musulmanes.

AUTOR  | Branca, Paolo. Madrid, Alianza Editorial, 2004. 138 Pág.

LA TRÁGICA ACTUALIDAD DEL ISLAM
Un prontuario sobre la significación del islam Reseña realizada por Fernando Rodríguez Mediano

El islam ha renacido, en los últimos años, como uno de los lugares comunes de los debates intelectuales y políticos de los países occidentales. Es evidente, además, que el contexto de esa presencia es a menudo problemático, si no abiertamente hostil y violento. A las poderosas y terribles imágenes de los atentados de Nueva York y de Madrid, a los vídeos de Osama b. Laden o de rehenes degollados, a las discusiones sobre el uso del pañuelo en la escuela pública o sobre ese famoso choque de civilizaciones, a la ocupación de Iraq por Estados Unidos y algunos de sus aliados, al horrendo conflicto palestino, al visible aumento del número de musulmanes en nuestros países... el mercado editorial ha respondido con cierta profusión, lanzando un conjunto de títulos por fuerza desiguales, elaborados a menudo con inmediatez mercantil y, tal vez, con urgencia ideológica. También los analistas políticos, los contertulios radiofónicos, los periodistas se han lanzado a la arena, y el islam, en general, se ha convertido en una cuestión polémica, expresada a menudo con extrema crudeza: ¿es el islam una religión violenta?, ¿son los musulmanes fanáticos? ¿pueden integrarse en Europa los emigrantes musulmanes?, ¿existe, en realidad, ese conflicto de civilizaciones? ¿es ésta nuestra "guerra mundial"? Los términos de este debate, por lo demás, no son novedosos: hablando de Europa, España y el islam, ¿cómo no evocar al-Andalus, la Reconquista, el Imperio Otomano, el Protectorado español en Marruecos, la guardia mora de Franco o la Marcha Verde? Un cúmulo de episodios cargados de sentido para quienes han realizado la construcción ideológica de una historia nacional española en términos de identidad. No en vano los musulmanes, en su condición de vecinos más cercanos, han alimentado con profusión el imaginario colectivo español, de manera compleja, sí (recuérdese esa minoritaria pero insistente corriente de "maurofilia" en nuestra literatura), pero mayoritariamente negativa, llenándolo de imágenes que caen a menudo en lo caricaturesco y lo cruel, como puede comprobar quien lea el reciente libro de Eloy Martín Corrales al respecto.

Éste de Paolo Branca es uno de esos títulos recientemente traducidos al español. Se trata de explicar quiénes son "los musulmanes" en 130 páginas. Como puede suponerse, el juicio que un tal proyecto merezca depende de la benevolencia o de la curiosidad del lector: ¿cómo explicar 15 siglos de historia, decenas de lenguas, cientos de millones de personas, en tan breve espacio? Quizá el principal valor del libro sea precisamente su afirmación constante de la extremada variedad y complejidad de los mundos islámicos, irreductibles desde luego a la simplicidad de las toscas imágenes difundidas mayoritariamente entre nosotros. Ante esa tosquedad, conviene insistir una y otra vez en las cuestiones más básicas, como que no todos los árabes son musulmanes (hay muchos árabes cristianos, o laicos), que la mayoría de los musulmanes no son árabes (hay iraníes, turcos, sudaneses, indonesios...); que el islam, en fin, es, como todas las religiones, el resultado heterogéneo de procesos históricos, y no una entidad monolítica independiente de sus circunstancias y de sus actores. Los avatares de la historia común de los pueblos europeos, africanos y asiáticos, han sido con frecuencia traumáticos y violentos, sobre todo cuando la religión ha adoptado el papel fundamental en la construcción de las fronteras étnicas. Pero esa historia es también el lugar de acciones mutuas, de influencias, de corrientes de encuentro y comunicación, cada vez más inextricables e ineludibles.

La hora actual es ciertamente crítica. Por ello, la afirmación de la infinita complejidad del islam, y, por ende, la afirmación de la "humanidad" de los musulmanes, no es poca cosa en un momento en el que, a base de bombazos, parece que se quiere reificar, dar existencia real a esas supuestas grandes civilizaciones, "Occidente" y "Oriente", y a su enfrentamiento: nada más fácil, más simple, que levantar barreras identitarias y religiosas a fuerza de emplear las terribles armas de la propaganda y la violencia, y más cuando éstas se ejercitan, por así decirlo, a favor de corriente. ¿Cómo considerar las tesis de algún libro reciente que, en el entorno de una ofensiva ideológica muy neta, pretende interpretar los últimos acontecimientos en la "larga duración", como un episodio más del enfrentamiento secular entre el islam y el cristianismo, en el que España ha actuado como punta de lanza, defensora sempiterna de los valores de la civilización occidental y cristiana? En un cierto sentido, importa poco que tales afirmaciones se hagan con un nulo conocimiento historiográfico, con plena y rotunda ignorancia del objeto histórico en concreto: basta con que el libro se venda suficientemente, y con que muchos de sus lectores encuentren refrendo pseudo-histórico a su propia ideología.

Pero, ¿cuál es esta ideología? Quien conozca la historiografía española del s. XX, sabe del célebre debate entre Sánchez-Albornoz y Américo Castro, debate que trataba sobre la esencia de España, y el papel que en su construcción desempeñaron musulmanes y judíos. No parece casualidad que, años después, haya quien vuelva a enarbolar los ilustres nombres de los dos historiadores, desempolvando una polémica que, si carece ahora de interés historiográfico, lo tiene, y muy fuerte, ideológico. Cifrar, en este momento, una de las esencias de España en su lucha secular contra el islam, y convertir los últimos acontecimientos en un episodio más de esa lucha, significa en realidad arremeter contra los "otros" españoles, contra quienes defienden otra "idea de España", no basada en la lógica de la guerra y la exclusión, ni en el predominio exclusivo del catolicismo en la construcción nacional; de nuevo, como en época de don Américo y don Claudio, el problema de las dos Españas, actualizado por la referencia a temas de importancia inmediata como la gestión de la emigración o el terrorismo. Es su radical carga ideológica lo que hace que los términos del debate sobre el conflicto de civilizaciones sean tan vagos historiográficamente, pero tan virulentos políticamente, sostenidos por una especie de sentimiento apocalíptico que, desde algunos lugares, señala el fin de la civilización occidental, acomodada y cobarde, alejada de su fuerza primigenia, entregada a la blandura desintegradora de lo políticamente correcto, arrodillada delante del furor nihilista de los terroristas suicidas.

¿Habrá que repetir, de nuevo, que no existen las esencias, y sí los procesos históricos? ¿Hay que señalar otra vez que, cuando miramos al islam (igual que a cualquier otra religión o ideología, sea ésta el protestantismo, el hinduismo, el liberalismo, las divinidades egipcias o el panteón griego), estamos acercándonos a una realidad compleja, habitada por seres humanos cuya presencia reclama la humanidad de nuestra mirada? Éste es, creo, el principal valor del conocimiento histórico. Frente a debates más o menos absurdos sobre si el islam es o no una religión esencialmente violenta, o sobre si todos los musulmanes son o no unos fanáticos, el humanismo no puede proporcionar las respuestas inmediatas y consoladoramente vengativas de la ideología identitaria y de guerra; tampoco puede resumir el mundo en la horrenda e impactante frase de un titular de prensa, de consumo rápido y digestión acelerada. Nos invita, al contrario, a un proceso largo de comprensión, que nos exige el esfuerzo de conocer y reconocer que no todos los musulmanes son fanáticos, que no todo el islam es fundamentalista, que no todos los radicales son violentos... El esfuerzo de enfrentarnos, en definitiva, a mundos complejos y heterogéneos, sometidos a menudo a procesos terriblemente traumáticos, pero llenos, al fin, de hombres, y no sólo de bestias sanguinarias.

Es, en este sentido, consolador el magisterio de Peter Brown, uno de los grandes historiadores de nuestro tiempo, a quien debemos algunos de los trabajos más sensibles y profundos sobre el proceso de formación del cristianismo durante sus primeros siglos, en esa época que conocemos como Antigüedad Tardía. La obra de Brown es una invitación constante al esfuerzo enriquecedor de traspasar las barreras que nos separan de los otros seres humanos, de los hombres de otros siglos o de otros mundos: a aprender sus extrañas lenguas y comprender sus textos lejanos. En una de sus obras, apología del papel de la imaginación en la tarea del historiador, Brown asume el "orgulloso propósito" de uno de los fundadores del pensamiento moderno, Baruch Spinoza, que en la introducción de su Tratado Político escribió: "Ante las acciones humanas, he hecho el esfuerzo de no burlarme de ellas, no lamentarlas ni execrarlas, sino comprenderlas (intellegere)".

En la medida en que la "inteligencia" es a la vez un acto de amor y de responsabilidad cívica, este librito de Paolo Branca es una pequeña invitación a la comprensión de la complejidad del islam, y también una mínima pero significativa rebelión contra la lógica tremenda de la violencia y todas las miserables ideologías de la guerra.


Ética para la bioética y a ratos para la política.

AUTOR  | Valls, Ramón. Gedisa Editorial. Barcelona, 2003. 223 pág.

LA MORAL Y LAS GRANDES DECISIONES DE ORIGEN GENÉTICO
Las múltiples consideraciones de la filosofía moral y sus proyecciones. Reseña realizada por Rafael Herranz Castillo
Doctor en Derecho

Este libro presenta algunas paradojas, la primera de las cuales aparece en su mismo título. Pues no es realmente una Introducción a la Bioética, disciplina a la que se dedican tan sólo los dos últimos capítulos de los trece que componen el volumen. Se trata, por el contrario, de un ensayo de carácter divulgativo sobre la filosofía moral, desde un punto de partida bastante ortodoxo, dirigido a un público no iniciado ni familiarizado con los términos filosóficos. En un momento, incluso, se rechaza de plano la consideración de la filosofía moral como tarea exclusiva de los especialistas. El libro no pretende ofrecer una exposición exhaustiva de los grandes temas de la filosofía moral, sino un simple acercamiento a sus problemas más relevantes.

En efecto, una de las virtudes más destacables de la obra es agrupar sus contenidos por temas o problemas. Incluso en la (amplia) parte histórica, que abarca los seis primeros capítulos, el enfoque no es estrictamente diacrónico, y son los problemas (las preguntas o cuestiones éticas) el aglutinador principal de los diferentes planteamientos clásicos. A éstos se pasa revista con un lenguaje claro y comprensible, no especializado, señalando las aportaciones más destacadas de cada autor a la filosofía moral. En lugar de proponer soluciones, se ofrecen perspectivas y argumentos para que el lector extraiga sus propias conclusiones.

El enfoque responde, casi con seguridad, a una convicción que comparten muchos filósofos: en el estudio de los grandes problemas existe una continuidad de fondo, una unidad que subyace a la aparente diversidad de los estilos, lo que hace posible aproximarnos a la lectura de cualquier autor, sin excepción, con el objetivo de obtener sugerencias provechosas para nuestra experiencia actual.

Es suficientemente conocida la distinción entre moralistas y filósofos morales. A los primeros les interesa lo que la gente debe hacer, y formulan prescripciones o enunciados normativos. A los segundos les interesa, sobre todo, el carácter de la argumentación moral, describen y analizan los juicios de valor. La definición de los enunciados morales que Ramón Valls propone en su libro se relaciona, precisamente, con su capacidad de dar respuesta a las preguntas morales fundamentales: ¿Qué podemos lícitamente hacer? ¿A qué estamos obligados? ¿Hay que prohibir o permitir? Y ya desde el Prólogo, el autor deslinda con claridad los deberes morales de la reflexión filosófica sobre ellos.

El libro se ordena en torno a cinco grandes bloques: el primero se dedica a recordarnos "la experiencia histórica de lo ético". En el segundo se plantean las "tres crisis de la modernidad": la revolución social pendiente, el movimiento postmodernista, y las recientes críticas a la globalización. En el tercero se da cuenta de los progresos que "no podemos perder". En el cuarto se abre la puerta a "lo que hay que hacer"; y en el quinto y último se introducen algunas cuestiones clave de la Bioética.

Ramón Valls afirma con rotundidad que "la moralidad es humana, no conocemos sociedades sin moralidad". En el dilema entre universalidad y particularidad se inclina por la primera, y por la extensión generalizada de los valores que caracterizan a la tradición occidental. Se apuesta en este ensayo por un relativismo moderado, que defiende las consecuciones de la Modernidad, y aspira (nada menos) a "instaurar la justicia y la dignidad humana en toda la Tierra". Es un acierto su insistencia en separar la moralidad positiva (las costumbres) de la moral crítica, que opera siempre como una instancia superior con la que confrontar cualquier práctica socialmente aceptada.

El autor defiende la tesis de que "dar el paso desde la moralidad a la política" es un verdadero deber moral. Sólo mediante la construcción de un orden civil, jurídico y político que respete los principios básicos de una moralidad crítica puede ésta inspirar la configuración de la sociedad. El moralismo apolítico se revela como una falacia, tan distorsionadora como la "falacia angélica": descalificar cualquier reflexión moral sobre los intereses económicos, la utilidad y el beneficio, como si éstos fueran inmorales por definición.

En el último bloque se introducen algunas nociones fundamentales de Bioética. Pocas personas dudan actualmente de que la Biología y la Medicina, entre otras disciplinas, plantean problemas morales en su ejercicio. Y ello nos obliga a buscar respuestas coherentes con nuestras concepciones éticas generales.

En este sentido, en el ámbito de la Bioética deben tenerse en cuenta algunas consideraciones insoslayables:

- la libertad de investigación debe primar sobre las convicciones morales individuales y sobre las costumbres y tradiciones sociales.

- a la hora de reglamentar la práctica científica, la carga de la prueba debe recaer sobre quienes proponen introducir límites y prohibiciones a la investigación.

- sólo será admisible esa reglamentación cuando resulte indispensable para resolver efectivos conflictos de intereses.

- dentro de lo posible, las decisiones básicas en la materia han de ser colectivas (de ahí la importancia de los comités multidisciplinares) deben responder a procesos participativos, y estar abiertas al debate entre expertos y no expertos.

El autor define su filosofía como una moral de la concordancia en el respeto. Una vez que hemos puesto orden en el amasijo de creencias y supersticiones que a veces se identifica con la Moral, queda la tarea de escuchar al otro y acercar posturas a través del diálogo. Un diálogo ilustrado, racional, pero no excluyente. Es una tarea difícil pero no, por ello, menos apasionante.


El protectorado español en Marruecos. Gestión colonial e identidades.

AUTOR  | Rodríguez Mediano, Fernando y de Felipe, Helena (Eds.). Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Monografías. Madrid, 2002. 337 pág

LA COLONIZACIÓN DESCONOCIDA
Un volumen colectivo ilumina la colonización española de Marruecos Reseña realizada por Bernabé López García
Universidad Autónoma de Madrid

España permaneció 44 años como potencia protectora en el Norte de Marruecos. En realidad el protectorado español se extendía también por una zona equivalente en el sur marroquí, Tarfaya, con frecuencia olvidada por la historiografía, sin olvidar la presencia en Ifni y Sahara Occidental en donde España ejerció un control con títulos que no eran los de potencia "protectora".

Un pequeño espacio equivalente a la mitad de Andalucía, que fue a la vez tierra de emigración para la población española, coto vedado de los militares africanistas y espacio de ensayo de una interculturalidad borrada de nuestra memoria colectiva. La independencia de Marruecos en 1956 supuso el retorno paulatino de aquellos emigrantes, la pérdida de un lugar de privilegios para el Ejército y el olvido, una vez más, de códigos de entendimiento con culturas y religiones de las que nos habíamos apartado siglos atrás y que por unos breves decenios nos mostraban su viabilidad e inmediatez al otro lado del Estrecho.

Esos 44 años siguen siendo muy mal conocidos a pesar de que miles de millares de documentos permanecen en nuestros archivos sin explotar y pese también a que la nostalgia y el recuerdo no han muerto aún en protagonistas vivos de aquel período. Nuestros historiadores consideraron "menor" la recuperación de esa etapa tras 1956 y apenas alguno se dedicó a recuperar ese pasado. Miguel Martín (Fernando López Agudín) fue pionero ocasional y Víctor Morales Lezcano abrió universitariamente el camino, ayudando a que hoy exista una conciencia extendida de la necesidad de revisión de ese pasado.

Una de las experiencias más interesantes de esta revisión es el libro coordinado por Fernando Rodríguez Mediano y Helena de Felipe, El protectorado español en Marruecos. Gestión colonial e identidades. La obra se concibió originalmente como una mesa redonda celebrada en el Instituto de Filología del CSIC en Madrid, en noviembre de 2000, que reunió a muchos de los nuevos estudiosos preocupados por la relectura de ese pasado: Manuel Feria, Eloy Martín Corrales, Josep Lluis Mateo Dieste, José Luis Villanova, Mourad Zarrouk, Amalia Zomeño, Jorge Molero Mesa, Isabel Jiménez Lucena y F. Javier Martínez Antonio. A ellos y a los compiladores de la obra, se sumaron consagrados historiadores de las dos orillas como Mohamed Kenbib y Manuela Marín, así como el historiador cinematográfico Alberto Elena.

Entre los temas a los que se pasa revista encontramos el derecho islámico, la condición de la mujer, el papel de los interventores, la memoria de los antiguos residentes, el papel de la traducción, así como las relaciones interculturales. Artículos todos llenos de una densa información que nos ayudan a reconstruir una época que dejó una profunda huella al otro lado el Estrecho, que aún pervive allá y que retorna a nosotros con las migraciones que nos llegan de aquellas zonas.


Andalucía, una Historia de Ciencia.

AUTOR  | Díaz León, Enrique J. y Amorín Brenes, María F. Editorial: Ciencia Digital. Sevilla, 2004.

MEMORIA DE LA CIENCIA ANDALUZA
Una reconstrucción de la actividad científica en el mediodía español Reseña realizada por Francisco Solís
Junta de Andalucía

"Un pueblo que no rinde culto a su historia es un pueblo mutilado y sin destino". Estas palabras del prólogo de Manuel Casal, director de Canal Sur Radio, reflejan el espíritu que anima este libro: rescatar y reconstruir la historia de la ciencia en Andalucía a través de algunos de sus más importantes valedores. La narración pretende ser sencilla y accesible para todo el mundo, siguiendo el interés pedagógico que está presente en todo el libro.

En este sentido, en el de la educación, esta labor de arqueología histórica tiene una intención aún más básica: romper con los tópicos, difundidos por el folclore más mistificador, de que la actividad científica es incompatible con los andaluces. Ecos de una época, sobre todo a partir del siglo XVII, en la que, como ponen de manifiesto los autores, el clima de crisis económica y social se refleja en el desprecio de la actividad científica, aunque, paradójicamente, éste sea el Siglo de Oro de las Artes.

La sensibilidad de los autores facilita la tarea. Ambos poseen perfiles destacados hacia la divulgación y la educación: Enrique Díaz León es el responsable de la revista radiofónica de Canal Sur Radio 'El Observatorio', especializada en temas científicos; Maria Amorín Brenes es pedadoga, y colabora con el programa aportando un carácter didáctico a los contenidos. Aquí sin duda han tenido que realizar un gran esfuerzo de síntesis y de claridad expositiva para poder abarcar un periodo de tiempo tan grande en tan pocas páginas.

Los autores se remontan hasta los orígenes de las primeras civilizaciones que habitaron el espacio que hoy es Andalucía. La razón de este gran salto atrás en el tiempo es clara: la concepción de ciencia que manejan es amplia, ya que ciencia no es sólo lo que se encuadra dentro del método científico, que es el producto de una época histórica muy concreta. Los autores sostienen que la indagación, innovación, experimentación y comunicación de lo descubierto, pilares de la actividad científica, son elementos básicos en la actividad humana de conocer, y, por tanto, son hitos presentes desde los orígenes de la civilización.

Así, la reconstrucción de una historia de la ciencia con este carácter ha de comprender épocas que, desde un punto de vista estrictamente positivista, no serían del todo "científicas". Es por esto que en las primeras páginas nos encontramos con que personajes como Columela, Averroes, o Nicolás Monardes hablan de la Antigüedad Clásica, del período andalusí y del siglo XVI, el siglo de los grandes descubrimientos geográficos. Éstos, así como sus coetáneos, serían científicos atípicos hoy en día: son humanistas en el sentido amplio del término, ya que poseen conocimientos de las más diversas materias, según la sensibilidad de cada época.

Por eso, durante la dominación romana, el interés por la explotación de los recursos naturales de Hispania provocó el desarrollo de la Agricultura y la Metalurgia; la Botánica, la Medicina y la Astronomía tuvieron por su parte un gran auge en los siglos del esplendor musulmán en la península, cuando ciencia y religión se entremezclaron para intentar conocer la naturaleza, gran obra de Dios. Y durante el siglo XVI, la Geografía y la Cartografía fueron las grandes ciencias, en una época en la que dos reinos recién nacidos, España y Portugal, se lanzaban a la conquista de nuevos territorios.

Será en este siglo XVI cuando se fundan las primeras universidades andaluzas, en Sevilla, Granada y Baeza. A pesar de que durante los siglos posteriores, según los autores, la institución universitaria conserva aún estructuras y planes de estudio anquilosados, que en muchos casos no recogen los avances científicos que se realizaban fuera de nuestras fronteras, la universidad será un motor dinamizador de la investigación en Andalucía y España, sobre todo a partir del siglo XIX y, en mayor medida, durante el XX.

Benito Daza de Valdés, óptico cordobés y notario de la Inquisición, y el marino Antonio Ulloa, son los personajes elegidos para narrar los avatares de la ciencia andaluza en los siglos XVII y XVIII, respectivamente. Si el primero refleja la retroceso de las actividades científicas, dentro de una sociedad dominada por la doctrina de la Iglesia, Ulloa es un exponente del incipiente periodo ilustrado español, donde se realizaron grandes exploraciones científicas del mayor interés. El marino gaditano participó en una expedición conjunta con científicos franceses para determinar la forma de la Tierra; el gran proyecto botánico del también gaditano José Celestino Mutis, es otro de los ejemplos del nuevo espíritu que las ideas ilustradas proporcionaron a la cultura científica andaluza.

Por último, los autores hacen un repaso de dos siglos muy importantes para la ciencia, no sólo en Andalucía o España, sino del resto de la Humanidad. El siglo XIX es el gran siglo de la ciencia, que, siguiendo la pretensión universalizadora surgida de las ideas ilustradas, adopta el método científico y adquiere la fisionomía que hoy reconocemos en sus especialidades. Pero la situación política en España es muy inestable, lo que no ayudó mucho a que el país pudiera participar en este desarrollo científico y tecnológico. Los autores reconocen que éste también es el gran siglo de la Medicina española, que se desarrolla a la par que las carreras de los grandes científicos, como el granadino Federico Olóriz, que realizó uno de los más exhaustivos estudios antropométricos e introdujo la dactiloscopia.

El pasado siglo, por su parte, se inició con la promesa de la universalización de la educación, promovida en gran parte por el andaluz Fernando Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza. La creencia de la élites ilustradas del país era que la modernización sería imposible sin educación. En ciudades andaluzas como Granada, estos grupos eran muy importantes: fue la segunda capital española con más miembros en la Asociación para el Progreso de la Ciencia. Pero la Guerra Civil vino a truncar estas esperanzas.

En la época más reciente, los autores, a través del parasitólogo jiennense Carlos Rodríguez López-Neyra, recogen la experiencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo surgido del régimen franquista. Según éstos, aunque el CSIC dio un impulso a la ciencia andaluza con la creación de numerosos centros, que seguían las líneas de investigación de los grandes científicos que no se exiliaron (como fue el caso del propio López-Neyra y el Instituto de Parasitología de Granada), esta institución no ha sido capaz de articular una política científica estatal.

Aun así, gracias al impulso del CSIC y de las universidades andaluzas, y tras asumir la administración regional las competencias en materia de investigación científica, la ciencia en Andalucía se ha colocado entre las primeras del país en cuanto a productividad, aunque la inversión en este campo sigue por debajo de niveles europeos (al igual que el resto del país). Esto se pretende aliviar con la creación de parques tecnológicos, el futuro para la ciencia en la Andalucía del siglo XXI. Los autores también destacan el regreso de científicos andaluces del extranjero, como el onubense Ramón Pérez Mercader y el sevillano Luis Rojas Marcos, y la formación actual de los jóvenes científicos, como garantía para la consolidación de la ciencia en Andalucía. Tradición hay.


Hawking y la mente de Dios.

AUTOR  | Coles, Peter. Gedisa editorial. Barcelona 2004. 93 pág.

LA CRISIS DE LOS MODELOS DE CAUSALIDAD
Resumen de las teorías de Hawking sobre el universo Reseña realizada por Francisco Rubia
Instituto Pluridisciplinar

El título del libro viene dado por una frase que Hawking utilizó en su ya célebre libro "Historia del tiempo", del que suele decirse que, aunque fue un "best-seller" mundial, pocos lo han leído entero. Aunque esto ocurre con frecuencia: también libros famosos, como la Biblia o El capital de Carlos Marx, pocas personas lo han leídos enteros, aunque todos suelen hablar de ellos como si realmente lo hubiesen hecho. En la "Historia del Tiempo" Hawking, a pesar de no ser religioso, expresa su deseo de conocer la mente de Dios.

El librito de Peter Coles es un libro divulgativo, pero que, lógicamente, presupone algunos conocimientos sobre física moderna. No obstante, se lee fácilmente y es de suponer que será útil para aquél que, con ciertos conocimientos, se acerque a actualizarlos. Es opinión del autor que la popularidad de Stephen Hawking es mucho mayor que la que le correspondería por sus logros científicos.

La mecánica cuántica ha dado al traste con muchos presupuestos de la mecánica clásica newtoniana. El primero es el determinismo de ésta, al postular que la conducta de la materia es intrínsecamente impredecible, una propiedad ésta que se manifiesta sobre todo en el mundo microscópico poblado por objetos del tipo de las denominadas "partículas elementales". El segundo es el dualismo onda/partícula, al plantear que cosas que se conciben como partículas también pueden comportarse como ondas, y viceversa. Quizás lo que la física esté descubriendo es el hecho de que la visión dualista del mundo, su concepción en términos antagónicos, es algo inherente al pensamiento humano, pero que no tiene por qué estar en el mundo externo. Y lo mismo podría decirse de la causalidad, que ya Kant consideraba una categoría impuesta por nuestra mente.

Probablemente ocurra algo parecido con nuestra tendencia, innata o no, a buscar siempre en algún suceso un principio y un fin. Esto que podríamos llamar la "categoría arqueteleológica" podría explicar por qué tantos (no todos, recuérdese la cosmología del estado estable propuesta en 1948 por Hoyle, Bondi y Gold, según la cual el Universo no tuvo ni un principio ni tendrá un final: siempre ha sido como lo vemos ahora) están tan satisfechos con la famosa idea (apoyada, cierto es, por observaciones cruciales) del Big Bang, así como el que haya habido respuestas planteando un Big Crunch e, incluso, una sucesión de expansiones y contracciones periódicas. No es tampoco, por supuesto, sorprendente que el Big Bang esté tan bien visto por la Iglesia Católica, que cree ver en él el momento de la creación, en su incansable intento de encontrar una base científico-natural para las creencias religiosas.

En cualquier caso lo que está claro es que la teoría que actualmente utilizamos para describir los fenómenos cosmológicos, la teoría general de la relatividad, propuesta en 1915 por Albert Einstein, no puede ser la respuesta definitiva a cómo entender los fenómenos gravitacionales, ya que la teoría einsteniana no es compatible con los requisitos cuánticos, sobradamente probados. Es de esperar que si algún día se encuentra una teoría cuántica de la gravedad, esto no signifique más que un paso más en nuestro afán de comprender el mundo y no el conocimiento de la mente de Dios del que, seguramente con ironía, hablaba Stephen Hawking.


La aventura de la información. De los manuscritos del Mar muerto al imperio Gates.

AUTOR  | Albert, Ramón y Cruz, José Ramón. Alianza editorial. Madrid, 2004. 229 pág.

REPORTAJES DE AVENTURAS SOBRE DOCUMENTOS
Entre el relato y la trivialidad gira la aventura. Reseña realizada por José Luis Piñuel Raigada
UCM

El título de este libro parece concebido por un director de marketing más preocupado de incentivar la demanda de su producto, que de mostrar aquello para lo que realmente sirve. Así, su contenido no es ni un tratado histórico, ni una divulgación de investigaciones en torno al uso de la Información a lo largo de la historia, como dejarían suponer el título (La aventura de la información) y el subtítulo (De los manuscritos del Mar Muerto al imperio Gates).

Si hubiese que titular un libro como éste, de forma que el futuro lector pudiese hacerse una ideal cabal de su contenido, un título mejor podría ser: "Algunas célebres aventuras sobre el uso de documentos históricos". Y, desde luego, en caso de añadirle algún subtítulo, mostrar con éste la perspectiva capaz de justificar que se reúnan en un mismo volumen aventuras tan dispares como las que se traen a colación en cada capítulo: el caso de los manuscritos del Mar Muerto, o los casos de falsificaciones de documentos que han hecho historia, o la afición por establecer genealogías familiares, o las investigaciones sobre tesoros submarinos, o los asuntos relacionados con el Tercer Reich (como los célebres casos del "oro nazi" o de las fotografías de Boix en los campos de exterminio aportadas al juicio de Nuremberg), o el oscuro placer de eliminar documentos para no dejar huellas, o la efímera durabilidad de los registros informáticos, o la explotación económica de las bases de datos y de los patrimonios documentales, o, en fin, el capital documental que brindan ya los medios de comunicación a medida que actualizan y sirven al público sus archivos..

Pues bien, la perspectiva desde la cual se justifica tal disparidad es la "lucha por el poder" atribuido a la información que los documentos en cuestión pueden brindar. Y los documentos que aquí se traen a colación son aquellos capaces de brindar información sensible: ya sea sobre las bases de un Estado (por ejemplo el Estado de Israel, en los manuscritos del Mar Muerto), ya sea información susceptible de dar valor social y económico a privilegios o propiedades (como en el caso de las falsificaciones), o de dar prueba de riquezas desaparecidas (como en el caso los galeones hundidos en el fondo del mar), o de su trasiego (como en el caso del "oro nazi"), o bien información capaz de brindar pruebas a favor o en contra de ciertas huellas de la historia familiar (genealogías) o política (juicio de Nuremberg, o eliminación de documentos comprometedores.), etc.; y en último término, es esa lucha por el poder de la información la que incrementa el valor de los archivos, ya sea reparando en los problemas de su durabilidad, o en los problemas de su manejabilidad (ordenación, acceso, etc.), como se desprende de considerar el valor económico de los patrimonios documentales, de las bases de datos, o de los archivos mediáticos.

Los autores han abordado la redacción de todos estos capítulos como si de una colección de reportajes periodísticos se tratase. "La aventura de la información -dicen sus autores al presentar su libro- es más que un libro de historia, que un ensayo o una crónica, aunque contiene elementos de cada uno de ellos". Lo cierto es que deberían decir que es mucho menos, porque este libro, aunque afirmen lo contrario sus autores, no pretende "explicar un universo totalizador rico en matices, espectacular en sus manifestaciones y cargado de simbolismos y de futuro". Y lo que hacen es reunir una colección de crónicas o reportajes sobre experiencias conflictivas en torno a documentos históricos cuyo hilo conductor (la "lucha por el poder" atribuido a la información que los documentos en cuestión pueden brindar) es, sin embargo, implícito y no explícito. "Había muchas maneras de hacerlo, pero -según sus propios autores- nos pareció que la mejor manera de facilitar la comprensión de este complejo escenario era mediante casos concretos que permitieran ilustrar un proceso o un concepto relevante". Y lástima que los conceptos relevantes no queden ligados unos con otros. "Cada historia -como ellos mismos afirman- debía ser capaz de explicar un hecho de notable calado, excepcional en su dimensión pero a su vez homologable a hechos y vivencias que suceden cotidianamente y que nos llegan por los medios de comunicación. Mensajes efímeros que, no obstante, encierran un significado y devienen un ejemplo paradigmático de la evolución de nuestra sociedad" Nada de esto sin embargo se teoriza. No obstante, esta colección de relatos se lee con entretenimiento y placer. Lástima que las referencias bibliográficas sean tan escasas.


La ética del hacker y el espíritu de la era de la información.

AUTOR  | Himanen, Pekka. Prólogo de Linus Torvals y epílogo de Manuel Castells. Ediciones Destino, 2002. Madrid.224 pp.

COMO PIRATAS, PERO MÁS CORTESES
La revolución informática ha contado con sus héroes y sus ?capillas? secretas. No ha estado dominada, como se cree, por las grandes corporaciones. Una lucha sorda ha existido entre las compañías y los ?héroes? dedicados a minar el poder de aquéllas y de los gobierno. Reseña realizada por Ángel L. Rodríguez
Servicio de Informática,
Centro de Humanidades, CSIC

No hay mejor historia que la que suministran unos personajes que parecen sensacionales, definitivos. Desde la perspectiva que nos ofrecen estas dos obras, los ciudadanos del tercer milenio, estaríamos asistiendo a uno de los grandes acontecimientos de la Humanidad, una transformación tan profunda, que mientras nos moldea como individuos, alumbra una sociedad que apenas vislumbramos: el tránsito desde la sociedad industrial a la sociedad red. Como quienes presenciaron las revoluciones burguesas en la era del imperio, los ciudadanos de la era de la información, vivimos en la incertidumbre de una situación caracterizada por la volatilidad del proceso. Esta contigüidad con los hechos, la inmersión en el proceso aludido, plantea dudas razonables sobre qué pintamos todos nosotros, como individuos pero también como ciudadanos, en el mundo que se nos avecina. Y a eso vamos, pues los dos libros son un notable y audaz ejemplo por desvelar las claves de un presente tan contemporáneo que aún esta por venir.

Muchos pensadores tratan de rasgar el velo de lo cotidiano, y ofrecernos una visión que, aunque a veces sea demasiado retórica, siempre es necesaria. Este es el sentido de las obras de Himanen y Levy. Ambos ofrecen una perspectiva, a mi gusto, excesivamente individualista, posición que, más que restarles interés, refuerza la sensación de proximidad a los hechos que se relatan. Aquí es donde las intenciones y las formas de presentarnos los acontecimientos divergen: el primero ofrece una perspectiva filosófica y el segundo más bien periodística.

Levy construye un compendio tecno-ácrata del origen informático de la criptografía. Su libro relata minuciosamente algunos acontecimientos que dieron origen a la criptografía de clave pública. Su estilo consiste en hilvanar muchas historias contadas por los protagonistas para demostrar que los científicos y técnicos que estaban en el ajo de estas problemáticas formaban una comunidad libertaria ansiosa por sacudirse el control de las corporaciones y, desde luego, del estado. La mera consulta del índice deja clara la intención seductora de los autores, siempre dispuestos a forzar nuestra simpatía hacia protagonistas: criptoanarquistas solitarios que dicen actuar como justicieros llaneros solitarios de la programación. Algunos de los impulsores del programa de cifrado creado por Zimmermann, la famosa PGP (Pretty Good Privacy), tenían como objetivo impedir que con las computadoras aumentara el poder del gobierno. Hackers como Tim May, John Gilmore o Eric Hughes dedicaron mucho tiempo a organizar reuniones y conferencias en los que se leían manifiestos provocadores: el Manifiesto Criptoanarquista de May terminaba con un sugerente: "¡Mundo, levántate, no tienes nada que perder salvo las alambradas!" Intentaban horadar las fronteras que tradicionalmente habían impedido el flujo de información. Fue así como nacieron los cyberpunks, asociados a comienzo a un uso antigubernamental de la Red: "A los cyberpunks no les preocupa si gusta o no el software que escriben. [...] pues saben que un sistema muy disperso no puede ser eliminado". Pues su propósito era derribar el monstruo orweliano mediante la alquimia matemática de una criptorrebelión.

Desde supuestos parecidos surge la reflexión de Himanen, quien también argumenta el origen idílico y socializado de las ideas que conformaron la informática: conocimientos compartidos en una especie de academia platónica. Los autores están tan encantados con esos orígenes y la idea de progreso que, con seguridad, algunos de los protagonistas del libro se sonrojarían, pues todos conocen la responsabilidad, para lo bueno y para lo malo, de estas tecnologías en los procesos de globalización.

Himanen cree en los héroes, y quiere una sociedad en la que la conciencia hackers puede contrarrestar la amenaza que representa el Leviatán tecnológico. Este holismo "pirata" es presentado como si se tratase una respuesta ciudadana espontánea natural capaz de frenar el creciente predominio de lo técnico en detrimento de lo político. Y así, como por arte de magia, lo que comienza siendo una reacción individual acaba provocando una transformación social. Uno de los puntos importantes de esta argumentación se apoya en el auge del free sotfware o, con más propiedad, del Open Source. Ciertamente, en sus páginas se presenta la comunidad Open Source como paradigma de la nueva ética que cimentará la sociedad red. En su conocido ensayo "La catedral y el bazar", Eric Raymond, nos recuerda Himanen, subrayó que la verdadera innovación de Linux (uno de los puntales del código abierto) no fue informática sino social pues, al menos para algunos, lo más relevante tiene que ver con el impulso a las estructuras abiertas, a esa sustitución del modelo de la catedral por el del bazar.

Esta argumentación, difícilmente rebatible debido al tratamiento heterodoxo del tiempo que hila la narrativa, se basa en la conducta de algunos de los líderes de este movimiento, pero lo cierto es que sus opiniones no son las más seguidas ni tampoco las más representativas. Himanen sugiere que la existencia de nuevas empresas Open Source es una prueba incontrovertible del cambio ético, pero olvida el detalle de que casi todas están a punto de desaparecer. Muchos hackers, como Stallman, ya no ven la red como algo manejable y, en la marea electrónica en la que vivimos, han ido derivando hacia tecnologías peer-to-peer o del tipo grupos de noticias.

Es cierto que una parte importante de la orden de los caballeros originarios de la informática posee un halo libertario. Levy propone que fueron un puñado de tecnólogos cocidos en el horno de los acontecimientos norteamericanos de los sesenta quienes inventaron la libertad en la nueva era, mientras que Himanen predice que la libertad está por llegar y que será modulada por la ética hacker, el nuevo espíritu que recorrerá la sociedad red. Himanen es audaz al proponer que el informacionalismo, teoría que Castell resume brevemente, es explicable con una narrativa hecha de pintorescos fragmentos del hackerismo primitivo. En cualquier caso, se trata de un menú literario de sabrosa y ligera digestión, y no niego haberlo disfrutado.


La estructura de la teoría de la evolución

AUTOR  | Gould, Stephen Jay. Tusquets. Barcelona, 2004. 1426 pág.

GOULD, OBRA PÓSTUMA
Ve la luz la edición española del eminente evolucionista. Reseña realizada por Agustín Zapata
Universidad Complutense de Madrid

Stephen Jay Gould (1941-2002) ha sido probablemente el evolucionista más conocido, leído y controvertido desde los tiempos de Darwin. Nacido en Nueva York, paleontólogo de profesión, enseñó en la Universidad de Harvard diversas materias como biología, geología o historia de la ciencia. Aunque durante toda su vida trabajó en la evolución de los caracoles fósiles de las Bermudas, su fama esta asociada por una parte a sus contribuciones a la teoría de la evolución y a su actividad como divulgador no sólo de la evolución sino de muchos temas de la biología, geología e historia de la ciencia fundamentalmente a través de más de 300 artículos publicados en Natural History y que posteriormente han sido recogidos en varios libros, muchos de ellos traducidos al castellano (ver por ejemplo Revista de Libros, números 17, 34 y 86).

El mismo año de su muerte Gould nos ha obsequiado con una magna obra, "La estructura de la Teoría de la Evolución" con ambiciones más académicas que divulgativas por lo que su lectura es laboriosa, lejos de los estupendos artículos con los que nos ha deleitado a lo largo de su vida. De hecho son cerca de 1400 páginas y 2,5 kg de peso, en los que tras una pequeña introducción de 112 páginas, dedica 6 capítulos a la historia de las ideas de la evolución que le preocupan seguidos de otros cinco en los que argumenta a favor de una expansión del darwinismo.

La piedra angular del pensamiento de Gould es la teoría de los equilibrios interrumpidos (o puntuados según la traducción que comentamos). En 1972, junto con el también paleontólogo Eldredge, propuso esta teoría que cuestiona la validez del neodarwinismo en el sentido de que los procesos macroevolutivos, esto es, la aparición de grandes grupos taxonómicos por encima del nivel de especie, son distintos de los microevolutivos que se refieren a los cambios, algunos de ellos adaptativos, que ocurren dentro de las poblaciones que constituyen una especie. Su propuesta se apoya en que, en su opinión, los linajes fósiles suelen mantenerse con escasas alteraciones durante largos periodos de tiempo, del orden de varios millones de años (estatismo) y que los cambios morfológicos experimentados por un determinado grupo (discontinuidades o interrupciones) ocurren durante lapsos relativamente cortos, del orden de cincuenta mil a cien mil años, asociados a fenómenos de especiación.

El primer frente de controversia es si la imagen del proceso evolutivo tal y como queda plasmada en el registro fósil es o no la postulada por Gould y es una cuestión de tipo empírico que debe resolverse mediante análisis de los datos pertinentes, aunque cabe recordar que pudiera ser en parte un reflejo de las técnicas paleontológicas que utilizan para diferenciar unas especies de otras, criterios puramente morfológicos, ya que si la especiación no va unida a cambios de forma es indetectable en los fósiles. Además, hay un problema semántico en esta cuestión, ya que un proceso de especiación que durara cincuenta mil años sería calificado de instantáneo por un paleontólogo, pero de gradual por un genético de poblaciones.

El otro frente de controversia son los mecanismos que podrían generar el patrón propuesto por los interrupcionistas. Inicialmente Gould favoreció la existencia de "leyes de la forma" aún por descubrir, que restringirían el número de configuraciones que pueden presentar los seres vivos y que determinarían en última instancia la diversidad morfológica, relegando a segundo término la adaptación por selección natural como agente causante de dicha diversidad. Un segundo mecanismo serían las denominadas "revoluciones genéticas" en poblaciones que ocupan zonas periféricas dentro del área de distribución de la especie y que las aislaría reproductivamente del resto de las de su especie. Sin embargo, leyendo el libro parece que Gould, no acabó de estar satisfecho con ninguna de estas explicaciones.

Hay dos razones por las que muchos evolucionistas no simpatizan demasiado con el libro que comentamos (aparte alguno de sus bien conocidos adversarios como el evolucionista R. Dawkins, o el filósofo D. Dennett). La primera es que, pese a su pretensión de exhaustividad, apenas discute o presenta los argumentos de sus críticos con el agravante de que tiende a atribuir motivaciones ideológicas, no científicas, a sus oponentes, lo cual pudiera ser verdad, pero no se considera de recibo manifestarlo en un texto supuestamente científico. La segunda razón, que entenderá cualquiera que aborde su lectura, es la excesiva verbosidad y farragosidad con continuas digresiones que dificultan seguir el hilo argumental, de forma que muchos se preguntarán cada cierto número de páginas: pero ¿cuál es exactamente la tesis de Gould?. Si uno ojea las numerosas recesiones del libro encontrará que muchos muestran su entusiasmo por la erudición, calidad literaria y contenido revolucionario (¿?) del libro mientras que otros, más amigos de la claridad y precisión, evocan el artículo de Watson y Crick sobre la doble hélice, de apenas un par de páginas, como paradigma de lo que debe ser la exposición de una idea científica.

En definitiva, un compendio académico de lo que el autor, un evolucionista de una capacidad excepcional, considera su obra científica fundamental, tan interesado en contribuir a la teoría de la evolución como en difundirla y defenderla. Aunque paradójicamente no hay documento de la literatura creacionista que no cite a Gould como el 'eminente biólogo que ha cuestionado la teoría de la evolución y demostrado la aparición súbita de las especies' (cosa que le ponía furioso), participó en el juicio de Arkansas sobre la enseñanza de la teoría de la Evolución en las escuelas. Tan interesado por las ideas biológicas como por la historia de las mismas y por combatir su utilización espúria a favor del determinismo biológico y del racismo, Gould, aunque no haya conseguido su objetivo de sustituir el paradigma neodarwinista, si ha contribuido a que éste sea hoy mucho más pluralista.


Claves de la economía mundial.

AUTOR  | ICEX. ICEI, . Revista nº 04. 562 pág.

LAS NUEVAS VÍAS ECONÓMICAS
Ve la luz un sugestivo informe Reseña realizada por Enrique Palazuelos
Director de CLAVES DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

CLAVES DE LA ECONOMÍA MUNDIAL es una publicación editada por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) y el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), correspondiendo a éste la dirección académica de la obra. Su contenido recoge un profundo análisis y una exhaustiva documentación sobre la situación económica internacional, presentados en un doble formato de libro y CD.

El análisis se recoge en 30 artículos que abordan los principales temas de la Economía Mundial y de cada una de las regiones, elaborados por autores españoles y extranjeros de gran prestigio en sus respectivos ámbitos profesionales y académicos. En su parte general, el entorno global de la economía se aborda desde la perspectiva actual de las grandes economías desarrolladas (Estados Unidos, Unión Europea, Asia Oriental) y de otras zonas estratégicas como América Latina, así como desde las características del comercio internacional. Otra sección estudia de forma monográfica aspectos fundamentales del crecimiento económico desde varios ángulos: perspectiva histórica, teoría, tamaño de las economías, importancia de las instituciones e indicadores de medición del crecimiento. Una última sección incorpora la visión de directivos empresariales de compañías españolas que destacan por su proyección en los mercados internacionales.

En las partes específicas dedicadas a cada región se analizan temáticas que son centrales en cada una de ellas. Con respecto a Europa, varios artículos examinan los avances y las limitaciones del proceso de integración de la UE: grado de coordinación de las políticas económicas, pacto de estabilidad, sector financiero, mercado de trabajo y aplicación de las normas contables sobre la información financiera de las empresas. En América Latina, se valoran las distintas experiencias de reforma emprendidas en los años noventa: liberalización comercial, privatizaciones de servicios básicos y sector bancario. En Asia, se aborda la transformación de la economía china como taller manufacturero mundial, el rápido crecimiento de las economías indochinas, el problema del agua en distintas zonas del continente, la nueva política comercial de EE.UU. en Oriente Medio y la experiencia del banco Graneen en la concesión de microcréditos. En África, los temas abordados son: la situación alimentaria, la exportación de materias primas estratégicas, la deuda externa, el acceso a medicamentos básicos y la relación entre economía y conflictos bélicos.

La otra faceta de CLAVES DE LA ECONOMÍA MUNDIAL, la documental, se ofrece en varios formatos. Por un lado, los Perfiles de países contienen información sobre un centenar de variables económicas y sociales para cada uno de los 195 países del mundo. Las Estadísticas básicas sintetizan esa información por regiones y continentes. Además, las posibilidades interactivas del CD permiten elaborar ranking de países sobre un gran número de variables, establecer comparaciones entre países según variables, generando gráficos de gran calidad según las combinaciones seleccionadas.

Por otro lado, la Economía mundial en imágenes sintetiza en 20 gráficos los principales aspectos de la economía internacional. Los Indicadores compuestos de la Unión Europea aportan un conjunto de indicadores comparativos sobre las condiciones económicas de los 25 países que forman la UE. Además, varios Anexos recogen informaciones igualmente de interés para cualquier profesional de la economía.

Por todo ello, CLAVES DE LA ECONOMÍA MUNDIAL constituye un material importante para una pluralidad de lectores y usuarios del CD. En esta obra, los empresarios, los profesionales de la Administración Pública y del sector privado, los profesores y estudiantes y universitarios, y otros colectivos interesados en el comportamiento de la economía internacional, pueden hallar un material de referencia para conocer desde detalles pormenorizados a estudios generales sobre la situación mundial, regional o de un país concreto.

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