Clonación terapéutica. La transferencia nuclear ya es humana…

Ha pasado casi una década desde “aquello que pudo ser y no fue”. Nueve años desde que se palpó el Nobel con la punta de los dedos y el querer dejar en la cuneta al competidor más directo -el grupo de Robert Lanza de la empresa Advanced Cell Technology- empujó al experto surcoreano (Universidad de Seúl) Woo Suk Hwang hacia la infamia, el fraude burdo y el abismo de la ciencia gaya. Dos artículos aparecidos en 2004 y 2005 en la siempre importante Science pretendían mostrar el establecimiento de varias líneas de células humanas pluripotentes de características embrionarias a través de la socialmente polémica –no desde el magisterio de la ciencia- técnica de la transferencia nuclear de célula somática. En principio, se estaba hablando de una posible -únicamente posible- clonación del primer embrión humano, algo parecido a lo que se hizo con Dolly, pero en nuestra especie. Obviamente, aquel embrión no habría pasado de un estadio muy incipiente, blastocisto, de pocos días de desarrollo tras la creación de la célula totipotente análoga a un cigoto humano –algo que algunos científicos prefieren llamar “nuclóvulo” en vez de embrión-.

En cualquier caso, aquellos artículos del 2004 y 2005 no fueron más que un engaño, una mentira. Es más, el señor Hwang acabó siendo acusado de obligar a sus becarias a donar óvulos para sus fines científicos. Todo un drama. Drama que se acaba de tornar poema si, como parece, se confirma, ahora sí, la obtención de un verdadero blastocisto humanos –en torno a las 150 células ya con cierta especialización celular- a partir de células adultas de un donante –células de su piel- cuyo núcleo fue transferido al interior de un óvulo enucleado, esto es, un óvulo también donante al que previamente se le había eliminado su núcleo. En esto básicamente consiste la técnica mencionada anteriormente de transferencia nuclear o, como también se conoce para aportar un matiz más práctico, Clonación Terapéutica. No se trata de un intento de clonación –algo que sí ocurrió con Dolly-. No se pretende tener niños o niñas a la carta o, algo peor, como repuesto de sus padres o madres clones. Se persigue, sencillamente, aprovechar uno de los caballos de la investigación en terapia celular –futura medicina regenerativa- que, aparentemente, acaba de tomar cierta ventaja sobre sus directos perseguidores, como pueden las células pluripotentes inducidas –favoritas claras a pesar de haberse reportado algunos problemas epigenéticos en el proceso de reprogramación celular-, las células madre embrionarias procedentes de verdaderos embriones obtenidos por fecundación in vitro o células madre de múltiple orígenes, incluyendo aquellas derivadas de sangre de cordón umbilical –otro verdadero tesoro que recientemente nos dio una alegría terapéutica-.

Las células pluripotentes que se pueden obtener a través de esta ya veterana, aunque inédita en humanos, técnica de transferencia nuclear representan un filón científico/médico en dos aspectos. Por una parte, constituyen un excelente banco de pruebas para estudios de toxicidad de nuevos fármacos, investigaciones con agentes patógenos, enfermedades diversas –autoinmunes, neurodegenerativas o desmielinizantes, entre otras- o investigaciones moleculares y celulares sobre el desarrollo, diferenciación y maduración celular. Por otra parte, es indudable que todas las miradas de los medios de comunicación –reflejo de las inquietudes sociales- están fijas en las posibles aplicaciones terapéuticas del nuevo logro. Por supuesto, estamos a décadas de la traslación a la clínica, si eso alguna vez se produce, de este nuevo progreso científico. No obstante, no está de más recordar que, de producirse, la transferencia nuclear paliaría dos de los problemas más importantes, acusados –y acuciantes- de los trasplantes actuales: la cantidad y la calidad, esto es, la posibilidad de obtener todo el contenido celular o tisular necesario del propio paciente y, además y lógicamente, asegurarnos el 100% de histocompatibilidad. Un lujo que obliga a no despreciar –al menos no por motivos filosóficos- el potencial de la técnica.

Tal y como se comentó al principio del presente artículo, tras una década de lucha entre grupos por intentar conseguir estas células pluripotentes humanas –con fraude o sin él-, ha sido el grupo de Shoukhrat Mitalipov, de la OHSU (Oregon Health & Science University o Universidad de Oregón de la Salud y Ciencia) quien finalmente ha publicado en Cell la obtención de células pluripotentes viables derivadas desde una célula totipotente (¿cigoto?) obtenida mediante transferencia nuclear. Esperemos disfrutar de estas “mieles” mucho tiempo…

Transferencia nuclear de célula somática

En cuanto al tema que más parece preocupar a un sector de la sociedad, el siempre controvertido aspecto de la moral –que no ética- incluido principalmente dentro del magisterio de la religión, se podrían destacar simplemente un par de aspectos. Por una parte, no es potestad del magisterio de la ciencia –término, éste, empleado por el prestigioso científico Stephen Jay Gould en su libro “ciencia versus religión. Un falso conflicto”- definir aspectos legislativos, aunque pueda actuar lógicamente como asesor. Los conceptos de “persona”, “ser humano” o “individuo” no son absolutos y fluctúan mucho, como estamos viendo, dependiendo del legislador. Por otra parte, la cuestión ética parece estar también clara. Desde la SIBI –Sociedad Internacional de Bioética-, su presidente y fundador, el médico asturiano Marcelo Palacios ve con buenos ojos el potencial terapéutico de la transferencia nuclear de célula somática. Finalmente, desde un punto de vista puramente científico, el resultado de la activación de un ovocito enucleado al que se le ha introducido un núcleo diploide de una persona adulta no puede ser denominado técnicamente “embrión”. Según la definición de la RAE, un embrión consiste, en la especie humana, en “el producto generado tras la concepción y hasta fines del tercer mes del embarazo” o, como primera acepción, “ser vivo en las primeras etapas de su desarrollo, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie”. El “nuclóvulo” no procede de fecundación alguna. Asimismo, el contenido mitocondrial y, sobre todo, algunos aspectos epigenéticos –aquellos que no están directamente codificados en el ADN- difieren mucho de lo esperado en un cigoto obtenido tras la fecundación de un óvulo por un espermatozoide. Por ello, podemos ceñirnos a la Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida, aprobada en 2006 (Ley 14/2006 del 26 de mayo de 2006), la cual regula el empleo de embriones sobrantes (supernumerarios) de las clínicas de fertilización in vitro y el empleo de la clonación terapéutica. La ley define claramente la naturaleza del preembrión -“embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del ovocito desde que es fecundado hasta catorce días más tarde”- y prohíbe la fecundación con fines experimentales, dejando claro que la transferencia nuclear no conculca dicha ley. Mientras tanto, depositemos lícitamente en esta innovación científica nuevas esperanzas de posibles tratamientos futuros contra  enfermedades y patologías que, hoy por hoy, constituyen un verdadero escollo al bienestar de nuestra especie.

JAL (DCC-CBMSO)

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 20 DE MAYO DE 2013

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Comentarios

Estimado JAL,

No me puedo callar cuando leo: ‘Dos artículos aparecidos en 2004 y 2005 en la siempre importante Science….’ Francamente a mí ‘Science’, como el resto de ‘top journals’, me parece cada vez menos importante atendiendo a la creciente cantidad de fraudes o artículos rematadamente chapuceros que publica: baste recordar el de las bacterias que sustituían fósforo por arsénico (¡ahí es nada!) en el esqueleto de la doble hélice de DNA y lo apresuradamente que se hizo el ridículo, singularmente por parte de un catedrático nuestro de microbiología experto en organismos extremófilos, prestándose como altavoz resonante a unos resultados que llamaban más a la cautela que al repique de campanas al vuelo. La cosa quedó como lo que era: un irresponsable ejercicio de autopromoción de la ‘científica’ ‘arribafirmante’ que encabezaba la chapuza y que se había llevado a término en la otrora prestigiosa NASA; y escribo otrora porque ese prestigio lo ha ido perdiendo después de dos o tres ‘hallazgos’ de vida extraterrestre nunca confirmados, que eso tiene de malo el tener que ser competitivo. Y aunque ‘Science’ publicó críticas justamente feroces a su contenido, no lo ha retirado hasta donde yo sé de la circulación; dicho en llano: el artículo marrullero sigue valiendo lo que valdría si no fuera un bodrio para los obsesionados con el índice de impacto, que un ‘Science’, aunque sea más falso que un euro de madera, es un ‘Science’. Siguiendo este criterio anticientífico no es de extrañar la actual postración de la chorrada esa de la Biomedicina. Pero lejos de aprender de no tan lejanos yerros volvemos a dar en ellos de hoz y coz. Porque, ¿qué no otra cosa es escribir ‘Drama que se acaba de tornar poema (¡) si, como parece, se confirma, ahora sí…’ ante la publicación, otra más, del ‘artículo definitivo’ que ‘abrirá las puertas, ahora sí, a la obtención de órganos’ según escribía con tanta voluntad como escasa inteligencia el acrítico J. Sampedro desde su púlpito de El País? Parece mentira que después de los episodios del pintoresco Bernat Soria (hilarante ministro de Sanidad de esa criatura conocida por Zapatero), la falsaria Verfaillie y su menina, el coreano fulero y ‘tutti quanti’ aún se escriba tan apresurada e irresponsablemente acerca de ‘descubrimientos’ que deberían ser puestos en cuarentena hasta que alguien los reproduzca, siquiera parcialmente, en otro laboratorio. Aunque nada más fuera para evitar que proliferen los embaucadores que se lucran con enfermedades ajenas. No concibo nada menos científico que el creer a ciegas, el desear que algo ocurra, sobre todo con los precedentes.
Sigue con salud.

ARC

Querido y siempre compañero ARC,
tienes razón, cada vez afloran más fraudes científicos. También es verdad que cada vez se publica más y el personal está más atento y con más conocimiento de causa. Por supuesto, Science es el escaparate donde todos -bueno, seré sincero, yo- querríamos mirarnos y, claro, el que más -más que el que menos- cae en la tentación del punto gordo para cuadrar sus resultados -he dado varios seminarios sobre los peligros de la ciencia y de su comunicación (te aconsejo el libro del catedrático Carlos Elías “La razón estrangulada”)…

Eso sí… tienes idea de cuántos puntos gordos habrá en las revistas de… menos índice? Ahí, por ejemplo, tenemos al Seralini o… y que nadie me mate… aquello de Bru que, finalmente… se disipó como el IP de las revistas respectivas… Ah, y que nadie reabra debates sobre este último, que para eso sigue existiendo el post correspondiente…

Un saludo siempre afectivo, compañero.
Por cierto, ahora que nadie nos lee… con sus fraudes o sin ellos -que de todo hay en la viña del señó-, mataría por un Nature o un Science de vez en cuando…
Y por financiación… ni te cuento!

Estimado JAL,

Te envío la noticia que acabo de leer en ABC. No me sorprende que haya ocurrido; lo sorprendente es que ocurriera tan pronto. Es lo de siempre: ‘fallos inocentes’ (según un denunciante hay varias fotos duplicadas), ‘presión por publicar’, ‘prisa por dar a conocer la maravilla descubierta’ y esto no lo digo yo sino el propio director del artículo; con todo, lo más inverosímil es que los revisores de una presunta extraordinaria revista no hayan visto lo que un lector cuidadoso sí ha visto. Lamento que te lleves un chasco; pero es algo con muchas probabilidades de ocurrir cuando el colectivo científico se ilusiona antes de un escrutinio a fondo de la información; escrutinio que a mi juicio exige que otro u otros laboratorios reproduzcan siquiera parcialmente los resultados.
Sigue con salud.

ARC

DUDAS SOBRE LA VERACIDAD DE LA PRIMERA CLONACIÓN DE CÉLULAS HUMANAS

ABC. Día 24/05/2013 – 12.23h
El autor principal reconoce tres pequeños errores en la investigación aunque asegura que sus resultados son «reales»
La investigación que situaba a la ciencia más cerca de la clonación humana ha pasado de provocar el asombro generalizado a estar bajo la sombra de la sospecha. El autor principal de la investigación, Shoukhrat Mitalipov, de la Universidad de Oregón (EE.UU), ha reconocido «tres pequeños errores» en su trabajo. Lo ha hecho después de que un comentario anónimo en una web científica denunciara cuatro fallos en la investigación que la semana pasada acaparó la atención científica mundial.
La denuncia se refiere a la presencia de fotos duplicadas que son la prueba de su logro: la obtención de células embrionarias humanas con la técnica que dio origen a la oveja Dolly. Estas imágenes y el estudio explicando cómo hicieron el experimento se publicó la semana pasada en «Cell», una de las grandes revistas científicas internacionales. Estas publicaciones cuentan con científicos que escudriñan antes de su publicación cada una de las investigaciones que aspiran a buscar un hueco en sus páginas. Su trabajo es buscar cualquier fallo o error que pusiera en duda la veracidad, pero no ha sido suficiente.
«Fallos inocentes»
Mitalipov, que ha estado esta semana en España, se ha encontrado a su vuelta a Estados Unidos con la denuncia. Recién aterrizado, ha salido al paso de las acusaciones defendiendo la veracidad de su experimento, aunque reconoce fallos. Mitalipov asegura que se trata de «tres errores inocentes», producidos en el proceso de montaje para su publicación. «Los resultados son reales, las líneas celulares son reales y todo es real», dijo este especialista en biología de la reproducción a «Nature News». También explica que hubo «mucho estrés, mucha tensión» para colocar la secuencia de imágenes que avalaba los resultados.
El investigador no es el único que ha participado en este avance. Uno de los autores principales es el japonés Masahito Tachibana y él también ha reconocido algunos errores «simples». Ambos están buscando una fórmula para añadir a su trabajo un apéndice con los errores detectados que se publicará en la revista «Cell».
Los fallos aparecieron en PubPeer, el sitio online donde se pueden dejar comentarios anónimos tras la publicación de estudios científicos. Y la denuncia no ha pasado inadvertida porque todos los trabajos de clonación se miran con lupa. No sólo por los recelos éticos que despiertan sino por el fiasco de la Universidad de Corea. En 2004 y 2005 el surcoreano Woo Suk Hwang anunció el mismo logro en clonación de embriones humanos y tuvo que reconocer meses después que falseó la información para conseguir los resultados. Hwang consiguió burlar a los comités de revisión de otra revista científica de gran impacto, por eso los pequeños fallos detectados en la investigación de la Universidad de Oregón han encendido todas las alarmas.
Aunque Mitalipov logre explicar lo sucedido, la publicación de errores pone en evidencia la pulcritud de las revistas científicas que avalan los trabajos y les dan valor. Los trabajos que se publican en este tipo de revistas se toman mucho tiempo antes de decidir su publicación. Lo curioso es que el estudio de la Universidad de Oregón sólo necesitó tres días para que fuera aceptado y otros doce para su publicación en la revista «Cell».
El catedrático César Nombela culpa a la revista de precipitación. Desde su punto de vista, la clonación es un asunto muy jugoso por el impacto que puede tener en el resto de medios de comunicación. «Y las revistas científicos sucumben a esa tentación, a sabiendas del impacto que van a tener con la publicación. No es nuevo, ya ocurrió con Hwang».
Precipitación
El propio Mitalipov también ha reconocido cierta prisa por mostrar al mundo sus resultados. «Puede que fuera apresurado, mi intención era publicarlo antes de presentar los resultados en el congreso de la Sociedad Internacional de Investigación en Células Madre que se celebrará el próximo mes.
Tras la publicación de la errata, el investigador asegura que no tiene ningún reparo en mostrar a todo el que quiera cómo se hizo todo el proceso para borrar cualquier sombra de sospecha y demostrar que no hay nada que ocultar. Otros investigadores pidieron ayer que no se hiciera un juicio rápido. «Los autores de los trabajos deberían tener la oportunidad de contestar y corregir errores después de su publicación», reclamó el británico Robin Lovell, experto en Biología de Desarrollo.
Si se confirman los resultados, estaríamos ante la primera vez que se logran embriones clónicos humanos. Su utilización ayudaría a tener células para trasplante y regenerar órganos, sin riesgo de rechazo, pero con todos los reparos éticos.

Chasco? Por?
No me importaría -por lo que he leído y de momento- seguir siendo uno de los autores de ese Cell-. Eso sí, y tampoco lo digo yo, sino Robin Lovel, que mencionas en tu comentario, habrá que dejar a los autores de los trabajos la oportunidad de contestar y corregir errores… o los quemamos ya?
Y que conste que, por desgracia, ni es mi campo de investigación ni espero el menor provecho de las mismas…
Salu2

Estimado JAL,
Hombre, no: no se trata de quemar a nadie, más que nada porque no habría leña bastante para tanta pira. Respecto a lo de corregir errores, ¿te refieres a los evidentes que cometió ‘Cell’:
a) No advirtiendo que había no sólo fotos repetidas, sino manipuladas (que es lo que me parece más sospechoso): una es una panorámica y otra es un recorte de esa panorámica lo que demuestra que no es que se ‘colara’ la misma foto sino que la han recortado. En otra, dos gráficos de ‘sorter’ idénticos, según el texto correspondientes a dos experimentos diferentes, tienen el valor de la regresión distinto. Dado que son sistemas informatizados que guardan en memoria la distribución y sus parámetros, ¿cómo explicamos el ‘error inocente’?
b) Aceptando el artículo a los tres (3) días de recibido y publicándolo a los doce (12); bien es cierto que yo no soy ni excelente ni muchísimo menos, pero el último que publiqué, desde luego no en ‘Cell’, me costó seis (6) meses de tormentos por parte del editor que me cupo en gracia; desde luego no era un artículo tan trascendental como este (de hecho no ha salvado ni media vida aún), aunque lo han citado ya treinta veces y en TODOS los casos para revalidar nuestras observaciones. Como es muy probable que los dos o tres revisores designados, si es que tal hubo, sean de diferentes países una premura tal en aceptar un artículo que, además de trascendental es denso, solo puede explicarse porque ni se lo miraron; simplemente, algo que no se entiende muy bien qué prestigio le puede añadir a la presuntamente prestigiosa ‘Cell’.
Y que conste también que no es mi campo, en mi caso por fortuna.
Estimado JAL, se han colado los autores, la revista y sus exégetas. Lo menos que se puede hacer es criticar algo así.

Sigue con salud.

ARC

Desde luego, tengo que darte -porque la tienes- la razón en, al menos, dos cosas:

- Es absolutamente irregular que en una revista así se admita un artículo en tan poco tiempo y esos gazapos. A ver por donde salen ahora los autores para subsanarlos -aunque creo que estamos a años luz del Hwang-…

- Mi último paper, que tampoco creemos que esté nada mal en nuestro laboratorio, también me costó 3 intentos en 3 revistas distintas y enseñar hasta el color de nuestros calcetines para que fuera aceptado… Ahora mismo tenemos 2 en movimiento… Miedito me da!
Otro abrazo, compañero
JAL

(requerido)

(requerido)


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